Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda episodes

  • 153. El cuervo y el zorro (Infantil)

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    Había una vez un cuervo feo y negro que  consiguió robar un apetitoso trozo de carne a unos pastores que estaban en el campo preparando la comida. En cuanto atrapó el delicioso manjar, voló rápidamente al árbol más seguro y se posó en una rama, desde la cual los demás cuervos podían verle bien El cuervo se sentía muydel botín que llevaba en su pico!

     

     

    Un zorro que pasaba por allí vio al pájaro en lo alto y comenzó a relamerse pensando en lo rico que debía ser ese bocado. Decidido a hacerse con el botín, tramó un astuto plan para robárselo al pajarraco. Con sigilo, se acercó a los pies del árbol y comenzó a decirle las cosas más bonitas que se le ocurrieron.

    – ¡Pero qué bello eres, amigo cuervo! – dijo el zorro en voz alta para que sus halagos se escucharan bien – He visto pájaros hermosos, pero ninguno como tú ¿Te has fijado cómo brillan tus plumas bajo la luz del sol? ¡Son de color azabache! Deberías dejarte ver más por aquí para que todos podamos admirarte.

    El cuervo escuchaba atentamente y disfrutaba de los lindos piropos que le decía el zorro.

    – ¡Vaya! – pensaba – Nunca me han dicho cosas tan bonitas ¡Qué zorro más simpático!

    El zorro continuó con los halagos

    – Eres bello pero también he visto cómo vuelas. Nadie te gana en elegancia cuando surcas el cielo ¡Hasta el águila te tiene envidia!

    El cuervo no podía sentirse mejor. Oír todas esas cosas le agradaba muchísimo y disfrutaba siendo el centro de atención. Los cuervos de alrededor no quitaban ojo a lo que estaba sucediendo y comenzaron a graznar. Sus potentes chillidos taparon el canto de los pajarillos que por allí andaban. Para el zorro, fue una oportunidad de oro.

    – ¡Qué delicia escuchar a tus amigos los cuervos! – le dijo el muy ladino – Su voz es hermosa y potente ¡Es una pena que tú no sepas cantar como ellos!

    El cuervo comenzó a ponerse nervioso. Con la carne aún en el pico, se moría de ganas de  demostrarle  al zorro que él también tenía una bella voz. Mientras, el zorro seguía con su discurso.

    – En fin… Me da rabia que a pesar de tener ese cuerpo tan esbelto y  tanta gracia para volar, no sepas deleitarnos con una hermosa melodía – dijo el astuto zorro, fingiendo desilusión.

    ¡El cuervo  ya no pudo más! Estaba inflado de vanidad ¡No podía consentir que el zorro se fuera sin escucharle! Instintivamente, abrió el pico y estirándose como si fuera un auténtico ruiseñor, comenzó graznar lo más fuerte que pudo.  Sin darse cuenta, soltó el trozo de carne, que  fue a parar directamente a  la boca del zorro. Cuando se dio cuenta de su metedura de pata, ya era demasiado tarde: el zorro se zampaba su comida y todos los cuervos se partían de risa.

    Satisfecho, el zorro  le dedicó unas palabras burlonas pero ciertas.

    – ¡Ay, cuervo! ¡Eres presumido pero muy poco inteligente! Ser tan vanidoso sólo te traerá problemas. La próxima vez, no hagas caso de los que como yo, te dicen las cosas que quieres escuchar para conseguir algo.

    Le dedicó un guiño y entre risitas se alejó, dejando al cuervo sonrojado por la vergüenza.

    5 min
  • 152. El Inkari (Mito Inca)

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    Había una vez, una época en el mundo inca cuando cuando aún no existía el sol, vivía en la tierra un pueblo que tenía gran poder sobre las cosas de la tierra , tanto así que podía hacer caminar a las piedras o convertir una montaña en llanura con un simple disparo de su honda .

     

    La Luna o Mama Quilla brillaba tenuemente sobre su mundo de sombras, dando poca luz para las actividades de esas gentes llamadas: Niaupa machus, los antiguos.

     

    Un día el Supremo espíritu creador : El Roal y jefe máximo de los Apus (espíritus de las montañas), les pregunto a los Niaupa machu si les gustaría que él les cediera parte de su gran poder; estos con suma arrogancia le contestaron al gran Roal que ellos tenían su propio poder y no necesitaban ningún otro .

