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Había una vez un pequeño zorro llamado Max que vivía en un bosque junto. Max era un zorro muy curioso y aventurero, siempre buscando nuevas experiencias, la mama de max siempre le decía que el tenía que ser bueno y que siempre tenía que ayudar a los otros animales. Un día, mientras exploraba el bosque, se encontró con un conejito
El conejito se veía muy triste y estaba sentadito debajo
de un árbol. Max que recordaba las palabras de su mama se acerco muy lentamente
para no asustar el conejito. Cuando se acerco lo suficiente le dijo.
Hola como te llamas. El conejito entre lagrimas le dijo que se llamaba Benny y que la mama le había dicho que no hablara con extraños. Max simplemente le sonrio y le dijo que no le tuviera miedo que el también tenia una mama que le decía lo mismo, pero que el solo quería ayudarlo. Benny se calmo un poco y Max le pregunto que porque estaba llorando. Benny le dijo que el había salido a saltar por el bosque, desobedeciendo a su mama y que de pronto se dio cuenta que no sabía donde estaba y que ahora quería volver a su casa donde su familia estaba Max, con su naturaleza amable y valiente, ofreció ayudar a Benny a encontrar a su familia.
Max comenzó a caminar por el bosque junto a Benny y después
de pasar varios arroyos finalmente pudieron salir un poco del bosque y llegar a
una colina. Allí ambos se sentaron a mirar a todas partes pensando que de
pronto Benny podía reconocer donde estaba su casa. Desde aquella colina se veía
claramente la región que estaba frente
al bosque. De pronto el zorro Max vio que entre los pastizales había una movimiento extraño. Como el zorro es
muy inteligente supo que algo sucedia allí y levantando a Benny sobre su cuerpo
le indico el lugar donde el prado se movia. Benny miro atentamente y vio como varias
orejitas saltaban entre el pasto. Era las
orejitas de la mama, el papa y los hermanos de Benny que estaban recorriendo la
pradera en busca de aquel conejo travieso.
Emocionados ambos, Max y Benny corrieron y saltaron hacia
aquel pastizal en busca de la familia pero cuando llegaron ya estos no estaban allí.
Pero como Max era un zorro y tenia muy desarrollado el sentido del olfato comenzó
a olfatear tratando de ver por donde se habían ido los conejitos familiares. Y encontró rápidamente el rastro. Y asi justo
antes de que se hiciera de noche los dos aventureros llegaron a una hermosa
madriguera de conejos adornada con flores. Y allí justo en la puerta estaba la
mama de Benny. Desafortunadamente al primero que la mama coneja vio fue a Max e
inmediatamente reconoció que era un zorro y se asusto mucho. Pero en el momento
que iba a cerrar la puerta de la madriguera vio como detrás de aquel zorrito saltaba
feliz una carita que ella reconocería en cualquier parte. Era la cara de Benny.
La mama abandonando entonces todo temor salió saltando hacia su hijito y Benny salió
a abrazar a su mama. Cuando ambos se abrazaron, Max dio media vuelta y se
regreso por el pastizal hacia el bosque. Estaba muy feliz por Benny ya que había
regresado a casa y ahora comprendía las palabras de su mama sobre lo importante
de ayudar a otros.
De pronto un hada salió de el bosque y se dirigió flotando hacia Max. Y cuando llego a el le dijo. Te he estado observando y he visto como has ayudado al conejito. He de decirte que "Eres un zorro muy amable y valiente, y como recompensa por ayudar a Benny, te regalaré algo que te encantará".
El hada llevó a Max a un punto muy bello del bosque y allí le mostró un gran árbol que tenía una fruta que hasta ese momento Max no reconocia. Era un árbol de manzanas y estaba lleno de rojas y redondas manzanas. El hada tomó una de ellas y se la dio a Max diciendole. Si bien yo se que ayudaste a Benny sin buscar nada a cambio, también se que tu acción merece un delicioso regalo. Aquí tienes un árbol que te acompañara por mu
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Habia una vez un hombre y una mujer que eran muy pobres, que estaban muy agobiados por la crianza de sus hijos. La pareja tenia siete niños. Cuando ellos hubieron crecido el mayor de ellos se dirigió a su madre y le dijo que ellos se irían a tomar el camino del mundo para que no fueran una carga para ellos. Ambos aceptaron con mucho pesar y los vieron despedirse en una mañana desde la
Meses después la pareja tuvo una niña que creció sin saber que había tenido siete hermanos. Pero un día la niña estaba jugando donde un vecino y este le dijo.
—Tú eres una buena chica, como tus hermanos lo fueron.
La niña que no entendió esas palabras, corrio donde su madre y le dijo
—Madre, es verdad que tengo hermanos?
La madre con lagrimas en los ojos le dijo que era verdad .
—¿Y dónde están? Pregunto la niña….
—Tienes 7 hermanos pero hace muchos años se Se fueron a algún lado. No sabría decirte donde.
