Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda

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Había una vez...Un cuento, un mito y una leyenda episodes

  • 143. El Hyakki Yakō (leyenda japonesa)

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    Había una vez una un templo cerca de la ciudad de Kioto en japon que había sido habitado por un grupo de monjes durante muchos anos. Cuenta la leyenda que un día una banda de ladrones entraron en el templo y mataron a todos los monjes. Pese a que otros monjes quisieron reocupar dicho templo, sus intentos fueron vanos ya que se decía que un grupo de fantasmas habitaban el templo y causaban terrible sufrimiento a quienes osaban quedarse allí. 

    El tiempo pues quedo maldito y abandonado por muchos años. Cuenta la leyenda que un día un joven monje peregrino que se encontraba por aquella zona se encontró sin donde dormir y decidió dormir en le viejo templo para resguardarse de una tormenta que se acercaba sin percatarse de su leyenda y misterio. 

     

    Durante la noche el monje pegregrino se recluyo en una habitación pequeña y en buen estado y se apresuro a cenar su cuenco de arroz. Satisfecho y cansado se echo a dormir bajo el techo de aquel templo abandonado. 

     

     

    Cuentan que A las dos de la noche lo despertó una gran algarabía de ruidos. Al acercarse al edificio principal, descubrió que en su interior,  bajo la luz tenue de la luna, se habían reunido decenas de espectros y duendes, de las formas más diversas, que reían, jugaban y danzaban.Se trataba del Hyakki Yakō, la manifestación de cientos de fantasmas y espiritus que según la tradición se reunian cada cierto tiempo para recorrer en procesión los campos y las pueblos demostrándole a los vivos que ellos aun existían. Y se decía también que todos aquellos que presenciaran dicha procesión morirían o serian castigados espiritualmente por haberlos visto.

    En este caso el monje peregrino, aunque asustado, no pudo evitar quedarse un rato observándolos, hasta que aparecieron otros espíritus de aspecto más grotesco y horrible, momento en el cual echó a correr de vuelta a su habitación, en donde se encerró hasta que los sonidos extraños cesaron y se hizo de día.

    Esta era más o menos la historia que el peregrino, aún temblando, le relató aquella misma mañana a un comerciante de Fuchimi, y que este a su vez le contó al afamado pintor Tosa Mitsunobu unas semanas después, mientras este se hallaba de paso en la ciudad.

    Esperando encontrar inspiración para un cuadro que quería pintar sobre el Hyakki Yakō,   Mitsunobu cogió sus cuadernos y sus pinturas y se dirigió hacia el templo Shozenji, dispuesto a pasar la noche en él.

    Cuando llegó, el sol acababa de ponerse. Entró en la sala principal y montó guardia durante horas, sin percibir ningún ruido o visión que se saliera de lo normal, hasta que a eso de la medianoche su atención se vio atraída por una extraña luminiscencia que parecía provenir de las paredes. Comprobó con sorpresa que allí se reflejaban las figuras de algunos  duendes y espectros; era el Hyakki Yakō, reflexionó el pintor, que se manifestaba para él brillando tenebrosamente en las paredes.

    A la luz de la luna, Mitsunobu se apresuró a copiar en su cuaderno las más de doscientas figuras que fueron apareciendo con el paso de la luna y el reflejo de esta sobre la habitación, cada una diferente y más grotesca que la anterior. El artista  empleó toda la noche pintando cada uno de los seres que iban apareciendo, terminando justo cuando la primera luz de la mañana irrumpió en la sala y los espectros  desaparecieron con los primeros rayos de sol..