    Irritado por esta respuesta el Roal creo al Sol y le ordeno que brillara con fuerza en el mundo del Hanac pacha. Aterrados por el brillo casi cegador de aquel cuerpo celestial los antiguos (Niaupa machu) buscaron refugio en sus casas , el calor de este nuevo Dios era brutal para estas gentes que poco a poco los deshidrato y fue secando sus músculos hasta convertirlos en carne seca pegada a sus huesos , estos pensaron que sería su fin , pero esta no era la voluntad del Roal y ahora son los Soq'as (espíritus peligrosos) , que aparecen a ciertas horas de la tarde justo cuando se oculta el sol o durante algunas noches de luna nueva.

     

    La tierra quedo inactiva y los Apus decidieron forjar nuevos seres. Entonces crearon a Incari y a Qoyari [1]  un hombre y una mujer llenos de sabiduría. A Incari le dieron una vara mágica de oro con grabados desconcertantes y a Qoyari un huso , ambos símbolos de Poder y laboriosidad .

     

    Incari recibió la orden de fundar una ciudad de gentes poderosas como ellos en donde la vara de poder se clavara de una manera vertical. Con gran fuerza incari Hizo su lanzamiento y la vara recorrió un gran trayecto  pero cayo plana sobre el suelo así que camino hasta ella recorriendo distancias hasta recoger su vara de poder y se dispuso a caminar un tramo más para lanzarla de nuevo y con su segundo lanzamiento la vara se clavó en la tierra pero quedando en un ángulo oblicuo, atrapada entre montañas negras y a orillas de un rio. Sin embargo Incari decidió fundar ahí una ciudad llamada Queros. Las condiciones del lugar no eran propicias, asi que considero construir su capital en un lugar cercano de la misma región y comenzó a trabajar arduamente en lo que hoy son las Ruinas llamadas Tampu.

     

    Agotado y sudoroso por el trabajo, Incari deseo bañarse, pero el frio era demasiado intenso, entonces decidió hacer brotar las aguas termales Upis y construyo los baños que aún existen ahí.

     

    Incari había construido ahí su ciudad desobedeciendo el mandato de los dioses o espíritus de las montañas, por lo que estos para hacerle comprender su error, les dieron una oportunidad más a los Niaupa machu que observaban con amarga envidia a Incari. Su principal deseo era exterminar al hijo de los espíritus de las montañas y con este fin hicieron rodar piedras gigantescas por las laderas de las montañas donde Incari estaba trabajando.

     

    Espantado este huyó hacia las orillas del Lago Titicaca, donde la paz, tranquilidad y la belleza del lugar le permitió meditar, luego volvió al rio Vilcañusta, ascendió a la cima de la Raya desde donde lanzó por tercera vez su vara de poder que fue a caer de una manera totalmente vertical sobre un valle fértil y hermoso . En este valle Incari fundo la ciudad del Cuzco, donde vivió muchísimo tiempo, pero incari no olvidaba la ciudad de  Queros  así que tomo a su hijo mayor y después de formarlo y enseñarle los secretos del mundo ‘lo envió  a Queros para que poblara la ciudad y a sus demás descendientes los envió a diversos lugares, donde dieron

    7 min
  • 151. El cuento y Lorenzo (infantil)

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    Hab´Ia una vez un cuento que vivía en un hermoso y enorme palacio donde sus habitantes vivian felices. La reina, el rey, el príncipe llamado Lorenzo y todos sus empledos recorrían el castillo sintiendo que vivian en el mejor lugar del planeta. 

     

    El cuento por el contrario vivía en un lugar oscuro y polvoriento en lo alto de un estante olvidado de la enorme biblioteca del castillo. Era un cuento triste y olvidado. El cuento había llegado a aquel palacio cientos de años antes cuando el tátara tátara tátara abuelo del principle Lorenzo lo había encontrado en una visita por lejanas tierras. El cuento había sido contado innumerables veces durante años pero un día había sido puesto en aquel estante y nadie nunca lo volvió a contar por generaciones. 

     

    El cuento tenia como compañeros de estantes algunos libros de aventuras y algún que otro diccionario con los cuales compartían palabras e historias. El cuento y sus compañeros de estantes se pasaban los días y las noches añorando que algún día algún visitante los tomara y los retirara para ser leidos. Y el cuento soñaba que algún día no solo fuera leído sino que fuera contado de nuevo. El cuento se encontraba muy triste por que había sido olvidado. El que había sido el cuento más contado por aquellas tierras era hoy una sombra que nadie recordaba. 

