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Había una vez una vez una niña muy bella con unos dientes blanco como perlas. Su madre la había llamado flor naciente porque su cara le recordaba la belleza de las flores silvestres. La niña cuando fue creciendo le gustaba salir a nadar a una laguna oculta entre las grutas y allí se sentía feliz y segura.
Una tarde cuando caía el sol y las luces de la tarde formaban las sombras en la laguna oyo una voz que le dijo. Bella. Cruza la laguna y encontraras las huellas de un varon mozo. Si deseas conocerlo deberás seguirlo. La niña que no había conocido aun varon se sintió intrigada y decidió nadar al otro lado de la laguna y allí encontró las huellas de un ser que se internaba en la selva.
La niña decidió seguir la huellas y después de recorrer varios kilómetros encontró que la huellas entraban en una caverna oscura. Cuando entro vio una ser del tamaño de un hombre cubierto de plumas sentado sobre una roca. El ser le dijo.
No tengas miedo yo soy el príncipe de los murcielagos y durante muchos años te he estado observando. Como podrás saber yo no puedo salir de la caverna durante el día y por eso te he invitado a que caminaras hasta aquí.
Como soy un ser de las tinieblas necesito alguien que pueda salir a buscar alimentos durante el día y que me acompañe a vivir. Te prometo que si decides quedarte te hare muy feliz y que nada te faltara.
La muchacha que tenía espíritu aventurero decidió quedarse y después de un tiempo se enamoró del príncipe de los murciélagos y se casaron. Tuvieron un hijo que nació muy bello y con los dientes blancos de la mama.
Pero un día le llego a Flor naciente la noticia de que su pueblo estaba pasando hambre ya que había llegado una plaga de ratones que se estaban comiendo el principal alimento de la tribu. Aquel alimento que desde hacia muchas generaciones era el sustento de muchas tribus de centroamerica. El Maiz. El dorado alimento que les había dado el sol.
Preocupada por su pueblo, Flor naciente llego a su tribu y vio que había desaparecido hasta el último grano de maíz y que no había como sembrar la tierra. La mujer apesadumbrada por el futuro de su gente recurrió a su marido el príncipe de los murciélagos y este le dijo
Dile a tu pueblo que preparen la tierra como todos los años que siembran el maíz y que cuando todo este preparado te avisen.
El pueblo diligentemente se dedico a arar y preparar la tierra pero como no tenían ni un solo gramo de maíz no veian como podrían sembrar. Sin embargo cuando todo estuvo listo fueron a la caverna y le informaron a Flor naciente que ya todo estaba listo.
Durante la noche el príncipe le dijo a su esposa.
Toma a tu hijo, y espera que sus dientes blancos comiencen a caer. Recógelos y ve a tu pueblo y siembralos en la tierra que han preparado. Flor naciente recogió esa noche los dientes que el niño empezaba a mudar y corriendo llego a su pueblo y tomando uno por uno fue sembrándolo como su marido le había recomendado. Y se dice que los rayos de la luna hacían iluminar cada uno de los dientes mientras iban siendo sembrados.
Al siguiente día comenzó a crecer un plantío de maíz, que fue creciendo y creciendo durante un par de lunas y finalmente de las plantas salieron mazorcas de maíz blancas. Blancas como los dientes de un niño. Y cuenta la leyenda que desde esa época el maíz blanco es un recuerdo un una mujer que sembró los dientes de su hijo para que su pueblo no pasara nunca más hambre
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Habia una vez un hombre que tenía dos hijas. Desafortunadamente había enviudado y el tenía que cuidar a sus dos hijas constantemente.
Las dos niñas eran muy curiosas e inteligentes y siempre tenían ganas de aprender. Permanentemente llegaban donde su padre con nuevas preguntas y su padre, si bien las quería y adoraba, sentía que no podría contestarle todas sus preguntas por su falta de educación y por su limitada sabiduría. Sin embargo su amor por las hijas lo llevo a pensar en una solución.
De joven había conocido un monje tibetano y se habían hecho muy amigos. Este monje era considerado uno de los más grandes sabios del Tibet y después de muchos años todavía seguían siendo muy amigos.