    Antes de partir, el maestro Mitsunobu, examinó por última vez las paredes. Y ya iluminadas por el luz del día descubrió que estas estaban recubiertas de grietas y musgos de diferentes colores, que daban lugar a formas caprichosas, las cuales de pronto le resultaron muy familiares. Tosa Mitsunobu emitió una sonora carcajada al comprender que aquellos eran los fantasmas que había visto durante la noche. Apenas grietas y desconchones en la pared convertidos en terribles espectros gracias al azar y a su excitada imaginación,

    7 min
  • 142. Chema Lopez y el grillo de oro (leyenda)

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    Hace muchos años , en el viejísimo pueblo de Rabinal, Guatemala,  un muchachito que se llamaba Chema López, quien fue alimentado con chilate, que es el más fino de todos los atoles de maíz.

     

    Chema creció y vivió entre el los cultivos de maiz, allá en Rabinal. Creció entre pájaros y ardillas. Se hizo amigo del silencio y lo observaba todo con sus ojos negros.

     

    En Rabinal hay un cerro encantado llamado Cakyup. En lo alto del hay una cueva. Se dice que A la entrada de la cueva vive una serpiente inmensa y  vieja que tiene la misión de no permitir la entrada a nadie, salvo a unos cuantos muchachos escogidos, una vez cada cien años.  Hace unos años La culebra mandó al pájaro Cuatrojos a buscar a Chema López, pues tenía que darle un mensaje muy importante. El pájaro cuatro ojos llego hasta donde Chema y atrayéndolo con su canto y su volar hizo que Chema lo siguiera cerro arriba tratando de cazarlo. 

     

    Chema llegó a los alto del cerro vio que el pájaro entraba a la cueva y lo siguió pensando que allí lo atraparia. Cuando entro a la cueva se abro un agujero a los pies de chemay este cayo hasta un laberinto de tuneles. Y allí se encontró a la gran serpiente que le dijo  "no te preocupes, se que eres un muchacho muy inteligente; si además eres valiente, yo te enseñaré muchas cosas que jamás olvidarás".

     

    Y en seguida lo condujo por una complicada red de galerías subterráneas hasta llegar debajo de un maizal sembrado en la inclinada ladera de la montaña. Chema vio con asombro que las raíces de la milpa crecían como cabelleras sobre las calaveras de los antepasados.

     

    -Antiguamente -dijo la serpiente-, nadie sembraba milpas en la montaña, sino en las llanuras, pero vinieron hombres extraños que derrotaron a los antepasados y, poco a poco, se fueron adueñando de las mejores tierras, de los ríos y los lagos y de los nacimientos de agua y a tu pueblo le toco sembrar en las laderas de las montañas. Chema se acerco a un pequeño agujero en la pared y desde allí pudo ver leguas  a la redonda como las montañas vecinas estaban sembradas de miles de plantas de maíz. 

     

    Chema y la Serpiente emprendieron el regreso entre túneles de liebre y de taltuza, madrigueras de coyotes y otras alimañas que formaban un verdadero laberinto subterráneo. En una de los túneles la serpiente se esfumó. Chema se asustó muchísimo. Por un momento pensó que nunca podría salir de allí, pero enseguida recordó las enigmáticas palabras de la Serpiente: " y si además eres valiente, yo te enseñaré muchas cosas que nunca olvidarás". Eso significaba que había una esperanza.

     

    Comenzó pues a tantear una salida. Iba palpando la tierra. Oyó el conocido cric cric de un grillo lejano. A pesar de ser un niño tan débil lo alegró como un concierto de marimba y se propuso buscarlo. Chema sabia que los grillos utilizan el cric para confundir enviando el sonido contra los muros para que sonara en otra parte. Sin embargo cuando oia el Cric Shema se dirigía al lado contrario y así con el tiempo fue oyendo el sonido mas y mas cerca. 

     

    Seguía al cric cric sonoro y escurridizo hasta que logró ubicarlo bajo una piedra. La sorpresa: el grillo era de oro y relumbraba en la oscuridad.

     

    Te felicito muchacho -dijo el grillo- Has pasado todas las pruebas con valor e inteligencia y en premio te mostraré la salida. Pero antes debo revelarte tres grandes secretos: el primero es "que la vida rota", ¿me entiendes?, la vida es una naranja dando vueltas: todo aquel que ha venido una vez al mundo, volverá a venir en el futuro, la gente no lo sabe, así que cada vez que vuelva cometerá los mismos errores, tú, en cambio, irás haciéndote cada vez más sabio.

