La ContraHistoria

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By Fernando Díaz VillanuevaHistory
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  • ¿Cómo renació Japón tras la guerra? - Episodio exclusivo para mecenas
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    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! Japón se rindió el 15 de agosto de 1945, pero el país estaba en la más absoluta ruina. Las grandes ciudades habían quedado arrasadas por los bombardeos, Hiroshima y Nagasaki estaban totalmente destruidas y la flota mercante yacía en el fondo del mar. La producción industrial apenas alcanzaba el 30% de los niveles previos a la guerra. Para colmo de males, la cosecha de arroz de ese año fue muy mala. La ración oficial rondaba las mil calorías diarias en muchas ciudades y 6 millones de repatriados regresaban a un país incapaz de absorberlos. A ese cuadro se sumaba una inflación galopante que había pulverizado el yen.
    Sobre ese país acabado se estableció la administración de ocupación dirigida por el general Douglas MacArthur, que al principio buscó desmilitarizar, democratizar y castigar al antiguo enemigo. La llegada de la guerra fría y el triunfo comunista en China en 1949 cambiaron las prioridades porque en Washington temían que si los japoneses seguían en la miseria habría revueltas y la Unión Soviética no tardaría en apoderarse del archipiélago.
    La recuperación se apoyó en tres pilares. El programa GARIOA canalizó hacia el país unos 1.700 millones de dólares en alimentos, fertilizantes, combustible y medicinas, lo que evitó la hambruna que se esperaba para 1946 y 1947. A partir de 1948 se puso en marcha el programa EROA que se encargó de poner en marcha la industria enviando materias primas industriales como el algodón, el mineral de hierro y el carbón. La apuesta fue clara desde el principio: Japón tenía que volver a ser una economía exportadora. En paralelo, el banquero Joseph Dodge llevó a término un plan de ajuste que estabilizó el yen y cuadró las cuentas públicas. Al plan de Dodge le siguió una breve recesión, luego la actividad económica se disparó.
    En ello tuvo mucho que ver el estallido de la guerra en la cercana Corea. Japón se convirtió en la retaguardia logística de Estados Unidos y sus aliados. Las compras especiales o "tokuju" hicieron crecer los pedidos a las fábricas japonesas, en total unos 2.300 millones de dólares durante el conflicto que aportaron entre el 60% y el 70% de la entrada de divisas. La industria japonesa renació. En 1951 ya había recuperado sus niveles de preguerra y siguió creciendo. El primer ministro Shigeru Yoshida llegó a calificar la guerra de Corea como un regalo caído del cielo.
    El Tratado de San Francisco de 1951 devolvió la soberanía plena al imperio japonés. La ayuda exterior aportó los recursos en los momentos más difíciles, y la guerra en Corea fue muy oportuna, pero fue la disciplina y el talento de los japoneses el que terminó convirtiendo a un país en la ruina en la segunda economía mundial en cuestión de un par de décadas. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    55 min
  • La Comintern
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    En agosto de 1914 los diputados socialdemócratas alemanes votaron en el Reichstag a favor de los créditos de guerra para financiar la entrada del imperio alemán en la primera guerra mundial. Aquel gesto acabó con la idea que tenían los marxistas de la época de que el proletariado, hermanado por encima de las fronteras nacionales, jamás se mataría en una guerra imperialista. La solidaridad de clase se evaporó en pocos días y los obreros se decantaron por su propio país.
    Esa traición enfureció a Lenin, exiliado en Suiza, que concluyó que la socialdemocracia se había aburguesado y que había que demoler el viejo edificio socialista para crear una organización de auténticos revolucionarios. En una serie de conferencias minoritarias que dio en Suiza defendió que era el momento de transformar la guerra en una revolución. Eso mismo fue lo que sucedió en Rusia en octubre de 1917 y Lenin se sintió reivindicado. Pero sabía que con Rusia no bastaría para consolidar esa revolución porque era un país agrario y pobre. Tenían que exportar la revolución a Europa occidental, especialmente a Alemania, para que sobreviviese.
    Eso dio lugar en marzo de 1919 a la Tercera Internacional o Comintern, concebida desde el principio como el estado mayor de la revolución mundial. Su modelo era el partido bolchevique, una máquina centralizada en la que cada partido nacional sería una sección sometida a una disciplina única. El segundo congreso de 1920 fijó 21 condiciones de admisión que partieron al movimiento obrero en dos familias enfrentadas, la de los socialdemócratas y la de los comunistas.
