Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • El plan es el cuerpo (Robert Creeley, en la voz de Laura Friedman)

    El plan es el cuerpo.

    Hay a cada momento un diseño.

    Hay a cada momento algo

    para todos.


    El plan es el cuerpo.

    La mente está en la cabeza.

    Es un momento en el tiempo,

    un instante, un segundo.


    El ritmo de uno,

    y uno, y uno, y uno.

    El dos, el tres.

    El plan está en el cuerpo.


    Retenelo un instante

    en la mente: retenelo.

    Lo que se dijo lo dijiste

    vos. Las dos, las tres,


    veces en el cuerpo,

    manos, pies, vos te acordás:

    yo, yo me acuerdo, yo

    lo digo, lo digo.


    El plan es el cuerpo.

    Veces que no quisiste,

    veces que no se te ocurre

    que puedas querer, vos.


    Yo, yo, acordate, que yo

    acá, yo quiere, yo

    está pensando en vos.

    El plan es el cuerpo.


    El plan es el cuerpo.

    El cielo es el cielo.

    La madre, el padre:

    el plan es el cuerpo.


    ¿Quién lo puede leer?

    Un plan es el cuerpo. La mente

    es el plan. Yo:

    al habla. El recuerdo


    se acumula como el recuerdo, un plan,

    pensé que me acordaba,

    al volver a pensarlo, al pensar.

    La mente es el plan de la mente.


    El plan es el cuerpo.

    El plan es el cuerpo.

    El plan es el cuerpo.

    El plan es el cuerpo.

    2 min
  • 21 poemas de amor + el poema flotante (Adrienne Rich, en lectura coral a 22 voces)

    Leen, por orden de aparición:

    Ana Montes 

    Olivia Milberg 

    Catalina Bartolomé 

    Mariana D´Erasmo 

    Paula Jiménez España 

    Paula Schrott

    Marina Gersberg 

    Milagros Pochat 

    Gabriela Larralde 

    Lucía Galli 

    Bárbara Duhau 

    Diana Bellessi 

    Pilar Cimadevilla 

    Manuela Gómez 

    Violeta Capasso 

    Cecilia Fanti 

    Eugenia Pérez Tomas 

    Maia Gattas 

    Verónica Yattah 

    Carla Santángelo 

    Iara Kremer 

    Marina Hernández


    Producción: Natalia Romero

    Traducción: Ezequiel Zaidenwerg

    Arte: Ceci Ruppel

    25 min
  • La tierra está sonando (Dolores Castro, en la voz de Myriam Moscona)

    La tierra está sonando

    y yo estoy desolada,
    hueca por dentro, triste.
    Mi juventud se tiende como el ala
    rígida y negra de una golondrina.
    Se me estremecen muy espesos árboles
    y me duelen las aguas más tranquilas.
    La tierra está sonando.
    Llora de amor y hiere
    mientras ama.
    Y mata y acaricia.
    ¡Quién nos encierra duro
    como la flor en su rojo silencio
    de párpados ahogados
    o de cerrados pétalos!
    La tierra está sonando:
    Aguas, espesos árboles:
    ¡Tierra sobre mi cuerpo!

    2 min
  • En el aire un perfume (Dolores Castro, en la voz de Guillermo Rocha)

    Abre con gentileza

    el aire
    una gran cauda de aroma:
    toma de aquí el suspiro
    de la yerba
    que florece,
    del retoño
    en las ramas,
    y el verdor.

    Atesora en su caudal

    flor y canto
    en vuelo por parejas
    de pájaros,
    abejas zumbadoras
    palomas en zureo
    y amantes que bendicen
    la salida del sol.

    El aire vuela

    y como que canta,
    pero algo le duele:
    del aroma al hedor
    algo le duele.

    1 min
  • Algo le duele al aire (Dolores Castro, en la voz de Karen Villeda)

    Algo le duele al aire,

    del aroma al hedor.

    Algo le duele

    cuando arrastra, alborota
    del herido la carne,
    la sangre derramada,
    el polvo vuelto al polvo
    de los huesos.

    Cómo sopla y aúlla,

    como que canta
    pero algo le duele.

    Algo le duele al aire

    entre las altas frondas
    de los árboles altos.

    Cuando doliente aún

    entra por las rendijas
    de mi ventana,
    de cuanto él se duele
    algo me duele a mí,
    algo me duele.

    1 min
  • Elegía a Javier Peñalosa (Dolores Castro, por Martha Mega)

    Amontono las piedras ardientes

    entorno de tu imagen

    y me quiero apartar, alejarme,

    ya no pensar en ti.

    Pero quedo atrapada

    recordando

    el tibio trato tuyo

    sol nuevo y más hermoso cada día

    y luego tus acciones

    de corte delicado y sorpresivo

    más allá de medidas

    humanas mensurables.

    Todavía estoy prendida

    al fuerte canto de tu corazón

    activo y deslumbrante.

    Al cauce cálido que formamos

    con tu cuerpo y el mío.

    Y levanto mi triste fortaleza

    con piedras que se apagan lentamente

    sobre tu amor, el real, el de tocarse

    y contestar palabras.

    Me cerraron la boca de los días

    ahora son enormes y callados.

    Atropellados como piedras sueltas

    entre las patas de los caballos.

    Yo lo creí de luz

    era de cera.

    ¡Ah, pero ardía!

    Ningún golpe de viento lo apagaba:

    para apagarlo sólo el mar

    sólo el mar.

    Asistí a su esplendor

    y me tocaba

    de cerca su grandeza.

    Hoy Vivo vida extraña

    de medio ser

    tocada por el aire

    en carne viva, recién cortada.

    Aún recuerdo luz

    mientras vivo la sombra

    el ajetreo de espaldas a la vida

    a la ventana.

    La torre que con tanto tiento

    habíamos construido, no sé por dónde

    terminarla. Tú me diste

    la fuerza, los contornos:

    sólo me faltan tus manos

    y el aliento.

    Yo traspaso los días

    como agujeros.

    Tragando lágrimas

    me alimento

    y busco puentes para cruzar ríos

    donde se ahogan todas las imágenes.

    Las noches me recuerdan otras noches

    las cosas se me vuelven enemigas:

    la cabecera de la cama

    y tu lugar vacío.

    4 min
  • ¿Qué es lo vivido? (Dolores Castro, en la voz de Javier Peñalosa)
    I
    ¿Qué es lo vivido,
    en qué poro ha quedado
    o en qué ráfaga?
    Puente a la oscuridad
    o la pendiente veloz
    de una sonrisa
    que se apaga,
    pero también calor
    en medio de la sombra,
    acomodo
    de criaturas que buscan suavemente
    su modo de dormir
    mientras una ventana
    se va cerrando hacia el oriente
    y la luz de la tarde
    se unta silenciosa.
    *
    Todo está bien:
    no mintieron los rostros de las cosas,
    sólo sabían brillar
    en su secreta forma de caer,
    sólo sabían decir:
    es así, así es,
    mientras acrecentaban su caída,
    se hacían ovillo,
    y en su acomodo hablaban en voz baja
    de lo que hubieran querido ser.
    *
    Bajo la forma gris de las cenizas
    cuántos tonos de rojo,
    cuántas lenguas
    se quieren desatar
    para arder;
    cuántas columnas de aire
    que gozaron de peso y consistencia
    en su día,
    sostienen el papel
    de seda
    para envolver
    fantasmas,
    que aún tosen suavemente
    para no
    desaparecer.
    (...)
    5 min

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