Karina Mariani Editoriales

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By karina marianiNewsPolitics
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Karina Mariani Editoriales episodes

  • Despotismo desilustrado
    El contrapeso del poder depende no solo de las reglas formales que vemos que valen menos que un billete argentino, sino que de aniden en la sociedad actitudes que comprendan y abracen dichas reglas. Si la convicción democrática es débil, y somos gente asustadiza, acostumbrada a renunciar a la libertad a cambio de seguridad, de nada sirven las normas que regulan el poder. De manera tal que, más allá de quien sea que nos gobierne hoy, urge reflexionar sobre la existencia de una anomalía que trasciende al personaje.
    Tal vez la maceración de años de corrección política rindió sus frutos y ante un Gobierno que abusa de las normas jurídicas para imponer su agenda, prevalezca lo timorato en nuestros corazones. Hoy, la evidencia desmiente el relato oficialista pero siempre "es más fácil comprometer a los hombres que convencerles de que han sido engañados". Quieren que nos acostumbremos, sin chistar, a vivir en el engaño de sus números mientras diputados, senadores, legisladores, directivos de empresas públicas, ministros y un hojaldre infinito de funcionarios ha cobrado cobardemente sus salarios, caminando orondamente sobre la bancarrota de un país que solo reclama que le permitan trabajar. No protestar ante el secuestro de nuestros derechos es, a esta altura, un lujo que no nos podemos permitir.
    14 min
  • 25 de Mayo, un nuevo comienzo
    No sea cosa de que hayamos luchado por nuestra independencia de España para caer, un par de siglos después (un pestañeo en la historia), bajo el imperio totalitario de la dictadura chavista. La prosperidad de los países la construyen día a día los individuos que los habitan, con su iniciativa, con su libre albedrío, asumiendo riesgos, asociándose con quien se les cante, creando empresas, generando empleo y buscando su propia felicidad, no una felicidad diseñada desde los más trasnochados sueños tiránicos. La salida depende, pues, exclusivamente de los individuos, de su voluntad y por tanto no hay salida que se construya sobre el quebranto de la libertad de las personas. La libertad no se negocia, se lo debemos a los próceres de Mayo.
    16 min
  • Segunda guerra mundial, aun queda un monstruo por vencer
    En 1945 se terminó con el nazismo, uno de los dos males que pactaron para someter a la humanidad. El otro, el comunismo, siguió su proceso de metamorfosis administrada que nos lleva subrepticiamente a la pugna entre democracia y totalitarismo que se experimenta en la gestión de la pandemia y de los modelos que se han adoptado para combatirla y también de los pronósticos que se establecen para cuando haya sido combatida. Son parte del arsenal teórico del progresismo, de su imaginario sobre el acontecer histórico, fruto de su propia concepción del progreso.
    El concepto es bastante viejo y hay en él una tensión indisimulable sobre la idea de progreso autocrático versus idea de realización individual como meta. Cuando el comunismo se tornó progresismo, logró que se olvide que sus ideas fueron las que asesinaron millones, las que pactaron la división y el sometimiento del mundo. Hoy el progresismo reescribe la historia como una cosmogonía simpática, ecologista, pacifista, plural. Por eso no se debe olvidar la historia, para que no la reescriban y salgan definitivamente victoriosos. Para que el estatismo no reine de la mano de una enfermedad. Veremos quién gana.
    13 min
  • Matar pulgas a caÑonazos
    Se llama iatrogenia al daño no deseado en la salud, causado como efecto secundario de un acto médico destinado a curar una patología. Deriva de la palabra iatrogénesis (provocado por el médico o sanador “iatros”=médico en griego y “génesis”=‘crear). La palabra viene a cuento de la siguiente perspectiva: Al escribir estas líneas, los fallecidos por COVID19 son 277.007 personas, el 0,0036% de los 7.700.millones que habitamos este planeta. Italia, España, Francia, Reino Unido y Estados Unidos totalizan entre 2/3 y 4/5 del total de muertes. China, origen del virus, no brinda números confiables y el resto del mundo, hasta este momento, son bastante menos, en algunos como en Islandia, Singapur, Eslovaquia, Nueva Zelanda, Costa Rica, Uruguay o Argentina son cifras mucho menos significativas. Se dirá que estos números son gracias a la cuarentena, pero lo cierto es que el sistema de confinamiento ni se implementó en todos lados de la misma manera, ni por el mismo lapso ni era implementable, como nos consta, en aquellos lares donde la gente ni tiene casa, ni agua potable ni ninguna de las condiciones necesarias para aislarse, que es más de la mitad del mundo y, claro está, más de la mitad de nuestro país. Otorgar a la cuarentena el éxito por la baja de contagios es desconocer que su implementación sólo era posible en el porcentaje de la población que se podía dar el lujo de respetarla.
