Conversión es una palabra que expresa el estilo de vida propio del cristiano. La conversión no es una realidad que se produce de una vez para siempre en la vida de quien cree en jesucristo y se dispone a ser discípulo. Es, más bien, el esfuerzo que, sostenido por la gracia, el cristiano ha de realizar durante toda su existencia. La antífona del salmo que hoy repetimos expresa, a modo de súplica, la quintaesencia de la conversión: «Señor, enséñame tus caminos». Convertirse es recorrer los caminos del Señor, conocer el querer de Dios, su voluntad, y hacer de esa voluntad el propósito de la propia vida. Sólo viviendo según lo que el Señor enseña, dejándose instruir por Él, el ser humano se hace verdaderamente creyente y, consecuentemente, seguidor de jesucristo, el Señor. Se trata de vivir en humildad y rectitud, como sugiere el salmo responsorial en una de sus estrofas.