Entonces la niña le dijo. Cuando sea mayor ire a buscarlos.
Y así fue. Cuando la niña se hizo mayor le dijo a su madre.
— dame una pieza de lino fino y yo ire a buscar a mis hermanos para hacerles siete camisas.
Y la niña partio a la mañana siguiente con una pieza de lino fino. La madre lloro amargamente la partida de su hija pero sabía que estaba ella en su derecho al igual que lo había hecho sus hermanos. Así que la dejó marchar.
La niña tomo el camino de las montañas y se fue preguntando en cada uno de los pueblos a los que llegaba si habían visto siete hermanos que habían viajado buscando trabajo. Finalmente después de mucho preguntar alguien le dijo que había una casa alejada en que vivían siete hombres que vivían solos. La chica tomo la ruta indicada y llegando al lugar indicada por la manaña encontró una casa. Allí entro y vio que la casa estaba totalmente desordenada. Las camas estaban sin tender, la cocina toda desordenada y sucia, la mesa en total caos y nada se veía en orden.
Reconociendo que en esa casa vivían los siete hermanos de acuedo a las camas que había allí, decidió ella poner un poco de orden. Así que dedico todo el día a limpiar y organizar las habitaciones, el comedor y la cocina. Luego preparo una cena y dejo todo servido para cuando ellos llegaran del campo. Luego se escondio en la buardilla de la casa para que no la vieran.
Cuando los hermanos llegaron a la casa encontraron todos los deberes de la casa hechos y una deliciosa comida preparada. Los hermanos se sorprendieron mucho pero no entendían quien podía haber hecho eso. Pensaron que acaso unas hadas mágicas habían visitado su casa. Pero ninguno se le ocurrió buscar en la buhardilla. Durante la noche la hermana escondida se dedico a cocer una camisa de lino y silenciosamente la dejo en la cama de el mayor de los hermanos. Cuando se despertaron este encontró la bella camisa a su lado de la cama y agradecido se la puso para ir a trabajar. Pero de nuevo dejaron la casa sin ordenar y todos los platos de la comida sin lavar. Y de nuevo la hermana salió de su escondijo y arreglo la casa y la limpio. Y de nuevo los hermanos encontraron la casa totalmente organizada y por la noche la hermana escondida coció una camisa para otro de sus hermanos. Y asi ocurrió una y otra vez por casi una semana. Finalmente, cuando llego el turno de el menor de los hermano este que era el más inteligente decidió permanecer despierto haciéndose el dormido. Tratando de ver a el hada que les ayudaba con la casa y les hacia las caminas.
Y sucedió que cuando la hermana iba a ponerle la camisa en su lecho, el abrio los ojos y le agarro su mano. Ella trato de safarse pero con la algarabía todos los otros despertaron
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Había una vez en la región que hoy conocemos como turquia un rey llamado Creso que era el amo y señor de un reino llamado Lidia. Corria la mitad del siglo VI antes de nuestra era y el reino de Lidia estaba situado en lo que en el momento era la mayor fuente de riqueza de esas épocas. La anatolia era un cruce obligado de mercancías entre Europa y el Asia, además era una zona muy fértil y bendecida con toda clase de cultivos y minerales. Se decía en esas épocas hace 2500 años que no había un reino más rico y más prospero que lidia y que su rey Creso era el hombre más rico sobre la tierra. Tan rico era que aún hoy hay un dicho popular que dice. Tan rico como creso.
El rey Creso creia poseer todo lo necesario para ser feliz: tenia tierras, palacios, casas, esclavos, finas prendas y objetos bellos.El en su inmenas opulencia no podía pensan en nada que le pudiera dar mayor comodidad o mayor satisfacción asi que se autoproclamaba como el hombre más feliz del mundo.
Sucedió que un día llego a su reino un hombre llamado Solon. Solon era un legislador de Atenas en Grecia y tenia gran fama de ser un hombre sabio. En esa época se decía para halagar a un sabio la frase. Eres tan sabio como Solon.
Siendo Solon un hombre culto y habiendo viajado por muchas regiones había oído hablar del Rey Creso y su inmensa riqueza. Asi que decidió ir a visitar Lidia y ver con sus propios ojos la riqueza y la opulencia de los palacios de Creso.
Cuando Solon se presento a las puertas del fastuoso palacio de Creso y fuera anunciado por los guardias reales, Creso lo mando pasar inmediatamente ya que se sentía orgulloso de que un hombre con tal reputación de sabio lo visitara desde Grecia.
Creso recibió a Solon con todos los honores posibles y el mismo le dio una visita guiada por los más lujosos aposentos de su palacio. Cada una de las habitaciones estaba decorada con finas alfombras, hermosos muebles de maderas exóticas, cuadros, pinturas, mosaicos y especialmente libros. Luego lo llevo a conocer sus jardines, huertos y establos buscando maravillar a su invitado con toda clase de objetos raros y hermosos.