    Si pensamos en términos sólo de contagio en 2018 la tuberculosis enfermó a 10.millones de personas en el mundo, matando a 1.500.000 y podríamos seguir con los millones de muertes que causan la diarrea, el ébola, el VIH, las infinitas clases de gripe. Ninguna de estas tragedias ha merecido, hasta ahora, un parate tan radical, ¡por fortuna!, porque en las zonas donde estas enfermedades hacen estragos, la suspención de la actividad médica, del transporte y de el comercio significaría un genocidio.
    15 min
  • Basta
    La crisis también mostró la indigencia argumental de una oposición cuyo logro es ser mejor gestor de la ortodoxia estatista, tan corta y cobarde que con todas las barbaridades aquí enumeradas no consigue despegar ni capitalizar el descontento. Ahora esa clase política que despreciábamos sabe que somos presa fácil. Eso también lo aclaró el coronavirus. Saben que estamos a su merced como pocas veces en la historia.
    Ninguna institución política o estatal salió a decir que un decreto basado en impedir que colapsen los servicios de terapia intensiva, no puede, bajo ninguna pesadilla posible, suspender libertades, garantías constitucionales y derechos civiles. Y menos extenderse indefinidamente, cosa que no está amparada en ningún marco legal porque si esto es permanente entonces no es una excepción.
    Llevamos mucho más de lo razonable encerrados y sin acceso a nuestros derechos. Los gobernantes hacen y deshacen, rompen pactos internacionales, interfieren ilegalmente en otros gobiernos, atacan a ciudadanos honestos y sueltan delincuentes. Disfrutan de competencias que no les dimos y de un poder extraordinario, justificado en una excepcionalidad que dejó de serlo. La perversión del poder político es hacernos creer que llegan para transformar la sociedad, y no para gestionar un simple mandato, punto. Esto no es normal, no es justo y no debe durar un segundo más. El sentido instrumental de la crisis seguirá sirviendo para apretar el acelerador hacia el totalitarismo si no nos oponemos. Para eso se supone que somos una República.
    11 min
  • La nefasta vigencia de Lenin
    Hace 150 años, un 22 de abril de una semana como esta, nacía en Rusia Vladimir Ilyich Lenin. No suele ser inteligente culpar a un solo hombre del devenir de la historia pero tal vez podamos darnos el permiso de señalarlo como su catalizador. Lenin fue el arquitecto y pergeñador de la doctrina más letal que haya pisado la Tierra, espejo y Meca de todas las atrocidades modernas, del comunismo y del fascismo.
    Lenin no diseñó el terror comunista solo. El mundo fue con él condescendiente y solidario. La intelectualidad mundial eligió mirar a otro lado, cosa que continuó con Stalin hasta que se los permitieron sus estómagos. Esto es de una lacerante vigencia mirando la tolerancia del mundo a Cuba, Venezuela o China. Pero traigamos a la memoria otra similitud que parece de las noticias actuales: En 1917 en Rusia, desde la revolución de Febrero hasta la de Octubre las fuerzas políticas que no eran bolcheviques (que dicho sea de paso, a pesar de su nombre eran una fuerza minoritaria) dejaron avanzar a los bolcheviques permitiéndoles medir hasta dónde eran capaces de tolerar sin oponer resistencia. Suena familiar, ¿verdad?
    15 min
  • Diplomacia comunista con presentes griegos
    Dos de las dictaduras más añejas del mundo nos ofrecieron regalos esta misma semana tratando de mostrar la cara humana de sus cruentos regímenes. Tanto Cuba como China han desplegado aquí su turbia diplomacia con ayudas que ofrecen al gobierno argentino para afrontar la crisis del coronavirus. Pero ojito, pensemos bien qué es aquello que se esconde dentro de estos presentes griegos.
    La solidaridad de las misiones cubanas encubren el reclutamiento esclavo de los médicos bajo amenazas y presiones políticas. Rechazar ser parte de una misión solidaria en el exterior es considerado una falta de compromiso revolucionario, y las consecuencias pueden ser imaginadas por cualquiera. Cuando se unen al programa no son informados del destino, ni la duración, ni cuánto les pagarán. No pueden ser acompañados por todos los miembros de su familia. No se les entrega su pasaporte y, una vez llegados al país anfitrión deben realizar, si se les ordena, actividades políticas, de propaganda e inteligencia. Imaginemos lo que puede implicar negarse, lo que puede llegar a ser el riesgo para ellos o para la familia que dejan en Cuba. Agentes de la Seguridad que son enviados como “coordinadores” son los encargados del control en destino. Los cubanos destinados a esas misiones son virtualmente esclavos del régimen castrista.
