Escríbeme pronto

Escríbeme pronto

By Jennifer McNamaraComedySociety & CultureImprov
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Escríbeme pronto episodes

  • El primer paso para ser artista

    ¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼

    Te doy la bienvenida a este Escríbeme pronto. Si no sabes de qué va esto: cada emisión mando recomendaciones, un cuentito y una reflexión. También puedes escuchar este texto.

    Esta semana la he sentido interconectada artísticamente. Si pones suficiente atención, no será ninguna casualidad que el día que leas un correo encantador, también te topes con una canción alucinante y veas una ilustración que te haga pensar en mundos recónditos.

    Tierra llamando a nave, arte llamando al arte.

    Y aunque no soy música, sí que la aprecio y por eso empezaré con eso. Primero con música. ¿Te has puesto a pensar que quizá haya sido la primera forma de arte que conociste? A través del sonido. Y hoy te demuestro que el primer paso para ser artista es disfrutar del arte.

    Estos muchachos ya han estado en emisiones pasadas. Pero ambos acaban de sacar disco y están para chuparse los dedos… Los discos. Ellos… pues cada quién sus gustos.

    El primero es un escocés multiinstrumentalista, que creció rodeado de música porque sus padres son músicos clásicos. Pero él, en la adolescencia, tomó una batería y una guitarra y empezó a componer. Lo que salió de su mente artística no es precisamente “rock-rock”. Es algo así como música onírica. Música para cerrar los ojos y navegar nubes.

    Christopher Duncan, C Duncan para los amigos, estudió en el Real Conservatorio de Escocia y fue nominado en 2015 al Premio Mercury, que se le da a artistas británicos (e irlandeses) cuando hacen las cosas bien. Sólo para decir que lo que hace C Duncan es de mega calidad. Tiene cierto dejo coral precioso y tiene la habilidad de teletransportarte por lugares y tiempos con los que sólo es posible soñar.

    Su álbum It’s Only A Love Song no me ha decepcionado nada, te dejo un avance aquí:

    Hace dos años, Spotify determinó que mis gustos personales se parecían a los de la gente de Brighton, Inglaterra. Y qué te digo: los británicos son buenos en esto de encantarme los oídos.

    El otro señor haciendo música es alguien que nació en el pueblo perdido de Bromham; al noroeste de Londres, al sureste de Birmingham. Y a veces se disfraza de vampiro.

    Estoy hablando de Matt Berry, que además de protagonizar una de mis series favoritas, What We Do In The Shadows, hace buena música.

    Empezó el año con el pie derecho. Este álbum de rock, medio progresivo por momentos y con músicos invitados que casi nadie conoce pero que hacen bien las cosas, se llama Heard Noises. Te dejo el avance:

    50 superaños después

    Gracias por abrirme un espacio en su programa. Ah, es un vlog. Le diré a mi sobrina que me enseñe cómo ponerlo en la tele. Sí, pueden poner la cámara donde gusten. Les cuento que hace tiempo que ya no soy el de antes. La vida jubilado se me ha vuelto de lo más difícil: la mera verdad… a veces me aburro.

    ¿Me acompañan a alimentar a los peces? Pues sí, esta es mi vida todos los días, ando por la casa, veo Netflix. Mi serie favorita es Daredevil y apenas leí que la van a quitar. Así no se puede. ¿Dónde dejé la comida de estos animalejos? Tienen colores suaves, ¿no? Déjenme checo la sala. Nada. Vengo. El comedor. Regreso. Mi cuarto. ¡Menos de un segundo! La azotea. ¡Lo tengo! El garage.

    Como todo mundo cree que me retiré hace tiempo, ya nadie me llama. Nadie me tiene fe. Menos cuando tengo el superpoder de cambiar de superpoder cada semana. Esto que ven de la supervelocidad me durará hasta mañana na’más. Chance y entonces puedo escupir fuego y hacerme de comer rápido, o tener superfuerza y eso me daría un pretexto para aspirar debajo de los sillones.

    Mi sobrina me dijo que pusiera mis habilidades en una cosa que se llama fiverr. El problema es que no puedo ofrecer nada continuo. Hoy, sí, tengo supervelocidad y lo único que hice interesante fue masturbarme de manera cósmica. La verdad, fue medio contraproducente porque es como tener eyaculación precoz, pero con un buen pretexto. Ah, eso que suena es la notificación de mi celular. Esperen, un mensaje. ¡En fiverr!

    “Se solicita redactor para transcribir borradores de cartas en menos de una hora”.

    Lo siento jóvenes, hoy me toca salvar el día: ¡Estoy de regreso!

    ¿Has oído hablar de El camino del artista? Es un libro/curso desarrollado por una mujer llamada Julia Cameron. Hay tres cosas que se repiten bastante de su existencia: Uno: ella es guionista. Dos: estuvo casada con nada más y nada menos que Martin Scorsese. Y tres: tuvo problemas de alcohol.

    Igual podrías acusarme con este resumen de replicar modelos patriarcales (tener que nombrar al marido de alguien para que le demos valor a la mujer) o de andar diciendo que los artistas siempre tienen problemas con sustancias…

    Saco a colación esos datos porque me parecen relevantes si tú, como cualquiera, tiene ganas de acercarse más a su lado creativo. No importa si tuviste un truene monumental, tienes problemas de adicción o niegas constantemente que sí te interesa algo del arte.

    Bueno. El punto es que El camino del artista es un programa de DOCE semanas. Nunca me había atrevido a hacerlo porque era demasiado. Se necesita compromiso y hay ejercicios que sí te remueven por dentro; juro que me siento como las primeras veces que fui a terapia.

    Peeero Francis Moricete, tatuadora, ilustradora genial, decidió decir: ¿y si hacemos el programa en grupo? Y así, con otras personas, pues ya no está tan complejo. O al menos, te sientes acompañada. Apenas vamos en la semana dos, así que no puedo hablar a profundidad de los resultados.

    TODA esta introducción para decir que una de las cosas de las que me he dado cuenta es que estoy rodeada de arte. He estado leyendo relatos de terror buenísimos, disfruto música nueva y preciosa que ha aparecido en mi reproductor; un videojuego de esos indie que tanto me gustan me ha tenido en paz… En fin, por donde lo vea, el arte llama al arte.

    El primer paso para ser artista, o desplegar más creatividad, si te da miedo llamarte artista, es dejarse llevar por el arte. Estoy segura de que tú también tienes libros que adoras, ilustraciones que no dejas de apreciar, acordes que te recuerdan tiempos mejores. Da otro paso, porque estar rodeado de eso no es casualidad. Es que tú también tienes un pedacito de arte por dentro que llama a otra pieza de arte.

    ¡Hasta el miércoles!¿Es tu primera vez? Te dejo más cartas aquí.

    Con cariño libre de virus,J. McNamara, aka Geeknifer.

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    8 min
  • No recomiendo Emilia Pérez

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    ¡Recuerda que todos los miércoles hay contenido!

    Fe de erratas: Karla Sofía Gascón es la primera mujer trans en estar nominada al Óscar. Una mujer fantástica ganó a mejor película extranjera en su momento, pero Daniela Vega no fue nominada.

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    18 min
  • ¿Qué multimillonario la tiene grande?

    Te recomiendo escuchar este cuento en audio👆🏼

    Este cuento se llama Galletitas. No te lo recomiendo si eres impresionable o es fácil que te den náuseas. A partir de aquí hay desnudos, fluidos humanos y palabras altisonantes. Estás advertido. ¡También hay multimillonarios sufriendo!

    (Creo que funciona mejor en audio)

    Galletitas

    Esta idea de cuento comenzó cuando un español dijo que Zuckerberg era un soplapollas y una mexicana le respondió que en su país era un mamavergas.