Después de la visita guiada, el rey Creso se sentó a manteles con su invitado y compartiendo una cena de fantásticos alimentos le pregunto.
Dime Solon ya que has visto todo lo que te he mostrado quien piensas que es el hombre más feliz del mundo. Esperando que la respuesta fuera bien simple y contundente.
Tu Creso.
Pero el sabio Solon guardo algunos minutos de silencio y finalmente dijo.
– Tengo en mente a un pobre hombre que vivió un tiempo en Atenas y se llamaba Telo. A mi juicio, era el más feliz de los hombres.
Creso no esperaba esa respuesta, pero ocultó su decepción y preguntó:
-¿Por qué lo crees?
– Porque -respondió el huésped- Telo era un hombre honesto que trabajo con ahínco durante muchos años para criar a sus hijos y brindarles una buena educación. Y cuando ellos crecieron y pudieron apañárselas por su cuenta, él se alistó en el ejército ateniense y dio su vida con valentía en defensa de su patria. ¿Puedes pensar en alguien que sea más merecedor de la felicidad?
-Quizá no -respondió Creso sorprendido por la respuesta -. ¿Pero no me hables de muertos, dime quien puede ser el hombre vivo más feliz
Ahora estaba seguro de que Solón respondería: “Creso”.
-Tengo en mente -dijo Solón- a dos jóvenes a quienes conocí en Grecia. Su padre murió cuando ambos eran niños, y eran muy pobres. Pero trabajaron virilmente para mantener su casa y a su madre, quien sufría de mala salud. Año tras año trajinaron, sin pensar en nada
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Había una vez un hombre sabio que vivía en el reino de Libya . Este hombre un día se despertó sintiendo que algo lo llamaba desde su interior. Algo más fuerte que su misma vida lo llevo a salir en aquella noche clara y estrellada. Saliendo al balcón de su palacio vio algo que nunca olvidaría. Vio una estrella iluminando en el oriente. Una estrella que nunca había estado allí y el conocía bastante de estrellas para saber que aquella estrella era una anomalía. Su luz era tan fuerte que sobrepasaba la luminosidad de las otras estrellas e incluso de la luna misma.
Al día siguiente al amanecer volvió a ver la estrella en el mismo lugar que la noche anterior. La luz de la estrella estaba allí pese a que el sol ya había salido. Algo nunca visto sucedía con aquella estrella, no se movía y no desaparecía con el día. Supo inmediatamente que su destino estaría ligado a aquella estrella, así que rápidamente recogió algunos de sus pertenencias y despidiéndose de todos sus servidores, tomo el camino hacia la estrella. Pese a tener caballos, decidió salir en procura de aquella estrella caminando.
No sabía aquel hombre sabio que otros tres hombres sabios habían visto la misma estrella y que se dirigirían a ella montados en sendos camellos. El por el contrario lo haría a pie. Camino días, y semanas y finalmente después de recorrer grandes extensiones llego a las cercanías de un pueblo llamado Belén. Su recorrido a pie había tardado muchos meses, pero pese a que la luz de la estrella ya había desaparecido sabía en su interior que aquella tierra era su destino.
Llegando a Belén, le contaron que hacía algunos meses habían llegado allí 3 hombres sabios con regalos a adorar un bebe que había nacido en un establo. Supo inmediatamente que aquel era su destino original y pregunto por aquel bebe y sus padres. Los habitantes le dijeron que los padres habían huido hacia Egipto para proteger a su hijo recién nacido. El hombre sabio decidió salir entonces a recorrer el camino hacia Egipto con la certeza de que su destino estaba allí, en la tierra que pisara aquel bebe que había nacido en belén. Durante meses camino y finalmente cuando llego a Egipto busco infructuosamente aquella familia que había llegado de belén, pero nadie le daba razón. Confiado en su destino recorrió de arriba abajo el reino egipcio pero por años nunca encontró rastro alguno.
Un día después de 30 años llego a sus oídos que un hombre en las tierras de Judea estaba guiando un grupo de seguidores y que según decían estaba obrando milagros. Le contaron que aquel hombre tenia poderes que nadie imaginaba. El hombre sabio supo inmediatamente que aquel hombre debía ser el mismo que hace 30 años el debía ir a adorar. Asi que tomó sus pocas pertenencias y de nuevo se enruto hacia Judea, donde decían que vivía y caminaba aquel hombre. Con dificultad cruzo la distancia de Egipto hasta judea y allí comenzó a preguntar por aquel hombre.
En un pueblo le dijeron que el se había dirigido a jerusalén y que allí había sido ovacionado por la multitud a su entrada. El hombre sabio se dirigió a Jerusalén y llego justo en el momento en que una multitud se reunía frente al palacio de el regente romano. Un tal Poncio Pilatos. El hombre sabio que había pasado 33 años caminando en busca de aquel hombre iluminado por una estrella finalmente se encontraba a pocos pasos de él. Y justo cuando llegó junto a la multitud vio como al hombre lo tomaban y se lo llevaban para ser azotado y con orden de ser crucificado el día siguiente.