    Pero la revolución mundial no llegaba. El Ejército Rojo fue derrotado en Varsovia, los comunistas alemanes fracasaron y el capitalismo se estabilizó gracias, entre otras cosas, a que los partidos socialdemócratas llegaron al poder en Alemania, Francia y el Reino Unido. Tras la muerte de Lenin en 1924, Stalin fue eliminando a sus rivales e impuso a la Comintern su teoría del socialismo en un solo país.
    El ascenso de los nazis al poder obligó a Stalin a hacer algo. En el séptimo congreso, celebrado en 1935, adoptaron la estrategia del Frente Popular, una alianza amplia antifascista que ganó las elecciones en Francia y España en 1936. España pasó entonces a ocupar un lugar central a causa de su guerra civil. La Comintern se encargó de reclutar soldados de 50 países a los que encuadró en las Brigadas Internacionales. Los soviéticos, entretanto, enviaron consejeros y material militar, este último pagado con las reservas del Banco de España. Pero la Comintern ya estaba en crisis, sus principales líderes cayeron durante la gran purga de 1938 y Stalin no le encontraba mucho sentido a aquel organismo.
    El pacto germano-soviético de 1939 supuso una humillación para los comunistas europeos, forzados a predicar la neutralidad hasta que la invasión alemana de la URSS en 1941 reactivó la cruzada antifascista. En mayo de 1943 Stalin decidió disolver la Comintern como gesto diplomático hacia sus aliados occidentales. Años después la sustituiría por una agencia mucho más pequeña, la Cominform, que tuvo muy poca actividad y desapareció tras su muerte. No hicieron falta más organizaciones para coordinar la actividad de los partidos comunistas. La URSS era ya una potencia mundial y podía llegar sin problemas a donde quisiese, cuando quisiese.
    En El ContraSello
    0:00 Introducción
    3:55 La Comintern
    1:13:58 Los agentes dobles (y triples)
    Bibliografía:
    - “Breve historia de la Unión Soviética” de Sheila Fitzpatrick - https://amzn.to/4enhrXA
    - “The Comintern” de Jeremy Agnew - https://amzn.to/49HVEav
    “The Comintern. A history of the Third International” de Duncan Dallas - https://amzn.to/3SmNzSA
    - “Comrades” de Robert Service - https://amzn.to/4ogZnly
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    1 hr 22 min
  • Inventores olvidados - Episodio exclusivo para mecenas
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    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! La historia de la técnica está sembrada de inventores olvidados cuyas creaciones seguimos usando, aunque nadie los recuerde con calles, placas ni estatuas. El caso más conocido es el del teléfono. Todos atribuyen su paternidad a Alexander Graham Bell, que patentó el aparato el 7 de marzo de 1876, pero Antonio Meucci ya había registrado un aviso previo en 1871 para su «telégrafo parlante», un prototipo que puso a funcionar con éxito en su casa de Staten Island y con el que se comunicaba con su esposa inválida. Meucci perdió la prioridad por una nimiedad, los 10 dólares que no pudo pagar para renovar el aviso y convertirlo en una patente.
    Algo parecido ocurrió con el alambre de espino. Dabb, Smith y Hunt patentaron una serie de diseños en 1867, pero fue Joseph Glidden quien, en 1874, logró fabricarlo en masa adaptando un molinillo de café, fundó la Barb Fence Co. y amasó una fortuna. Su ejemplo demuestra que no basta con tener la idea, también hace falta capital y capacidad industrial para triunfar.
    La máquina de coser repite el mismo patrón. Walter Hunt la concibió en 1833, pero no la patentó, en parte porque su hija, una ludita, temía por su empleo de costurera. Años después, Elias Howe patentó su propia versión que intentó vender en Inglaterra. No lo consiguió, pero al regresar a EEUU comprobó como le habían robado la patente. Ganó en los tribunales la llamada «Guerra de las máquinas de coser» contra Isaac Singer y el propio Hunt. Howe se hizo rico y le terminaron dedicando un estatua, sellos con su efigie y hasta calles con su nombre.