    La sala de juntas estaba impoluta. A través de los ventanales se alcanzaban a ver las luces de los rascacielos más altos que haya imaginado el ser humano. La luz es tan fría como la temperatura del aire acondicionado. Sólo hay una pared, enorme y gris, que tiene un cuadro colgando. Es algo parecido a un Rothko: fondo negro con un rectángulo café encima y uno rojo abajo. No hay nada que parezca medianamente hogareño en la sala.

    Salvo un plato con galletas con chispas de chocolate en medio de la gran mesa oscura.

    Las sillas todavía están vacías, pero no por mucho. De pronto, en una de los asientos, se transfigura un ser alto, de cabello rubio y piel naranja. Traje azul, corbata roja. El hombre ve de un lado al otro, sin entender dónde está. En ese instante, otro hombre aparece sentado frente a él. No lleva traje, sino una camiseta negra. Su cara cuadrada le es familiar.

    —Elon, ¿eres tú?

    —¡Donald! ¿Dónde estamos? —pregunta el señor Musk mirando por la ventana, averiguando si puede reconocer alguno de los rascacielos.

    No acababa de decir esto cuando otros dos hombres aparecieron a la derecha de Trump y a la izquierda de Musk: junto a Musk emerge Jeff Bezos, se manifiesta con la cabeza entre las manos. Está visiblemente adolorido. Al lado de Trump, Sundar Pichai se transfigura tan repentinamente que sus lentes salen por los aires.

    —¿Qué es este lugar? —pregunta Jeff Bezos.

    —¿Por qué están aquí? —le responde Pichai, la cabeza de Google.

    Todos guardan silencio unos segundos. No hay ruidos. Parece que el edificio en el que están está muerto salvo por las luces y el ruido del aire acondicionado de la sala. Musk decide levantarse de manera brusca; justo cuando lo hace entonces aparece un último personaje junto a Bezos: Mark Zuckerberg, quien se materializa sin pisca de discreción.

    —¡AAAAAAAH!

    Zuckerberg se está tapando la cabeza con los brazos.

    —¿Todo bien? —pregunta Pichai.

    —¡Por supuesto que no! ¿Qué estamos haciendo aquí? Hace unos segundos estábamos en la cumbre ésa.

    Donald entorna los ojos y mira de un lado para el otro.

    —¿La de tecnología?

    —¡Sí! La de tecnología. ¡Y de pronto hubo una bola de fuego! O algo así y, nada, justo cuando creí que moriría, aparecí aquí.

    —Caballeros, es que están muertos.

    La voz que los interrumpe viene de algún lugar innombrable. No hay bocinas y no se ve el equipo de audio. Pero sí que se escucha una voz grave y aterciopelada, que sigue hablando.

    —Esto es el purgatorio y van a ser juzgados. Pero para continuar con este relato, le voy a pedir a mi escribana, que cambie el formato. Después de todo, necesito que sigan mis diálogos.

    Bezos: ¿De qué habla este fulano?

    Trump: No tengo ni la menor idea. ¿Pero purgatorio? Esto es ridículo. Yo debería estar en el Cielo, con una estatua enorme. ¿Quién es el encargado aquí? Necesito hablar con alguien. Y no podemos flaquear ante estas beligerantes amenazas.

    La voz: Apenas puedo creer que sepas decir “beligerante”, Donald.

    Musk: Estamos perdiendo el tiempo discutiendo aquí en la Tierra cuando yo iba a dar la conferencia sobre colonizar Marte. Los que están aquí sólo aman los monopolios, yo construyo cohetes.

    Pichai: ¿No acaban de escuchar que estamos muertos?

    Zuckerberg: Pues ya que tú y todos los tuyos saben todo, ¿qué hacemos?

    La voz: ¡Escucharme! Su salvación se encuentra en ese plato de galletas.

    Sin excepciones, los multimillonarios ríen al unísono.

    Trump: Si es una competencia para comerlas, tengo mi punto asegurado.

    La voz: No, no es una competición para comerlas. Sino para evitar comérselas. ¿Conocen el juego de la galleta?

    Los hombres se miran entre ellos. Todos saben exactamente de qué va el juego. De los cinco, al menos dos creen que es un mito. Los otros tres están conscientes de que los seres humanos no tienen límites.

    Musk: ¿Y los que ganemos?

    La voz: Ganarán el cielo.

    Trump: Perfecto.

    El presidente de los Estados Unidos se pone de pie y se abre la bragueta. Saca su miembro, fláccido, y reta a todos con la mirada.

    Zuckerberg: Yo digo que esto no está en los términos y condiciones de lo que creo.

    Musk: ¡Zuckerberg! Controlas hasta los pensamientos de la gente y pareces tener miedo.

    Él es el siguiente en levantarse y sacarse el pito.

    La voz: Sundar Pichai, levántate y explica de qué se trata esto.

    Pichai: ¿Yo por qué debo ser el siguiente?

    La voz: Google todo lo sabe, si no sabes cómo se juega esto, todavía tienes tu celular en el bolsillo. Si se leen las reglas, sabemos los términos y condiciones. No lo recuerdan pero los aceptaron en su camino interdimensional hasta aquí.

    Pichai bufa, teclea y lee el primer resultado:

    Pichai: La galleta empapada, a veces también denominado el juego de la galleta o Cookie Ookie, es un juego de masturbación que se originó en el Reino Unido, juego en el cual los participantes están alrededor de una galleta y se tienen que masturbar hasta eyacular sobre ella: el último que eyacula se la tiene que comer cubierta con el semen de todos los participantes.

    Tras leer, Pichai también se abre la bragueta.

    Bezos: Esto suena como una estrategia muy rara de motivación corporativa. ¿Quién eres tú? ¿Dios?

    La voz: Dios… no está disponible en este momento.

    Musk: Entonces, ¿eres el Diablo? Porque si es así, tengo algunas preguntas. ¿Cuánto cuesta comprar una parcela en el Infierno? Podría establecer una colonia.

    La voz: Llámame como quieras, Elon. Pero no estoy aquí para negociar. Estoy aquí para juzgar. Y el juego comienza ahora. Si no participan, igual irán al infierno.

    Bezos se para de mala gana y se baja los pantalones enteros.

    Zuckerberg, de pronto, salta a la mesa y dice: ¿No deberíamos estar más cerca de las galletitas?

    Los hombres deciden ponerse en pie sobre la mesa y comenzar a masturbarse. Si te lo preguntabas, querido lector: Ahí nadie la tiene grande.

    La voz: Escribana, a lo tuyo.

    Los hombres se miran confundidos sólo por un par de segundos. Luego, Elon decide masturbarse lo más rápido posible. Los demás se quitan la pena y lo siguen. Hasta que Bezos, que parece en completo control, el único que lleva un ritmo más acompasado, dice:

    Bezos: Me parece sabio que hablemos para que nuestros contrincantes tengan menos oportunidad de ganar con la distracción.

    Zuckerberg: Es increíble que compartas tus tácticas con competidores, Bezos. Pero sí: las estrategias siempre encuentran la manera de surgir. Como los datos. Y se los digo porque yo ya controlo sus puertas de entrada. Facebook, Instagram, WhatsApp… ¿Necesitan que les recuerde que soy también dueño del metaverso?

    Musk: Ah, sí. El metaverso. Ese lugar vacío al que nadie quiere entrar.

    Trump: ¡Eso es cierto! El metaverso es un fracaso. Yo construiría un mejor metaverso. Un metaverso americano. Grande, hermoso y lleno de casinos. ¿No es una idea genial?

    Bezos: La gente prefiere los algoritmos a los casinos, Donald.

    Pichai: Estamos desviándonos. El verdadero problema es que estamos cayendo en el juego de alguien más. ¿No podríamos controlar el más allá nosotros?

    Musk: Pues creemos nuestro propio más allá. Sería un país dirigido por las mentes más brillantes de la humanidad. Nosotros. No hay fronteras de espacio.