Sabía que tenía que reunirse finalmente con aquel hombre y ofrecerle su ayuda, era su destino desde que había visto aquella estrella en el occidente. pero no sabía cómo hacerlo y veía que al otro día sería el último día.
Con la desesperación propia de quien ve algo inevitablemente perdido, se
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Había una vez un anciano sabio que vivía en una pequeña aldea rodeada de montañas. El anciano que era respetado por todos era conocido además por su capacidad para predecir el futuro y por sus habilidad para ofrecer consejos sabios y perspicaces a todos aquellos que se acercaban a consultarle. Un día, un joven de la aldea que debido a su juventud sufría de arrogancia se acercó al anciano y le pidió que le dijera cuál sería su destino y fortuna
El anciano cerró los ojos y después de algunos minutos de
concentración profunda y abrió los ojos y mirando al joven le dijo.
Mi joven amigo, he de decirte que tu fortuna está en la cima de la montaña que acompaña el poblado donde vives. El joven se llenó de emoción de saber que el viejo sabio le había dado la clave para conocer su destino y rápidamente se dirigió a su pueblo. Una vez llego allí se dirigió a la alta montaña que enmarcaba su pueblo. Preparado con todo lo que necesitaba comenzó a subir por la escarpada ladera de la montaña y a medida que pasaba la jornada se sentía más y más cansado. Después de horas de caminar y trepar con mucha dificultad, muchas veces aferrado con pies y manos a las rocas para no caer al desfiladero, vio como a medio camino a la cima de la montaña se abría un agujero en la superficie rocosa. Su corazón salto de la felicidad y con mayor energía llego hasta la apertura.
Con dificultad se arrastró por la estrecha entrada y después de recorrer varios metros en la oscuridad llego a una gran sala donde la escasa luz que entraba por el agujero hacia relucir algunos objetos dorados. Emocionado encendió una pequeña lampara y frente a sus ojos vio que en aquel lugar había un gran tesoro con decenas de cofres repletos de artículos de oro y joyas. Sin preguntarse siquiera como habría llegado este tesoro a un sitio tan escondido, simplemente comenzó a recoger algunos tesoros para ponerlos en el bolso que llevaba. De pronto vio una nota que estaba sobre uno de los cofres, la tomo y la leyó.
Su sangre se helo inmediatamente. La nota decía. Desafortunado aquel que tome estos tesoros ya que ellos llevan una maldición que condenara a aquel que los toque a sufrir de dolores y sufrimientos permanentes.
El joven que veía tal tesoro a su alcance simplemente ignoró el temor inicial y riéndose siguió guardando las joyas preciosas y el oro que pudiera llevar.
De bajada de la montaña, el joven hacia cuentas de cuantas haciendas compraría y de cuantas cabezas de ganado tendría. Sentía que todo su destino estaría definido a partir de aquel instante.
Cuando llegó al pueblo fue directamente a su casa y esparciendo el tesoro en su habitación hizo llamar a su esposa y le contó su aventura. Le contó cómo había ido donde el viejo adivino y como este le había indicado dónde encontrar el tesoro que definiría su destino. Luego le contó cómo había subido a la montaña y como había encontrado la cueva. La joven escuchó atentamente, pero en su corazón una duda comenzó a crecer ya que le preocupaba la nota que había encontrado su esposo en la cueva.
Durante la noche sonidos extraños comenzaron a surgir dentro de la casa y entre las diferentes habitaciones extrañas sombras rodearon a la pareja. De pronto el joven se sintió enfermo y su esposa comenzó a sentir el malestar propio de una enfermedad.
Desesperada y aterrada por lo que estaba sucediendo corrió donde un vecino buscando ayuda y este al recibirla también se sintió enfermo y pronto todo el pueblo cayó preso de una extraña maldición.
Cuando llegó el nuevo día todo el pueblo estaba moribundo y la joven esposa que presuponía el origen de aquel mal en aquella nota, decidió ir corriendo a donde el viejo sabio. Cuando llego a el le preguntó porque había enviado a su esposo a buscar la muerte en la ladera de aquella montaña. El viejo sonrió dulcemente y le dijo.
Nunca envié a tu esposo a la ladera yo lo
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Había una vez un mundo sumerio. En ese mundo sumerio Al principio solo existía la diosa Nammu. La diosa Nammu era el Mar Primordial que vivía en total oscuridad ya que no existia la luz. Un día Nammu día a luz al universo, Anki, el cual reunió el cielo y la tierra en uno. Anki luego hizo al dios del aire Enlil que dividió el universo en dos, haciendo a An, el dios del cielo y Ki, que se convirtió en la diosa de la tierra. Enlil y Ki se unieron para procrear un hijo hijo juntos llamado Enki, que era el dios del agua y el señor de todo el universo. Cuando el mundo estuvo formado Enki tomo un poco del agua de Nammu y con ellos creo los rios Tigris y Éufrates, haciendo que el suelo entre estos dos rios fuera muy fertil y rico que le permmitiar luego introducir animales en el área. Más adelante nacerian y llegarian otros dioses a convivir en las tierras y las ciudades que se crearían entre los dos ríos.