     

    Un día una luz se encendio en la biblioteca. La luz de la entrada había sido prendida a una hora no habitual y se oyo la voz de un muchacho. Era la voz del príncipe Lorenzo. Lorenzo era un muchacho de muy inquieto e inteligente y se decía que era un amante de los cuentos. En el palacio decían que Lorenzo se quedaba hasta altas horas de la noche leyendo en su habitación cuentos y que recordaba todos los cuentos que había leído. Pues Lorenzo no conocía a aquel cuento. Su padre tampoco y su abuelo tampoco, así que nadie le había contado la existencia del cuento de aquel estante en aquella biblioteca. 

     

    El muchacho cansado de los mismos cuentos había decidido ir a la biblioteca a buscar si encontraba algún otro cuento. Como la biblioteca era tan grande, no sabia por donde empezar a buscar y como no era muy alto no alcanzaba a los estantes mas altos. Así que eran pocas las posibilidades de que encontrara a aquel cuento.

     

    El diccionario y las historias de aventuras comprendieron que esta era la única oportunidad que tenían de se redescubiertos y aprovechando que la puerta de la biblioteca había quedado abierta y una corriente de aire estaba entrando decidieron empujarse mutuamente. Claro que como eran tan grandes no podían moverse mucho pero si alcanzaron a moverse lo suficiente para empujar al bueno de el cuento. 

     

    El cuento sintió que súbitamente estaba volando y cayendo fue a parar a los pies de aquel príncipe que lo miraba con incredulidad. El príncipe Lorenzo levanto dulcemente el cuento que había caído abierto en la primera hoja y vio las palabras mágicas que todo cuento contiene. 

     

    Había una vez… su corazón salto de alegría porque allí frente a el había un cuento que nunca antes había leído, había una historia que nunca había escuchado, había un relato maravilloso que no conocía. 

     

    Las manos del príncipe tocaron con amor las páginas de aquel cuento y el cuento sonrio como solo los cuentos saben sonreir. El cuento brillo como solo los cuentos saben brillar y voló por mil tierras como solo los cuentos saben volar. 

    El niño comenzó a leer cada una de las palabras del cuento y su mente e imaginación fueron llevados a otro mundo lleno de color y magia. 

     

    Pero como todos los cuentos siempre terminan, el niño leyó la ultima palabra y de nuevo volvió a comenzar a leerlo y a leerlo y el cuento le conto muchas veces la historia que contenia dentro de si. Y el príncipe se aprendió de memoria el cuento y cuentan los que saben que salió al o

    7 min
  • 150. La almohada

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    Cierto día una anciano sacerdote se detuvo en una posada situada a un lado de la carretera. Una vez en ella extendió su esterilla y se sentó poniendo a su lado las alforjas que llevaba.

    Poco después llegó también a la posada un muchacho joven de la vecindad. Era labrador y llevaba un traje corto, no una túnica, como los sacerdotes o los hombres entregados al estudio. Se sentó a corta distancia del sacerdote y a los pocos instantes estaban los dos charlando y riéndose alegremente.

    De vez en cuando el joven dirigía una mirada a su pobre traje y, al fin, dando un suspiro, exclamó:

    -¡Mira cuán miserable soy!

    -Sin embargo – contestó el sacerdote –, me parece que eres un muchacho sano y bien alimentado. ¿Por qué, en medio de nuestra agradable charla, te quejas de ser un pobre miserable?

    -Como ya puedes imaginar –contestó el muchacho–, en mi vida no puedo hallar muchos placeres, pues trabajo todos los días desde que sale el sol hasta que ha anochecido. En cambio, me gustaría ser un gran general y ganar batallas, o bien un hombre rico, comer y beber magníficamente, escuchar buena música o, quizá, ser un gran hombre en la corte y ayudar a nuestro soberano, sin olvidar, naturalmente, a mi familia que así gozaría de prosperidad. A cualquiera de estas cosas llamo yo vivir digna y agradablemente. Quiero progresar en el mundo, pero aquí no soy más que un pobre labrador. Y, si mi vida no te parece miserable, ya me dirás qué concepto te merece.

    Nada le contestó el sacerdote y la conversación cesó entre ambos. Luego el joven comenzó a sentir sueño y, en tanto que el posadero preparaba un plato de gachas de mijo, el sacerdote tomó una almohada que llevaba en sus alforjas y le dijo al joven:

    -Apoya la cabeza en esta almohada y verás satisfechos todos tus deseos.