    Trump: Me gusta eso. Yo podría ser el presidente vitalicio.

    Bezos: ¿Una nación dirigida por CEOs? Suena aterrador, Musk. Pero muy emocionante.

    Zuckerberg: Si lo hacemos, pido controlar las elecciones.

    Pichai: Yo me puedo asegurar de que las búsquedas en Google apunten a lo mejor de cada uno.

    Alzando la voz, Trump agrega:

    Trump: ¡Perfecto! Entonces, tenemos un plan. Tomemos el más allá y volvámoslo hermoso. Make afterlife great again. La podemos llamar: United States of Billionaires.

    Y al parecer,…



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    13 min
  • ¿Cómo encontrar tu voz?

    ¿Prefieres escuchar esta carta con todo y mi voz? Activa el audio con el botón de arriba 👆🏼 HOY TE LO SÚPER RECOMIENDO.

    Como no quiero que este correo sea eterno, vamos a lo que atañe: una entrevista con una editora acerca de la voz de los escritores, un cuento gráfico y unas recomendaciones:

    De las mejores cosas que me han sucedido este año, hablando de ponerle uso a la voz, es colaborar con varios escritores para prestar mi voz. Les dejo los artículos de estos escritores locutados por mí.

    Un relato erótico…

    Una confesión sobre volver a donde vives…

    Un poema de la complicidad de las mujeres creativas…

    Todavía presto mi voz en Substack por si me estás leyendo y necesitas una mano.

    Laura Logar es mi angelita de la guarda para cuestiones escriturales. Amo que su alter ego suene a hogar porque con ella me siento en el hogar… de las letras. Y además, tiene una voz preciosa. Espera a que la escuches (hazte un favor y pícale al audio al principio de este correo). Este año trabajaremos mucho. Ella es asturiana pero vive en la tierra que me vio nacer, Puebla, y es editora de a deveras.

    ¿Qué le puedes recomendar a un escritor que está empezando?

    Paciencia. Muchísima paciencia. Me gusta comparar escribir un libro con construir una casa desde cero. Primero necesitas los planos, es decir, una buena organización. Luego, colocas los cimientos, lo que equivaldría al primer borrador. El siguiente paso es levantar la estructura, que en esta analogía representa el proceso de editar y reescribir. Reescribir y editar. Finalmente, solo queda decorar los espacios, darle los últimos toques para perfeccionar la obra.

    No lo olvides, escribir es un proceso.

    ¿Qué es "editar"?

    ¡Menos mal que no me has preguntando que significa ser editor! Eso nos tendría aquí horas. Es un debate milenario dentro del sector.

    Editar, en el sentido estricto de la palabra, es el proceso de revisión, corrección y mejora de un texto con el objetivo de pulir su calidad antes de su publicación. Implica trabajar tanto en la forma como en el contenido de la obra.

    Volviendo a la analogía de la casa, serían los dos últimos pasos: levantarla casa y decorarla.

    ¿Uno se puede autoeditar?

    ¡Por supuesto! Las nuevas tecnologías, redes sociales y plataformas de venta como Amazon permiten a los escritores independientes compartir su trabajo (y en muchos casos) vivir de ello.

    Fácil no es, pero como dice mi sabia madre: «quién algo quiere, algo le cuesta».

    ¿Cómo es que un escritor encuentra su voz o estilo?

    Respuesta corta: escribiendo y confiando en uno mismo.

    Aunque tomar cursos de escritura creativa o trabajar con un editor siempre ayuda acelerar el proceso de aprendizaje.

    ¿Cuál es la diferencia entre una editorial y una agencia de servicios editoriales?

    La forma más fácil de distinguirlas es la siguiente: una editorial tradicional paga a sus escritores por los derechos de explotación de su obra. Una agencia de servicios editoriales, cobra para ayudar a los escritores a publicar o autopublicar su libro.

    ¿Qué servicios ofreces tú?

    La filosofía de L de Logar es adaptarse a las necesidades y presupuesto de nuestro escritores y sus obras. Por eso creamos planes personalizados para ayudarlos a llevar su historia al siguiente nivel.

    Nuestros servicios van desde informes de lectura, para dictaminar si la obra necesita ediciones; acompañamiento literario, para aquellos escritores que tienen una idea pero no saben cómo aterrizarla; edición de un libro ya escrito; e, incluso, apoyo para la búsqueda de una editorial tradicional o para la autopublicación.

    ¿Vas a dar otro taller de “Cómo nacen los libros”?

    ¡Sí! L de Logar va a lanzar una tercera edición de “Cómo nacen los libros”, para aquellos que deseen conocer los entresijos del sector editorial. Y también se vienen cosas nuevas. Entre ellas, dos nuevos talleres hermanos: “Cómo escribir tu novela” y “Cómo publicar tu libro”.

    ¿Algo que desees agregar?

    ¡No se pierdan más información sobre estos talleres y todas las sorpresas que tenemos preparadas este año! Para ello, no olviden seguirnos en redes sociales, nos encuentran como @ldelogar en todas las plataformas.

    También pueden contactarnos en el correo [email protected] o escribirnos al celular +52 55 5404 6073.

    Galletitas

    Disclaimer:A partir de aquí empieza un cuento terrible que contiene palabras muuuy altisonantes, términos espantosos, desnudos y escatología. Papá, tía Celia, si están oyendo o leyendo esto, les recomiendo que cierren el correo antes de que piensen que soy lo peor que le ha pasado a la familia.Esta idea de cuento comenzó cuando un español dijo que Zuckerberg era un soplapollas y una mexicana le respondió que en su país era un mamavergas.

    La sala de juntas está impoluta. A través de los ventanales se alcanzan a ver las luces de los rascacielos más altos que haya imaginado el ser humano. La luz es tan fría como la temperatura del aire acondicionado. Sólo hay una pared, enorme y gris, que tiene un cuadro colgando. Es algo parecido a un Rothko: fondo negro con un rectángulo café encima y uno rojo abajo. No hay nada que parezca medianamente hogareño en la sala.

    Salvo un plato con galletas con chispas de chocolate en medio de la gran mesa oscura.

    Las sillas todavía están vacías, pero no por mucho. De pronto, en una de los asientos, se transfigura un ser alto, de cabello rubio y piel naranja. Traje azul, corbata roja. El hombre ve de un lado al otro, sin entender dónde está. En ese instante, otro hombre aparece sentado frente a él. No lleva traje, sino una camiseta negra. Su cara cuadrada le es familiar.

    —Elon, ¿eres tú?

    —¡Donald! ¿Dónde estamos? —pregunta el señor Musk mirando por la ventana, averiguando si puede reconocer alguno de los rascacielos.

    No acababa de decir esto cuando otros dos hombres aparecieron a la derecha de Trump y a la izquierda de Musk: junto a Musk emerge Jeff Bezos, se manifiesta con la cabeza entre las manos. Está visiblemente adolorido. Al lado de Trump, Sundar Pichai se aparece tan repentinamente que sus lentes salen por los aires.

    —¿Qué es este lugar? —pregunta Jeff Bezos.

    —¿Por qué están aquí? —le responde Pichai, la cabeza de Google, alcanzando sus lentes en el suelo.

    Todos guardan silencio unos segundos. No hay ruidos. Parece que el edificio en el que están está muerto, salvo por las luces y el sonido del aire acondicionado de la sala. Musk decide levantarse de manera brusca; justo cuando lo hace entonces aparece un último personaje junto a Bezos: Mark Zuckerberg, quien se materializa sin pizca de discreción.

    —¡AAAAAAAH!

    Zuckerberg se está tapando la cabeza con los brazos.

    —¿Todo bien? —pregunta Pichai.

    —¡Por supuesto que no! ¿Qué estamos haciendo aquí? Hace unos segundos estábamos en la cumbre ésa.

    Donald entorna los ojos y mira de un lado para el otro.

    —¿La de tecnología?

