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Había una vez un mundo Warao en lo que hoy conocemos como el delta del rio Orinoco en Venezuela. Al principio la gente Warao vivía en la oscuridad. Los warao buscaban la palma yuruma para alimentarse en tinieblas y sólo se alumbraban con candela que sacaban de la madera ya que en ese entonces, no existía ni el día ni la noche.
Un hombre Warao que tenía dos hijas supo un día que había un joven que se decía que era dueño de la luz. Por lo tanto Llamó a su hija mayor y le dijo:
-Ve donde está el joven dueño de la luz y me la traes y asi podremos buscar los alimentos sin necesidad del fuego.
Ella tomó el mapire que es un canasto redondo y partió en busca de aquel muchacho que tenia la luz. Pero encontró muchos caminos diferentes por la ruta en la que iba caminando, y tomó el que la llevó a la casa del venado. Allí conoció al venado y se entretuvo jugando con él olvidándose de lo que le había mandado hacer su padre.
Luego regresó donde su padre, pero no traía la luz. Entonces el padre resolvió enviar a la hija menor:
-Ve donde está el joven dueño de la luz y me la traes. La muchacha que era mas lista que su hermana mayor tomó el buen camino y después de mucho andar, llegó a la casa del dueño de la luz.
Vengo a conocerte -le dijo, a estar contigo y a obtener la luz para mi padre.
Y el dueño de la luz le contestó:
-Te esperaba. Ahora que llegaste, vivirás conmigo.
El joven tomó una caja, el llamado torotoro, que tenía a su lado, y con mucho cuidado, la abrió. La luz iluminó sus brazos y sus dientes blancos. Y también el pelo y los ojos negros de la muchacha.
De esta manera la joven descubrió por primera vez la luz, pero el joven después de mostrársela la guardo de nuevo en el torotoro.
Todos los días, el dueño de la luz la sacaba de su caja y hacía la claridad para divertirse con la muchacha.
Así pasó el tiempo. Jugaban con la luz y se divertían. Por fin, la muchacha recordó que tenía que volver con su padre y llevarle la luz que había venido a buscar.
El dueño de la luz, que ya era su amigo, se la regalo diciendole
-Toma la luz. Así podrás verlo todo.
La muchacha regresó donde su padre y le entregó la luz encerrada en el torotoro. El padre tomó la caja, la abrió y la colgó en uno de los troncos que sostenían el palafito que les servia de vivienda sobre el delta de agua. Los rayos de luz iluminaron el agua del río, las hojas de los mangles y los frutos del merey.
Al saberse en los distintos pueblos del Delta del Orinoco que existía una familia que tenía la luz, comenzaron a venir a conocerla. Llegaron en sus pequeñas embarcaciones llamadas curiaras desde el caño Araguabisi, del caño Mánamo y del caño Amacuro. Curiaras y más curiaras llenas de gente y más gente.
Llegó un momento en que el palafito no podía ya soportar el peso de tanta gente maravillada con la luz. Y nadie se marchaba porque no querían seguir viviendo a oscuras, porque con la claridad la vida era más agradable.
Por fin, el padre de las muchachas no pudo soportar más a tanta gente dentro y fuera de su casa.
-Voy a acabar con esto -dijo- Si todos quieren la luz, allá va.
Y de un fuerte manotazo, rompió la caja y lanzó la luz al cielo.
El cuerpo de la luz voló hacia el Este y la caja hacia el Oeste.
Del cuerpo de la luz se hizo el sol. Y de la caja en que la guardaban, del torotoro, surgió la luna.
De un lado quedó el sol y del otro, la luna.
Pero como todavía llevaban la fuerza del brazo que los había lanzado, el sol y la luna marchaban muy rápido. El día y la noche eran muy cortos, y amanecía y oscurecía a cada rato.
Entonces el padre le dijo a su hija menor:
-Tráeme una tortuga morrocoy. Y su hija obedientemente se acerco a la orilla y tomo una tortuga entre sus manos y se la llevo a su padre. Este tomo en sus manos el morrocoy, esperó a que el sol estuviera sobre su cabeza y se lo lanzó, dicién
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Había una vez un ministro durante la dinastía Ching que tenía fama de sabio. Todo el mundo le alababa, pero nadie sabía decir por qué.
-Ese hombre es tan tonto como nosotros -comentó un campesino con sus amigos. Sólo porque tiene poder, la gente piensa que es inteligente.
-Si es así, ¿por qué no le desenmascaras? A lo mejor el emperador te nombra ministro.
-Lo haré -respondió el campesino. De eso podéis estar seguros -y todos se echaron a reír, porque pensaban que entre los animales y los hombres que labran la tierra no hay mucha diferencia.