    Aquella almohada era de porcelana, redonda como un tubo y abierta por cada uno de sus dos extremos. En cuanto el joven hubo acercado su cabeza a ella, empezó a soñar: una de las aberturas le pareció tan grande y brillante por su parte inferior, que se metió por allí, y en breve se vio en su propia casa.

    Transcurrió algún tiempo y el joven se casó con una hermosa doncella. No tardó en ganar cada día más dinero, de modo que podía darse el placer de llevar hermosos trajes y de pasar largas horas estudiando. Al año siguiente se examinó y lo nombraron magistrado.

    Dos o tres años más tarde y siempre progresando en su carrera, alcanzó el cargo de primer ministro del rey. Durante mucho tiempo el monarca depositó en él toda su confianza, pero un día aciago se vio en una situación desagradable, pues lo acusaron de traición, lo juzgaron y fue condenado a muerte. En compañía de otros varios criminales lo llevaron al lugar fijado para la ejecución. Allí le hicieron arrodillarse y el verdugo se acercó a él para darle muerte.

    De pronto, aterrado por el golpe mortal que esperaba, abrió los ojos y, con gran sombro por su parte, se encontró en la posada. El sacerdote estaba a su lado, con la cabeza apoyada en la alforja, y el posadero aún estaba removiendo las gachas cuya cocción aún no había terminado.

    El joven guardó silencio, comió sin pronunciar una palabra y luego se puso en pie, hizo una reverencia al sacerdote y le dijo:

    -Te doy muchas gracias por la lección que me has dado. Ahora ya sé lo que significa ser un gran hombre.

    Y dicho esto, se despidió y, satisfecho, volvió a su trabajo, que ya no le parecía tan miserable como antes.

    7 min
  • 149. El vivo

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    Había una vez un hombre que desde niño mostro actitudes poco amables con la gente y con el ambiente. Desde niño el hombre se acostumbro a maltratar a los animales y a mentir. Durante los años jóvenes siempre pensaba en como sacar ventaja de las situaciones con sus compañeros de colegio y sus amigos de juego. Su deseo siempre era ser el vivo pensando que que el vivo vive del bobo. Cada persona que lo conocía siempre llegaba a pensar que el los había engañado en algún momento. 

     

    Con el tiempo fue creciendo y fue encontrando nuevas maneras de engañar y maltratar a sus semejantes. Los negocios siempre eran turbios y en su mente siempre tenia la disculpa de que los otros debían ser igualmente vivos como el para no dejarse engañar, y que era culpa de ellos si se dejaban. 

     

    Cuando conocio una bella mujer y se enamoro se dejaba llevar por las tentaciones y multiples veces la engaño con otras mujeres, siempre pensando que el nunca tenia que ser fiel ya que como hombre se permitia hacer lo que quisiera. 

     

    Su vida profesional estaba enmarcada por multiples negocios donde el siempre incumplia con lo convenido y sus clientes siempre terminaban perdiendo. Al fin y al cabo según el El vivo vive del bobo. 

     

    Pasaron los años y debido a su constumbre de engañar, mentir y no cumplir con lo prometido sus cliente fueron desapareciendo y poco a poco perdió la pequeña fortuna que a base de engaños y mentiras había podido amasar. 

     

    Su esposa cansada de las infidelidades lo abandono y lo dejo solo en su casa. 

     

    Poco a poco el hombre se fue quedando solo y desesperado de ver que cada vez era mas viejo y mas pobre. 

     

    Un día un hombre en la calle se le acerco y le susurro. 

     

    Vende el alma y desaparecio. 

     

    El hombre se dijo a si mismo. Claro esa es la solución a mis problemas. Vendere el alma al diablo y así podre seguir viviendo con el lujo que deseo. 

     

    Aquella noche convoco a los demonios y el prometio al diablo su alma a cambio de riqueza. Despues de una serie de ritos vio aparecer un demonio frente a el. Aquel no era el demonio que el hombre se esperaba. El esperaba el príncipe de las tinieblas y en cambio llego un ser enjuto y mal vestido. Su mirada era lánguida y triste y su presencia era bastante desagradable. El demonio tenia una apariencia desgastada y manchada. 

