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Or


Traducción: Alejandro Albarrán
Guitarra, tank drum y voz: Alejandro Albarrán
Coros: Tania Carrera
Percusiones: Carolina Tene
Cuica: Ale Guerrero
Teclado Apache O´Raspi
Arreglos: Alejandro Albarrán
Mezcla y máster: Apache O´Raspi
Traducción: Olaf Oren
Guitarra y voz: Olaf Oren
Bajo: Karen Yvette
Fragmento de “Poema en cuatro fases” de Carlos Drummond de Andrade leído por: Ale Guerrero.
Mezcla y máster: Apache O´Raspi
Traducción: Apache O´Raspi / Alejandro Albarrán
Guitarra, armónica y voz: Apache O´Raspi
Arreglos: Apache O´Raspi y Alejandro Albarrán
Poema “El día del fin del mundo” de Jorge Tellier leído por: Alejandro Albarrán.
Mezcla y máster: Apache O´Raspi
Una pequeña tarea como esta de
cortar el pan y llevarlo a la mesa,
empieza y luego acaba
-círculo de sentido que se cierra
la pequeña molécula de un proyecto cumplido.
¿Trivial? Tal vez, pero mira dibujarse con perfección acabadísima
cada gesto enlazado en el siguiente anillado en la suave
espiral invisible
que va del pensamiento hacia la mano del ojo hacia el cuchillo.
Antes de salir me pongo las pulseras
y voy con ellas como lazarillo
llevando por el mundo mi pan sagrado
y por ese sonsón me reconocen
pero no por el pan que es bien secreto.
Y para conversar con vos
me las saco en cuanto llego
y te entrego ese pan
tal vez reseco, sí, a fuerza de llevarlo,
pero amasado con el trigo más negro de mi sangre
Un chico solo,
solo con una hermosa
rebanada de pan en la mano,
un chico solo
con un perro
que lo mira como a un dios
que tuviera en la mano
la llave del paraíso de los perros.
Un chico solo
que muerde su rebanada de pan,
al que todo el mundo mira
para ver cómo le da
con sencillez,
por más hambre que tenga,
la mitad de ese pan
que chorrea manteca a su perro.
No la heroína. Has cortado cada rodaja de pan y atravesado el campo de batalla.
Les enrostrabas el precio a los soldados acusándolos de muerte si osaban otra rodaja del atadillo.
No dabas de comer. Así cruzaste
la vida en el campo de batalla;
hacías cuentas: a tantos menos,
más rodajas. No había paz que sirviera tanto de comer, o morirse.
a Wendell Berry
Cada cara en la calle es una rebanada de pan que deambula por ahí
y busca
a plena luz en algún lado el hambre verdadera parece que les pasa por al lado
se aferran
¿ya se habrán olvidado de las cuevas tenues donde soñaban esconderse?
sus propias cuevas
repletas de la espera de sus huellas colgadas con las marcas de sus manoseos repletas de su sueño y su esconderse
¿ya se habrán olvidado de los ásperos túneles que soñaban seguir huyendo de la luz para escuchar, paso tras paso
el corazón del pan,
alimentarse de su oscuro aliento,
y salir
para encontrarse a solas
ante un campo de trigo
que le ofrece a la luna su fulgor?
Como si yo fuera una chispa o un
relámpago que fugaz pasó
así voy a irme finalmente, pero
mientras tanto digo:
Se me va el tiempo en obligaciones como
vestirme y desvestirme, comprar pan,
mirar la hora y no llegar a tiempo. ¿Y?
¿Qué culpa tenemos de ser humanos?
Me despreocupo hasta
que por ahí veo de refilón
una calavera que ja ja ja me dice
burlesca: Hagás lo que hagás
vendrás a caer en mis brazos.
Y aunque siento un escalofrío le contesto:
¡Rajá de aquí, no estoy para chistes!
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