El hombre le envió una carta a su amigo, solicitándole si podría enviarle a sus dos hijas durante unas vacaciones para que ellas pudieran convivir y aprender de el. El sabio que apreciaba mucho a su amigo acepto inmediatamente y las niñas fueron enviadas a vivir una corta temporada en su monasterio.
Las niñas vieron en el sabio una gran fuente de conocimiento y permanentemente le hacían preguntas y el con sus conocimientos siempre les daba una respuesta directa sin siquiera dudar. Su curiosidad y deseo de saber era grande pero la sabiduría de su maestro era mayor.
Un día las niñas decidieron poner a prueba a su maestro e idearon una pequeña trampa para hacerlo equivocar en su respuesta. Así podrían hacerle una pregunta que no importara como respondiera siempre estaría equivocado.
Ambas niñas salieron al bosque cercano y con una malla se dedicaron a cazar mariposas. Despues de algunas horas alcanzaron a cazar una bella mariposa azul que quedo atrapada en sus mallas y con mucho cuidado la tomaron entre sus manos y la llevaron al monasterio sin que nadie las viera.
El plan elaborado por las niñas consistía en esconder delicadamente la mariposa entre las manos de una de las niñas y cuando el maestro las recibiera antes de la cena le harian la pregunta que lo haría equivocar. Le preguntarían si la mariposa estaba muerta o viva. Si el decía que la mariposa estaba viva la mayor de las niñas apretaría las manos y la mariposa moriría. Pero si el maestro decía que estaba muerta, la niña abriría las manos y la dejaría ir volando. Así el maestro estaría siempre errado.
Efectivamente las niñas se encontraron con el Sabio y con una mirada pícara entre sus labios la menor le dijo al monje tibetano.
Maestro. Tu que todo lo conoces y todo lo sabes. Tenemos para ti una pregunta que deberás responder para mostrarnos cual infalible eres en tus respuestas.
Como puedes ver mi hermana mayor tiene algo entre sus manos. Hemos encontrado una mariposa azul en el bosque y la hemos traído. La pregunta es simple. La mariposa que tiene mi hermana entre sus manos esta viva o muerta.
El maestro mirando con dulzura a las niñas les contesto.
Recuerden que la vida es como esta mariposa . En este caso el presente y el futuro de esta mariposa esta en las manos de tu hermana. Así que la respuesta es simple. Y mirando a la hermana mayor le dijo . Como tu vida, la vida de la mariposa depende de ti ya que esta en tus manos.
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Había una vez un joven que soñaba convertirse en un funcionario público. Para ello tenía que tomar un examen de aptitudes, junto con todos los demás que deseaban el mismo cargo público. Aquel que obtuviera la mayor calificación podría tener derecho al cargo y ocuparlo hasta obtener una ascenso. Los cargos públicos eran pues muy apetecidos y disputados porque garantizaban un sustento de por vida.
Para lograr pasar la prueba, todos los aspirantes tenían que estudiar arduamente y prepararse para las difíciles preguntas del examen. Era costumbre que los aspirantes a los cargos estudiaran y se entrenaran con un maestro que los preparaba diligentemente para las preguntas del examen.
Este joven aspirante, sin embargo, no daba señales de ser muy aplicado en la preparación de las pruebas y solamente asistía a sus clases diarias por mero respeto con su maestro. El maestro por su parte veía como su discípulo no prestaba mucha atención a sus horas de estudio y preocupado le dijo
Ten presente que cuando te examines lo harás con otros muchos aspirantes al mismo cargo. Todos estarán muy bien preparados y debes temer a su preparación y ser tu el mejor preparado para los exámenes de evaluación
El joven alumno le dijo. No se preocupe maestro. Yo no tengo miedo alguno porque día tras día he ido creando en mi cabeza una serie de llaves que me permitirán abrir el corazón de cualquier funcionario que considere que yo no soy adecuado para los cargos públicos ofrecidos. Y tengo cien de estas llaves que utilizare cuando sea necesario para ganarme el favor de mis evaluadores.
El maestro al oir estas palabras se enfureció y le dijo
Vete de aquí infame. Acaso te he enseñado yo a ser un simple adulador. Vete y no vuelvas.
El alumno no se desconcertó de modo alguno y sin inmutarse siquiera ni perder el tono de voz le contesto a su maestro.