La creación de la Luna
Uno de estos dioses fue Enlil quien vivia en la ciudad de Nippur junto a la diosa Ninlil, quien aún era joven y bella. Su madre le había advertido a Ninlil que siempre se bañara vestida cuando fuera a bañarse en las aguas locales, ya que si lo hiciera desnuda el dios Enlil del aire podría aprovecharse de las circunstancia. El consejo no era en vano ya que un día mientras Ninlil se estaba bañando, el dios del aire la vio y rapidamente comenzo a asediarla, La nubil Ninlil inicialmente trato de rechazarlo, pero el dios Enlil aprovechando la oscuridad tomo un bote y acercandose calladamente y la violo. La joven se sintió ultrajada y recurrio a los otros dioses para que la vengaran y los dioses llamando a su presencia a Enlil lo condenaron a vivir en el inframundo.
Ninlil se vio asi embarazada y como era la constumbre se fue a vivir al inframundo donde estaba el que seria el padre de su hija. Enlil se sabía que su hija nacía en el inframundo no podría salir de el y estaria condenada para siempre a vivir en la oscuridad.
No queriendo que esto sucediera, Enlil se disfrazó tres veces; una vez como guardián de la puerta, una vez como el hombre a cargo del río que conduce al inframundo y la tercera vez como el barquero. Cada vez que Enlil y Ninlil se encontraban, él le decía que debía dormir con él para que pudiera embarazarla con un niño para residir en el inframundo en el lugar de Nanna, asi cuando llego el tiempo de nacer, la niña nacio en el cielo y quedo dispuesta para iluminar la tierra en las noches, asi nacio la luna.
La creación del hombre
Si bien solo existían los dioses, todo el trabajo duro, como cavar zanjas y el trabajo agrícola, tenía que ser realizado por las deidades menores. Trabajaron duro en este trabajo durante 3.600 años antes de que finalmente decidieran que ya habían tenido suficiente. Fueron a la huelga, quemaron sus herramientas y rodearon el templo de Enlil, que temía a la multitud enojada, por lo que buscaron el consejo de los otros grandes dioses, especialmente Anu y Enki.Juntos, Anu, Enki y Enlil idearon un plan y decidieron crear una nueva raza de seres para actuar como sirvientes de los dioses y hacer todo el trabajo duro por ellos. Seleccionaron a Geshtu-e, un dios que fue bendecido con gran inteligencia, y lo sacrificaron. La diosa del nacimiento, Ninmah, mezcló su carne y sangre con arcilla, después de lo cual todos los dioses escupieron sobre la mezcla. Enki, junto con la diosa del útero, Nintu, llevó la mezcla a la habitación del destino donde recitó encantamientos mágicos sobre ella hasta que finalmente, pellizcó catorce piezas de arcilla. Luego colocó siete de las piezas a la derecha, que se convertirían en hombres y las otras siete a la izquierda, que se convertirían en mujeres.
La Creación del hombre (Fuente - missouristate.edu)
A contin
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En Norroway, hace mucho tiempo, vivía una dama que tenía tres hijas. Un día, la mayor le dijo:
—Cuéceme un bannock y ásame un collop, porque me voy a buscar fortuna.
Su madre así lo hizo, y la muchacha se fue a visitar a una vieja bruja lavandera y le dijo que se iba a buscar fortuna. La bruja le dijo que si se quedaba vigilando la puerta trasera, su fortuna llegaría. Al tercer día llegó un apuesto hombre en un carruaje de seis caballos.
—Es para ti —dijo la bruja.
La muchacha entró en el carruaje y partió rápidamente.
Al día siguiente la segunda hija llegó a la casa de la bruja. Cuando miró por la puerta trasera de la bruja vio a un apuesto hombre en un carruaje de cuatro.
—Es para ti —dijo la bruja.
Entonces la tercera hija le dijo a su madre:
—Cuéceme un bannock y ásame un collop, porque me voy a buscar fortuna.
Fue a la casa de la bruja lavandera, como sus hermanas antes que ella, y esperó en la puerta trasera a que llegara su fortuna. Nadie llegó el primer día, ni el segundo, pero al tercero apareció un gran toro negro bramando por la carretera.
—Es para ti —dijo la bruja.
La muchacha, aterrada, gritó, pero la bruja la sentó sobre la grupa del toro y se fueron. Corrieron y corrieron hasta que la muchacha sintió que desfallecía de hambre, así que el toro le dijo que comiese de su oreja derecha y bebiera de su oreja izquierda. Ella así lo hizo, y quedó maravillosamente saciada. Más tarde retomaron el rumbo, y el toro no dejó de correr hasta que llegaron a un espléndido castillo.
