
Sign up to save your podcasts
Or


Based on Podcast App listening data
Desde que la vida salió de los océanos, hace unos 500 millones de años, y se extendió por todos los continentes, la Tierra ha sufrido un buen número de extinciones masivas, cinco de ellas especialmente graves, ya que acabaron en cada ocasión con más del 80% de la vida existente, y el resto no tanto, aunque sí lo suficiente como para comprometer hábitats completos y llevar a la extinción a un porcentaje significativo de especies.
Entre las cinco más destructivas, la mayor extinción fue sin duda la que tuvo lugar hace 251 millones de años, en la frontera entre el Pérmico y el Triásico, cuando más del 90% de las especies vivas desaparecieron para siempre. Su causa fue el brusco cambio climático provocado por una actividad volcánica desenfrenada y nunca vista en la historia de nuestro planeta.
La combinación entre vulcanismo y cambio climático se repitió después en otras ocasiones, incluso en la última gran extinción masiva, 'rematada' por el impacto de un asteroide hace 66 millones de años pero que ya venía gestándose con las erupciones que dieron origen a los 'traps del Decán', una provincia ígnea de 500.000 km cuadrados de lava y 2 km de espesor. Durante aquella última gran extinción desaparecieron los dinosaurios, y con ellos más del 75% de todas las especies vivas en aquél momento.
Ahora, un nuevo estudio dirigido por el biólogo Michael Rampino, de la Universidad de Nueva York, concluye que, por lo menos durante los últimos 260 millones de años, todas las extinciones masivas que han afectado a la Tierra fueron causadas, sin excepción, por erupciones volcánicas masivas y las crisis ambientales resultantes. Pero no solo eso, sino que esas erupciones, y sus consecuencias, se repiten cíclicamente, una vez cada entre 26 y 33 millones de años, y coinciden con una serie de cambios en la órbita de la Tierra que siguen el mismo patrón cíclico.
Inspirándose en la forma de funcionar del cerebro humano, un equipo de investigadores de la Universidad Northwestern, el Boston College y el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), ha desarrollado un nuevo transistor sináptico capaz de pensar en un nivel muy superior a todo lo existía hasta ahora.
Puede que, después de todo, no sea necesario esperar cientos de años hasta que seamos capaces de recorrer distancias de años luz para visitar un exoplaneta, un mundo formado alrededor de otra estrella. Y la razón es que podría haber uno, incluso varios, aquí mismo, en nuestro propio Sistema Solar.
Se trataría, según un nuevo modelo de evolución planetaria puesto a punto por el astrofísico de la Universidad de Princeton Amir Siraj, de un planeta del tamaño de Marte, 'robado' por el Sol a otra estrella durante su juventud y que, desde entonces, ha permanecido oculto en los confines de nuestro propio sistema. El estudio, que se publicará próximamente en 'The Astrophysical Journal Letters', puede ya consultarse en el servidor de prepublicaciones ArXiv.
No resulta fácil ser una estrella en el superpoblado centro de la Vía Láctea. Bajo el dominio directo de Sagitario A*, su gran agujero negro central, el corazón galáctico vive constantemente sometido a unas fuerzas gravitatorias descomunales. Lo cual, unido al hecho de que la densidad estelar es mayor allí que en cualquier otra parte, lleva frecuentemente a las estrellas a chocar entre sí, o a acercarse unas a otras hasta el punto de 'robarse' sus masas, o a empujarse hacia trayectorias mortales que, a veces, las llevan directamente a las fauces siempre abiertas del agujero negro. En el centro galáctico, las estrellas no viven mucho, apenas unos pocos millones de años, y suelen terminar sus días de forma violenta.
La inesperada corriente estelar, de 1,7 millones de años luz de largo, fue descubierta en el espacio intergaláctico del cúmulo de Coma, a 300 millones de años luz de distancia
Se parece al título de una película, pero es algo muy real. Desde 1942, hace más de 80 años, los científicos buscan en el océano Atlántico una masa de agua que no encuentran, una que es diferente a las demás.