     

    -El segundo gran secreto es que los señores de antes lo perdieron todo, pero se quedaron con las banderas verdes de la milpa, con las lanzas ver

    9 min
  • 141. La atracción

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    Había una vez una vez dos amigas que se encontraron y ambas se pusieron a hablar mientras recorrían en vecindario. De pronto cuando cruzaron la esquina vieron a lo lejos un edificio  de apartamentos donde vivía un desconocido del que ellas habían oído hablar, pensaron de repente que deberían ir a visitarlo. Después de discutirlo un rato ambas llegaron a la conclusión de que si, algo las atraía a pensar que era buena idea el ir a visitarlo. 

     

    Emprendieron el camino hacia el edificio y de pronto de una calle aledaña salieron algunas otras más que pareciera se dirigían al mismo edificio. Las dos amigas pararon y le preguntaron a sus congéneres que hacia donde se dirigían y una de ellas les contesto que hace algunos minutos estaban discutiendo que hacer y algunas sugirieron que les gustaría ir a visitar aquel edificio donde vivía aquel que ellas también querían visitar. 

     

    De pronto otro grupo se acerco y otro y otro y todas discutían que hacían allí y hacia donde se dirigían. 

     

    Desde una de las lejanas ventanas del edificio, se veía aquel desconocido mirando hacia el callejón donde se encontraba el tumulto que lentamente se acercaba y sin dejarse ver por ellas solamente sonreía detrás de las ventanas de su apartamento.

     

    Las amigas y las nuevas que se habían integrado al grupo discutían si era adecuado ir a estas horas de la noche por ese callejón oscuro hasta la residencia de alguien que no conocían, pero a medida que caminaban más fuerte era el impulso que sentían de ir todas ellas juntas hasta aquel edificio que se encontraba al final de la calle.

     

    Ya cerca de la puerta Algunas mas se fueron acercando y algunas mostraban algún recelo temor de caminar hacia la puerta del edificio, pero su resolución era mayor que sus temores.

     

    Finalmente cuando cruzaron la puerta del edificio sintieron dentro de si que la decisión de visitar aquel extraño era una buena decisión y comenzaron a correr escaleras arriba tratando cada una de ellas de ser la primera en encontrarse con el.

     

    El deseo de verlo y tocarlo era cada vez mas y mas fuerte y como una tromba cruzaron la puerta donde se encontraba y se abalanzaron sobre el. 

     

    El imán parado allí rodeado de ellas solamente sonreía de solo pensar que las limaduras de acero estaban convencidas de que su visita era voluntaria. 

    4 min
  • 140. El conteo

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    Había una vez un hombre que todo lo tenia, nunca nadie había antes había sido mas rico y afortunado que el . Todo en su existencia era mandado por su Dios y nada le faltaba. Recorría sus campos sin ninguna preocupación y sabía que todo estaba destinado para su servicio. El hombre que siempre veía el destino claro, tenía siempre una duda. Una duda que cada mañana le asaltaba. 

     

    Durante el día se lo pasaba sin ningún asomo de preocupación, entre el cuidado de sus animales y de las cosechas no tenia tiempo para preocuparse y cuando la noche caia buscaba algún entretenimiento que lo hacia llegar al momento de dormirse sin ninguna preocupación.

     

    Su dormir era sereno pero inevitablemente alerta. No porque temiera a nadie en las oscuras noches. No su estado de alerta provenía de lo que alguna vez su Dios le había advertido. El un hombre tranquilo y sosegado veía la advertencia como algo que podría ocurrir cualquier día y que podría cambiarle su vida definitivamente. 

     

    Así con esa preocupación pasaba las noches intranquilo. Obviamente después de cavilar un rato sobre su destino el cansancio lo alcanzaba y pasaba a los momentos de sueño sin darse cuenta. Claro que cualquier ruido o cualquier sensación extraña lo hacia despertarse. 

