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La adoración no depende de tener un micrófono, estar sobre una plataforma o ser visto por los demás; nace de una relación genuina con Dios y se refleja en nuestra manera de vivir y liderar.
Necesitamos conocer la verdad de Dios para reconocer las mentiras que intentan influir en nuestra manera de pensar y vivir.
No debemos perseguir los momentos espectaculares de Dios, sino permanecer fieles a Jesús, a Su Palabra y a la misión que Él nos dio. El mover de Dios puede tener temporadas, pero la Iglesia no puede vivir intentando repetir una experiencia pasada.
Dios te ha dado algo. ¿Qué tienes en la mano? Tal vez es un talento o una habilidad. Lo que sabes hacer, desarróllalo, mejóralo y hazlo bien. Porque tu talento o habilidad pueden ser tu evangelismo. Lo que Dios te ha dado, úsalo. Hazte útil, bendice a alguien y glorifica a Dios con lo que Él puso en tus manos.
El evangelio produce cambio. No se trata solamente de cambiar cosas externas en la iglesia, sino de permitir que Dios transforme nuestra mente y nuestra manera de vivir.
Si queremos que más personas conozcan a Jesús, no podemos quedarnos cómodos. Tenemos que estar dispuestos a cambiar, crecer, sacrificarnos y hacer espacio. Estamos dispuestos a incomodarnos porque sabemos que hay personas que necesitan encontrar a Dios.
El crecimiento cuesta, pero vale la pena cuando lo hacemos para que uno más pueda conocer a Jesús.
Liderar requiere valentía para abrazar el cambio sin vivir esclavo de la crítica.
Cuando tenemos clara la dirección, podemos seguir construyendo, creciendo y ayudando a otros a avanzar hacia lo que Dios quiere hacer.
Todos estamos escuchando historias todos los días, pero no todas nos llevan en la dirección correcta. Nuestra vida no debe ser definida únicamente por el problema que estamos atravesando, sino por la historia de la fidelidad de Dios y lo que Él ya ha hecho.
No debemos dejarnos llevar por quien habla más fuerte, tiene más carisma o consigue más atención, sino aprender a discernir desde la verdad, la sabiduría y el fruto que produce en nuestra vida y en la iglesia.
“Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento.”
Vivimos en una cultura que nos dice que para descansar necesitamos parar y alejarnos de todo. El Descanso real no es dejar de hacer algo. El descanso real se encuentra en Cristo Jesús.
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