Hace algo más de un año, en junio de 2022, un equipo de astrónomos que estudiaba la estrella enana blanca WD 0810-353 con datos del telescopio espacial Gaia calculó su trayectoria y predijo que ese astro errante atravesaría nuestro Sistema Solar dentro de 29.000 años. Desde luego, una mala noticia para los humanos del futuro. La estrella, en efecto, pasaría muy cerca del Sol, desestabilizando las órbitas de numerosos objetos de la nube de Oort y lanzando algunos contra nuestro planeta
La nave Juno, que desde 2016 estudia el planeta gigante y ahora se centra en sus lunas, empezando precisamente por Ío, ha sobrevolado su paisaje volcánico cada vez más de cerca, lo suficiente como para identificar un total de 266 volcanes activos en su superficie. Todos ellos, según los investigadores, conectados a un vasto océano global y subterráneo de magma.
"Ío es el cuerpo celeste más volcánico que conocemos en nuestro sistema solar -afirmó Scott Bolton, investigador principal de Juno, en mayo de 2023, cuando la nave llegó a unos 35.500 kilómetros de Io-. Al observarlo a lo largo del tiempo, podemos ver cómo varían los volcanes: con qué frecuencia entran en erupción, qué tan brillantes y calientes son, si están vinculados a un grupo o si actúan en solitario, y si la forma del flujo de lava cambia".
Se trata de uno de los estallidos rápidos de radio (FRB) más potentes detectados hasta ahora, y se acaba de confirmar que también el más lejano. Con su ayuda, los científicos podrán detectar la 'materia perdida' del Universo
La emisión duró apenas una milésima de segundo. Pero en ese breve lapso de tiempo, una súbita ráfaga de radio espacial (FRB por sus siglas en inglés) liberó una cantidad de energía equivalente a la que el Sol es capaz de producir en 30 años.
El estallido, denominado FRB 20220610A, fue captado el pasado 10 de junio de 2022 por el radiotelescopio ASKAP, una red de 36 antenas de radio de 12 metros cada una situada en Australia, pero entonces no fue posible determinar su origen.
Ahora, más de un año después, un equipo internacional de científicos ha sido capaz de localizar la fuente de aquel suceso. Usando el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral (ESO), en Chile, los investigadores pudieron comprobar que FRB 20220610A es la ráfaga rápida de radio más distante (y por lo tanto más antigua) jamás detectada. De hecho, inició su viaje hacia nosotros hace 8.000 millones de años, mucho antes de que el Sol y la Tierra empezaran siquiera a existir. A esa increíble distancia, que multiplica por dos la del hasta ahora FRB más lejano, la poderosa ráfaga es, también, una de las más energéticas observadas hasta ahora.
El impactante descubrimiento, llevado a cabo por un equipo internacional de científicos dirigido por Stuart Ryder y Ryan Shannon, de las universidades australianas Macquaire y Swinburne, se acaba de publicar en la revista 'Science'.
Un equipo internacional de investigadores ha observado el choque de dos planetas gigantes alrededor de una estrella similar al Sol situada a unos 1.800 años luz de la Tierra. La impactante colisión, dada a conocer en la revista 'Nature', muestra un brillante resplandor y la nube de polvo resultante, que llegó a eclipsar a la estrella madre.
Cuando el equipo compartió la curva de luz de la estrella, un astrónomo ajeno al trabajo notó que la estrella duplicaba su brillo en el infrarrojo más de mil días antes de que comenzara a desvanecerse en luz visible. «Para ser honesto, esta observación fue una completa sorpresa para mí», afirma el autor principal del estudio, Matthew Kenworthy, de la Universidad de Leiden. «Entonces supe que se trataba de un hecho inusual», subraya.
From the publisher's feed
Ranked by our users in the last 21 days

124 Listeners

98 Listeners

71 Listeners

46 Listeners

107 Listeners

19 Listeners

112 Listeners

31 Listeners

81 Listeners

59 Listeners

27 Listeners

62 Listeners

42 Listeners

37 Listeners

2 Listeners