    —¡Sí! La de tecnología. ¡Y de pronto hubo una bola de fuego! O algo así y, nada, justo cuando creí que moriría, aparecí aquí.

    —Caballeros, es que están muertos.

    La voz que los interrumpe viene de algún lugar innombrable. No hay bocinas y no se ve el equipo de audio. Pero sí que se escucha una voz grave y aterciopelada, que sigue hablando.

    —Esto es el purgatorio y van a ser juzgados. Pero para continuar con este relato, le voy a pedir a mi escribana, que cambie el formato. Después de todo, necesito que sigan mis diálogos.

    Bezos: ¿De qué habla este fulano?

    Trump: No tengo ni la menor idea. ¿Pero purgatorio? Esto es ridículo. Yo debería estar en el Cielo, con una estatua enorme. ¿Quién es el encargado aquí? Necesito hablar con alguien. Y no podemos flaquear ante estas beligerantes amenazas.

    La voz: Apenas puedo creer que sepas decir “beligerante”, Donald.

    Musk: Estamos perdiendo el tiempo discutiendo aquí en la Tierra cuando yo iba a dar la conferencia sobre colonizar Marte. Los que están aquí sólo aman los monopolios, yo construyo cohetes.

    Pichai: ¿No acaban de escuchar que estamos muertos?

    Zuckerberg: Pues ya que tú y todos los tuyos saben todo, ¿qué hacemos?

    La voz: ¡Escucharme! Su salvación se encuentra en ese p…



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    12 min
  • No recomiendo tener depresión

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    Obras y fuentes mencionadas:

    * Lamento por la destrucción de Ur, Anónimo (2,000 a.n.e)

    * Problemas, Aristóteles (s. VI a.n.e).

    * De vita libri tres, Marsilio Ficino (1489)

    * Anatomía de la melancolía, Robert Burton (1621).

    * Sobre la acedia en italiano y más sobre la acedia.



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    19 min
  • Y a todo esto… ¿Qué es Geeknifer?

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    Este correo es diferente porque es una introducción, o reintroducción (por si eres de esas extrañas y benditas personas que me leen desde hace 3 años) de mi quehacer.

    Antes de comenzar con la carta de hoy, lo más importante: ¡Feliz 2025! Que este año traiga aprendizajes, disfrute y buenos momentos. Que las tristezas no sean tantas y los desafíos sean superables.

    Debería recomendarte que cerraras este correo y mejor te pusieras a dormir, aprovechando que es 1 de enero. Pero qué aburrido sería eso. Mejor quédate: prometo chismes.

    Si no tienes mucho tiempo leyéndome, o escuchándome, mi nombre es Jennifer McNamara Gutiérrez… Ah, ¡a que mi segundo apellido no lo habías oído!

    Nací en Puebla, México; estudié junto a un volcán activo llamado Popocatépetl y disfruté de las bondades del pueblo cholulteca mientras lo hacía (a saber, precios razonables para el alcohol y un refugio estudiantil) pero resido, desde hace 9 años, en la sobrepoblada, caótica, sumamente desigual y hermosísima Ciudad de México.

    También tengo dos maestrías, una que me permitió vivir en Londres, pero eso qué.

    Voy por el internet con el alter ego de Geeknifer y soy escritora y locutora de ocasión. Me cuesta llamarme así sin ponerme mil trabas mentales, pero al final, en el ámbito profesional (o el que me alimenta, pues) también soy escritora.

    En Escríbeme pronto doy recomendaciones, mando un cuento y una reflexión; en ese orden.

    Pero esta vez comenzaré al revés porque quiero que te quedes a las novedades. Y como trabajé en un periódico, algo sé de “la pirámide invertida”.

    Esta carta empezó hace tres años en otra plataforma. Me pareció adecuado que fuera un boletín y no un blog después de haber seguido con fervor la carta de Paola Carola, una ex compañera mía de la universidad sumamente talentosa, ahora una personalidad del internet que edita, escribe, gestiona clubes de lectura y vende papelería bonita. No, no me paga comisión por mencionarla.

    Es importante honrar a las personas que me van dando ideas.

    Desde Escríbeme pronto, que alguna vez se llamó El especial de lo inefable mandé todos los cuentos que acumulaban polvo digital en mi cajón y empecé a darle salida a los mejores productos culturales que pasaban por mis manos.

    Pero como también han pasado y me han pasado cosas terribles, decidí abrir un podcast para contar eso (ya traía la idea de hacer un espacio escuchable sobre todo y nada desde hace tiempo).

    Por tanto, en diciembre de 2024… ¡Sí!, apenas dos episodios atrás, se agregó el podcast quincenal No recomiendo.

    Este año le robaré algunas ideas a otra persona fantástica de Substack: Samuel Domínguez, escritorazo que sabrá perdonarme el hurto. Si no te has suscrito a Miradero: ¿QUÉ ESPERAS? No, él tampoco me paga comisión.

    La primera cosilla robada es que pondré más atención a la imagen con que se envía el newsletter. Quizá a ti no te importa, pero cuando te metes al archivo, me gustaría que hubiera cierta personalidad entre todo lo que mando.

    ¡Y además!… siguiendo el ejemplo de Samuel, también empezaré una serie de ficción en este espacio. No tengo los detalles, pero puedo contarte que tiene que ver con seres que habitan en círculos ¿debajo? de nosotros (oh, sí, al fin mis libros raros servirán para algo…)

    Así que a partir de 2025 en Escríbeme pronto encontrarás:

    * Un newsletter con las recomendaciones, un cuento chiquito y una reflexión

    * Un podcast de antirrecomendaciones llamado No recomiendo

    * Una serie con nombre por definir sobre peripecias infernales de unos cuantos demonios

    * Lo que se acumule o a lo que me inviten

    Por eso te doy la bienvenida a este espacio escritural. Que tu estancia sea agradable.

    Este año para mí es distinto. Como soy del club de “la niña de los plumones”, abrir una agenda nueva me parece una experiencia surreal y cuasiorgásmica. Sin embargo, este 2025 la abro con el convencimiento de lo que quiero lograr.

    Este último trimestre aprendí a hacer algo que me daba miedo poner en papel: mi plan de vida. Una vez más, honor a quien honor merece porque sin María Fornet, (¡ella también tiene un newsletter!) no lo habría hecho jamás.

    No, ella tampoco me paga comisión.

    No voy a entrar en mucho detalle sobre su método, únicamente diré que la idea es planear de zoom out a zoom in. O sea: ¿qué quieres alcanzar en 10 años? ¿Y en 5? ¿Y en un año?

    Por eso ahora tengo anotaditos mis objetivos para 2025 pero hice el enorme esfuerzo de dividirlos en objetivos trimestrales y de ahí, dividirlos en mensuales, semanales y así sucesivamente.

    Si te lo platico así, parece fácil, pero no lo es tanto una vez que te plantas a pensarle en qué clase de persona te quieres convertir a largo plazo. Sólo recuerda hacer los objetivos específicos, medibles, alcanzables, realistas y en un marco de tiempo adecuado. O sea, SMART (specific, mesurable, achievable, relevant, time-based). Agrego que pueden ser incluso SMARTER, para que los puedas evaluar y re-pensar.

    Me despido con un ejemplo:

    * Objetivo 2025: Terminar un libro de cuentos de 120-150 páginas en un año

    * Objetivo trimestral 1: Escribir los últimos tres cuentos

    * Objetivo trimestral 2: Editar los últimos tres cuentos

    * Objetivo trimestral 3: Trabajar los últimos tres cuentos con Laura, mi ángel de la guarda editorial

    * Objetivo enero: Terminar un cuento

    * Objetivo primera semana: Escribir 10 páginas

    Y así…

    Liverpool no sólo nos dio a los Beatles. En este puerto también nació otra de mis bandas favoritas: Echo and the Bunnymen. Empecé a ser fanática de verdad hace 12 años de la manera menos poética posible: gracias a un anuncio de la marca de automóviles Audi que apareció en el Super Bowl. Oí “The Killing Moon” y dije: ¿Qué rolón es este?