    El destornillador de estrella es otro de esos casos en los que el verdadero inventor se ha olvidado. John Thompson lo patentó en 1933, pero cedió los derechos a Henry Phillips, que se enriqueció con los royalties y prestó su nombre al invento. De Thompson apenas sabemos que era mecánico y que murió en 1940, condenado al anonimato pese a haber ideado algo que todos tenemos en casa. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    16 min
  • El final de la Serenísima
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    A finales del siglo XVIII Venecia era una ciudad que parecía existir fuera del tiempo. Quien llegaba hasta allí contemplaba la misma silueta de cúpulas y campanarios que habían descrito los viajeros del Renacimiento. Los palacios seguían en pie, las góndolas atestaban los canales y el León de San Marcos presidía cada rincón. Los venecianos cultivaban el mito de una República con más de mil años de independencia ininterrumpida que, a diferencia de lo que sucedía con otros principados italianos permanecía estable.
    Aquella espléndida escenografía ocultaba una larga decadencia. El comercio ya no era tan importante como en el pasado. Las potencias atlánticas como Portugal, España, los Países Bajos e Inglaterra habían sustituido a los muelles venecianos mucho tiempo antes como puertos de entrada de las mercancías de oriente. El arsenal languidecía y la flota mercante se había reducido a una fracción de lo que había sido. La ciudad vivía del turismo aristocrático del Gran Tour, del carnaval, del juego, de las artes y de lo que podía sacar de sus dominios en Italia. Todos los intelectuales que se dejaban caer por allí coincidían en señalar que era una República agotada.
    El sistema político veneciano era de una sofisticación extraordinaria. El dogo, su figura más visible era un monarca elegido pero con poderes muy limitados por una serie de consejos que se vigilaban entre sí. El Consejo Mayor o “Maggior Consiglio” reunía a los patricios inscritos en el Libro de Oro, el Senado llevaba la política exterior, y el temido Consejo de los Diez junto con los Tres Inquisidores de Estado controlaban la república. Pero aquello había derivado en una rigidez paralizante. Nadie quería tocar los intereses creados por lo que cualquier reforma era impensable.
    Cuando estalló la Revolución Francesa, el patriciado veneciano reaccionó con la cautela de siempre, confiaban en la neutralidad que les había salvado durante todo el siglo. Fue un error inmenso. La Revolución no se parecía en nada a lo que había ocurrido hasta ese momento. La Francia revolucionaria era todo lo que la Serenísima República representaba y eso es lo que no supieron ver.
    En 1796 el Directorio envió al frente italiano a Napoleón Bonaparte, un general joven y ambicioso. Hablaba italiano, conocía el terreno y comprendió enseguida el valor estratégico de la Terraferma, los dominios venecianos en el norte de Italia. La República permitió a Napoleón que estableciese tropas allí en la guerra contra Austria con la esperanza puesta en que eso durase poco. Pero los planes franceses eran otros. Ocuparon las ciudades de la Terraferma y empezaron exprimirlas y a difundir allí las soflamas revolucionarias. Brescia y Bérgamo se sublevaron en marzo de 1797. En abril estalló una revuelta en Verona contra el ejército francés. Eso unido al ataque sobre un barco francés en el Lido dieron a Napoleón la excusa para intervenir.
    Envió un ultimátum al Consejo: o abolían la República tal y como había existido hasta ese momento u ocupaba la ciudad por la fuerza. El Consejo escogió lo primero, pero eso no evitó la ocupación. El último dogo, Ludovico Manin se quitó el corno ducal y los franceses entraron el día 15 de mayo sin necesidad de disparar un solo tiro. Acto seguido saquearon las riquezas de la ciudad y se las llevaron a París. La Serenísima República había dejado de existir, pero no la ciudad, que permanece, como hace más de dos siglos, suspendida en el tiempo.
    En El ContraSello:
    0:00 Introducción
    3:43 El final de la Serenísima
    1:19:37 Venezuela y la guerrilla de Castro
    Bibliografía:
    “Historia de Venecia” de John Julius Norwich - https://amzn.to/3RAPUZV
    “Venecia, ciudad de fortuna” de Roger Crowley - https://amzn.to/4nR781n
    “Venice. A new history” de Thomas F. Madden - https://amzn.to/4dzGbf5
    “La Repubblica del Leone” de Alvise Zorzi - https://amzn.to/4u2CVOh
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    1 hr 31 min
  • ¿Alguien se acuerda de Greta Thunberg? - Episodio exclusivo para mecenas
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    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! Quienes todavía se acuerden de Greta Thunberg les vendrá a la cabeza el momento culminante de su carrera climática, aquel discurso ante la ONU en septiembre de 2019 en el que soltó su célebre «¿Cómo os atrevéis?». Tenía 16 años y todo el mundo hablaba de ella. Cuando aterrizó en Madrid poco después para la cumbre del clima nos hablaban de ella como la voz de una generación. Han pasado siete años y ya no es voz de nadie.