     

    Finalmente aquella noche, como muchas noches anteriormente se durmió y la oscuridad interna lo envolvió hasta que el sol salió como salía todas las mañanas alumbrando su pequeño paraíso.

     

    El hombre realizo la rutina de todas las mañanas y comenzó a contar lentamente. Lentamente sin moverse un milímetro de su cama. Cuando termino supo que era inevitable y que había sucedido lo que tanto había esperado o temido. 

     

    Le faltaba una costilla. 

    3 min
  • 139. El león y el conejo (Infantil)

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    Habia una vez Un celebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.

    Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no solo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos.

    Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.

    En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.

    El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.

    De regreso a la ciudad el celebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

     

    3 min
  • 138. Los fracasados

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    Había una vez una mujer  que se encontraba barriendo su casa desesperada y de mal De pronto entra su marido. Parece muy abatido. Se sienta sin pronunciar palabra. Ella ha dejado de barrer y lo mira. Pregunta: -¿Y bien? ¿No dices nada? -¿Qué tengo que decir? Contesta el.

     

    Claro miren como me contesta. Tres días sin llegar a la casa y no tienes nada que decir. Supongo que hiciste almenos lo que te dije que hicieras

     

    Claro que si. Si volvi es porque cumpli tus ordenes…

     

    -Mis órdenes. Mis consejos, diría yo. Y entonces ¿por qué estás así, hecho un trapo? -¿Acaso debería estar alegre? -Me parece a mí. –

     

    Pues ya ves. No estoy alegre. Estoy arrepentido. –dijo el marido

     

    Vaya. Te duró poco el valor. 

     

    -¿Qué valor? Lo hice porque tú me obligaste. –

     

    Porque yo lo obligué. Oigan el tono. Cualquiera pensaría que lo obligué a cometer un crimen. ¿Y a qué te obligué, veamos?. A darte tu lugar. A demostrar que eres un hombre, no un títere. Pero estás arrepentido. Preferirías seguir como hasta ahora. El último de la fila. El que recoge los huesos que arrojan los demás. Aquel a quien se llama para que, cuando todos ya se han ido, limpie las mesas y apague las luces. Siempre serás el mismo mediocre. Ignoras lo que es tener ideales, alguna noble ambición. El fracaso es tu atmósfera. Y yo, tu víctima. 

     

    Mira a las mujeres de tus amigos: cubiertas de joyas, con servidumbre e invitadas a fiestas

     Ahora mírame a mí: una fregona dedicada día y noche a los quehaceres domésticos. No tengo joyas como las otras y no hay fiestas para nosotros. 

     

    Y porque pretendo que mi marido levante cabeza y le doy buenos consejos, óiganlo, me lo echa en cara. 

     

    -Siempre tuve mala suerte. Dice el marido. 

     

     -¿Ahora también, mala suerte? 

     

    Un presentimiento me dice que algo no funciono.

     

     Llamas presentimientos a los pujos de vientre de tu cobardía. -Nada bueno saldrá de todo esto. -Eso es. Regodéate en tu pesimismo. Serías capaz Encontrar una moneda de oro en la calle y confundirla con el escupitajo de un tísico. Oír la voz de Dios que te llama y ponerte a correr por miedo de que sea la voz de un acreedor. Cómo que nada bueno saldrá de todo esto. ¿Y la recompensa?. Me lo imagino: la rechazaste. Y, como siempre, el premio se lo llevó otro.

     

     

    -No. Si me pagaron. -¿Cuánto? Él le entrega unas pocas monedas. -¿Esta miseria? 