     

    El hombre miro al demonio y este al hombre. Ambos se miraron con desprecio el uno por el otro, pero el hombre deseoso de vender su alma al diablo y el demonio por su parte deseaba terminar lo antes posible con la transacción. El demonio saco un par de monedas de plata y se las tiro al hombre al suelo y le dijo toma tu dinero y firma aquí. 

     

    El hombre furioso le dijo. Dos monedas de plata. Esperaba muchas riquezas a cambio de lo que estoy ofreciendo. Mi alma. Además esperaba al mismísimo lucifer aquí y me han enviado a literalmente un pobre diablo. 

     

    El demonio levanto la cabeza, sonrio y le dijo. 

     

    En el infierno tenemos un dicho. 

     

    A tal alma… tal diablo y tal recompensa.

     

     

    6 min
  • 148. El crisantemo (Leyenda de Japón)

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    Había una vez una pareja en Japon que tenia un hijo de solo dos años. Una mañana el niño amaneció enfermo y sus padres lo llevaron donde los médicos del pueblo. Los médicos le recetaron algunos remedios, pero el niño no mejoraba de su condición de enfermo. La madre desesperada veía como su hijo perdia la vitalidad y como la fiebre no cedía y por el contrario continuaba subiendo. Una amiga de la familia les recomendó ir donde un anciano sabio que vivía a las afueras del pueblo y que se decía que conocía todas las hierbas medicinales y los remedios requeridos para toda enfermedad. Al día siguiente la madre salió en busca de aquel hombre dejando a su marido cuidando al niño. 

     

    Despues de recorrer horas y horas llego hasta una pequeña casa donde supuestamente vivía el anciano sabio. Efectivamente un hombre con piel curtida por los años y una barba blanca salió a recibirla y sin siquiera presentarse le pregunto

     

    Dime buena mujer, Que has venido a buscar donde este viejo. 

     

    La madre derramando una cortina de lagrimas le dijo 

     

    Mi hijo esta enfermo hace varios días y me han dicho que usted es el único que lo puede salvar. Me han dicho que usted conoce los remedios para todas las enfermedades.

     

    El viejo miro a la mujer y le dijo.

     

    Te han dicho mal, Mujer. Yo no tengo el don de curar los enfermos, pero si tengo un don único. Puedo decir cuantos días va a vivir un ser humano. La mujer con tristeza reconoció que su hijo podía morir y aferrada a la esperanza le pregunto al viejo que cuantos serían esos días. 

     

    El viejo le dijo. Solo la naturaleza lo puede decir. Ve inmediatamente al bosque y busca una flor amarilla, cortala y tráemela. Pero te advierto que esa flor será la que te diga cuantos días vivirá tu hijo. Tu hijo vivirá los mismos días que los pétalos de la flor. Corta la flor y yo te dire cuantos días vivirá tu hijo. 

     

    La mujer salió hacia el bosque y no bien entrado en el vio un arbusto con flores amarillas, al acercarse a ella con el corazón en lagrimas corto una de las flores y con amargura conto que solamente tenia 4 pétalos. Con dolor y rabia de saber que su hijo solo vivirías cuatro días mas comenzó a rasgar cada uno de los pétalos de la flor  cortándolos en finísimas tiras hasta que cada uno de los pétalos se dividieron en miles de pequeñisismas partes.  Cuando termino de dividir los pétalos se dirigio donde el anciano y este la recibió con una sonrisa cuando vio la flor que tenía en sus manos la madre del niño. 

     

    El anciano le dijo. Solamente una madre podría hacer un prodigio como este. Como te lo había dicho esta flor que tienes en tu mano indicara cuanto días vivirá tu hijo. El vivirá miles y miles de días y se casara y tendrá muchos hijos. Ahora lleva esta flor al campo y depositala donde la cortaste y ve a ver a tu hijo. 

     

    Cuando la mujer llego a su casa encontró a su hijo recuperado y jugando con sus juguetes y durante muchos años la mujer espero la oportunidad de visitar de nuevo al viejo. Un día paso a visitarlo y su casa estaba rodeada de la misma flor que había cortado, pero cada una de ellas tenia miles y miles de pequeños pétalos. Y se dice que desde esa época los crisantemos tienen tantos pétalos que son imposibles de ser contados. 