Maestro. Su inteligencia es reconocida por todos y es tan alta, que pertenece a una casta de sabiduría única. Su esfuerzo a estado siempre encaminado a proveer la mejor educación a todos sus alumnos y yo soy ciertamente no merezco ser su pupilo ya que hombres de su talla son inmunes a las lisonjas y a las palabras aduladoras. Por mi parte me siento honrado de tenerlo como mi maestro.
El maestro se quedo pensativo y le dijo. Ciertamente me honras con tus palabras y te espero aquí mañana para que continues con tus estudios.
El alumno salió de la casa del maestro diciéndose a si mismo. Hasta un sabio debe comprender que No se debe temer a las palabras que llegan de frente como los soldados, sino a las que se arrastran como serpientes.
Y sonriendo mientras caminaba decía.
Y todavía me quedan otras 99 llaves.
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Había una vez una princesa que se llamaba Ema. Ema era una princesa muy linda y dulce pero vivía en una reino donde se decía que nadie era feliz. En aquel reino no salía el sol y todos los habitantes del reino se sentían muy tristes por que todo era oscuro y lúgubre.
El reino donde vivía Ema era tan melancólico que los padres de Ema no la dejaban salir del castillo para que la oscuridad no la pusiera triste a ella. Un día sin embargo, Ema se escapo del castillo y salió a recorrer los caminos vecinos y a medida que caminaba se daba cuenta que los habitantes de su reino no reian y siempre se veian tristes. Ema que no había salido nunca de su castillo comenzó igualmente a sentirse un poco triste y a medida que caminaba por aquel oscuro reino su alma se iba volviendo cada vez mas y mas triste.
De pronto al pasar por un junto a un riachuelo vio una flor marchita que se encontraba tirada en la orilla del camino. Ema que siempre le habían gustado las flores se acercó y con toda dulzura recogió la flor y la llevó cerca al riachuelo donde la plantó. Como la tierra cerca del riachuelo era húmeda la flor comenzó a recibir el agua que le faltaba cuando estaba a la vera del camino. Y de pronto se comenzó a recuperar y a abrir sus pétalos dorados. De pronto de la corona de pétalos dorados salió un pequeño ser que saltando al suelo le dijo a Ema. Oye…. Quien eres tu.
Ema le respondio Yo soy Ema y soy una princesa de este reino. Pero estoy muy triste porque veo que todo es oscuro y todos en mi reino se sienten tristes.
El ser, que era un Elfo, miro a Ema y la tristeza que tenia y le dijo.
Mira Yo se porque tu reino es triste y oscuro. Hace muchos años había en este reino una princesa que vivía como tu en el castillo pero era muy mal geniada y grocera con todos. Esa princesa tenia un anillo que tenía el poder de hacer reir a todos aquellos que la veian. Eran tiempos donde el reino era feliz y brillante. Desafortunadamente la princesa en un momento de rabia con sus padres tiro el anillo por la ventana de la torre mas alta y el anillo desaparecio y cuentan que desde esa época nadie volvió a reir en el reino y con el tiempo el sol, al ver que nadie en el reino reia decidió no volver a salir e iluminarlo. Desde esa época este reino es triste y oscuro.
Ema se sorprendió de lo que el elfo le estaba contando y le pregunto que podría hacer para recuperar el anillo. El Elfo le dijo que el conocía un secreto que podría hacer que todo volviera a ser como antes.
La princesa Ema le dijo que ella haría lo que fuera necesario para que su reino fuera de nuevo un reino de sol y felicidad.
Y el Elfo le dijo. El secreto esta en la sonrisa. Cuando veas a alguien sonriele y esa persona te sonreirá a ti.
La princesa decidió recorrer todo el reino y cada que encontraba a alguien le sonreía y como por arte de magia la otra persona le sonreía a ella y así con cada uno de los habitantes la princesa los hizo sonreir. Cuando el sol vio que en aquel reino todos sonreían decidió iluminarlos de nuevo y todos los campos se llenaron de luz y alegría.
Las flores volvieron a sembrar de colores los campos y los pájaros salieron a cantar entre los arboles.
Finalmente mientras Ema regresaba a su castillo vio como en lo profundo de un riachuelo, el sol hacia iluminar un objeto con una luz de oro. La princesa Ema se acerco y vio que el objeto era el anillo de la risa y cogiéndolo lo llevo a su castillo y todos los que la veian le sonreían y luego reian al ver el anillo
Y cuenta la leyenda que la princesa Ema llevo la alegría y la felicidad a su reino y que el sol volvió a salir por toda la eternidad en aquel reino.
