Cuando medito, el ser tiene una experiencia única: ir más allá del entorno físico, sin salir de él. Esto significa que puedo percibir lo invisible, lo que hay dentro de mí; al percibirlo, me doy cuenta que es muy valioso. A través de la meditación, irradio lo que tengo internamente al mundo: paz, amor, felicidad... En un mundo con tantos problemas, mi meditación ayuda a sanar el corazón.