     

    -¿Qué esperabas? Mujer.  ¿Millones? -Un cargo. Eso es lo que ambiciono para ti. Un cargo en el gobierno, bien remunerado y que nos permita asistir desde el palco oficial a los desfiles militares. Te lo deben. Al fin y al cabo les prestaste un buen servicio. Más de uno habría querido hacerlo, pero lo hiciste tú. Y a ellos tu pequeña acción les reportará enormes beneficios. Volverás y les exigirás que te den un empleo. Un empleo en el que no tengas que matarte trabajando pero que te haga ganar un buen sueldo, cierto prestigio social y algunas ventajas adicionales.

     

     -No me darán ni el puesto de ordenanza. 


     

    -¿Por qué? ¿No saben que fuiste tú quien les hizo ese favor? -Cómo no van a saberlo. Ya ves que me pagaron. 


     

    -Los grandes, digo. Los que firman los nombramientos No lo saben. Trataste el negocio con algún subalterno que te quitó del medio con estas moneditas para hacerse pasar él por el autor y conseguir que lo asciendan de categoría. -Todos lo saben. Del primero al último. -¿Qué más quieres? Y entonces ¿por qué dices que no te nombrarán ni siquiera ordenanza? -Nada les gusta menos que mostrarse agradecidos. -Son envidiosos. -Además, no quieren aparecer como mis instigadores. Quieren que se crea que lo hice

    9 min
  • 137. La verdad y la mentira

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    Había una vez bello día en que se encontraron la verdad y la mentira.

    ─Buen día. Dijo la mentira.

    ─Buenos días. Contestó la verdad.

    ─Hermoso día. Dijo la mentira. 

    Entonces la verdad se asomó para ver si era cierto. Lo era. 

    ─Hermoso día. Dijo entonces la verdad. 

    ─Aún más hermoso está el lago. Dijo la mentira. 

    Entonces la verdad miró hacia el lago y vio que la mentira decía la verdad y asintió. 

    Corrió la mentira hacia el agua y dijo... 

    ─El agua está aún más hermosa. Nademos. 

    La verdad tocó el agua con sus dedos y realmente estaba hermosa y confió en la mentira. 

    Ambas se sacaron las ropas y nadaron tranquilas. 

    Un rato después salió la mentira, se vistió con las ropas de la verdad y se fue. 

    La verdad, incapaz de vestirse con las ropas de la mentira comenzó a caminar sin ropas y todos se horrorizaban al verla. 

    Es así como aún hoy en día la gente prefiere aceptar la mentira disfrazada de verdad y no la verdad al desnudo. 

    2 min
  • 136. La Palabra Mágica

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    Había una una vez un joven llamado Chian que vivía cómodamente con sus padres. Sus padre era un rico empresario y proveía todo lo que necesitaba su esposa e hijo Este muchacho había crecido perezoso y no se esforzaba en nada. Su único esfuerzo era mover los palillos para comer. Desafortunadamente el padre y la madre murieron en un accidente y el hijo ya mayor de edad se dedicó a despilfarrar todo lo que el padre le había dejado. El hijo era un asiduo visitante de las tabernas del pueblo y entre el trago, el juego  y las malas compañías dilapido todo la herencia, quedándose un día en la calle sin nada que comer. 

     

    El muchacho que nada le había faltado anteriormente, no estaba preparado para la vida que le tocaría llevar y comenzó a vagar por el pueblo. Cuando tenía hambre iba hasta un extremo del pueblo, donde conocía un tabernero y le pedia que le diana algo de vino y unos pedazos de pan que habían sobrado de la noche anterior. Así pasaba todo el día, con hambre y lamentándose de su suerte. Un día mientras este muchacho venia de regreso de  donde su amigo el tabernero, mientras se quejaba de su mala fortuna , se encontró con un campesino que había trabajado con su padre cuando su padre tenía las haciendas en el campo.

     

    El campesino llamado Chao vió a Chian hablando solo y lo saludo Chian que haces hablando solo en la calle. Te recuerdo cuando tu padre te traía a mis tierras. Dime que mascullas entre dientes. 

     

    Chian le contesto que solamente estaba refunfuñando de cómo seria de bueno poder comer bien. 