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Había una vez en un pueblo en Estados unidos llamado Santa fe en el estado de nuevo mexico un grupo de siete monjas que decidieron establecer una pequeña escuela para niñas. Posteriormente, añadieron a la edificación una pequeña capilla construida al más puro estilo del renacimiento gótico, que en su totalidad fue diseñada por el renombrado arquitecto francés Antoine Mouly. Desafortunadamente, Mouly no vivió lo suficiente para ver la conclusión de su obra.
La estructura aunque hermosa y sólida, carecía de un medio que les permitiese llegar al segundo piso, donde se había implementado un lugar para el coro. Como la pequeña capilla dista mucho de ser el santuario más grande del mundo, la propuesta de construir una escalera regular fue descartada, pues esta resultaría demasiado grande y reduciría en mucho el espacio útil.
La que parecía la solución más lógica, una escalera vertical, como aquellas empleadas por los pintores o albañiles, fue también desdeñada por las monjas, pero esta vez debido a cuestiones de indumentaria.
Un problema de aparente sencilla solución, comenzó a complicarse y aunque otras propuestas e ideas eran debatidas, las Hermanas consideraban este asunto como una prueba para su fe.
Alrededor de 1880, toda la orden empezó a rezar una Novena en honor a San José, el santo patrono de los carpinteros, para pedirle les ayudara a encontrar una solución al problema de las escaleras de la capilla.
En el noveno día de oración, un visitante quien había llegado montado en una mula, misma que cargaba con su un baúl de herramientas, llamó a su puerta. Lo primero que el hombre reveló a las Hermanas fue que era un carpintero de oficio. Se le invitó y descubrió el dilema en el que habían quedado debido al fallecimiento prematuro del arquitecto original.
El solitario trabajador, a diferencia de los muchos otros que habían echado vistazo al problema antes que él, dijo que era totalmente factible el construir una escalera de acceso al coro, sin que se convertirse en una monstruosidad devoradora del poco espacio disponible.
La única condición que les impuso a las Hermanas, fue la de trabajar en privado. Las Hermanas no pusieron objeción alguna a estos términos, sabedoras de que significaban la solución a sus problemas.
Cuando las hermanas debido a sus actividades necesitaban hacer uso de la capilla, el solitario carpintero se retiraba, volviendo sólo cuando la capilla estaba vacía.
Algunas de las hermanas afirman haber visto tablones de madera puestos a remojar en tinas que ellas mismas le proporcionaron, pero en honor a la verdad, es justo aclarar que los informes presentados por las hermanas eran bastante contradictorios entre sí. Algunos insisten en que la construcción se completó rápidamente, mientras que otros informan que tomó más tiempo del que podría haber sido necesario.
Tan pronto como el misterioso carpintero terminó la escalera de caracol, desapareció sin dejar rastro alguno, sin avisar a las monjas y sin cobrar un centavo por su trabajo. Las hermanas estaban encantadas con el resultado tanto así, que organizaron un banquete en honor del carpintero. Es solamente así que descubren que el hombre había desaparecido.
En ningún momento durante su trabajo se identificó. Nunca pidió, ni recibió el pago por su trabajo o incluso por los suministros. Exactamente… ¿quién era este hombre
Cuando en un esfuerzo por ubicar al misterioso carpintero se contactó a los proveedores y comercios locales, ninguno de ellos reconoció o identificó al artesano, ni mucho menos fue capaz de ayudar en lo absoluto. No se pudo recuperar ninguna factura de ventas que incluyese una lista de materiales similares a los empleados en la construcción de la escalera. Peor aún, se descubrió que la madera utiliz
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Tras crear al mundo, Are se extasió con su creación; sin embargo percibía que no estaba del todo completa aun.
Caminando por un río vió unos juncos y tomando un par de ellos, inspirado, formó con uno una figura esbelta, graciosa y bella a la que llamó Fura, mujer; del otro junco elaboró a Tena, hombre. Con su soplo las figuras cobraron vida convirtiéndose en una bellísima pareja. Are les animó a reproducirse por tiempos sin fin, manifestándoles que serían siempre felices, sin conocer el dolor, las enfermedades, las desdichas o la muerte siempre y cuando respetaran su mandato de ser fieles.