    El personaje nació por pura casualidad. Hija de un actor y de una célebre soprano sueca, Greta creció entre hoteles caros y festivales de ópera, una infancia que encaja mal con la de un mesías de los pobres. A los 11 años le pusieron un vídeo en la escuela sobre los efectos catastróficos del cambio climático. Dejó de comer, de hablar y se deprimió. Le diagnosticaron Asperger, trastorno obsesivo compulsivo y mutismo selectivo. En agosto de 2018 decidió faltar a clase y plantarse frente al parlamento sueco con una pancarta pintada a mano para hacer huelga por el clima. Aquello le vino realmente bien, superó sus problemas y encontró a muchos dispuestos a amplificar una noticia que no debió pasar de un breve en la prensa de Estocolmo.
    Unos meses más tarde, después de una campaña de marketing extraordinaria, la recibieron en el Foro de Davos y en el parlamento europeo. Su autismo la blindaba contra la crítica y los políticos encontraron en la jovencísima Greta un reclamo infantil inigualable. Durante tres años todos querían fotografiarse junto a ella a pesar de que, armada de una superioridad moral impropia de una adolescente, les desdeñaba al mismo tiempo que amenazaba al mundo entero con las penas del infierno si no se hacía algo.
    Nunca dijo lo que había que hacer más allá de eslóganes y sermones apocalípticos para que el mundo entrase en pánico. Ese catastrofismo creo escuela y desde entonces grupos de activistas climáticos se sienten moralmente autorizados para cualquier cosa, desde vandalizar un cuadro en un museo hasta cortar el tráfico. Pero llegó la pandemia, lo del clima pasó a un segundo plano y Greta desapareció de nuestras vidas.
    Lo último que sabemos de ella es que participó en la flotilla a Gaza en septiembre del año pasado. Las autoridades israelíes detuvieron las embarcaciones y dieron a elegir a sus integrantes entre pasar a disposición judicial o regresar a su país. Greta Thunberg, que no tiene madera de heroína, firmó su deportación y volvió a casa. Otros eligieron la cárcel, ella no. Pero ya no es una niña y lo que hacen los adultos interesa mucho menos. Hoy Greta Thunberg es una simple activista de extrema izquierda con buena agenda de contactos atrapada en el guion que escribieron para ella el ejército de adultos influyentes que prefirió aplaudir antes que preguntar. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    25 min
  • La tormenta de fuego
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    * Accede a los Capítulos enriquecidos del episodio en: https://www.ivoox.vip/wv/audio-chapters-174152535
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    En enero de 1945 los aliados intuían que la guerra entraba en su recta final, aunque nadie acertaba a fijar la fecha del desenlace. El teatro europeo de operaciones parecía más cerca del final que el del Pacífico. Alemania estaba cercada por el este, el oeste y el sur, mientras que el archipiélago japonés todavía resistía. Aún no se habían librado las batallas de Iwo Jima y Okinawa, por lo que el alto mando estadounidense calculaba que aquello no terminaría hasta mediado el año 1946 a un coste muy elevado en vidas. Lo que sí dominaban los aliados sin discusión era el aire, y de ese dominio surgiría la mayor campaña de bombardeo estratégico de la historia.
    En el Reino Unido Arthur Harris, al frente del Bomber Command, era partidario del bombardeo de área nocturno, concebido expresamente para incendiar ciudades enteras y romper así la moral de los civiles. Los estadounidense preferían el bombardeo de precisión diurno sobre objetivos industriales bien elegidos con anterioridad. Disponían de ciertos avances como la mira Norden y contaban con buenos cazas de escolta como los Mustang que protegían a los bombarderos.