     

    El campesino le contesto. Joven Chian para comer se necesita dinero. Y para tener dinero hay que hacerlo.

     

    Si claro tu lo dices muy fácil Chao. Pero yo no se como hacer dinero. 

     

    El campesino ChaO le contesto. 

     

    Te contare un secreto. Tu ves esa colina allí. Mi tierra está allí y desde hace muchos años mi padre me enseño un secreto para convertir la tierra en plata pura. 

     

    Tierra en Plata…. Eso no es posible. Me estas engañando. 

     

    Nooo joven Chian te lo puedo asegurar. Ve mañana temprano a mi casa y te enseñare como convertir tierra en plata. 

     

    El joven que finalmente no tenía nada que hacer aceptó y cuando el sol de la mañana no había aún salido se presento a la casa del campesino Chao

     

    El campesino salío a recibirlo con 2 azadones y le entrego una a Chian, diciéndole. 

     

    Toma este azadón y acompañame durante 2 meses a labrar y plantar mi tierra. Si lo haces cada día al final de los dos meses te dire el secreto de cómo convertir la tierra en plata.

     

    El muchacho intrigado y necesitado acepto el trato y acompaño al campesino a arar y sembrar. 

     

    La primera noche no podía dormir del dolor y el cansancio de la dura jornada y le pregunto a Chao. De veras existe un secreto para convertir la tierra en plata. Dime que es así porque el dolor de mis huesos y musculos solo es soportable si se que me daras un secreto mágico. 

     

    Chao le contesto. El secreto es tan poderoso que con solo una palabra que te diré podras convertir cualquier pedazo de tierra en plata. Confia en mi. 

     

    El muchacho oyendo esto se durmió y al día siguiente despertó para acompañar a Chao a laborar con el azadón en las tierras. 

     

    A la siguiente semana el muchacho ya veía que no quedaba tan cansado como la primera semana y esperanzado en la palabra mágica siguió trabajando con el campesino. 

     

    Paso un mes y el muchacho, ya acostumbrado a la dureza del campo, no resentía la labor, y pasadas otras semanas ya acompañaba al campesino a sembrar y a cosechar lo sembrado dos meses atrás. 

     

    Un 

    7 min
  • 135. La puerta

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    Había una un joven que se había enamorado de una joven que veía pasar todos los días frente a su casa. El joven miraba a su amada desde la puerta pero no se atrevía a hablarle. Un día decidió que aquel día le hablaría y cuando la doncella paso por su puerta le dijo. Hola quien eres. 

     

    La mujer que obviamente lo había visto durante muchos meses en la puerta de la casa esperando que ella pasara le respondio. 

     

    Yo soy celeste. Y vivo algunas cuadras mas abajo. 

     

    El joven entusiamado por la respuesta de aquella bella mujer le dijo

     

    Puedo visitarte en tu casa algún día. 

     

    Y la chica le respondio. Puedes pero no se si te recibire. Entonces ire mañana. Afirmo el joven

     

    Al día siguiente se preparo para visitar a la joven y recorriendo los pocos metros que lo separaban de la casa de la joven se acerco feliz  y toco la puerta

     

    Quien es  pregunto la chica detrás de la puerta. 

     

    Soy yo dijo el joven. Con su corazón saltando de la felicidad

     

    Entonces marchate . En esta casa no cabemos tu y yo. 

     

    El Joven se sorprendio de ver que la muchacha no le había abierto la puerta y mudo se regreso para su casa. 

     

    Al día siguiente decidió intentarlo de nuevo y bien vestido y perfumado se acerco a la puerta de la muchacha y después de tocarla oyo la voz de la chica 

     

    Quien es..

     

    Soy yo tu vecino de la otra cuadra el que siempre te espera en la puerta abierta. 

     

    La chica de nuevo le contesto 

     

    Entonces marchate. En esta casa no caben dos. 

     

    El joven de nuevo se marcho con el corazón roto y durante días estuvo cavilando la razón por la que la joven no lo dejaba entrar y finalmente volvió a la puerta de la casa de su amada y toco con resolución la puerta

     

    Quien es pregunto la joven desde adentro.

