El deseo de Dios es que aquellos a quienes Él ha llamado según su designio alcancen la salvación. Dios ama a todos los que ha creado (cf. Sb 11, 24) ya todos invita a la salvación. El rey Salomón aparece en la primera lectura como alguien que agradó al Señor precisamente porque suplicó «un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien". La sabiduría es el bien más precioso que el ser humano puede tener, pues ella habilita para actuar conforme al designio divino, encaminándose a la glorificación que el Señor desea para todo hombre. El sabio sabe vivir según Dios y halla
el gusto a ese modo de vivir. Dios quiere que todos nos salvemos, es por eso urgente y necesario saber dar con el camino de la salvación. Las parábolas del tesoro escondido en el campo y del comerciante de perlas finas ayudan a descubrir la grandeza de la sabiduria que el cristiano ha de procurar. Se trata de saber elegir lo realmente importante y valioso, pues la vida cristiana es un ejercicio de servir a Dios eligiendo cada día lo más conforme a su designio de amor sobre nosotros, afirmando la verdadera libertad, eligiendo lo que más conduce a Dios y une a Él. El rey Salomón entendió que si era rey debía realizar el proyecto de Dios gobernando con sabiduría, y eso fue lo que pidió a Dios. Supo elegir, supo liberarse de apetitos más espontáneos como la vida larga, riqueza u honor para pedir lo que era conforme a la misión recibida.