Hoy quiero invitarlos a abrir una ventana muy especial.
No solamente hacia nuestros hijos.
Sino hacia el niño que fuimos nosotros.
Porque muchas veces educamos desde las heridas que nunca sanamos.
Desde los miedos que nunca entendimos.
Desde las frases que escuchamos una y otra vez.
“Los hombres no lloran.”
“No seas exagerado.”
“Si lloras te doy una razón para llorar.”
“Cuando seas grande entenderás.”
Y sin darnos cuenta seguimos heredando aquello que alguna vez nos hizo daño.
Hoy no hablaremos de criar hijos obedientes.
Ni de sacar dieces.
Ni de aprender tres idiomas antes de los seis años.
Hoy hablaremos de algo mucho más importante.
¿Cómo criar hijos felices?
Porque un niño feliz probablemente será un adulto emocionalmente sano.