    En la Conferencia de Yalta celebrada en febrero Roosevelt y Churchill decidieron desatar una campaña de bombardeos que aliviase presión a los soviéticos en el frente del este impidiendo que el ejército alemán pudiese desplazar tropas y pertrechos hasta allí. Ese mismo mes atacaron con furia Berlín el día 3 y Dresde entre los días 13 y 14 con tres oleadas combinadas que desataron una tormenta de fuego que en su centro superó los 1.500 grados. Unas 25.000 personas murieron en el bombardeo, pero no sería el único. Le siguieron otras ciudades como Pforzheim, Wurzburgo y Magdeburgo que fueron destruidas, incluso en mayor medida que Dresde. Pero lo que marcó la diferencia no fue tanto la destrucción de las ciudades como los ataques sobre la infraestructura ferroviaria, algo que terminó paralizando por completo el Reich.
    En el Pacífico el cambio vino de la mano de un joven general, Curtis LeMay, que en enero se puso al mando de los B-29 destacados en las islas Marianas. Los fuertes vientos en altura hacían muy difícil el bombardero de precisión sobre Japón. LeMay ordenó volar de noche, a baja altura, sin armamento defensivo a bordo de los aviones y con bodegas repletas de bombas incendiarias M-69. La noche del 9 al 10 de marzo la Operación Meetinghouse incendió 41 kilómetros cuadrados de la ciudad de Tokio y mató entre 80.000 y 125.000 personas en lo que fue el episodio bélico más mortífero no de la guerra, sino de toda la historia. Nagoya, Osaka, Kobe, Yokohama y Kawasaki sufrieron idéntico destino, y luego decenas de ciudades medianas.
    Pero, pese a la devastación, Japón no se rendía. En Washington se plantearon invadir las islas principales con una gran operación anfibia, pero estimaban que el coste sería altísimo, de hasta un millón de bajas. Fue entonces cuando recurrieron a la bomba atómica que habían desarrollado con el Proyecto Manhattan. El 6 de agosto cayó la primera en Hiroshima, tres días más tarde cayó otra sobre Nagasaki. Entre medias los soviéticos entraron en Manchuria. El día 15 el emperador Hirohito anunció la rendición incondicional.
    Esta tormenta de fuego plantea preguntas incómodas. Los bombardeos contribuyeron a la victoria si, pero las víctimas civiles superaron las 650.000 en ambos teatros. Harris y LeMay fueron condecorados, y los tribunales de Núremberg y Tokio prefirieron no abrir ese melón. Sucesivos acuerdos sobre el alcance de este tipo de bombardeo vinieron después, pero el debate sigue abierto.
    En El ContraSello:
    0:00 Introducción
    4:01 La tormenta de fuego
    1:24:41 Joaquín Murat
    Bibliografía:
    “El incendio. Alemania bajo el bombardeo” de Jörg Friedrich - https://amzn.to/4tOywyi
    “Bomber command” de Max Hastings - https://amzn.to/3PV8aN9
    “Downfall” de Richard B. Frank - https://amzn.to/4wNBx4M
    “Sangre y ruinas” de Richard Overy - https://amzn.to/4uVxtgS Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    1 hr 34 min
  • Prodigioso Turing - Episodio exclusivo para mecenas
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    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! Alan Turing fue uno de los grandes cerebros privilegiados que alumbró el siglo XX. De ese cerebro salieron algunas de las ideas sobre las que se sostiene nuestro mundo. Sin sus aportes a las matemáticas, ni los ordenadores, ni los teléfonos móviles, ni internet existirían tal y como hoy los conocemos.
    Criado en Inglaterra mientras sus padres residían en la India, Turing mostró desde niño una inteligencia fuera de lo común. En el internado de Sherborne se enamoró de Christopher Morcom, un compañero cuya muerte prematura por tuberculosis le empujó a preguntarse sobre la relación entre la mente y la materia. En 1931 ingresó en el King's College de Cambridge, donde compaginó las matemáticas con el atletismo, disciplina que casi le lleva a los Juegos Olímpicos de 1948.
    En 1936 publicó el artículo que cambió la historia de la informática. Para responder al problema de la decisión planteado por David Hilbert, imaginó una máquina abstracta capaz de ejecutar cualquier cómputo definible mediante reglas. Demostró además que podía construirse una máquina universal capaz de imitar a cualquier otra. Aquella idea es el plano teórico del ordenador moderno y la raíz de toda la informática que nos rodea.
    Cuando estalló la guerra se incorporó al complejo secreto de Bletchley Park. Allí, junto a Gordon Welchman, diseñó la Bomba, un artefacto electromecánico que con que el consiguieron romper el cifrado de la máquina Enigma que utilizaban los alemanes para transmitir órdenes. Esa información, conocida como Ultra, permitió ganar la batalla del Atlántico, asegurar el desembarco de Normandía y acortar la contienda en dos o tres años. De su cabeza salió también Colossus, la que seguramente fue la primera computadora electrónica programable.
    Después de la guerra trabajó en el diseño del primer ordenador británico y, ya en la universidad de Manchester, siguió haciéndose preguntas. En 1950 publicó en la revista Mind un texto de gran importancia sobre máquinas pensantes en el que propuso el juego de la imitación, hoy llamado Test de Turing, la partida de nacimiento de la inteligencia artificial. En 1952 formuló su modelo de la morfogénesis, en el que explicaba matemáticamente cómo dos sustancias químicas pueden generar manchas, rayas y espirales.
    Aquel mismo año tras un robo en su casa confesó ante la policía una relación íntima con otro hombre. Juzgado por indecencia grave, le dieron a elegir entre ir a la cárcel o someterse a un tratamiento hormonal. Le retiraron la habilitación de seguridad y le aislaron. El 8 de junio de 1954 apareció muerto en su cama con una manzana envenenada con cianuro a medio comer en su mesilla. Tenía 41 años.
    El secreto oficial que pesaba sobre las actividades en Bletchley imposibilitó durante años conocer con detalle su importante contribución a la victoria. Fue a partir de los años 70 cuando empezó a ocupar el lugar que merecía. La película “Descifrando Enigma” de 2014 terminó de popularizar su figura. Antes, en 2009, el Gobierno británico pidió disculpas por aquel juicio y en 2013 Isabel II le concedió el perdón real póstumo, Nada de eso le devolvió la vida, pero cada vez que encendemos un ordenador o conversamos con una inteligencia artificial jugamos, sin saberlo, a una versión perfeccionada del juego que él imaginó. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    1 hr 1 min
  • El fin de la esclavitud
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    * Accede a los Capítulos enriquecidos del episodio en: https://www.ivoox.vip/wv/audio-chapters-173749291
    * Accede al PDF con las ideas claves del episodio: https://www.ivoox.vip/wv/audio-chapters-173749291/pdf
    La esclavitud fue una institución milenaria y universal. Existió en todas las civilizaciones a lo largo y ancho del mundo. Da igual donde y cuando miremos. La encontramos en Sumeria, en la antigua Roma, en el islam y en los imperios prehispánicos de América. Nadie la cuestionaba y parecía que iba a existir siempre. Pero entre finales del siglo XVIII y finales del XIX esa estructura se desmoronó.
    Las raíces del movimiento abolicionista se encuentran en el cristianismo, que aceptó la esclavitud, pero no entre cristianos. En la Edad Media la esclavitud se redujo mucho en Europa occidental, pero resurgió con fuerza tras la llegada de los portugueses al golfo de Guinea y de los españoles al continente americano. Isabel la Católica prohibió esclavizar a los indígenas, pero no a los africanos, lo que permitió que los españoles primero y luego las potencias europeas con intereses en América empezasen a llevar esclavos desde África dando origen a la trata atlántica.
    El abolicionismo en América surgió entre entre los cuáqueros. En el siglo XVIII se sumaron predicadores como John Newton, autor de Amazing Grace, y filósofos ilustrados como Locke, Montesquieu, Rousseau, Voltaire y Kant, que ofrecieron a la causa de la abolición un fundamento racional y secular. El Reino Unido, curiosamente la mayor potencia esclavista de la época, fue quien más esfuerzos hizo por acabar con la esclavitud. El caso Somerset de 1772 liberó a los esclavos en suelo inglés. Años más tarde la Sociedad para la Abolición, fundada en 1787, creo la campaña política moderna con panfletos, medallones, boicots y peticiones al parlamento. Crearon también un nuevo género, el de los testimonios de antiguos esclavos. Algunos como los de Olaudah Equiano, Quobna Cugoano, Ignatius Sancho y Mary Prince conmovieron a la opinión pública y fueron de vital importancia para influir sobre la agenda legislativa.