—Este castillo pertenece a mi hermano —dijo el toro—. Podemos descansar aquí.
Cuando llegaron, el hermano del toro y su esposa acogieron a la muchacha y sacaron al toro a pastar al jardín. Por la mañana, llevaron a la muchacha a un brillante salón y le dieron una hermosa manzana, diciéndole que no la mordiera hasta que tuviera el problema más grande jamás conocido.
Al segundo día llegaron a un castillo de tamaño mediano. Mi hermano del medio vive aquí, dijo el toro
En el castillo le dieron a la muchacha una hermosa pera , recomendándole que no la mordiera hasta que tuviera el problema más grande jamás conocido.
Al final del tercer día llegaron a otro castillo, el mayor de todos.
—Mi hermano más joven vive aquí —dijo el toro.
En el castillo le dieron a la muchacha una hermosa ciruela, recomendándole que no la mordiera hasta que tuviera el problema más grande jamás conocido.
Al día siguiente, el toro y la muchacha se fueron hasta que llegaron a una oscura cañada. El toro hizo bajar a la muchacha y le dijo:
—Ahora tengo que ir a luchar con el diablo. Siéntate en una piedra y no muevas una mano o un pie hasta que vuelva. SI te mueves no podré encontrarte nunca. Si todo a tu alrededor se vuelve azul, es que he vencido al diablo; si se vuelve rojo, el diablo me habrá vencido a mí.
La muchacha se sentó en una piedra y no movió ni un músculo. Al cabo de un rato, todo a su alrededor se volvió azul, y en su alegría por la victoria del toro, la muchacha cruzó las piernas. El toro era en realidad el Duque de Norroway, que había sido encantado en forma de un toro negro hasta que venciera al diablo. Pero como la muchacha se había movido, no pudo encontrarla cuando regresó de la lucha.
La muchacha estuvo sentada durante mucho tiempo, llorando sola. Al final se levantó y se fue, no sabía adónde. Caminó sin rumbo hasta que llegó a una gran montaña de hielo. Intentó escalarla pero no pudo, así que intentó rodearla, pero tampoco tuvo suerte. Al final llegó a una herrería, y el herrero le prometió que si le servía durante siete años le haría un par de zapatos de hierro con los que podría escalar la montaña de hielo. Al finalizar los siete años cumplió su palabra, y la muchacha escaló la montaña de hielo.
Cuando llegó a la c
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Había una vez veinticinco soldaditos de plomo, hermanos todos, ya que los habían fundido en la misma vieja cuchara. Fusil al hombro y la mirada al frente, así era como estaban, con sus espléndidas guerreras rojas y sus pantalones azules. Lo primero que oyeron en su vida, cuando se levantó la tapa de la caja en que venían, fue: «¡Soldaditos de plomo!» Había sido un niño pequeño quien gritó esto, batiendo palmas, pues eran su regalo de cumpleaños. Enseguida los puso en fila sobre la mesa.
Cada soldadito era la viva imagen de los otros, con excepción de uno que mostraba una pequeña diferencia. Tenía una sola pierna, pues al fundirlos, había sido el último y el plomo no alcanzó para terminarlo. Así y todo, allí estaba él, tan firme sobre su única pierna como los otros sobre las dos. Y es de este soldadito de quien vamos a contar la historia.
En la mesa donde el niño los acababa de alinear había otros muchos juguetes, pero el que más interés despertaba era un espléndido castillo de papel. Por sus diminutas ventanas podían verse los salones que tenía en su interior. Al frente había unos arbolitos que rodeaban un pequeño espejo. Este espejo hacía las veces de lago, en el que se reflejaban, nadando, unos blancos cisnes de cera. El conjunto resultaba muy hermoso, pero lo más bonito de todo era una damisela que estaba de pie a la puerta del castillo. Ella también estaba hecha de papel, vestida con un vestido de clara y vaporosa muselina, con una estrecha cinta azul anudada sobre el hombro, a manera de banda, en la que lucía una brillante lentejuela tan grande como su cara. La damisela tenía los dos brazos en alto, pues han de saber ustedes que era bailarina, y había alzado tanto una de sus piernas que el soldadito de plomo no podía ver dónde estaba, y creyó que, como él, sólo tenía una.
“Ésta es la mujer que me conviene para esposa”, se dijo. “¡Pero qué fina es; si hasta vive en un castillo! Yo, en cambio, sólo tengo una caja de cartón en la que ya habitamos veinticinco: no es un lugar propio para ella. De todos modos, pase lo que pase trataré de conocerla.”
Y se acostó cuan largo era detrás de una caja de tabaco que estaba sobre la mesa. Desde allí podía mirar a la elegante damisela, que seguía parada sobre una sola pierna sin perder el equilibrio.