Fura y Tena vivían felices en el precioso valle, poblando la tierra....
Un día apareció en el valle un joven, Zerbi, buscador de una rara gema verde que segun decía, proporcionaba la eterna juventud, belleza y felicidad. Pidió a Fura que le ayudara en su; empresa; aunque estaba incrédula accedió a acompañarlo y por muchos años buscaron sin éxito.
Fura se fue sintiendo atraída hacia Zerbi y llegó el día en que tal atracción fue mutua, con lo que quedó desobedecida la ley divina.
Entonces Fura comenzó a sufrir remordimientos y le sobrevino una tristeza que era extraña a su espíritu. De esa forma se dió cuenta del pecado que había cometido al desobedecer el mandato de Are. Abandonó a Zerbi y regresó al hogar, donde su esposo pudo ver las consecuencias de su pecado...
Fura mostraba las arrugas y señales de la avanzada edad. Envejecía más y más, llena de pena y de vergüenza. Ante tal situación, Tena tomó un cuchillo de madera y lo hundió en su vientre. Fura lo tomó en sus brazos y siguiendo la costumbre, se mantuvo junto al cuerpo de su esposo sin ingerir alimento durante tres días. Antes de expirar, Tena recibió un favor del dios Are: obtuvo la venganza convirtiendo a Zerbi en una gran roca.
Fura mantenía sobre sus rodillas el cuerpo de su esposo y le observaba constantemente mientras lloraba inconsolable. Con el sol, cada lágrima se convertía en una esmeralda.
Zerbi, convertido en pétrea montaña sintió un gran pesar al ver la amargura de su amada Fóra. Zerbi pidió perdón a Are y le solicitó la gracia de auxiliar a Fura.
Todo le fue concedido; de sus rocosas entrañas brotó una hermosa cascada que al represarse separó a Fura y a Tena convirtiéndolos a ambos en inmensas moles de piedra, que se conocerían como Fura-Tena: "testigos mudos y eternos del trágico destino del humano linaje".
La triste suerte de Fura y Tena conmovió sin embargo el corazón de Are que desde su trono del sol los perdonó, poniendo para vigilar los sagrados peñones, una guardia permanente de tempestades, de rayos y serpientes y permitiendo que sean siempre las aguas del Río Minero, sangre de Zarbi, las que descubran, clarifiquen, laven y abrillanten las esmeraldas de Muzo, lágrimas de la infiel y arrepentida Fura.
Por eso y desde entonces, los Muzos tienen además de su gran templo en el bífido peñón de Furatena, las más ricas minas de esmeraldas, las más venenosas serpientes y las más bellas mariposas”.
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Había una vez un país muy pobre controlado por una familia presidencial que se había enquistado en el poder por muchas generaciones. El presidente un hombre severo y de mirada altiva se aprestaba a salir a recorrer las calles de la capital. Durante la campaña electoral había hecho la promesa de salir cada mes a recorrer las calles para supuestamente conocer de primera mano las necesidades de su pueblo.
Aquella mañana, como todas los meses se apresuró a vestirse para la ocasión. Vestido de tres piezas, corbata roja, zapatos de charol y un pañuelo empapado de alcohol que le servía para limpiarse las manos y la nariz a medida que caminaba por los barriales de las calles de la capital.
Después de llamar a sus guardias personales y mandar a traer el lujoso vehículo que los llevaría al centro de la ciudad, cruzo el lujoso portón de su magnifico palacio presidencial y salió seguro de si mismo como todos los meses. El vehículo, seguido de la escolta oficial, se detuvo en la plazoleta principal de aquella miserable capital y saltando sobre un charco de agua podrida que se encontraba en la calle para no ensuciarse sus finos zapatos de charol traídos de parís y se preparo a seguir la rutina de cada mes. Estrechar las manos de algunos de los cientos de curiosos que se acercaban a recibirlo. De pronto se dio cuenta que su finísimo reloj de oro había desaparecido de sus brazo y horrorizado se paro en la punta de sus zapatos y vio como un joven de escasos años salía corriendo calle abajo con su reloj entre sus manos.
El presidente con todas sus fuerzas grito.
