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Or


I
Contás con mi
atención: y eso es una
forma de ternura, más allá
cuento con tu constancia en algo
II
Quiero hablarte,
Hacia no ser el centro
Un deseo de amar:
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
Éste es el año en que nuestros mayores,
los grandes de verdad,
nos dejan solos en medio de la ruta.
La ruta lleva al mar. En los bolsillos
guardamos las palabras, indicaciones crípticas.
Se llevaron consigo
la luz de su presencia, la vemos alejarse
sobre un monte
y perderse a un costado.
No es que se estén muriendo;
sólo se han retirado
a una dolorosa intimidad,
y deben aprender a vivir sin palabras.
E. P. “Se parece a morir.” Williams: “Yo no podría
describirte las cosas que han estado
sucediéndome”.
H.D.: “No puedo hablar”.
La oscuridad
se retuerce en el viento, las estrellas
se ven chicas, y tiñe el horizonte una confusa niebla
luminosa que la ciudad proyecta.
Dijeron que
la ruta lleva al mar,
y nos pusieron
el lenguaje en las manos.
Oímos
nuestros pasos cada vez que un camión
nos pasa por al lado, encandilándonos,
para dejarnos luego en silencio otra vez.
No se puede llegar
al mar por esta ruta
interminable, a menos que al final
uno se aparte de ella
y siga, así parece,
al búho silencioso que planea,
yendo y viniendo encima de nosotros,
y que después se interna en la espesura.
Pero para nosotros
la ruta se despliega por sí sola, contamos las palabras
que tenemos guardadas aún en los bolsillos,
nos preguntamos cómo será sin ellas todo,
seguimos caminando, sabemos que nos queda
mucho por recorrer,
a veces nos parece que el viento de la noche
trae el olor del mar…
Cuando la niebla blanca se disipa,
se descubre el abismo de la luz
infinita. Las últimas hilachas
de niebla en los
abetos negros son copos
de ceniza en el hogar del mundo.
El frío del mar es la contrapartida
de esta grandiosa hoguera. Emergiendo
del frío abrasador del mar,
entramos en un mar de intenso
mediodía. Sal sagrada
salpica nuestros cuerpos.
Una vez que la bruma nos envuelva de nuevo
en lana delicada, que el sabor de la sal nos recuerde
las grandes profundidades a nuestro alrededor.
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
Ladrillos de la tapia,
tanto más viejos que la casa misma,
extraídos, supongo, de una granja
que tiraron abajo para construir la calle,
angostos ladrillitos de otro siglo.
Hecha con parapetos y paneles,
de todas formas es
una modesta tapia tras las flores:
rosas y malvarrosas,
las vainas color plata del lupín,
el flox de sabor dulce
y la lavanda gris,
que nadie ve.
Pero yo descubrí
los colores ocultos de la tapia,
que despertaron cuando rocié con la manguera
su áspera superficie:
un rojo indefinido,
un dorado rugoso,
un malva salpicado
por unas tenues sombras,
surgido del callado y reseco marrón:
arquetipo
del mundo un paso siempre más allá del mundo,
que no puede buscarse, solamente
encontrarse
con ojo vagabundo.
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
¡Ay, Pena! Yo no debería tratarte
como a un perro de la calle
a buscar sobras, algún hueso pelado.
Debería confiar en vos. Debería
tratar de convencerte de que entraras
Traducción: Alejandro Crotto
Traducción y voz: Tanias Carrera
Grabación: Hugo Colín
Mezcla y máster: Apache O´Raspi
*Música original: Djalma Ferreira y Luiz Antônio
Traducción: El David Aguilar
Guitarra y voz: El David Aguilar
Percusiones: Carolina Tene
Cuica: Ale Guerrero
Arreglos: Apache O´Raspi y Alejandro Albarrán
Traducción: Israel Ramírez
Guitarra y voz: Israel Ramírez
Percusiones: Carolina Tene
Cuica: Ale Guerrero
Teclados: Apache O´Raspi
Arreglos: Apache O´Raspi
Mezcla y máster: Apache O´Raspi
Traducción: Klaus Sour
Guitarra y voz: Klaus Sour
Batería: Pepe Gomezbuere
Synthes y coros: Gabo Ávila
Bajo: Juan Carlos Maflo
Grabado por: Pepe Gomezbuere y Gabo Ávila
Mezcla y máster: Apache O´Raspi
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