Hace un año a estas horas les estábamos contando el comienzo de un pleno en el parlament que acabaría en la proclamación de la República catalana, república vigente ocho segundos. Al día siguiente Pedro Sánchez dijo lo siguiente: "el president Puigdemont y el vicepresident Junqueras hoy más que nunca se convierten en los principales responsables de la fractura y el desgarro del conjunto de la sociedad catalana. Y todo para nada". Todo para nada porque el Estado de derecho impondrá sus leyes. Llegó incluso a pedir, unos meses después, cambios en el delito de rebelión para adecuarlo a los independentistas. Entrevista en Mayo del año pasado con Susana Grisso: "lo que se produjo el pasado 6 y 7 de septiembre en el Parlament se puede entender como un delito de rebelión, lógicamente lo es". Ahora dice que no hay delito de rebelión. Y pretende presionar a la Abogacía del Estado vulnerando la separación de poderes con la misma naturalidad que los independentistas violan la Constitución. Señor presidente, se trataba de atraer a los secesionistas a los comportamientos democráticos. No al revés.