     

     

    6 min
  • 147. La piedra filosofal

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    Había una vez un hombre que se había dedicado a la alquimia. Por muchos años quería encontrar la piedra filosofal. Aquella piedra que convierte otro metal en oro. Sabiendo que la piedra filosofal no se podría encontrar en un laboratorio decidió recorrer el mundo buscándola. Así partió de la ciudad y se interno en los caminos mas insondables. Cuando caminaba iba observando con mucho cuidado las piedras del camino y cuando veía alguna piedra interesante la recogia con cuidado, la frotaba contra la hebilla de su correa para quitarle las impuresas y luego la observaba en todos sus facetas con su lente de aumento. Si determinaba que aquella no era la piedra filosofal la tiraba lo mas lejos posible para estar seguro de no volvérsela a encontrar. Y así fue descartando una por una las piedras que encontraba.

    . El hombre recorrió miles de kilómetros y recogió decenas de miles de piedras y ninguna llego a ser clasificada como candidata a ser la piedra filosofal. 

     

    Una noche llego a un pueblo  y como no había comido ni bebido durante el día decidió pedir posada en el hotel del pueblo. Durante todo el día había recogido y observado mas de un centenar de piedras y se encontraba realmente cansado. La dueña del hotel se apiado de el debido a su cansancio y lo hizo pasar al comedor para servirles alguna comida. Se sento con el y le pregunto que a que se dedicaba. 

     

    El Alquimista con un poco de desden pero también con algo de agradecimiento le explico que día a día recogia rocas en el camino para tratar de hallar la piedra filosofal, la piedra que convertia los metales en oro. La mujer curiosa  le pregunto cual era el procedimiento para encontrarla y el alquimista le conto como recogia la piedra, como la raspaba contra la hebilla para eliminar la parte superior de la piedra y como luego la examinaba detalladamante con un lente de aumento y que si no era la piedra filosofal simplemente la tiraba lejos para no volver a encontrársela. . La mujer curiosa le pregunto si ya la había encontrado y el alquimista le dijo que ciertamente no. La mujer con una mirada picara le pregunto. Y hoy ha recogido alguna piedra que pudiera ser;

     

    El alquimsta le contesto irritado. Pues claro que no mujer. No te he dicho que me dedico a examinar todas y cada una de ellas.  Si hubiera encontrado la piedra, la hubiera reconocido al instante. Yo soy el mayor experto alquimista del mundo . Así que hoy no he encontrado ninguna.

     

    Mmmm dijo la mujer, lastima que te hubieras desecho de las piedras de hoy, porque puedo ver que la hebilla de tu correa se convirtió en oro. 

    4 min
  • 146. El monstruo (adultos)

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    Había una vez un pueblo, mi pueblo, en el que empezaron a aparecer múltiples animales muertos durante las noches de luna llena. Los habitantes del pueblo comenzaron a sentir la muerte cuando las ovejas de la viuda del cantinero aparecieron degolladas en su parcela. Todavía recuerdo sus cuerpos desgajados, abiertos y sus entrañas abiertas a la luz de la luna. Luego vino la matanza de los animales de los establos del rico del pueblo. Múltiples caballos mutilados y todo el hedor de la sangre esparcida por el establo formando charcos incontenibles. El alcalde, amigo cercano del rico, decidió que era necesario organizar batidas contra los lobos del bosque vecino. Yo sabia que ellos no habían sido. Yo les decía que era obra de un monstruo. Que claramente los tipos de ataque no eran los característicos de los lobos y que solo un monstruo abominable podría atacar aquellos animales con tal salvajismo. Todos pensaron que yo debía estar ebrio, loco o simplemente perturbado por la escena dantesca de todos los animales muertos y mutilados. 

     

    Días después, sin haber podido aun cazar a los supuestos lobos, el monstruo atacó a varios mendigos que se encontraban durmiendo en un callejón oscuro del pueblo. Nadie lo vio porque todas las puertas del callejón estaban cerradas y hacia días el único bombillo del callejón había desaparecido. Todos se preguntaron como los lobos habían llegado hasta el centro del pueblo sin que nadie los viera. Yo seguía insistiendo que había un monstruo pero no me creían. 

     

    Cuando días después la muerte cayo sobre un par de jóvenes amantes en un lugar oscuro a las afueras del pueblo, finalmente el pueblo comenzó a oír mis voces advirtiendo que no eran lobos, que había un monstruo que recorría nuestro pueblo y nuestras calles. Algunos accedieron a iniciar una vigilancia durante las noches y yo acate a decirles que tendrían que esperar a que llegara la luna llena para poder cazarle. Que todas los ataques habían sido durante la época de luna llena. 