    Siempre me ha parecido sorprendente no ubicar a esta banda desde antes en mi vida, porque como miembros del post-punk y del new wave ochenteros, sí que me interesaban bandas que giran alrededor de estos muchachos como New Order, Joy Division, Siouxsie and the Banshees o The Church.

    … Nadie pidió explicaciones, pero uso un montón la palabra “rola” como sinónimo de canción y tiene varias posibles etimologías: desde que es una abreviatura de Rock-Latino hasta que proviene de rocola. A mí me gusta pensar que es porque los LPs antes rolaban.

    Pero esta rola es ideal para la crisis existencial del primer día del año y lo anuncia desde el título: ¿QUÉ VAS A HACER CON TU VIDA?.

    Este video lo mandó en una cartita la señorita Franz Mori y es de las mejores cosas con las que me he topado en internet en 2024.

    Ella sí me pa… NO: NADIE ME PAGA COMISIÓN.

    Creo que hacer buenos audiovisuales no es tan fácil como la gente piensa. Hoy cualquiera puede grabarse y hacerla de tiktoker, pero en este video se nota el empeño.

    Con todo que la idea es… no pensar demasiado.

    Geeknifer II

    Geeknifer (I) por acá

    La bruja había salido de su choza y se había dado cuenta de que con la lluvia no se derretía, como había creído durante centurias. Así que corrió a perseguir el mar, del que había leído en infinidad de libros… y en internet.

    No calculó que primero tendría que atravesar un gran desierto que parecía interminable. Nadie vino a ayudarle, a nadie se topó. Las energías le flaquearon porque ya no estaba acostumbrada a la soledad. Sólo sobrevivió cuando recordó que en el bolsillo tenía lágrimas de niña y todas las brujas saben que son mucho más hidratantes que los electrolitos.

    Luego, hubo de atravesar otro bosque montañoso. Ahí la cosa fue al revés: se topó demasiados personajes que le drenaron energía. ¡Qué ganas de regresar al sótano de su casa! Sólo sobrevivió cuando recordó que podía hacer amigas que leyeran fácil y se guareció en la cabaña de una leñadora. Que leía mucho y hablaba poco.

    Siguió andando por meses. Avistar desde una cumbre el salado mar fue abracadabrante. Era más que azul: era turquesa, verde y ultramar. Caminar hasta ahí ya no fue difícil. En la costa no había nadie más que un pescador cuidando de su balsa.

    —¿…



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    10 min
  • No recomiendo que te guste la Navidad

    Recuerda que puedes leer y escuchar también mi newsletter “Escríbeme pronto”. La carta pasada fue: ¡Jo-jo-jo! Que caiga nieve y texto + regalo

    * Más sobre el nacimiento de Jesús

    * Más sobre el árbol de Navidad

    * Más sobre “Carol of the Bells”

    Música usada:

    Carol Of The Bells de Audionautix tiene una licencia Atribución 4.0 de Creative Commons. https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/

    Artista: http://audionautix.com/

    Transcripción:

    Estaba yo sentada en la cadena interminable del tráfico de la Ciudad de México, más precisamente en uno de los estacionamientos más grandes de Latinoamérica, también conocido como una de las vías rápidas de la CDMX: el Viaducto Río de la Piedad. Y me pregunté: ¿por qué chingados todos traemos coche hoy? A ver, está oscureciendo y todos sabemos que en esta ciudad, por alguna misteriosa razón, el tránsito aumenta en diciembre. Como si todos nos hubiéramos puesto de acuerdo para necesitar una cajuela en la que meter las compras de pronto. Pero la realidad es que ese día era martes, poco probable que la gente estuviera comprando cosas. Yo tengo la teoría de que más bien todo mundo iba a la fiesta navideña de la oficina. Y entonces, ¿por qué diablos mis pares automovilistas llevan auto? Porque en esas fiestas no se sirve limonada ni agua de jamaica, ¿verdad? Eeen fin… no recomiendo moverte en auto en una ciudad sobrepoblada a final de año.

    ¡Qué bueno que ya hayan llegado a la emisión de hoy! ¡Muy pero que muy Feliz Navidad a todos! Espero que estén escuchándome durante su recalentado de la cena de ayer. Para los que me escuchan desde otras latitudes, normalmente los mexicanos nos alimentamos en Nochebuena con bacalao a la vizcaína, gracias a la madre patria España; con romeritos, que son una planta… que no sabe a romero y que se mezcla con un poco de nopal, es decir, cactus comestible, con camarón pacotilla o gambas pequeñas. Dios mío, qué fea se me hace la palabra gamba; todo esto se cubre con mole que es nuestra salsa típica hecha de chiles y especias varias. En mi casa particularmente también se prepara pavo al limón, que le queda buenérrimo a mi hermanita. En otras familias se consume pierna o lomo al horno, cuete mechado, ensalada de manzana que yo odio con todas mis fuerzas; yo pongo de pretexto una frase que suele decir mi padre: los borrachos no comemos dulces. Y sé que hay gente que consume tamales e incluso pozole en Navidad.

    Por cierto, no recomiendo tratar de buscar el origen de algunos platillos locales. Por ejemplo, el pozole que tanto nos gusta a los mexicanos. Hay tres variantes: verde, blanco o rojo. Casi como nuestra bandera, a mí me encanta el rojo, que proviene del bajío y tiene más chile. Amo la comida picante, qué les digo, no puedo negar la cruz de la parroquia. En fin, al pozole normalmente se le pone cerdo. Y no es casualidad que se haga con cerdo y no con pollo, por ejemplo. Este platillo se prepara desde antes de la llegada de los españoles a Mesoamérica y en esos tiempos se hacía con… carne humana. El cerdo es uno de los alimentos que más se le parecen. Así que la próxima vez que apliques juevecito pozolero te puedes acordar de que la conquista, dentro de todas sus desgracias, sí que nos trajo alimento que no incluye a tus congéneres.

    Bueno, sea lo que sea que estés comiendo o bebiendo, o incluso si no te estás alimentando, ¡feliz Navidad!

    Y de eso es de lo que quiero hablarte hoy. De por qué no te recomiendo que te guste esta época del año. A mí me encanta y por eso sé de lo que estoy hablando.

    Para empezar, partamos de una cosa. Es poco probable que lo que se celebra en Navidad realmente haya ocurrido en Navidad. Estoy hablando del nacimiento del niñito Jesús. ¿Por qué? Bueno, vamos a viajar mentalmente en el tiempo hasta cuando Jesús vivió, hace unos dos mil y pico de años. El asunto es que lo que tenemos como archivo para estudiar la vida de Jesucristo son unos documentos llamados evangelios. Evangelio, por cierto, quiere decir “buena nueva” y esto podría resultar hermoso salvo porque fueron escritos unas cuantas décadas después de que Jesús predicara, así que su fiabilidad histórica está en juego.

    Más cuando, de acuerdo con lo que se menciona en esos documentos, Jesús nació antes de Cristo. O sea, nació antes que él mismo. Por eso la abreviación “a.n.e” (antes de nuestra era) parece hacer más sentido. Porque resulta que Marcos dice que Jesús nació durante el reinado de Herodes el Grande, ya sabes, ese que mandó a matar a todos los escuincles del reino cuando se le amenazó que el hijo de Dios lo iba a reemplazar. Y Herodes falleció en el… 4 antes de Cristo. Nada de sentido.