Al ladrón. Al ladrón. Agarren y maten al ladrón
Y la muchedumbre al oír estas palabras se abalanzo contra el ladrón y rodeándolo lo mataron y despedazaron.
Horas después la guardia personal pudo rescatar lo único que quedaba de la victima de aquel linchamiento publico. Los zapatos de charol franceses.
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Había una vez barbero que de camino hacía el castillo del rey paso bajo un árbol y escuchó una voz que le decía.
Te gustaría tener siete tarros de oro. El barbero miro a todos lados y no vió a nadie. Pero su codicia se había despertado y dijo. Si claro que si. Me gustaría mucho. “entonces regresa a tu casa enseguida y allí los encontrarás.
El barbero fue corriendo a su casa y Y en efecto: allí estaban los siete cofres, todos ellos llenos de oro, excepto uno que estaba medio lleno. Entonces el barbero no pudo soportar la idea de que un cofre no estuviera lleno del todo. Aquella noche se despertó a media noche sobresaltado de saber que había un cofre que no estaba totalmente lleno y Sintió un violento deseo de llenarlo; de lo contrario no sería feliz.
A la Mañana siguiente tomo todas las joyas de la familia y las cambió por monedas de oro en la plaza del pueblo y corriendo llego a su casa y las echó en el cofre. Pero éste seguía igual que antes: medio lleno. ¡Aquello lo exasperó! Durante los días siguientes se puso a trabajar y a ahorrar y a economizar como un loco, hasta el punto de hacer pasar hambre a su familia. Pero todo era inútil. Por mucho oro que introdujera en el cofre, éste seguía estando medio lleno.
De modo que un día pidió al rey que le aumentara el sueldo. El rey que apreciaba mucho a su barbero ordeno que le fuera doblado el sueldo y reanudó su lucha por llenar el cofre. Dinero que recibía era dinero que depositaba en su cofre semi-lleno. Incluso llegó a mendigar en la calle para recibir así nuevas monedas que depositar en el cofre de oro. Y el cofre engullía cada moneda de oro que en él se introducía, pero seguía estando obstinadamente a medio llenar.
Pasadas unas semanas el Rey cayó en la cuenta del miserable y famélico aspecto del barbero. Y le preguntó: “¿Qué es lo que te ocurre? Cuando tu sueldo era menor, parecías tan feliz y satisfecho. Y ahora que te ha sido doblado el sueldo, estás destrozado y abatido. ¿No será que tienes en tu poder los siete cofres de oro?”.
El barbero quedó estupefacto: “¿Quién os lo ha contado, Majestad?”, preguntó. El Rey se rió. “Es que es obvio que tienes los síntomas de la persona a quien el fantasma de la avaricia a ofrecido los siete cofres de oro.
Te voy a contar algo que me conto mi padre. Hace muchos años de regreso de otras tierras mi padre pasó por una arboleda y vió un ser oscuro que con voz suave lo ofreció los siete cofres de oro. Mi padre corrió de regreso al castillo y encontró en la puerta del castillo los siete cofres de oro y uno de ellos semi lleno. Me contó mi padre que después dedicó años y años a atesorar oro para tratar de llenar dicho cofre, subió los impuestos a sus súbditos y vendió todas las joyas reales y nada nunca fue suficiente para llenar el cofre. Mi padre murió desdichado, infeliz y odiado en el reino porque jamas pudo llenar el ultimo cofre. En su lecho de muerto me advirtió de el fantasma y los cofres. Y un día me encontré con el fantasma y me ofreció los siete cofres de oro. Tentado de recibirlos pero recordando a mi padre acaté a preguntarle si el oro podía ser gastado o era únicamente para ser atesorado; El fantasma inmediatamente se esfumo sin decir otra palabra. Aquél oro no podía ser gastado. Lo único que ocasiona es el vehemente impulso de amontonar cada vez más. Anda, ve y devuélveselo al fantasma ahora mismo y volverás a ser feliz”.
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Había una vez un joven ejecutivo que viajo a pasar una vacaciones al lado del mar. Desde el balcón de su casa de playa alcanzo a ver un pescador que se encontraba recostado contra su barca mirando el mar plácidamente bajo la sombra de un grupo de palmeras.
El ejecutivo salió de su casa y se acerco a aquel pescador y le preguntó. Por que no estas pescando.