    17 min
  • La pandemia liberticida o la emergencia como normalidad
    Estamos ante un riesgo que también da pavura, se trata de la posibilidad, la lacerante probabilidad de que, por miedo, terminemos naturalizando la emergencia como “lo normal”. Esta nueva normalidad basada en la acumulación de sucesivos estados de emergencia. Todo es excepcional y alarmante y, en consecuencia, cualquier reclamo de derechos y cualquier voz discordante resulta (al menos) desubicada. Llevamos ya demasiado tiempo en emergencia. La emergencia “is the new normal” y para esta forma de ver el mundo, el covid-19 ha venido como anillo al dedo, seamos sinceros.
    Y mientras el estado de emergencia se transforma en la nueva normalidad hacen como que gestionan teniendo como objetivo que se nos haga carne la idea de que el gobierno es una bendición y el único legitimado para mandar y decidir hasta en lo más íntimo, además de ser la única fuente de sabiduría que castiga lo que el mismo gobierno considere como “fake news”. Pensemos si alguna vez estuvo en nuestras pesadillas más oscuras que el Estado tuviera el monopolio de la divulgación y análisis de datos.
    ¿No eran los totalitarismos más febriles, después de todo, los soldados bastardos del vil deseo de concentrar el poder? ¿No buscaban transferir su visión única y centralizada de iluminados al resto de los mortales? ¿Si los derechos pueden ser arrancados en cada emergencia, qué valor tienen? ¿La sociedad sin la responsabilidad de las personas, en qué se transforma? ¿La democracia sin la decisión individual, qué es? ¿Cuál es el papel que se supone debemos jugar nosotros?
    12 min
  • QUIÉN ES EL DUEÑO DE LAS CACEROLAS?
    La decisión que obliga a millones de ciudadanos de este país a permanecer encerrados en su casa sin poder desarrollar normalmente su actividad laboral, no puede ser legítima si dejan intactas sus obligaciones fiscales. Ante la propuesta de baja de impuestos y de salarios públicos salen raudos todos los políticos y sus esbirros a militar su forma de subsistencia. No se trata del partido en el poder sino de todos, porque son activistas con cargo público y defender el cargo es parte de su trabajo.
    En un desfile vergonzoso de excusas e indignación los políticos dicen que no es posible reducir la cantidad de dinero que nos exigen porque una caída de recaudación implica que no se pueda pagar el gasto. ¡Y no, querido, esa es la idea! Pero no hay caso, ellos tienen que seguir alimentando al obeso mórbido a reventar, así deban hacer quebrar negocios y familias. El pan de tu mesa es mil veces menos importante que las tortas que come el gordo.
    Las cacerolas, las tendencias en redes y cualquier otro tipo de protesta contra la confiscación de nuestras libertades y bienes da resultado. Ya han tenido que dar marcha atrás en varias ocasiones. Es una forma inorgánica de manifestación porque la sociedad no tiene, hoy, una representación institucional que la contenga. Nadie es dueño de las cacerolas, es el ciudadano, solo, encerrado en su casa pidiendo ley justa, que le devuelvan las libertades que le pertenecen y su capacidad de producir antes de que el obeso gigantesco caiga por su propio peso sobre nuestras cabezas.
    12 min
  • La cuarentena y el peligro de los linchadores jacobinos
    Un término muy acertado ha cobrado vida en estos días: Malvinización. Un efecto fervor fanático sobre el “bien común” que sumado a la “emergencia” sirve para que masivamente se digiera esta violación de derechos y garantías fundamentales y esta incertidumbre propia del NO plan. Y esa malvinización es monocorde en los medios que legitiman el fervor linchador 24×7, esto ya lo hemos vivido.
    La carta de una planificación hiper-centralizada, de una sola cabeza, el piloto de tormentas es controversial. Es susceptible a excesos y carece de eficacia en su acción. En cambio, un redimensionamiento del rol de Estado, una medida que muestre que el esfuerzo es compartido y una cuarentena con reglas claras que ponga el ojo sobre la población en riesgo pero que no condene al hambre al 50% del país sería un barajar y dar de nuevo. Y esto acompañado de medidas honestas como las que tomó el presidente uruguayo que bajó salarios y jubilaciones de los funcionarios públicos “según siga esta situación económica en nuestro país”. En función de las enormes pérdidas del poder adquisitivo de los ciudadanos, tiene lógica que quienes viven de los aportes del sector privado tengan una rebaja en los sueldos dado que la economía real se ha desplomado.
    O se apuesta por la sensatez o por el aplauso del manantial linchador jacobino. El primero es duro y exige honestidad y mucho trabajo, el segundo es un aplauso fenomenal garantizado y un inmediato y elevado nivel de aprobación en las encuestas, pero a largo plazo sabemos como termina.
    18 min

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