    Por su parte, Lucas habla del nacimiento de Jesús en torno al censo de Quirino: Publio Sulpicio Quirino, para ser precisa, quien era el gobernador romano de Siria que en ese momento incluía Judea. Si recuerdas la historia, María, José y el bebé Jesús estaban haciendo un viaje desde Galilea hasta Belén. Nadie les dio posada, se quedaron junto a las vaquitas y así. De ahí que los mexicanos cantemos: “En el nombre del cieeelo, ooos pido posaaaada”…

    En fin, decía yo. El censo de Quirino se llevó a cabo en el año 6 después de Cristo, así que tenemos una discrepancia temporal como de 10 años. Hay una explicación a todos estos recursos que parecen literarios y es que cuando los evangelios se escribieron, ya había 3 mil cristianos contándose distintas versiones de lo que Jesucristo había y no había hecho.

    Para complicar la situación, no todos los evangelistas mencionan el nacimiento de Jesús. Ahora, yo me pregunto: decimos “antes de Cristo”, pero Jesús se volvió Cristo hasta que tenía 33, por tanto, tenemos otras tres décadas de discrepancia. Por tanto, podemos decir que la pandemia nos la pela y que en realidad seguimos viviendo en el siglo XX porque vivimos en el 2024 más, menos, 33 años.

    Si me van a venir a discutir que sabiendo cuándo aparece Poncio Pilato en escena se arregla esto, de una vez les cuento: no. Este señor estuvo en la prefectura del 26 al 36 después de Cristo, por taaaanto, sólo haría sentido el relato de Mateo y eso con trabajos.

    Eeeen fin, la cosa es que no puedo recomendar que te guste una festividad que de entrada está mal planteada en fechas. Tampoco te recomiendo celebrar “NAVIDAD” escrita con mayúsculas porque en realidad conmemoramos el solsticio de invierno. Las saturnales de los romanos que celebraban al sol invicto. Y una vez que los romanos adoptaron el cristianismo, ¡adivinen quién era el sol invicto! ¡Acertó usted! Hui-tzi-lo-poc-htli.

    Digo… Jesucristo, Jesucristo. Pero da la casualidad o la causalidad, mejor dicho, de que como la fecha se relaciona con el solsticio de invierno, o el de verano, según el punto del planeta donde una se pare, que hay muchos soles invictos y estaba fácil adaptar la fecha. Por ejemplo, acá en México, el advenimiento del dios de la guerra de Huitzilopochtli de los mexicas, mejor conocidos en el extranjero como aztecas, era en el solsticio de invierno. Los vikingos, los celtas, los chinos, los japoneses. Parece canción: los vikingos, za za, los celtas, za za, los chinos za za, los japoneses za za za za, Navidad, Navidad. Y todo el mundo, za za za. Okei. Conozco la salida, disculpen.

    Y es que todo alrededor de la Navidad parece farsa de sincretismo religioso, ahora sigo con eso. Mira, no te recomiendo que te guste la Navidad porque es una época en donde todo parece moverse más rápido. Cuando era niña, mi mamá andaba en friega arreglando la casa. Mi papá andaba en chinga tratando de que toda su familia tuviera un regalo decente. Mis hermanos andaban también en friega haciéndole caso a mis padres o atendiendo a sus familias políticas. Y yo… huía del estrés haciéndome bolita atrás del árbol. Esferas rojas, siempre, que me motivaban para leer como desquiciada. Acabé una infinidad de libros en invierno. ¿Pero a quién le debo tener foquitos intermitentes iluminándome? ¿Quién tuvo tan maravillosa idea?

    Todo parece que desde hace milenios distintas culturas europeas decoraban árboles en invierno, aunque sin duda lo popularizaron los alemanes en el medioevo colocando abetos dentro de las casas que decoraban con manzanas y velas. Los luteranos alemanes lo extendieron. Y total que la reina Carlota de Alemania se casó con Jorge III y ¡boom! Tuvimos árboles en Inglaterra. Doña reina Victoria salió en una foto en 1848 con un árbol de Navidad y el resto es más o menos historia.

    Claro, por más o menos historia me refiero a: en Estados Unidos echaron a perder la Navidad. No te recomiendo que te guste la festividad más relacionada con el capitalismo posible. Los gringos son unos genios: convirtamos a un obispo santo en la caricatura con sobrepeso de refresco popular que da regalos a los niños. Y bueno, honor a quien honor merece porque quien hizo la fabulosa imagen que hoy tenemos atascada en el inconsciente colectivo la ilustró Haddon Sundblom, quien no sólo creó la imagen moderna de Santa Claus, sino que también tiene ilustraciones icónicas que nos remiten a la mitad del siglo XX. De todos modos, he de admitir que me encantaba pensar qué me iba a traer Sancho Claus cada año. Y era un aliciente en mi cabeza para portarme bien. También tengo que confesar que me encanta el refresco que trae Santa Claus en la mano; decidí abandonar mi adicción cuando tenía 16 años. El resultado fue una rápida pérdida de peso. Hoy, en fechas como esta, sí que me permito medio vaso de las aguas negras del imperialismo yankee.

    Hablando de cosas que mis vecinos del norte hicieron bien es popularizar la música navideña. La carta pasada escribí, si no la has leído te dejo la liga en la descripción, sobre el niño del tambor o el pequeño tamborilero. Ahora quiero contarte un leve de algo que descubrí en estas semanas y me voló la cabeza. Carol of the Bells, el villancico de las campanas por su traducción, es otro de mis favoritos. No es nada misterioso que me encante porque, si la oyes con calma, tiene cierto dejo sombrío. Y yo soy baby bat, gótica closetera, metalera de audífono. En fin, ¿de dónde le viene este manto oscuro al villancico? Lo primero tiene que ver con la música como la entendemos en occidente. Los primeros cuatro acordes de Carol of the Bells se parecen muchísimo a los que usa el dies irae, el día de la ira, un himno famoso latino que inventó un franciscano y se usa en las misas de réquiem. En otras palabras, Carol of the Bells nos recuerda a la muerte. Y si eso no te basta para pensarle en algo tenebroso, también tiene una historia oscura. Resulta que este villancico en realidad es una canción ucraniana compuesta por Mykola Leontóvych en 1916 llamada Schédryk. La versión original habla de una golondrina que anuncia la primavera. Peeeero en 1921 Peter Wilhousky cambió la letra para que coincidiera con la Navidad y el Coro Nacional de Ucrania la estrenó en el Carnegie Hall. Bueno, esto no suena tan mal. De hecho, la idea de que el Coro la presentara era asentar la identidad ucraniana. Pero Leontóvych se metió en problemas por enarbolar la identidad ucraniana, en el mismo año en el que el villancico sonó en el Carnegie Hall, su compositor fue asesinado por la Chéka, es decir, la proto KGB. Así que cada vez que oigas Carol of the Bells, ahora puedes saber que algo tiene que ver con muerte.

    Esto me lleva a otra razón para que no te recomiende que te guste la Navidad. En México, de acuerdo con el INEGI, la mayor cantidad de muertes se produce en enero. En el resto del hemisferio norte las cifras son parecidas: en los meses fríos la gente fallece. No es de extrañar saber de personas que la están pasando mal justo en la época que nos mete la felicidad y el disfrute por todos los lugares posibles. Qué difícil es sobrellevar la falta de nuestros seres queridos en estos días.

    Mi mamá falleció en febrero de 2018. La Navidad de ese año la recuerdo con bastante amargura porque vivía en Londres. Para que nos hagamos una idea, en Inglaterra la media de sol al año es de 61 días. España tiene 300 días de luz. ¿Y México? No hallé cifras porque lo damos por hecho. Pero en invierno en mi terruño hay 11 horas de sol en invierno. Yo no sé lo que es una blanca Navidad. Por tanto, mientras viví en la isla británica casi me vuelvo loca porque: que se te oscurezca a las 3:30 de la tarde no es común para una mujer del trópico, como su servilleta. Además de esa situación climática, así como conté que acá en México nos alimentamos de manera deliciosa, Londres tiene muchas bendiciones y actividades divertidas, pero comer bien no es precisamente su fuerte. Tengan por seguro y les firmo que kamás quiero volver a saber algo del fish n’ chips. Guácatelas. Y ENCIMA DE ESO, en el flat donde vivía existí con encantos de mujeres: una egipcia, una chica de la India, tres chinas. Pero así como eran increíbles, ninguna entendía en serio por qué era tan importante la Navidad para mí. Entre musulmanas y ateas te veas. Fue una época en serio triste: yo sólo quería que mi mamá me hiciera piojito. Sólo sobreviví emocionalmente por dos secretos: vitamina D en pastilla y un viaje invernal a Barcelona. Dios me guarde siempre a los gallegos residentes de Cataluña que me dieron asilo y que me recibieron con el cariño fraterno de una familia latina.