El pescador sin ni siquiera mirarlo le contesto. Porque ya he pescado bastante por hoy. Ya pesque lo que necesitaba para mi alimentación.
Y porque no pescas más de lo que necesitas… Le inquirió el joven ejecutivo
El pescador alzo la mirada y le dijo con tono calmado. Y por que habría de hacer algo así. Que haría con el resto del pescado.
Pues lo podrias vender en el mercado y ganar algún dinero. Le respondio el ejecutivo. De ese mono podrias comprarte un motor para tu barca de pesca.
Y para que haría eso…. Le pregunto el pescador
Pues con un motor podrias ir mas lejo en el mar y en las aguas mas profundas podrías pescar peces mas grandes y así venderlos y podrías comprar unas redes mas grandes.
Y para que haría eso… Le pregunto el pescador de nuevo.
Pues claramente con unas redes mas grandes pescarias mas peces en tu bote y venderías mas pescado en el mercado y podrías llegar a comprar otro bote con ese dinero y si sales a pescar con dos botes pescarías mas y mas y después de un tiempo podrías tener una verdadera flota de botes que con el tiempo te haría rico, como yo.
El pescador sonrió y mirando de nuevo el mar le pregunto. Y que haría entonces
El Joven ejecutivo le contesto con el tono de vos que solo un joven ejecutivo puede tener. Pues podrias sentarte y disfrutar de la vida.
El pescador, sin retirar la mirada de el mar le respondio…Y que crees que hago yo en este momento y todos los días de mi vida en esta playa frente al mar.
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Había una vez un hombre que se quejaba permanentemente por todo lo que le sucedía y todo lo que tenía. El hombre pensaba que la vida había sido injusta con él y que todo lo que tenía era nada comparado con lo que quería tener. Su mujer siempre le decía que era un mal agradecido y que en vez de quejarse debería estarle dando gracias a Dios por todas las bendiciones que tenia. A lo que el hombre respondía. Dejame en paz mujer que siempre me molestas.
Un día que se encontraba quejándose por todo lo que le había sucedido durante el día y todo lo que poseía se le apareció su Dios y le dijo.
Tu eres un buen hombre pero te quejas constantemente de los que tienes y te sucede. He decidido darte 3 deseos y solo 3 deseos que yo te cumpliré, pero con la condición de que nunca jamas te podrás quejar de nada mas en tu vida.
El hombre inmediatamente acepto la oferta y después de un tiempo de pensar dijo.
Mi primer deseo es que mi mujer que tanto me molesta se muera.
Y el Dios sin hacer ningún comentario, hizo morir a la esposa de aquel hombre
Despues el hombre se reunió con sus amigos y sus parientes en su casa y todos ellos comenzaron a comentar lo buena y cariñosa que era la difunta y como se desvivía por el y como lo cuidaba cuando estaba enfermo. Cuando el hombre se quedo solo comprendió que se sentía muy solo sin su esposa y comprendió que ella lo único que quería era hacerlo feliz. Comenzó a extrañar su risa, su cara, su voz e incluso su mirada cuando lo regañaba y sintió que había cometido un gran error.
Aquel hombre alzo la voz y le dijo a su Dios. Dios mi segundo deseo es que me regreses a mi esposa y en ese mismo instante la mujer. Para sorpresa de todos se levanto de su lecho de muerte y camino hacia el y lo abrazo. El hombre sintió que algo bueno había pasado en su vida.
Luego contó a sus amigos y familiares porque su esposa había muerto y porque había vuelto a la vida y que el aun tenía un deseo.
Todos comenzaron a decirle que deseo podría pedir. Unos le decían que pidiera riqueza, otros le decían que pidiera salud, otros le decían que pidiera vivir muchos años, etc
El hombre comenzó a pensar que pedir. Sabia que la riqueza sin salud no es riqueza. Y que la salud en la pobreza es difícil de llevar y que vivir muchos años sin salud y pobre era igualmente difícil.
Finalmente el hombre comprendió su destino y comprendió que podría pedir.
Pidio a Dios que le diera fortaleza para no quejarse de nada y vivir feliz con lo que la vida le había dado.
Y cuentan que Su Dios le dio lo que pedía y siempre fue el hombre más feliz del pueblo viviendo con su esposa.
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