     

    En la reunión en la taberna, finalmente accedieron a esperar unos días y a prepararse. Yo sin embargo los veo dudando, siento sus miradas de incredulidad y me corresponde reafirmarles mi convicción para que no duden. El día anterior a la luna llena finalmente los veo decididos y los veo preparando cada uno sus machetes y sus armas. Los veo afilando los tridentes y los cuchillos y los oigo vociferando palabras de venganza. Ya me los imagino persiguiendo durante la noche la diabólica criatura que tanta muerte ha traído al pueblo. Los imagino siguiéndolo con sus antorchas encendidas a la carrera bajo la luz de la luna llena, me pregunto cual de ellos será el primero en atacarme.

    4 min
  • 145. El sapo Kuartam - corregido (Infantil)

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    Había una vez  en lo más profundo de la selva del Ecuador, un sapo diferente a los demás sapos del mundo porque tenía una peculiaridad: si alguien le molestaba o se burlaba de él, se convertía en tigre y atacaba sin piedad.

    Algunos  ancianos afirmaban haberlo visto cuando eran niños, así que para la mayoría de los indígenas de los poblados cercanos al Amazonas el extraño animal era como un ser de leyenda que se ocultaba en la jungla. Eso sí, sabían que existía porque a veces, amparado por la noche, cantaba a grito pelado desde su escondite:

    – ¡Kuartam – tan! ¡Kuartam – tan! ¡Kuartam – tan!

    Como ‘Kuartam – tan’ era lo que repetía sin cesar, con el nombre de sapo Kuartam se quedó.

    Según cuentan, un joven de la tribu shuar llamado Nantu quiso salir una noche a cazar. Antes de abandonar el hogar, su esposa le advirtió:

    – Ten mucho cuidado ahí fuera, y por favor, si ves al sapo Kuartam ni se te ocurra burlarte de él. ¡Ya sabes la mala fama que tiene por estos lugares!

     

    – ¡Bah, tonterías! Estoy seguro de que eso de que se convierte en tigre es pura invención, pero ¡quédate tranquila! Te prometo que si me lo encuentro no le diré nada y pasaré de largo.

    Nantu dijo esto al tiempo que mostraba una sonrisa pícara que no gustó demasiado a su mujer.

    – Nantu, insisto en decirte que no seas irresponsable.

    El muchacho guiñó un ojo y le propinó un sonoro beso en la mejilla.

    – ¡Confía en mí! Y ahora me voy que se hace tarde… ¡Estaré de vuelta antes de medianoche!

    Bajo la luz de la Luna el joven deambuló por la selva tropical apartando la frondosa vegetación con un afilado machete y fijándose bien por si aparecía alguna posible presa. Desgraciadamente no vio más que una serpiente y dos o tres ratones diminutos correteando de un lado para otro.

    – Aquí no hay bicho que me pueda servir de comida… ¡Vaya manera de perder el tiempo!

    Pasado un rato llegó a un claro y se tumbó en el suelo a descansar. Le dolían los músculos, pero sobre todo estaba aburrido de dar vueltas y vueltas sin obtener resultados.

    – Como llegue a casa con las manos vacías el menú de mañana será fruta para desayunar, fruta para comer y fruta para cenar. ¡Voy a acabar odiando los cocos y las bananas!

    De repente, dejó de lamentarse porque una idea de lo más divertida pasó por su cabeza.

    – ‘¿Y si me burlo un poquito del famoso sapo?… ¡Voy a probar a ver qué pasa!’

    Sin ningún tipo de pudor comenzó a llamar a Kuartam. Estaba convencido de que, aunque el sapo cantaba raro, no tenía poderes de ningún tipo y por tanto no había nada que temer.

    – ¡Kuartam!… ¡Kuartam!

    Solo escuchó el aleteo de una familia de pajaritos, así que siguió erre que erre.

    – ¡Kuartam!… ¡Kuartam!…

    Como allí no había ni sapo ni similar, Nantu se fue envalentonando y su voz se tornó más guasona:

    – ¡Yujuuuuu!… Sapo Kuartam, ¿estas por aquí ?… ¿Es cierto que eres un sapo mágico?… ¡Si no lo veo, no lo creo!… ¡No seas cobarde y da la cara!

    No obtuvo respuesta, pero Kuartam sí estaba allí, agazapado en la copa de un árbol. Por supuesto lo había escuchado todo, y llegó un momento en que se sintió tan molesto, tan enfadado, que su paciencia se agotó y sucedió lo que tenía que suceder: su cuerpo, pequeño como una naranja, empezó a crecer descomunalmente y se transformó en el de un tigre.

