Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Volver a volver (Gabo Ferro, por Valen Bonetto)

    Frío;

    hace tanto frío
    que no puedo más que arder.
    Estallará;
    mi boca estallará
    en dulce de esmeraldas, en pájaros y espinas, y un paso se abrirá.
    Y yo me iré
    como el humo al aire que no podrá volver,
    me haré un tornado dulce, un perfume, una piel,
    seré mi propio padre y así voy a aprender
    que irse es volver a volver.

    Afuera,
    afuera solo el mundo,
    puro aire para brujas y un tiempo que está y se fue.
    Así,
    con vértigo y vacío,
    con mi cuerpo que es mío no me faltará nada
    porque yo me iré como el humo al aire
    que no podrá volver,
    me haré un tornado dulce, un perfume, una piel,
    seré mi propia madre y así voy a aprender
    que irse es volver a volver
    y a volver
    y a volver
    y a volver.

    4 min
  • El corralero (Sergio Sauvalle, en la voz de Sofía de la Vega)

    Está muy malo el corralero

    y allá en el potrero como viejo está.

    Hay que ayudarlo a que muera

    para que no sufra más.

    Siempre fuiste el más certero

    y por eso debes su mal aliviar.

    Como pretende que yo,

    que lo crie de potrillo,

    clave en su pecho un cuchillo

    porque el patrón lo ordenó.

    Déjenlo no más pastar,

    no rechacen mi consejo,

    que yo lo voy a enterrar

    cuando se muera de viejo.

    Junto al estero del valle

    lo encontré tendido casi al expirar.

    Me acerqué muy lentamente

    y se lo quise explicar,

    pero al verlo resignado

    me tembló la mano y me puse a llorar.

    Como pretende que yo,

    que lo crie de potrillo,

    clave en su pecho un cuchillo

    porque el patrón lo ordenó.

    Déjenlo no más pastar,

    no rechacen mi consejo,

    que yo lo voy a enterrar

    cuando se muera de viejo.

    2 min
  • Aparición urbana (Oliverio Girondo, en la voz de Julieta Sbdar)

    ¿Surgió de bajo tierra?

    ¿Se desprendió del cielo?

    Estaba entre los ruidos,

    herido,

    malherido,

    inmóvil,

    en silencio,

    hincado ante la tarde,

    ante lo inevitable,

    las venas adheridas

    al espanto,

    al asfalto,

    con sus crenchas caídas,

    con sus ojos de santo,

    todo, todo desnudo,

    casi azul, de tan blanco.

    Hablaban de un caballo.

    Yo creo que era un ángel.

    1 min
  • Seco estudio de caballos (Clarice Lispector, en la voz de Teodelina Basavilbaso)

    Desposamiento

    El caballo está desnudo.


    Falsa domesticación

    ¿Qué es el caballo? Es la libertad tan indomable que se torna inútil aprisionarlo para que sirva al hombre: se deja domesticar, pero con unos simples movimientos de sacu­dida rebelde de cabeza —agitando las crines como una cabellera suelta— demuestra que su íntima naturaleza es siempre bravia y límpida y libre.


    Forma

    La forma del caballo representa lo mejor del ser huma­no. Tengo un caballo dentro de mí que raramente se ex­presa. Pero cuando veo a otro caballo entonces el mío se expresa. Su forma habla.


    Dulzura

    ¿Qué es lo que hace al caballo ser de brillante naturale­za? Es la dulzura de quien asumió la vida y su arco iris. Esa dulzura se objetiva en el pelo suave que deja adivi­nar los elásticos músculos ágiles y controlados.


    Sensibilidad

    Todo caballo es salvaje y arisco cuando manos insegu­ras lo tocan.


    Adolescencia de niña-potro

    Ya me relacioné de modo perfecto con el caballo. Me acuerdo de mí adolescente. De pie con la misma altivez del caballo y pasando la mano por su pelo lustroso. Por su agreste crin agresiva. Ya me sentía como si algo mío nos viese de lejos. Así: «La muchacha y el caballo».


    El alarde

    En la hacienda el caballo blanco —rey de la naturaleza— lanzaba hacia lo alto de la suavidad del aire su largo re­lincho de esplendor.