    No te recomiendo que te guste la Navidad porque eres la impopular entre los amargados. No te recomiendo que te guste la Navidad porque te hace parecer superficial, gastas mucho en regalos y eres proclive a dejarte llevar por publicidad engañosa.

    Por último, tampoco te recomiendo que te guste la Navidad porque corres el riesgo de pasártela muy bien con los tuyos y de que se te ocurra mandar tu segundo capítulo de pódcast en 25 de diciembre. ¿Quién anda oyendo pódcast en este día? Muchas gracias a quien no le ha apagado al ¿radio? ¿celular? ¿carro?

    En fin, termino con unas últimas antirrecomendaciones: no te recomiendo meterte a las redes sociales hoy. Ni ver películas de Navidad porque son el cliché más grande de la historia, son predecibles, estúpidas, cursis y el humor es súper plano. Además, si te metes hoy a redes sólo vas a comparar tus decoraciones con las demás y acabarás siendo el cliché de la película Deck the Halls conocida en Latinoamérica como “Una Navidad muy prendida” o “Un vecino con pocas luces” en España y vas a dejar de escuchar la historia tan interesante que cuenta tu abuelo, así la hayas escuchado treinta y cinco veces a lo largo de tu vida. O puedes perderte el chiste que sucede en la cocina. O el drama familiar en el piso de arriba. En otras palabras: hoy, en esta Navidad, celebres el nacimiento de Jesús que sucedió en otra fecha, o no: deseo que estés presente en tu existencia. Porque de eso se trata en parte esta época: de encontrar luz en lo simple, de agradecer a quien te acompaña en la dureza del invierno o te abraza en el verano, ¡porque también hay Navidad en verano en el hemisferio sur! Esta es mi manera de desearte Feliz Navidad y que Krampus no te haya jalado las patas ayer en la noche.

    Por cierto, ¿recuerdas que di spoiler sobre el tema siguiente en el primer capítulo? ¡Pues ese en realidad es la marca del tercer capítulo! O sea. Demasiada alegría navideña hoy: pero prepárate para el “no recomiendo” de la melancolía y la tristeza que se viene en enero.

    Muy muy feliz Navidad, que hoy y siempre haya dicha en ti. Recuerda que soy Jennifer McNamara, aka Geeknifer. Recomienda este pódcast a tus amigos y antirrecomiéndalo a tus enemigos. Nos encontramos el próximo miércoles en forma de carta



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    18 min
  • No recomiendo tratar de entender

    Esta es una transcripción, pero creo que se oye mejor, hay que seleccionar el botón de play de arriba.

    Bienvenidos, bienvenidas y bienvenides a este intento de podcast que he prometido durante ya bastantes años. Mi idea para este espacio es acompañarte durante unos 15-20 minutos, que pienses fuera de la caja y que rías con algo en lo que resulto ser co-no-ce-do-ra: y me refiero a… ¡las porquerías en la vida! ¿Por qué? Bueno, tengo una newsletter que también puedes escuchar llamada Escríbeme pronto donde doy recomendaciones. Este nuevo espacio es el lado oscuro de eso. Son mis antirrecomendaciones. Sobre la vida y sobre productos culturales como libros, música, películas y cualquier otra cosa que se haya creado por el ser humano. Por eso: pásenle a este podcast salido del horno llamado: NO recomiendo.

    Mi nombre es Jennifer McNamara, conocida en los bajos mundos del Internet como Geeknifer y soy mexicana. Hago esta advertencia porque esta pieza de oralidad seguramente tendrá muchos más modismos que su contraparte newslettera. Me disculpo de antemano porque puedo llegar a ser medio mal hablada. Además de mexicana, soy una filósofa frustrada, escritora todavía más frustrada. Vivo de tratar de entender qué diablos quieren las personas para sus finanzas y crear una solución digital que les ayude con eso. Spoiler: nadie sabe qué chingados hacer con su dinero. Sólo tenemos algo en común todos: quisiéramos que apareciera como por acto de magia en nuestro bolsillo. Esa es la primera cosa que no recomiendo: tratar de entender al ser humano, lo de pensar en que el dinero pueda aparecer en el bolsillo es deprimente, pero nos entretiene. Pensándolo bien, tampoco les recomiendo eso.

    Volviendo al punto: me explico. Para que vean que sí he tratado de entender a mis pares y por qué no recomiendo tratar de hacerlo. Digo que soy filósofa frustrada porque fui educada entre ingenieros. Tengo la teoría de que mi papá sigue pensando que el hecho de que le saliera una hija con ánimo de filósofa es una de sus mayores decepciones en la vida. Pero el punto es que durante mi crianza, uno de los valores más importantes en mi familia era resolver problemas.

    Y eso hacen los ingenieros. Al menos los buenos: Resuelven. Que se tiene que llegar al otro lado del río, ellos se inventan un puente. Que nos tenemos que comunicar con el otro lado del mundo, aparece un ingeniero en telecomunicaciones de un hongo que se inventa una solución. En mi casa, si el grifo goteaba, se arreglaba; si el baño se tapaba, se destapaba; si al carro se le prendía una luz en el tablero, se llevaba al taller a ver qué tenía la criatura de cuatro ruedas. Por cierto, no hay nada que active más mi sentido arácnido de obsesiva compulsiva que subirme a un coche con un foquito prendido en el tablero y que al conductor no parezca importarle. Por favor, lleven a sus criaturas de cuatro ruedas al médico de coches si le ven un foquito prendido. Para algo es. Les apuesto que un ingeniero lo puso ahí para algo.

    Ya ven que me encanta irme por las ramas. La cosa es que, de chica, yo también quería resolver problemas. Entonces empecé a pensar en los problemas que yo tenía en la vida. Y resultó que… pues muchos muchos problemas no tenía. Para mi fortuna y privilegio tenía techo, vestido y hasta libros y juguetes. Pero como el ser humano si no tiene problemas se los inventa, rápidamente mi mente llegó al problema más grande y me pregunté: ¿Por qué estoy en este planeta? ¿Tiene sentido la vida? Y, por supuesto, ¿Quién soy?

    Pensé y pensé y pensé y no llegué a una solución para estos problemas. Así que le pregunté a las personas a mi alrededor y no me supieron dar respuestas satisfactorias. Uno de mis hermanos incluso acabó pintándose las uñas de negro y se fue a escuchar a Sisters of Mercy de la depresión que le dio. Supongo que no encontrar el sentido de la vida y ser el no-ingeniero en la familia deprime.

    Me tomé las cosas en serio y empecé a leer para buscar la solución. Obvio, me topé con filósofos que llevaban siglos cavilando alrededor de esto. Todos pensaban cosas distintas, pero de algo me convencí: yo estudiaría Filosofía porque los problemas sin solución más importantes son los relativos al ser humano. Al menos eso es lo que me decía yo. Ya existían puentes e internet pero seguíamos sin saber por qué fregados estamos aquí. Y me di de topes porque rápidamente se me atravesó oootro problema. ¿Dónde iba yo a estudiar Filosofía? Cerca de mí las opciones eran una universidad religiosa privada; otra marxista, del estado; y finalmente una universidad muy cara que no tenía licenciatura en Filosofía pero que tenía algo llamado licenciatura en Humanidades.