Ya avanzada la noche, a los otros soldaditos de plomo los recogieron en su caja y toda la gente de la casa se fue a dormir. A esa hora, los juguetes comenzaron sus juegos, recibiendo visitas, peleándose y bailando. Los soldaditos de plomo, que también querían participar de aquel alboroto, se esforzaron ruidosamente dentro de su caja, pero no consiguieron levantar la tapa. Los cascanueces daban saltos mortales, y la tiza se divertía escribiendo bromas en la pizarra. Tanto ruido hicieron los juguetes, que el canario se despertó y contribuyó al escándalo con unos trinos en verso. Los únicos que ni pestañearon siquiera fueron el soldadito de plomo y la bailarina. Ella permanecía erguida sobre la punta del pie, con los dos brazos al aire; él no estaba menos firme sobre su única pierna, y sin apartar un solo instante de ella sus ojos.
De pronto el reloj dio las doce campanadas de la medianoche y —¡crac!— abrióse la tapa de la caja de rapé… Mas, ¿creen ustedes que contenía tabaco? No, lo que allí había era un duende negro, algo así como un muñeco de resorte.
—¡Soldadito de plomo! —gritó el duende—. ¿Quieres hacerme el favor de no mirar más a la bailarina?
Pero el soldadito se hizo el sordo.
—Está bien, espera a mañana y verás —dijo el duende negro.
Al otro día, cuando los niños se levantaron, alguien puso al soldadito de plomo en la ventana; y ya fuese obra del duende o de la corriente de aire, la ventana se abrió de repente y el soldadito se precipitó de cabeza desde el tercer piso. Fue una caída terrible. Quedó con su única pierna en alto, descansando sobre el casco y con la bayoneta clavada entre dos adoquines de la calle.<<
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Había una vez una pequeña niña llamada Lucia, que vivía en una casa en lo alto de una colina. Lucia vivia alli con sus padres quienes siempre la cuidaban. A Lucia siempre le gustaba mirar des Desde su ventana ya que desde allí podía ver el campo verde que se extendia hasta un bosque de arboles tan altos que podían alcanzar las nubes. Sin embargo lo que más emocionaba a Lucia era el esperar a que lloviera. La lluvia para ella era mágica ya que traía un milagro con ella, traía un arco de colores que se extendia desde lo más verde de el campo hasta la parte más alejada del bosque. El Arco iris era un regalo de la naturaleza que ella recibía después de la lluvia.
Un día, después de una fuerte tormenta que había aparecido
detrás de el bosque y que se había movido rápidamente a el campo y su casa, los
rayos del sol salieron y comenzaron a dibujar un arco iris de colores
brillantes y llenos de energía. Lucia había visto el arco iris muchas veces
pero esta vez había algo diferente. Los colores que tenia ese día eran más brillantes
de lo normal.
Era como si el arco iris fuera hecho de copos de nieve brillantes y pintados de diferentes colores. Intrigada salió corriendo hacia el jardín y vio como inmediatamente después de su casita de muñecas que su padre le había construido en el jardín se elevaba el arco iris y que este producía un sonido musical.
El arco iris de aquel día no solo era más brillante y colorido. También producía una música encantadora. Lucia se acercó más aún y vio que el arco iris tenía en su interior una constelación de chispas de colores que bailaban con la música. Nunca había visto Lucia un arco más bello. Extendiendo la mano dentro del arco iris sintió que una fuerza mágica la elevaba y que su cuerpo se iba volviendo brillante y luminoso con los colores de aquel arco iris.
Y de pronto Lucia se sintió flotar sobre su casa, sobre el prado y finalmente sobre el bosque. Y todo lo que ella conocía se veía a sus pies. Podía ver su casa con su tejado rozado, podía ver su casita de muñecas donde jugaba con sus amigas y podía ver a lo lejos el colegio donde iba en medio de las casas del pueblo. Podía ver todo su mundo desde las alturas.
De pronto sintió que dejaba de subir y comenzaba a bajar. Había sido trasportada a lo alto del arco iris y ahora comenzaba a bajar hacia el bosque donde ella nunca había entrado. Con un poco de temor vio que su casa y su patio ya se veían muy lejos y vio como los arboles del bosque se acercaba a medida que el arco iris la llevaba flotando hacia abajo.
Después de un tiempo que le pareció eterno vio debajo de si un lago de colores y la parte final del arco iris terminaba allí. Y lentamente bajo transportada por las chispas de colores hacia aquel lago. Allí en la mitad del lago había una pequeña isla con una casita de colores. Y Lucia puso sus pies en aquella isla multicolor y entro a la casita agachándose.
Dentro de la casita había un pequeño ser que Lucia nunca había visto antes. Era un duende que estaba junto a una gran olla llena de oro y que al ver a Lucia se sorprendio mucho. El duende tenia una vestido verde con sombrero alto igualmente verde y una barba roja.
