Amontono las piedras ardientes
y me quiero apartar, alejarme,
sol nuevo y más hermoso cada día
de corte delicado y sorpresivo
al fuerte canto de tu corazón
Al cauce cálido que formamos
Y levanto mi triste fortaleza
con piedras que se apagan lentamente
sobre tu amor, el real, el de tocarse
Me cerraron la boca de los días
ahora son enormes y callados.
Atropellados como piedras sueltas
entre las patas de los caballos.
Ningún golpe de viento lo apagaba:
para apagarlo sólo el mar
en carne viva, recién cortada.
el ajetreo de espaldas a la vida
La torre que con tanto tiento
habíamos construido, no sé por dónde
la fuerza, los contornos:
y busco puentes para cruzar ríos
donde se ahogan todas las imágenes.
Las noches me recuerdan otras noches
las cosas se me vuelven enemigas: