Los que son fuertes en la fe, tienen que orar y apoyar a los débiles. Para hacerles entender que todos tenemos pruebas, ataques, tentaciones: pero en Cristo, siempre tendremos victoria. Para, luego de la prueba, decir como Job: Yo sé que mi Redentor vive. Sólo si cada uno de nosotros agrada a su prójimo, en todo lo que es bueno y sin acepción de personas: demostramos amor a Dios.