Sin embargo, el campesino poseía una inteligencia despierta y una valentía sin límites. En cuanto llegó a su casa se disfrazó de monje y se lanzó a los caminos.
-Una limosna -decía cada vez que se cruzaba con alguien. Nuestro monas-terio es rico, pero quienes lo habitamos somos pobres.
Raramente se marchaba con las manos vacías. Su interpretación era, de hecho, tan perfecta que un día hasta su mismo padre le echó una moneda.
«iNo me ha reconocido! -se dijo. alborozado, el campesino. Creo que estoy ya preparado. ¿Para qué perder más tiempo?»
Entonces se dirigió al embarcadero. Lo usaban sólo los comerciantes para atravesar con sus riquezas el río. Siempre estaba protegido por soldados y no permitían que nadie se acercara a él.
-No puedes entrar -dijeron al verle. Por aquí pasa tanto dinero que, si no andamos con cuidado, más de un ladrón haría su agosto.
El campesino hizo como si no hubiera oído y siguió adelante.
-Bah, déjale -dijo uno de los soldados. Es un pobre monje. ¿Qué mal puede hacer?
Sin embargo, a los comerciantes no les pareció bien que una persona así atravesara con ellos el río. No estaban equivocados. Apenas se despegó el barco de la orilla, el falso monje empezó a repartir entre ellos cuentas para recitar los cien nombres de Buda y dijo:
-Vosotros chupáis la sangre al pobre y engordáis con ella. Arrepentíos y quizá logréis romper el penoso ciclo de la reencarnación.
Algunos estaban tan asustados por la velocidad de la corriente que preguntaron:
-¿Qué podemos hacer? ¡Nosotros somos comerciantes! El falso monje respondió:
-Repetid los cien nombres de Buda.
Los comerciantes así lo hicieron, pero el monje no parecía satisfecho.
-¿Es que no notáis la presencia de la muerte? -gritaba sin cesar. ¡Repetid con más fuerza los cien nombres del Inmutable!
Los comerciantes los recitaron con tanto empeño que se hipnotizaron unos a otros y cayeron en trance. Entonces el campesino les robó todo lo que llevaban y se marchó nadando hacia la otra orilla.
En cuanto se enteró de lo ocurrido, el ministro sabio no salía de su asombro.
-¿Que un monje ha desvalijado el barco de los comerciantes? -preguntaba, irritado.
-Sí -respondieron algunos de ellos. Ha sido un castigo divino. Nosotros mismos vimos cómo el monje volaba por los aires.
El pueblo se enteró de lo ocurrido y empezó a comentar:
-Nuestro ministro no es tan sabio como creíamos. Si un monje es capaz de robar y quedar impune, ¿qué no podrá hacer un bandido?
Aquella noche el campesino volvió a preguntar a sus amigos.
-¿Veis cómo tenía razón? Hasta las personas más ignorantes se han dado cuenta de que nuestro ministro es incapaz de capturar a un pobre monje.
-¿De qué te extrañas? -le respondieron. Ese hombre era un enviado de Buda. ¿Cómo se puede apresar a quien puede volar por los aires?
El campesino tuvo, pues, que volver a disfrazarse. Esta vez se vistió de mujer. Como era joven y tenía los ojos tristes, apenas se notaba que era un hombre. Además, poseía un perfume que emborrachaba los sentidos. Se lo había robado a uno de los comerciantes y cuantos lo olían volvían hechizados la cabeza.
-¡Qué mujer tan hermosa! -exclamaban los que la veían por la calle. ¿Cómo es posible que no la hayamos visto hasta ahora?
-Es hija de un comerciante en perlas -dijeron alguno
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Había una vez un mundo cherokee donde el sol era una mujer que recorría el cielo durante el día y la luna era un bello joven que dominaba la noche estrellada de las montañas del sur este de los estados unidos donde vivía la tribu cherokee.
En aquellas épocas el sol se sentía muy solo ya que veía como los cherokee se apareaban y tenían hijos, en cambio ella vivía sola sin ninguna descendencia. El sol sabia que necesitaba aparearse con la luna, pero este astro de la noche siempre se ocultaba por el oeste cuando ella salía por el este, así que tramo para acercarse lentamente a ella hasta que un día lo alcanzo y el día se hizo noche por el breve lapso en que la luna se poso sobre el sol. De esta unión nació una niña que era la felicidad de el sol y esta creció siempre bajo la protección de su madre el sol. Sin embargo, la niña con el tiempo se volvió adulta e independiente y abandono a su madre y se fue a vivir en el centro del cielo.
El sol celoso de que su hija la hubiera abandonado, buscaba cualquier escusa para visitarla allí en lo alto del cielo y pasaba todo el resto del día en el centro del cielo sin continuar su camino hacia el oeste como debía hacerlo. Los cherokee comenzaron a notar este comportamiento y extrañados miraban a lo alto cubriéndose los ojos con sus manos para no ser afectados por el brillo del sol en lo alto.
El Sol noto que los seres de la tierra le miraban de forma extraña y creció en resentimiento pensando que ellos le hacían caras feas, mientras que cuando miraban a la luna tenían caras normales. Enojada con los humanos cherokee, el sol decidió castigarlos con sus brillantes rayos cada día mas potentes. Con el pasar de los días, el calor se hacia insoportable y las fuentes de agua comenzaron a secarse y los cherokee se reunieron para pensar como defenderse de sol. La tribu sabia que el sol se quedaba siempre en la mitad del cielo visitando a su hija así que tramaron matar a la hija para que el sol no la visitara mas.
decidieron llamar a la serpiente cascabel para que con su veneno acabara con la vida de la hija del sol y esta subiendo al firmamento se acerco a la hija del sol y la mato. El sol llego al otro día y vio a su hija muerta y comprendió que los humanos cherokee la habían matado por lo tanto decidió castigarlos aun mas ocultándose de ellos permanentemente.
Así el mundo cherokee se volvió frio y oscuro y pasaban los días sin la presencia de el sol, y todo comenzó a morir por la falta de la luz y el calor. Preocupados por esto los cherokee pensaron que la única solución seria traer a la hija del sol del mundo de los muertos, así que partieron siete guerreros con un cofre de madera hacia el inframundo y allí después de buscar entre miles de almas vagabundas encontraron el alma de la hija del sol y con cuidado la atraparon en el cofre de madera.
El alma del la hija del sol comenzó a suplicar que la dejaran salir, pero ellos se negaban hasta que alcanzaron la superficie de la tierra y allí, curiosos de no oír ningún sonido decidieron abrir el cofre y de el salió volando un bello pájaro color rojo fuego. El Cardenal el que es desde esa época venerado por los cherokee como descendiente de el sol y mensajero de los muertos.
Cuando el sol vio el alma de su hija amada convertida en un brillante y rojo pájaro gracias a los cherokees que la habían traído de la muerte los perdono y comprendió que los cherokees no le estaban haciendo mala cara sino simplemente protegiéndose de su brillo y decidió perdonarles. Estos a cambio prometieron hacer las mas bellas danzas en honor a el sol y hasta el día de hoy las tribus cherokees de norteamerican se reúnen periódicamente a celebrar con sus mas bellos y finos atuendos el regreso del sol y su paso constante por el cielo mientras respetan con gran veneración la presencia de los pájaros cardenales en sus tierras. <
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Había un lobo en la selva. Un día, cuando estaba fuera paseando, encontró a un árbol que tenía unas hojas que parecían caras de personas. Escuchó atentamente y pudo oír al árbol hablar.
El lobo se asustó y dijo: "Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante". Tan pronto como hubo dicho estas palabras alguna cosa que no pudo ver lo golpeó dejándole inconsciente. No sabía durante cuanto tiempo había estado allí tendido en el suelo, pero cuando despertó estaba demasiado asustado para hablar. Se levantó inmediatamente y empezó a correr.
El lobo estuvo pensando acerca de lo que le había ocurrido y se dio cuenta de que podía usar el árbol para su provecho. Se fue paseando de nuevo y se encontró a un antílope. Le contó lo del árbol que hablaba, pero el antílope no le creyó. "Ven y lo verás tu mismo" dijo el lobo " pero cuando llegues delante del árbol asegúrate de decir estas palabras: Hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante. Si no las dices, morirás."
El lobo y el antílope se acercaron hasta el árbol que hablaba. El antílope dijo: "Has dicho la verdad lobo, hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante."
Tan pronto como dijo esto alguna cosa le golpeó y le dejó inconsciente. El lobo cargó con él a su espalda y se lo llevo a casa para comérselo. "Este árbol que habla solucionará todos mis problemas", pensó el lobo. "Si soy inteligente nunca más volveré a pasar hambre."
Al día siguiente el lobo estaba paseando como de costumbre. Al cabo de un rato se encontró con una tortuga. Le contó la misma historia que le había contado al antílope, y la llevó hasta el lugar. La tortuga se sorprendió cuando vio al árbol hablante."No creía que esto fuera posible", dijo, "hasta el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante". Inmediatamente fue golpeada por algo que no pudo ver y cayó inconsciente. El lobo la arrastró hasta su casa y la puso en una olla. Pensó en hacer una estupenda sopa.
El lobo estaba orgulloso de sí mismo. Después del antílope y la tortuga cazó un ave, un jabalí, y un ciervo. Nunca antes había comido mejor. Siempre usaba la misma estrategia. Contaba a sus presas que debían decir que nunca antes habían visto a un árbol hablar y que si no lo decían morirían. Todos ellos hicieron lo que el lobo les dijo y todos ellos quedaron inconscientes. Luego el lobo cargaba con ellos hasta su casa. Era un plan perfecto, él lo creía simple e infalible, y agradecía a las estrellas el hecho de haber encontrado a ese árbol. Esperaba comer como un rey durante el resto de su vida.
Un día, que se sentía con algo de hambre, el lobo fue a pasear de nuevo. Esta vez se encontró con el tio conejo. El lobo le dijo: "Tio conejo, he visto algo que tú no has visto desde el tiempo de tus antepasados"
"Hermano mayor, ¿Qué puede ser?" Preguntó el tio conejo
"He visto a un árbol que habla en la selva" dijo el lobo. Contó la misma historia de siempre a el tio conejoy se ofreció para llevarla a ver ese árbol hablante. Fueron juntos hasta el lugar. Cuando se acercaban al árbol el lobo le dijo, "no olvides lo que te he contado".
" ¿Qué me contaste?" preguntó el tio conejo.
"Lo que debes decir cuando llegues junto al árbol, o si no , morirás" dijo el lobo.
"¡Oh!, Sí" dijo la liebre. Y empezó a hablar con el árbol. "¡Oh!, Árbol, ¡oh!, árbol" dijo, " Eres un árbol precioso"
"No, esto no" dijo el lobo.
"Perdona," dijo la liebre. Entonces habló de nuevo. "Árbol, ¡oh!, Árbol nunca pensé que pudiera ser tan maravilloso".
"¡No, no!" Dijo el lobo, "no un árbol precioso, un árbol hablante. Te dije que tenías que decir que nunca habías visto antes a un árbol hablante." y el lobo cayo por el golpe de algo que no habia visto
Y el tio conejo tomo a el lobo y se lo llevo a su madriguera para ha
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Habia una vez un reino donde vivía una princesa que pensaba que había vivido feliz. La princesa era reconocida por su belleza y su dulzura, pero de un tiempo atrás se la veía triste y taciturna. La princesa tenia la costumbre de dormir durante el día y salir por la noche a caminar con una pequeña luz por los jardines de su palacio.
Lo empleaod del palacio siempre la esperaban a la puerta del palacio para ofrecerle que si quería ellos la podrían acompañar pero ella siempre les sonreía y les decía que no. Que ella prefería recorrer durante las noche el jardín para buscar lo que necesitaba y nunca les decía que era aquello que necesitaba del jardín nocturno.
Y asi pasaban las días y las noches, la princesa salía cuando el sol caia y regresaba al amanecer con su vestido sucio, y luego se iba a dormir hasta que el la noche volvia a comenzar. Una vida triste que se hacia eterna para ella y el palacio. Sin embargo se decía que la princesa antes había sido feliz.
Una noche antes de salir al jardín la princesa se encontró en la puerta del palacio un caballero que llegaba de recorrer varios reinos y había oído hablar de la princesa y su tristeza. El caballero era un príncipe de un reino vecino y era reconocido por su presencia y buenos modales. Cuando la princesa se encaminaba, como todas las noches, a sus jardines, el se aproximo raudo y la saludo
Princesa, permítame presentarme, soy el príncipe encantador de un reino vecino y he oído que usted es la mas bella de las princesas del mundo pero que su tristeza es tal que nada la hace feliz. Y aquí he venido a presentarme para que usted comparta su vida conmigo y pueda yo hacerla feliz.
La princesa sorprendida por la inesperada visita de tan galante y bien parecido príncipe, no sabia que responderle y simplemente le dijo. Lo siento mucho no tengo tiempo para habla con usted tengo que salir a buscar lo que necesita mi alma.
Tu alma necesita alguien como yo, le respondio el príncipe. Yo soy rico y encantador, y tengo todo para hacerla feliz si usted me lo permite.
La princesa ya molesta con el visitante le dijo.
Lo siento mucho pero no me interesa,
El príncipe insistente le dijo. Princesa no sabe usted lo que esta rechazando. Usted puede ser muy feliz conmigo, tan feliz como nunca lo ha sido
La princesa ya irritada le contesto. Feliz, le voy a decir a usted lo que es la felicidad. Ya he conocido la felicidad anteriormente y hoy soy mas feliz que numca. Hace muchos años a las puertas de este palacio llego un príncipe como usted, bello, inteligente, bien hablado y muy divertido. Y con el me case. Pero algo paso…. Y todas las noches salgo a espantar los sapos de mi jardín. Cada noche llego a donde viven los sapos y a patadas los saco de mis jardines.
Princesa pero que tienen que ver los sapos con su anterior príncipe azul.
Simple aquel príncipe, contrario a todas las creencias de los cuentos donde un sapo se convierte en príncipe. Este príncipe que me prometio amor eterno y me lleno de lisonjas y regalos se convirtió poco a poco en un sapo y yo me encargo de salir todas las noches a para que no vuelva a convertirse en un príncipe.
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Había una vez un rey indio llamado Sheram .
En una de las batallas en las que participó su ejército perdió a su hijo, y eso le dejó profundamente consternado. Nada de lo que le ofrecían sus súbditos lograba alegrarle.
Un buen día un tal Sissa se presentó en su corte y pidió audiencia. El rey la aceptó y Sissa le presentó un juego que, aseguró, conseguiría divertirle y alegrarle de nuevo: el ajedrez.
Después de explicarle las reglas y entregarle un tablero con sus piezas el rey comenzó a jugar y se sintió maravillado: jugó y jugó y su pena desapareció en gran parte. Sissa lo había conseguido. Sheram, agradecido por tan preciado regalo, le dijo a Sissa que como recompensa pidiera lo que deseara.
– Sissa, quiero recompensarte dignamente por el ingenioso juego que has inventado —dijo el rey.
El sabio contestó con una inclinación.
– Soy bastante rico como para poder cumplir tu deseo más elevado —continuó diciendo el rey—. Di la recompensa que te satisfaga y la recibirás.
Sissa continuó callado.
– No seas tímido —le animó el rey—. Expresa tu deseo. No escatimaré nada para satisfacerlo.
– Grande es tu magnanimidad, soberano. Pero concédeme un corto plazo para meditar la respuesta. Mañana, tras maduras reflexiones, te comunicaré mi petición.
Cuando al día siguiente Sissa se presentó de nuevo ante el trono, dejó maravillado al rey con su petición, sin precedente por su modestia.
– Soberano —dijo Sissa—, manda que me entreguen un grano de trigo por la primera casilla del tablero del ajedrez.
– ¿Un simple grano de trigo? —contestó admirado el rey.
– Sí, soberano. Por la segunda casilla, ordena que me den dos granos; por la tercera, 4; por la cuarta, 8; por la quinta, 16; por la sexta, 32…
– Basta —le interrumpió irritado el rey—. Recibirás el trigo correspondiente a las 64 casillas del tablero de acuerdo con tu deseo: por cada casilla doble cantidad que por la precedente.
Pero has de saber que tu petición es indigna de mi generosidad. Al pedirme tan mísera recompensa, menosprecias, irreverente, mi benevolencia. En verdad que, como sabio que eres, deberías haber dado mayor prueba de respeto ante la bondad de tu soberano. Retírate. Mis servidores te sacarán un saco con el trigo que solicitas.
Sissa sonrió, abandonó la sala y quedó esperando a la puerta del palacio.
Durante la comida, el rey se acordó del inventor del ajedrez y envió a que se enteraran de si habían ya entregado al irreflexivo Sissa su mezquina recompensa.
– Soberano, están cumpliendo tu orden —fue la respuesta—. Los matemáticos de la corte calculan el número de granos que le corresponde.
El rey frunció el ceño. No estaba acostumbrado a que tardaran tanto en cumplir sus órdenes.
Por la noche, al retirarse a descansar, el rey preguntó de nuevo cuánto tiempo hacía que Sissa había abandonado el palacio con su saco de trigo.
– Soberano —le contestaron—, tus matemáticos trabajan sin descanso y esperan terminar los cálculos al amanecer.
– ¿Por qué va tan despacio este asunto? —gritó iracundo el rey—. Que mañana, antes de que me despierte, hayan entregado a Sissa hasta el último grano de trigo. No acostumbro a dar dos veces una misma orden.
Por la mañana comunicaron al rey que el matemático mayor de la corte solicitaba audiencia para presentarle un informe muy importante.
El rey mandó que le hicieran entrar.
– Antes de comenzar tu informe —le dijo Sheram—, quiero saber si se ha entregado por fin a Sissa la mísera recompensa que ha solicitado.
– Precisamente por eso me he atrevido a presentarme tan temprano —contestó el anciano—. Hemos calculado escrupulosamente la cantidad total de granos que desea recibir Sissa. Resulta una cifra tan enorme…
– Sea cual fuere su magnitud —le interrumpió con alti
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Había una vez un héroe que regresaba de la mayor y mas famosa de las batallas de la historia. Su nombre Odiseo era conocido en todas las islas de la Grecia antigua y sus proezas hacían de él, el ejemplo a seguir por todos los hombres del mundo.
Homero cuenta como este héroe legendario salió de la guerra de Troya rumbo a Ítaca donde su mujer Penélope lo esperaba mientras tejía y destejía para evitar a los pretendientes.
Dice Homero que aquel famoso Odiseo enfrento muchas aventuras durante su viaje a Ítaca y posiblemente la mas famosa es el encuentro con las Sirenas.
Lo que no cuenta Homero es la realidad de lo sucedido. En las crónicas cantadas por el gran homero Odiseo después de escaparse con un ardid de el ciclope Polifemo pasa por una islas donde habitan las sirenas.
Estas sirenas son las ninfas del mar cerca de lo que hoy es Sicilia y tenían torso de mujer y cola de pez. Odiseo había oído decir que si alguna vez se encontraba con las sirenas no podía sucumbir a la belleza de su canto ya que este podría representar su perdición.
Cuando las islas se hicieron presente el gran Odiseo ordeno a su tripulación que se taparan los oídos con bloques de cera para que el sonido de las sirenas no entrara en sus cabezas y el decidió afrontar , dice homero , el embrujo del canto de las sirenas amarrado a el mástil principal del barco.
Dice Homero que Odiseo llego a soportar la atracción de las sirenas amarrado al mástil, pero lo que no cuenta homero es que Odiseo abrumado por el bello canto de aquellos seres fantásticos rompió sus ataduras y saltando del barco se dirigió a nado hasta aquellos islotes que contenían aquellas bellas ninfas del mar.
Todas ellas de una belleza descomunal y de torso desnudo que las hacia a sus ojos las mas bellas creaturas del mundo. Mientras nadaba podía escuchar el suave y melódico cantar de las sirenas repitiéndose una y otra vez, Aquella melodía penetraba por sus oídos como un encantamiento que no lo dejaba pensar y consumido por el deseo solo pensaba en nadar y nadar mas rápido.
Y Odiseo llego hasta aquellos islotes y cientos de sirenas se abalanzaron sobre el para cubrirlo con mimos entonando el mismo canto.
Y Odiseo despertó al otro dia después de saciar su sed de belleza en los brazos de aquellas sirenas y un sentimiento de remordimiento le llego cuando pensó como había decidido abandonar a sus compañeros y su anhelo de gloria por el jardín de las delicias y como había escogido perder la libertad por los brazos de aquellas mujeres.
Pero pasada la noche y llegado el dia sintió que el canto no era tan bello ya que era monótono y tonto, no sabían conversar y entretener y peor aun su cuero estaba cubierto de escamas y lleno de algas que resaltaban aun mas su olor a pescado.
Y saltando antes que se despertaban nado hasta el barco donde sus marinos lo esperaban y todos juraron que nunca contarían la verdad de lo que paso y menos a aquel chismoso llamado homero.
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Había una vez en lo que hoy conocemos como las islas canarias una fuente de agua que emerge en la isla de la gomera. Esta fuente tiene la característica de emerger en siete diferentes puntos y hoy se conoce como los chorros de Epina. Los habitantes de las canarias iban a aquellas fuentes para descifrar su futuro amoroso. Dice la leyenda que si alguna doncella se miraba en el pozo de agua y el agua permanecía clara y limpia, tendría suerte en el amor. Si por el contrario el agua se tornaba turbia y oscura, esa persona estaría condenada al sufrimiento y al desamor.
Cuentan los que saben que para celebrar el año nuevo y el inicio de la temporada de cosecha una joven princesa llamada Gara de la tribu Agulo la tribu del agua habitantes de Gomera se acerco al pozo de agua sagrado de los chorros de Epina y allí después de hacer los ritos sagrados previos, acerco su bella cara al pozo de agua y este en primer momento le mostro su rostro claro, pero luego rápidamente se volvió turbia y oscura y la superficie se agito y los rayos del sol comenzaron a reflejarse como si fueran fuego. El interprete de los símbolos mágicos de la tribu al ver lo que acababa de suceder le dijo con voz acongojada. Princesa, tu destino esta ligado al agua, el único que puede apagar el fuego. Nunca te alejes del agua y siempre aléjate del fuego o este te abrazara y quemará.
Por esa época llegaron a La Gomera desde Tenerife conocida como la isla del fuego los Menceyes (reyes de los guanches), acompañados de sus familiares y de otros nobles. Entre ellos, viajaba el Mencey de Adeje junto con su hijo Jonay. Desde el primer momento, Gara se quedó prendida de este apuesto joven y él no tardó en corresponderla. A los pocos días se anunció su compromiso, y en ese mismo momento, el Volcan Teide localizado en la isla de Tenerife esploto y empezó a lanzar lava y fuego, de tal manera que era posible verlo desde la isla de La Gomera.
Tras este suceso, algunos de los aborígenes recordaron lo que le había sucedido a la joven Gara el día que fue a los chorros de Epina. Por lo que, decidieron detener a la pareja de enamorados, ya que para ellos un amor entre el agua y el fuego, era imposible, porque los consideraban elementos que no son compatibles.
Los sabios comprendieron que el amor entre la princesa de agua y el joven Jonay que venia de la isla Tenerife la isla del fuego, no podría consumarse ya que los dioses no lo permitirían y ambas familias decidieron romper el compromiso. Luego de que se tomo la decisión por parte de las dos tribus de disolver los planes de matrimonio, el Volcan Teide de Tenerife recupero la calma y Jonay fue forzado a regresar a Tenerife.
Cuando Jonay volvió a Tenerife no se resignaba a perder a Gara e inflando dos vejigas de animal se echó a la mar en plena noche. Cuando las fuerzas le flaqueaban, las vejigas le ayudaban a mantenerse a flote y así, a la salida del alba arribó a las costas de La Gomera y fue en busca de su amada.
Juntos decidieron escapar por los bosques de la isla Pero el padre de Gara se enteró de la huida de su hija y fue en su busca acompañado por un numeroso grupo de hombres. No tardaron en encontrarlos, y éstos en su afán de huir subieron al monte más alto de La Gomera donde se dieron cuenta de que no tenían escapatoria. En ese momento decidieron que preferían morir juntos que vivir separados
No sabían qué hacer, hasta que Jonay vislumbró en el suelo una pequeña vara afilada de cedro y supo que debía hacer.
No estaban dispuestos a vivir el uno sin el otro, así que Jonay cogió la vara de cedro y la afiló un poco más por ambos extremos. Colocaron la vara en la altura de sus pechos, donde se encontraban sus corazones y un último abrazo unió a estos amantes para siempre.
Y cuentas los viejos que en ho
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Habia una vez en la antigua china cuando el honor era el tesoro más preciado de los hombres, una gran cantidad de dragones .
habia tantos que ya se hablaba de "peste". Estos animales fabulosos volaban en los cielos tal como lo hacen las águilas entre los rayos del sol.
La gente comenzó a perseguirlos para cazarlos y poco a poco, uno a uno, los dragones fueron cayendo derrotados. Sin embargo, la idea de la abundancia de dragones aún continuaba en las mentes de las personas, aunque ya hacía algún tiempo que no se veía ninguno, ni en las aguas, ni en el cielo, ni en la tierra.
Y fue por ese entonces que el Emperador de la China tuvo un sueño muy extraño y curioso. En aquellos tiempos se creía que los sueños eran el medio de comunicación por excelencia de los dioses y los espíritus. El Emperador sabía que estaba soñando, por lo tanto prestó mucha atención a lo que sucedía.
En el sueño, él caminaba por un hermoso parque lleno de árboles floridos. Los rayos del sol se colaban por entre el follaje y creaban cortinas, de luz que el Emperador iba atravesando en su caminata. El trino de los pájaros era muy agradable y una leve brisa fresca parecía llenar sus pulmones de aire puro. El césped que pisaba era verde y blando, suave como la mejor seda, y una ininensa alegría crecía a cada paso en su corazón.
De pronto, de entre el medio de los árboles, una gigantesca cabeza le habló:
-Solicito su protección, honorable Emperador.
El hombre se detuvo y observó el rostro que le hablaba: ¡era un dragón! Sus colores parecían cambiar entre el rojo y el dorado, como si estuviera hecho de fuego y oro.
-¡Habla! -exclamó el Emperador.
-Solicito vuestra protección, ya que nunca hice daño en vuestras tierras; sin embargo, sé que mañana, antes que el sol se oculte, vuestro Primer Ministro me matará.
El Emperador no le preguntó al dragón cómo podía saber eso. (En la antigüedad la intuición del hombre era tanto o más respetada que sus acciones o pensamientos racionales.) También sabía que no podía dar su palabra, pues no podía poner su honor en juego ante la posibilidad de que el dragón estuviera tramando alguna argucia. Por eso, antes de responderle lo miró con detenimiento de arriba abajo un buen rato. Observó las largas barbas de la criatura, y sus cuernos, sus colmillos y su lengua bífida.
Nada de lo que el Emperador veía en esa criatura fantástica le daba la sensación de que ésta mereciera su protección, hasta que vio sus ojos. En aquellos ojos la sabiduría brillaba como los dorados rayos del sol.
-Tienes mi palabra -le dijo, entonces, el Emperador.
El dragón pareció sonreír y el Emperador despertó. Inmediata-mente mandó a llamar a su Primer Ministro, que llegó apurado. El Emperador lo miró de arriba abajo y le ordenó:
-Juega ajedrez conmigo.
-¿Aquí, honorable señor?
El Emperador pensó por unos instantes y finalmente dijo:
-En el jardín.
Los sirvientes dispusieron todo para la mayor comodidad de los dos hombres y pronto éstos comenzaron a jugar.
Ambos contendientes eran excelentes jugadores y meditaban muy bien antes de mover cualquier pieza. Y lo que en un principio era sólo un medio de mantener distraído a su Primer Ministro para que no se cumpliera el vaticinio del dragón del sueño, luego se convirtió en un verdadero desafío para el Emperador y quiso derrotarlo en el juego.
En un momento, el Emperador tenía sus piezas en una situación riesgosa y se tomó su tiempo para elaborar la estrategia adecuada que le permitiera alzarse con la victoria.
Y de pronto, un gran golpe sacudió toda la tierra.
El Emperador miró de inmediato hacia el lugar desde donde parecía haber provenido semejante impacto y luego hacia el rostro del Primer Ministro, que acababa de abrir rápidamente los ojos, pues se había quedado dormido esperando la jugada de su señor.
Los guardias corrieron hacia el lugar del golpe, al que
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Habia una vez en la parte norte de la isla de Madagascar en lo que hoy se conoce como Diana Y SAba una población muy bella y próspera.
Cuenta la leyenda que una pareja de habitantes decidieron tener un bebe y con el tiempo nació un bello bebe que era la felicidad de la casa
Una noche cuando la madre se aprestaba a dormir a su bebe, este comenzó a llorar y llorar. La madre comenzó a cantarle como solía hacerlo antes de dormirlo, pero el bebe continuaba llorando, Decidió la madre acostarlo en su regazo, pero el bebe seguía llorando, finalmente la madre desesperada de ver como el agudo del llanto podías despertar a su marido y a los habitantes del pueblo decidió salir a caminar fuera del pueblo para que así el llanto de su hijo no molestara a los vecinos.
Saliendo de la empalizada que protegía el pueblo de las bestias y posibles intrusos, había una colina y en lo alto de ella un gran árbol de tamarindo. La mujer en su caminata con su hijo llorando llego hasta lo alto de la colina y se sentó en la base del tamarindo. Inmediatamente el bebe dejo de llorar y se durmió en los brazos de su madre. La madre, a la luz de la luna podía ver las sombras de su poblado y espero allí un rato a que su hijo estuviera bien dormido antes de regresar.
Paso no mas de una hora y con cuidado se levanto y caminando muy calladamente llego hasta su hogar pero inmediatamente puso un pie en su cabaña, el niño despertó y comenzó a llorar de nuevo con gritos mas agudos y lastimeros. La madre que ya había identificado que lo podía hacer dormir, simplemente cubrió a su bebe con una manta y se dirigió de nuevo a lo alto de la colina. Y como antes había sucedido apenas la madre se sentó debajo del árbol de tamarindo su bebe paraba de llorar y se dormía instantáneamente. Como buena madre dispuesta a hacer lo que fuera por su hijo la mujer se acurrucó con el a la sombra de aquel tamarindo y se apresto a dormir.
La madre se durmió junto a su hijo bajo las estrellas, la luna y el suave viento que pasaba entre las hojas del tamarindo.
La noche he hacia cada vez más y más oscura y solo se podía ver el brillo de la luna sobre los techos de los ranchos del pueblo y cuando la mujer estaba bien dormida sintió un sacudon enorme debajo de su cuerpo, alarmada tomo a su niño entre sus brazos y asombrada vio como una enorme mancha negra iba borrando la presencia de las ranchos de su pueblo y se iba tragando todos y cada uno de los pobladores. Alli donde antes habían casas y habitantes ya no había nada, solo una gran agujero negro que iba creciendo y creciendo hasta justo el pie de la colina donde ella se encontraba con su hijo bajo la sombra del tamarindo. Luego sintió como un torrente de agua iba llenando aquel hueco enorme que existía a sus pies. El bebe mientras tanto seguía durmiendo plácidamente.
A la mañana siguiente, cuando el sol salió, la mujer vio como donde antes existía su pueblo solamente había un gran lago. Triste pero igualmente agradecida de estar viva junto a su hijo, se dio cuenta que había sido su hijo quien la había advertido de la tragedia que se avecinaba. Asi que tomando a su bebe, recorrio un largo trayecto hasta el poblado vecino y allí les conto lo que había sucedido. Y todos corrieron a confirmar lo que ella les contaba y cuando llegaron y vieron que lo que antes era un pueblo era hoy un lago, el concejo del pueblo declaro el lugar como un lugar sagrado y prohibió a todo habitante bañarse en sus aguas, y lo llamaron Antañavo.
Con los días comenzaron a aparecer en aquellas aguas cocodrilos que según dicen los habitantes son las almas de todos aquellos que perecieron aquella fatídica noche y como respeto a sus almas esta prohibido cazar o hacer daño a los cocodrilos que allí habitan. Algunos incluso aseguran que han&
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