    3 min
  • Pampa de Achala (Héctor Viel Temperley, en la voz de Josefina Morley)

    Hay que tirar muy fuerte

    para abrir la ventana

    del baño, pero el aire

    que afeita como el hielo

    es Dios de nuevo.

    Le digo adiós a un hombre

    que miraba el invierno

    y tenía una nieta

    y un hotel,

    allá arriba,

    que era como mi casa.

    Le digo adiós a un hombre

    que se llamó Juan Reymond.

    Le digo adiós a un hombre

    y a una mujer jóvenes

    naufragando en el viento,

    sobre nubes y sábanas

    y caballos pequeños.

    Las nubes, como lunas

    húmedas, van pasando

    y es como leche de mujer

    la pampa

    con el caballo al paso.

    Ya no veo.

    1 min
  • Elegía (Juana de Ibarbourou, en la voz de Alejandro Crotto)

    Por dentro era una rosa

    y por fuera un caballo fino y puro.

    Iba a correr carreras con el viento,

    a crecer en el triunfo,

    a tener en el belfo una centella,

    a erguirse dulce, oscuro,

    deslumbrante, dorado,

    en la peana de la victoria,

    con una estrella entre dos orejas

    y en las crines el soplo de la gloria.

    Y amaneció una mañana muerto,

    rígidos los cuatro remos,

    rígido el cuello, terciopelo yerto,

    de niebla los dos ojos e intacto su centeno.

    Llegó la luz y no la vio siquiera.

    Cantando pasó el viento

    con olor de la avena en primavera.

    El hombre lo miró y no dijo nada.

    Era un caballo muerto.

    Pero yo me incliné y en su cabeza,

    su cabeza perdida,

    puse un beso.

    2 min
  • La respiración (Denise Levertov, en la voz de Yamil Al Nayar)

    Absoluta

    paciencia:

    los árboles erguidos,

    sus rodillas hundidas en la

    niebla. La niebla

    lentamente

    sube por la colina.

    Pálidas

    telarañas, el pasto

    que ralea allí donde los ciervos

    anduvieron en busca de manzanas.

    En el bosque,

    desde el arroyo

    hasta la cumbre

    que se alza por encima

    de la niebla, no se ve

    un solo pájaro.

    Tan absoluta es,

    que no podría ser

    más que la dicha, una respiración

    que de tan sosegada

    no se escucha.


    Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

    1 min
  • El hilo (Denise Levertov, en la voz de Andrea Franco)

    Algo tira de mí suave,

    invisible, silenciosamente:

    un hilo, o una red

    hecha de hilos,

    más delgada que una telaraña

    e igual de elástica. Yo aún no probé

    su resistencia. No me ensartó

    un anzuelo, desgarrándome.

    ¿Habrá sido hace poco que este

    hilo empezó a tirar de mí?

    ¿O fue hace mucho? ¿Habré

    nacido, con este nudo alrededor del

    cuello, una correa? No es miedo,

    sino un súbito

    asombro lo que me hace

    contener el aliento, al sentir

    un tironeo justo cuando empezaba

    a parecerme que se había aflojado y ya no estaba.


    Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

    1 min
  • El secreto (Denise Levertov, en la voz de Adriana Kogan)

    Dos chicas, en un verso

    súbito, descubren
    el secreto de la
    vida.

    Yo que no sé el
    secreto escribí
    el verso. Ellas
    me contaron

    (a través de un tercero)
    que lo habían encontrado
    pero no en qué consistía
    ni siquiera

    cuál era el verso. Ahora no tengo
    dudas, pasada más de
    una semana, de que olvidaron
    el secreto,

    el verso, el nombre
    del poema. Las amo
    porque vieron lo que
    no puedo ver,

    y por amarme por
    el verso que escribí,
    y por olvidárselo
    de modo que

    mil veces más, hasta que las alcance
    la muerte, puedan descubrirlo
    de nuevo en otros
    versos

    en otros
    acontecimientos. Y por
    querer saberlo,
    por

    suponer que existe
    tal secreto, sí,
    por eso
    más que nada.


    Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

    2 min

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