    Nantu, ajeno a todo, siguió llamando al batracio sin dejar de mofarse de él.

    – Kuartam, sapo tonto… ¡Eres un gallina! ¡Clo, clo, clo! ¡Gallinita, ven aquí! ¡Clo, clo, clo!

    Kuartam, antes simple sapito y ahora enorme félido, no pudo más y emitió un rugido que hizo que temblaran las nubes. Acto seguido saltó desde lo alto, abrió las fauces lo más que pudo, y se tragó de un bocado al insensato cazador.

     

    Mientras todo esto sucedía, la esposa de Nantu aguardaba en el hogar sintiendo que la noche transcurría muy lenta. Durante horas esperó junto a la pue

    10 min
  • 144. El guaraná (leyenda del brazil)

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    Habia una vez Una pareja de indios perteneciente a la tribu Maués en el brazil que , vivíeron  juntos durante muchos años. Ellos eran my aprecia dos dentro  dentro de su tribu y trabajaron duro para el bienestar de todos.

    Pero tuvieron una gran desdicha, no podían tener niños. El gran dios Tupã el gran dios, se compadeció de ellos y les dio un hijo hermoso. Su regalo hizo la pareja aún más feliz y más respetados aun ya que contaban con un hijo. El tiempo pasó rápidamente y el niño creció siendo hermoso, generoso y bueno y llegó a ser uno de los mejores jóvenes en la tribu. Era fuerte y listo, bueno con el arco y la flecha y mejor rastreador. Era admirado por todo porque el corazón estaba repleto de la buena voluntad. Cuándo él no padre no estaba se dedicaba a aprender los secretos de la selva y a ayudarle a lamadere con las tareas diarias.

     

    Cuando era mas grande le ayudaba a su padre a cazar y pescar, aunque él no quisiera matar animales excepto  cuando la tribu requira alimento. Aprendió casi todo acerca de la selva de Amazonas. Los miembros de su tribu juraban  que él podría hablar a los monos, cantar con los pájaros del bosque e incluso engañar las serpientes. Supo todos los hábitos de los animales mejor que cualquier otro. Había sólo una cosa que nunca aprendió: nunca aprendió acerca de Jurupari, el espíritu malo que estaba en el corazón de la selva. De hecho, él no podría aprender mucho acerca de Jurupari porque los ancianos creyeron  que él era  todavía demasiado joven oír tales cuentos terribles. 

     

    Sin embargo Jurupari el dios de inframundo o el dios de la oscuridad, sentía una gran envidia del niño y de la paz y felicidad que transmitía, por lo que decidió segar aquella vida en flor.

     

    Un día, el niño fue a recoger  frutos al campo y Jurupari aprovechó la ocasión para consumar su venganza. Se transformó en una serpiente venenosa y lentamente se acerco al niño y sin que este se percatara de su presencia lo mordió causándole la muerte instantáneamente.

     

    Los padres del niño, esperaron que su hijo volviera a casa, pero esto nunca sucedió. Llegó la noche y la luna comenzó a brillar en el cielo, pero el niño no llegaba, los desesperados padres pidieron  el apoyo de toda la tribu para ir a buscar al niño. Después de tanto buscarlo, lo encontraron en el bosque y una gran tristeza cayo sobre la tribu. pero cuentas los viejos que ese momento, hicieron eco los truenos y fuertes relámpagos cayeron en la aldea y un rayo cayo a los pies del cuerpo del muchacho.  La madre, que lloraba desesperadamente, entendió que los truenos eran un mensaje de Tupá, diciéndole que debería plantar los ojos del niño, la madre retiro con mucho cuidado los ojos de su hijo muerto y bajo la lluvia llego al cerco y abriendo un hueco enterro los ojos. Semanas después comenzó a salir de aquel huerto una par de plantas  que la tribu no conocía. Del ojo izquierdo nacio una planta débil que los indios llaman Waranahop y que es considerada el falso guarana y del ojo derecho nacio el verdadero 

    guaraná, una nueva planta que daría sabrosos frutos, cuyas semillas son negras, cada una con un anillo alrededor, imitando los ojos humanos. Esa planta trajo el progreso de la tribu debido al abundante comercio. Y como confirman los sabios, fortalece a los jóvenes y revigoriza a los mayores. 

     



     

    5 min

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