En este episodio de Macro sin Filtro nos hacemos una pregunta clave: ¿es la inflación realmente mejor que la deflación?
En teoría, ambos fenómenos son solo variaciones en los precios. Pero en la práctica, el sistema económico moderno está diseñado para favorecer la inflación y evitar la deflación a toda costa.
Cuando los precios caen y la economía no logra ajustarse hacia abajo —por ejemplo, cuando los salarios no pueden reducirse fácilmente—, los márgenes empresariales se comprimen, las utilidades desaparecen y el resultado suele ser bancarrotas masivas. La deflación no solo reduce el consumo, sino que también aumenta el peso real de la deuda, afectando a familias, empresas y gobiernos por igual.
En cambio, la inflación —moderada y sostenida— mantiene la rueda girando. Con crédito barato y bancos capaces de crear dinero de la nada, el sistema necesita inflación para sobrevivir. De hecho, se la interpreta como una señal de que la economía “crece”, que el empleo se mantiene y que todo funciona correctamente.
Por eso, en este episodio analizamos por qué la deflación suele ir de la mano de recesiones y cómo el diseño del sistema financiero global —basado en deuda y expansión crediticia— empuja estructuralmente hacia un entorno donde la inflación es vista como necesaria y deseable.
**Este contenido no constituye una recomendación de inversión.
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