Proclama "bienaventuranzas" para los pobres, hambrientos, que lloran y son perseguidos, pues les pertenece el Reino de Dios, serán saciados, reirán y recibirán una gran recompensa en el cielo. En contraste, pronuncia "ayes" o lamentos para los ricos, satisfechos y que ríen, quienes ya recibieron su consuelo, pasarán hambre y llorarán, pues los pueblos que los alaban actuaron de la misma manera con los falsos profetas.