Un hombre que convirtió la música, el cine y la literatura en una banda sonora incesante para celebrar la vida, escribió cada página como quien sube el volumen, sabiendo que el disco tiene un final, y eligió cuál. Esa banda sonora fue la sucesión de canciones que acompaña, empuja, explica y a veces aturde. La música que pone en movimiento a los personajes, la que escribe el ritmo de la prosa, la que suena de fondo mientras alguien decide el instante exacto de bajar la aguja por última vez.