Saltando, como solo los duendes saben saltar, saludo a Lucia diciendo. Hola princesa….Yo soy un leprechaum y estoy encargado de producir el arco iris… Quien eres tu y de donde vienes
Lucia le contesto. Yo soy Lucia y vivo fuera del bosque, pero el arco iris me elevo y me trajo hasta aquí. Y la verdad es que no se como volver a mi casa. El duende comenzó a reírse y le dijo.
Disculpa, es que hoy he preparado un arco iris muy especial en mi olla de oro y veo que sin querer te ha traído hasta aquí. Pero como ya dejo de llover, el arco iris ya desaparecio, asi que no se como regresarte a tu casa. Pero no te preocupes que nosotros los leprechaum somos muy ingeniosos y siempre encontramos solucion
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Había una vez en el año de 1275 en la ciudad de Bagdad en el entonces Imperio Persa , un califa que odiaba a los cristianos, y día y noche pensaba el modo de convertir a éstos en sarracenos o hacerlos perecer si no lo conseguía. Todos los días reunía en Consejo a sus ministros y a seis sabios para preparar sus planes, pues todos ellos odiaban a los cristianos. El caso es que el califa y los sabios que le rodeaban encontraron que en el Evangelio está escrito: “Si un cristiano tiene tanta fe como un grano de anís, obtendrá de Dios con su oración que se junten dos montañas”. Cuando hubo leído esto el califa, se alegró inmensamente, porque vio en ello un pretexto para convertir a los cristianos a la religión sarracena o perderlos a todos.
El califa mandó entonces reunir a todos los cristianos de su reino, y cuando se hallaron en su presencia les enseñó el Evangelio y les hizo leer el texto. Enterados de ello, les preguntaron si aquello era la verdad. Los cristianos contestaron que ésa era la única verdad. “¿Decís, pues -replicó el califa-, que un cristiano que tiene fe, por las oraciones hechas a su Dios es capaz de juntar dos montañas?” “Esto es”, respondieron los cristianos. “Os ofrezco una alternativa -dijo el califa -; puesto que sois cristianos, debe de haber entre vosotros quien tenga un poco de fe; de modo que haréis mover esa montaña que veis desde aquí, o si no,os haré morir de mala muerte, pues si no la hacéis mover es que no tenéis fe. De modo que os haré perecer a todos, a menos que no os convirtáis a la ley de Mahoma y así estaréis en la fe verdadera y os salvaréis. Os doy, pues, diez días de tiempo para conseguir esto. Si en tal término no lo habéis hecho, os condenaré a todos a muerte.” Dicho esto, calló el califa y despidió a los cristianos.
Cuando esto oyeron los cristianos, tuvieron gran miedo de morir. Sin embargo, confiaban en su Creador que los sacaría de tan duro trance. Los sabios cristianos reuniéronse en consejo, pues había arzobispos, obispos y sacerdotes entre ellos. No pudieron resolver más que rezar a Dios nuestro Señor para que en su gran misericordia les inspirara en esta ocasión y les hiciera escapar de una muerte segura si no hacían lo que el califa les había exigido. Sabed, pues, que día y noche se hallaban en oración y rezaban devotamente al salvador Dios del cielo y de la tierra para que les auxiliara en el duro trance en que se veían.
Quedaron ocho días y ocho noches orando hombres, mujeres, niños pequeños y grandes. Y sucedió que un ángel del Señor se apareció a un obispo, que era hombre de vida santa e inmaculada, y le dijo: “Ve a un zapatero que no tiene más que un ojo y le dirás que rece para que la montaña se mueva, y la montaña cambiará de sitio.” Y os contaré cuál era la vida de este zapatero.
En verdad os digo que era un hombre honrado y casto. Ayunaba con frecuencia y su alma no estaba mancillada por pecado alguno. Iba a misa diariamente y frecuentaba a menudo la iglesia. Tenía maneras tan gentiles y una vida tan ejemplar, que no había otro mejor a cien leguas a la redonda. Hubo un hecho que atestigua que el hombre era de gran fe. Este hombre había oído varias veces que en el Evangelio decía: “Si el ojo os hiciere pecar, hay que arrancarle o hacer de modo que no haga pecar.” Un día llegó a su casa una bella señora a comprarse zapatos.
El maestro quiso verle el pie y la pierna para saber qué zapatos pudiera calzar. Y se hizo enseñar la pierna y el pie, que eran tan hermosos que jamás hubo otros más bellos. Cuando el maestro vio las piernas de esta mujer, fue tentado, porque sus ojos se deleitaban en ellas. Entonces dejó marchar a la dama y no quiso vender los zapatos. Y cuando se alejó, el zapatero se dijo: “Ah, desleal y ladino, ¿en qué piensas? Tomaré gran venganza en mis ojos, que me escandalizan.” Y cogiendo una lezna, se dio un corte en el ojo, de tal suerte que se le reventó y n
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