    Me hizo sentido entrar a ese programa porque yo cada vez más me percataba de que la solución al problema del ser humano no siempre estaba tan cerca de la Filosofía sino del Arte y la Literatura incluso. Y ni crean que gran Literatura. Vaya, todos los escuincles potterheads allá afuera esperando su estúpida carta a Hogwarts han sentido mejor que nadie lo que es tener esperanza, una cualidad increíble y misteriosa del ser humano. Tenemos la imaginación para creer en lo que sea, prácticamente: desde Dios hasta magia, pasando por Santa Claus, los reyes magos y… sí, que Harry Potter nos sacará de la miseria. Por cierto, arriba Slytherin, la casa de Merlín. Pero bueno, la licenciatura en Humanidades era una mezcolanza de Filosofía, Literatura e Historia del arte. A mis amigos les gusta decirle “Humanimadres” por algo.

    Pese a que el programa tenía más de cuatro décadas existiendo, para cuando yo entré, el giro estaba muy cercano a los estudios culturales. ¿Y eso qué es, Jennifer? Bueno, pues es el producto de no encontrar soluciones a los problemas humanos. Los estudios culturales se los inventaron los ingleses porque a mediados de los sesenta se encontraron con un problemón que no se podía abordar desde una sola disciplina. Ese problema se llamó Beatlemanía.

    Aquí en México desde hace 60 años se transmite un programa de radio llamado “El Club de los Beatles”. Y bueno, Liverpool está a más de 8 mil 500 kilómetros de la Ciudad de México. Sólo para que nos demos una idea de cuán importante fueron los Beatles el siglo pasado en todo el mundo y cómo lo siguen siendo. La cosa es que los ingleses no se podían explicar uno de los fenómenos de masas más asombrosos de la historia. No bastaba la música, la sociología, la antropología o la mercadotecnia. Se necesitaba algo combinado, la liga de la justicia de la ñoñería y la academia. Y de ahí: taráaaan, los estudios culturales llegaron.

    Otro día les cuento de qué iba a ser mi tesis porque también tenía que ver con música; inspirada por mis ancestros estudiosos, yo quería analizar el capítulo más oscuro en la música más oscura. Peeero citando a Michael Ende, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Ese capítulo se llamará: no te recomiendo hacer tesis. Hoy solamente quiero contarte por qué no te recomiendo tratar de entender a la humanidad.

    A pesar de que mi carrera me hizo muy feliz, no contaba con que en mi primer día de clases acabaría en una cabina de radio por accidente y azar. Lo que sí supe es que estar enfrente de un micrófono, justo como lo estoy haciendo ahora, me derritió el corazón, para bien, pues. Corte a: la señorita McNamara regresa a sus inicios y trece años después abre un podcast que se trata sobre… absolutamente nada.

    Quiero confesarles que este podcast casi se llama “Experta en nada” por eso, porque hasta la fecha sigo sin ser especialista en algo, pese a que todo mundo lo recomienda: desde los gurús del marketing que te mandan a buscar una audiencia nicho hasta los protectores del conocimiento que te instan a hacer un doctorado. Pero yo prefiero ver la vida con un crisol de luces. Tengo ánimo renacentista, me fascina la combinación de saberes y disciplinas. Y hablando de no entender a la humanidad, y por tanto no entender-me, para saber el sentido de la vida, le podríamos preguntar a algunos filósofos.

    Por ejemplo, según los estoicos, como Marco Aurelio o Epicteto el sentido de la vida radica en vivir de acuerdo con la razón y nuestra naturaleza. Vaya usté a saber qué conforma nuestra naturaleza hoy en el siglo XXI pero los estoicos creían que era bueno seguir la virtud. Algo muy parecido también pensaba Sócrates, de hecho.

    Aristóteles decía que era mejor buscar la felicidad, en realidad él la llamó eudaimonía, que también se logra viviendo en virtud. Platón, por su parte, prefería el orden.

    Y ya más para acá hay algunas perspectivas muy interesantes. Los utilitaristas como John Stuart Mill o Jeremy Bentham prefieren maximizar la felicidad y minimizar el sufrimiento. Lo cual suena padrísimo salvo porque podrías llevarte entre las piernas a tus congéneres. Un gran ejemplo de esto lo podemos ver en la película El aprendiz, dirigida por Ali Abbasi, que narra los primeros años como emprendedor de Donald Trump. Si no la has visto, esa sí la recomiendo.

    A mí me gusta la perspectiva de los existencialistas. Jean-Paul Sartre decía que la vida no tiene un sentido inherente y que somos libres y hasta responsables de construir nuestro propio sentido. En cambio, Albert Camus prefería decir que la vida es un absurdo. Pero que vale la pena rebelarse ante la absurdidad y encontrar sentido en nuestras experiencias.

    Esto me lleva al señor Viktor Frankl, que sobrevivió a un campo de concentración. Después de estar en ese infierno, él decía que el sentido de la vida se encuentra en lo que valoramos, como el trabajo significativo, la manera que enfrentamos el sufrimiento… y claro, el amor.

    Y también contemporáneo, Thomas Nagel sugiere que aunque la vida pueda parecer absurda, eso no invalida los significados que nosotros vamos creando.

    La cosa es que… con tantas teorías superpuestas, llego a la conclusión de que hay problemas que no tienen solución. Mi mente ingenieril se quiebra ante esto y quiero llorar desesperada. Pero mi parte artista y mi parte necia saben que aunque no haya solución a un problema, sigue valiendo la pena tratar de encontrarla. Cual Sísifo que lleva su roquita hasta la cima y se le cae, y ahí vamos de nuevo: a ver si ahora sí encuentro el sentido de la existencia.

    En lo que lo voy encontrando y hablando de echarse a llorar, te doy un spoiler del próximo capítulo. Sólo necesitas pensar en quién dijo la frase: “La desesperanza de la melancolía es a menudo un susurro del deseo”.

    Para acabar este podcast te dejo una antirrecomendación libresca. Démosle un aplauso al libro que se ganó mi título de: lo peor que leí este año. Y es para La ciudad prometida de Valentina Scerbani. ¡Gracias, Valentina! Porque aunque tu libro tenía una gran premisa: una chica que parece medio secuestrada por un par de tías locas, acabé hartándome del estilo “contemporáneo de la obra”.

    Aquí un fragmento, para que me creas. Ejem:

    “Encontré una ciudad y, en el centro, un perro tullido e indiferente salía de entre los bloques que olían a cemento y a soledad. Mordía muerto de hambre una corteza de pan, ¡Largo!, le gritó una mujer con arrugas bajo los párpados, ¡Largo!, podías contarle las costillas, bellamente arqueadas como un acuario cubierto de liquen, tenía las patas flacas y los ojos secos, me convenció de que era el perro más infeliz del mundo, era Nochevieja, y se tumbó en medio de la carretera, sin gimotear, mientras gente gorda salía con carne en bolsas, carne en las mandíbulas, carne bajo el brazo, un perro callejero decidió suicidarse antes de descubrir que existe dios, junto al bloque de dieciséis pisos sobre el que ponía, piso por piso:

    there

    where

    the

    sun

    will

    never

    set

    up

    y yo salté de un muro a una escalera,

    Hasta aquí.”

    Qué astro payasada, ¿no? Cabe aclarar que la pieza en inglés está escrita de a palabra por renglón, como si fuera verso libre. No sé por qué algunos escritores contemporáneos aman hacer esto de revolver el lenguaje hasta que no se entienda. Y por eso, no te lo recomiendo nada.

    Hemos llegado al final de esta emisión, recuerda que soy Jennifer McNamara aka Geeknifer y que puedes mandarle este podcast a tus amigos y enemigos. ¡Nos escuchamos el próximo mes!



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