    En el Parlamento un diputado llamado William Wilberforce fue quien se encargó de dar la batalla durante casi 20 años hasta lograr la prohibición de la trata en 1807. La Royal Navy comenzó a patrullar las costas africanas para capturar a los barcos negreros. La diplomacia británica, entretanto, presionaba a las potencias coloniales para que ilegalizasen la compra de esclavos. En 1833 el parlamento aprobó la Slavery Abolition Act que liberó a los 800.000 esclavos del imperio. Los dueños fueron indemnizados con una suma tan elevada que el Gobierno británico tuvo que pedir el dinero prestado.
    Francia abolió definitivamente la esclavitud en 1848, los Países Bajos en 1863, Portugal en 1869. Estados Unidos resolvió la cuestión en el campo de batalla con una una guerra civil que alumbró la Decimotercera Enmienda de 1865. En España la abolición llegó primero a Puerto Rico en 1873 y luego a Cuba en 1886, tras el sistema transitorio del patronato. Brasil hizo lo propio en 1888, pero aquello costó el trono a los Braganza.
    El proceso coincidió con la revolución industrial, pero las plantaciones en las Antillas eran rentables. Había algo más que empujó esta idea, el convencimiento íntimo de aquellos europeos de que la esclavitud era incompatible con la dignidad humana. Eso persuadió a las mismas sociedades que se beneficiaban de ella para que renunciaran voluntariamente a una institución milenaria en apenas cinco generaciones.
    En El Contrasello:
    0:00 Introducción
    3:50 Abolición de la esclavitud
    1:15:16 La desamortización de Mendizábal
    Bibliografía:
    "Breve historia de la esclavitud” de James Walvin - https://amzn.to/42AhJUr
    “Slavery: A World History” de Milton Meltzer - https://amzn.to/439sSM8
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    1 hr 26 min
  • La torre de Hércules - Episodio exclusivo para mecenas
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    Agradece a este podcast tantas horas de entretenimiento y disfruta de episodios exclusivos como éste. ¡Apóyale en iVoox! La Torre de Hércules, ubicada a corta distancia del centro de La Coruña, es el único faro de origen romano que sigue en activo, una rareza histórica que la ha convertido en símbolo de la ciudad y en Patrimonio de la Humanidad desde 2009. Bajo su revestimiento neoclásico se conserva el núcleo romano del siglo II, levantado por el arquitecto Cayo Sevio Lupo durante para señalizar la ruta marítima que unía la Bética con Britania. Una inscripción votiva al pie del monumento, dedicada a Marte Augusto, certifica su autoría, un caso no demasiado común en la arquitectura hispanorromana.
    Tras la caída del imperio el faro siguió funcionando de manera intermitente. Suevos, visigodos y vikingos lo utilizaron, los cronistas medievales lo mencionaron en multitud de ocasiones con los nombres de Faro Bregancio o Castelo Velho. La leyenda de Hércules y su lucha contra el gigante Gerión, recogida en la Estoria de España de Alfonso X y en la Crónica General, terminó por dar nombre al monumento y configuró el escudo municipal con la torre, la calavera y las tibias cruzadas.
    Durante los siglos XIV y XV el edificio se deterioró mucho, perdió la rampa helicoidal exterior y las losas de revestimiento. En 1684 se reactivó como faro con una linterna de aceite, pero la intervención decisiva llegó con Carlos III, que en 1788 encargó al ingeniero Eustaquio Giannini una restauración total. Giannini revistió el núcleo romano con sillería de granito neoclásica y le instaló una luminaria moderna.
    Ya en el siglo XIX se integró en la red estatal de faros, le instalaron una lente Fresnel en 1847 y se electrificó en 1921. Hoy depende de la Autoridad Portuaria coruñesa y su luz de 4 destellos blancos cada 20 segundos alcanza 23 millas náuticas. Cumple, en definitiva, la misma función para la que fue concebido hace casi dos milenios. Es también un atractivo turístico de primer orden, uno de los más populares de Galicia ya que atesora, aparte de mucha historia, infinidad de leyendas. Ningún otro faro europeo ha sido testigo de tanto como el de La Coruña, quizá por eso casi nadie se refiere a él como un simple faro. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    47 min
  • La conquista de Gran Canaria
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    * Accede a los Capítulos enriquecidos del episodio en: https://www.ivoox.vip/wv/audio-chapters-173324990
    * Accede al PDF con las ideas claves del episodio: https://www.ivoox.vip/wv/audio-chapters-173324990/pdf
    El redescubrimiento de las Canarias por parte de los europeos se produjo durante el siglo XIV. Una serie de expediciones mallorquinas, portuguesas, italianas y castellanas tocaron las costas insulares con diversos propósitos, desde la captura de esclavos hasta la evangelización. La presencia castellana se afianzó con la expedición de Jean de Béthencourt y Gadifer de la Salle entre 1402 y 1405, que ocuparon las islas de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro para convertirlas en señoríos castellanos.