     

    Soy tu.

     

    Y la puerta se abrió inmediatamente. 

    4 min
  • 134. Los cofres de oro - Corregido (infantil)

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    Había una vez barbero que de camino hacía el castillo del rey paso bajo un árbol y escuchó una voz que le decía. 

     

    Te gustaría tener siete tarros de oro. El barbero miro a todos lados y no vió a nadie. Pero su codicia se había despertado y dijo. Si claro que si. Me gustaría mucho. “entonces regresa a tu casa enseguida y allí los encontrarás.

     

    El barbero fue corriendo a su casa y  Y en efecto: allí estaban los siete cofres, todos ellos llenos de oro, excepto uno que estaba medio lleno. Entonces el barbero no pudo soportar la idea de que un cofre no estuviera lleno del todo. Aquella noche se despertó a media noche sobresaltado de saber que había un cofre que no estaba totalmente lleno y Sintió un violento deseo de llenarlo; de lo contrario no sería feliz.

    A la Mañana siguiente tomo todas las joyas de la familia y las cambió por monedas de oro en la plaza del pueblo y corriendo llego a su casa y las echó en el cofre. Pero éste seguía igual que antes: medio lleno. ¡Aquello lo exasperó! Durante los días siguientes se puso a trabajar y a ahorrar y a economizar como un loco, hasta el punto de hacer pasar hambre a su familia. Pero todo era inútil. Por mucho oro que introdujera en el cofre, éste seguía estando medio lleno.

    De modo que un día pidió al rey que le aumentara el sueldo. El rey que apreciaba mucho a su barbero ordeno que le fuera doblado el sueldo y reanudó su lucha por llenar el cofre. Dinero que recibía era dinero que depositaba en su cofre semi-lleno.  Incluso llegó a mendigar en la calle para recibir así nuevas monedas que depositar en el  cofre de oro. Y el cofre engullía cada moneda de oro que en él se introducía, pero seguía estando obstinadamente a medio llenar.

    Pasadas unas semanas el Rey cayó en la cuenta del miserable y famélico aspecto del barbero. Y le preguntó: “¿Qué es lo que te ocurre? Cuando tu sueldo era menor, parecías tan feliz y satisfecho. Y ahora que te ha sido doblado el sueldo, estás destrozado y abatido. ¿No será que tienes en tu poder los siete cofres de oro?”.

    El barbero quedó estupefacto: “¿Quién os lo ha contado, Majestad?”, preguntó. El Rey se rió. “Es que es obvio que tienes los síntomas de la persona a quien el fantasma de la avaricia a ofrecido los siete cofres de oro.

     

    Te voy a contar algo que me conto mi padre. Hace muchos años de regreso de otras tierras mi padre pasó por una arboleda y vió un ser oscuro que con voz suave lo ofreció los siete cofres  de oro. Mi padre corrió de regreso al castillo y encontró en la puerta del castillo los siete cofres de oro y uno de ellos semi lleno. Me contó mi padre que después dedicó años y años a atesorar oro para tratar de llenar dicho cofre, subió los impuestos a sus súbditos y vendió todas las joyas reales y nada nunca fue suficiente para llenar el cofre. Mi padre murió desdichado, infeliz y odiado en el reino porque jamas pudo llenar el ultimo cofre. En su lecho de muerto me advirtió de el fantasma y los cofres. Y un día me encontré con el fantasma y me ofreció los siete cofres  de oro. Tentado de recibirlos pero recordando a mi padre acaté a preguntarle si el oro podía ser gastado o era únicamente para ser atesorado; El fantasma inmediatamente se esfumo sin decir otra palabra. Aquél oro no podía ser gastado. Lo único que ocasiona es el vehemente impulso de amontonar cada vez más. Anda, ve y devuélveselo al fantasma ahora mismo y volverás a ser feliz”.

     

    6 min

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