    A mediados del siglo XV, La Palma, Tenerife y Gran Canaria seguían siendo independientes. Gran Canaria, la tercera isla más extensa del archipiélago, estaba dividida en dos guanartematos, el de Telde y el de Gáldar. Aquellos canarios tenían una sociedad relativamente compleja que vivía de la agricultura y la ganadería caprina. Era además una isla fácil de defender por su gran tamaño y su abrupto relieve.
    Pero los castellanos estaban determinados a conquistar la isla porque era de gran valor estratégico para controlar las rutas marítimas hacia el África occidental. Tenía además un potencial azucarero similar al de Madeira, una isla más al norte que los portugueses habían convertido en un próspero ingenio. El tratado de Alcazobas, firmado en 1479 tras la guerra de sucesión castellana, permitió a los Reyes Católicos concentrarse en las Canarias a cambio de reconocer la primacía portuguesa en Madeira, las Azores, Cabo Verde y el golfo de Guinea. La Corona decidió entonces asumir directamente la conquista de Gran Canaria como una empresa propia.
    La primera fase comenzó en junio de 1478 con el desembarco de Juan Rejón en La Isleta, donde fundó el Real de Las Palmas. La batalla del Guiniguada enfrentó a las tropas castellanas con los canarios mandados por el guanarteme de Gáldar y por el caudillo Doramas. Pese a la bravura indígena, la superioridad técnica castellana se impuso. Las disputas internas culminaron con la ejecución del alcaide Pedro de Algaba por orden de Rejón, que sería asesinado posteriormente en La Gomera por agentes de Hernán Peraza.
    En 1480 la reina Isabel intervino nombrando a Pedro de Vera, un jerezano curtido en la frontera granadina, que abandonó la idea de batirse con los canarios en campo abierto. En su lugar se decantó por avanzar hacia el interior de la isla fortificándose por el camino. Junto a eso de Vera explotó en su beneficio las rivalidades internas, se atrajo aliados indígenas y contó con la labor evangelizadora de fray Juan de Frías, lo que anticiparía los métodos que aplicarían décadas después Hernán Cortés y Francisco Pizarro en las Indias.
    La conquista concluyó entre 1482 y 1483. La captura del caudillo Tenesor Semidán, al que bautizaron en Castilla como don Fernando Guanarteme, resultó de una importancia capital. Guanarteme se encargó de ir convenciendo a los isleños para que no resistiesen a la conquista. Pero no lo consiguió con todos. Los irreductibles, capitaneados por Bentejuí y el faycán de Telde, se atrincheraron en Ansite. Rodeados por las tropas castellanas el 29 de abril de 1483 se arrojaron al vacío antes de rendirse.
    La Corona procedió entonces al repartimiento de tierras, introdujo la caña de azúcar y se formó una sociedad mestiza con colonos peninsulares y de otras partes de Europa. De aquel crisol humano y cultural surgiría la Gran Canaria moderna.
    Para hablar de esta conquista nos acompaña hoy en La ContraHistoria Carlos Pérez Simancas, nuestro experto en historia de las Canarias con quien ya vimos hace tiempo la conquista de la isla vecina, la de Tenerife, que se realizó unos años después.
    Bibliografía:
    “La Conquista de Canarias” de Rubén Sáez Abad - https://amzn.to/4nfXc0N
    “Conquista de las siete islas de Canaria” de Antonio M. López Alonso - https://amzn.to/4uEUt3P
    “Guanches. Mito y realidad” de Jonás Pérez-Camacho - https://amzn.to/4f7su8b
    “Mitomancia” de Carlos Pérez Simancas - https://amzn.to/3QWh799
    #FernandoDiazVillanueva #canarias #grancanaria Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    1 hr 19 min

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