Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • La mano (Glauce Baldovin, en la voz de Paz Herón)

    La miro. Es mi mano.

    Distinta a la imagen que culturalmente poseo:

    larga, dedos puntiagudos

    y en las articulaciones exactitud matemática

    de acuerdo al ritmo de Mahler, Yupanqui, Xenakis.

    Mi mano cuadrada. Plana.

    No están en ella ni el monte de Júpiter ni el de Venus ni el de la Luna.

    Sí el mapa de siete generaciones que me preceden:

    guerreros, labradores, albañiles, truhanes, hilanderas, modistas

    apretando el terrón el puñal la sangre

    el pañuelo empapado de sudor

    la humilde violeta

    el dedal el huso la baraja.

    Mírala, bruja de todo alquimería,

    quiromántica.

    Mi destino no está escrito en las líneas de la mano,

    está en el Universo.

    Lo rigen el tiempo y el espacio:

    la gigantesca espiral de la Historia:

    ese milagro.

    2 min
  • Antígona (Sófocles, en la voz de Joe Louis)

    Canto a Eros

    (Coro de Antígona de Sófocles, ll. 781-805)


    Eros,

    no hay quien te gane,

    Eros,

    aboles la propiedad

    privada, pasas la noche

    en las mejillas suaves de una joven;

    vas y vienes por el mar, te paseas

    por los campos y de ti no hay

    refugio, ni para dioses

    ni para los efímeros humanos,

    al contrario,

    quien te posee,

    pierde.

    Incluso mentes juiciosas

    descarrilas, hasta lisiarlas,

    agitador,

    creas bulla en las familias,

    y el deseo que salta de los párpados

    de una novia en la cama

    joven, vence;

    burlas magistrados

    de leyes poderosas,

    pues Afrodita, diosa invicta, juega

    en tu equipo.

    Pero ahora soy yo quien cae afuera

    de la ley

    al observar lo que pasa aquí,

    no puedo

    contener mis lágrimas,

    brotan

    cuando veo a Antígona rumbo al tálamo

    de su noche perpetua.



    Voz: Joe Louis

    Traducción: Cristina Pérez Díaz

    3 min
  • Las traquinias (Sófocles, en la voz de Marili Pizarro)

    Mi jaragual

    (Coro de Las traquinias de Sófocles, ll. 205-224)


    ¡Quel jaragual grite en el altar!

    ¡Que hay boda! ¡Que adentro

    Al unísono el maullido de los hombres

    Llegue hasta Apolo,

    El que protege, el de la aljaba puntera!

    Y al mismo tiempo levanten, vírgenes,

    ––¡Qué inmenso, qué inmenso!––

    Alcen alta la voz para su hermana,

    Artemisa Ortigia, cazadora de ciervos,

    La del fuego en las manos,

    Y sus vecinas las Ninfas.

    Tomo el aulos en mis manos,

    No lo rechazo, ¡ay, tirano de mi mente!

    Mira cómo me arrebata,

    ––¡Ecuajéi, ecuajéi!––

    La hiedra, cómo me baila, me da giros,

    En la rumba de Baco.

    ¡Alalalé, alalaé, oye mi canto!

    ¡Mira, mira, mujer, lo que viene por ahí!

    Está delante tuyo, con la proa hacia el frente,

    Palpable, tan ahí pa que lo veas.


    Voz: Marili Pizarro

    Producción y traducción: Cristina Pérez Díaz

    3 min
  • Andrómaca (Eurípides, en voz de Cristina Pérez Díaz y música de Alejandro Kauderer)

    Esto pudo haber sido distinto

    (EURÍPIDES, Andrómaca 274-308)

    Hermes, el hijo de Zeus y Maya,

    Inició muchos males

    Cuando vino al valle de Ida

    Guiando el carro de las triples diosas

    Con una pelea odiosa por cargo

    A cerca de la belleza,

    Hasta la casa de Paris, el pastor,

    Hasta el pastor joven, ni muy astuto,

    Ni muy viajado,

    Hasta el guardián de una casa desierta.

    Las diosas, después de ir al bosque repleto de árboles

    En medio de la montaña, a bañar

    Sus cuerpos brillantes en las corrientes

    Del riachuelo, fueron al hijo de Príamo,

    Lo engatusaron con hipérboles deshonestas,

    Y fue Afrodita quien lo atrapó

    Con sus palabras mañosas,

    Dulces al oído,

    Pero amarga destrucción de la vida

    Para la ciudad de los frigios,

    La infeliz ciudadela de Troya.

    Ojalá lo hubiera tirado

    Por encima de su cabeza, a este mal,

    La madre que lo parió,

    A esta maldición, antes de que hubiese

    Vivido en el monte rocoso de Ida,

    Antes, cuando Casandra,

    Junto al altar de los laureles gritó

    Mátenlo,

    A esta catástrofe de la ciudad de Príamo.

    ---¿A cuántos ancianos no fue a rogarles

    Que abortaran al feto?---

    El yugo de la esclavitud no hubiese

    Caído sobre Troya,

    Tú, mujer, vivirías en casa de reyes,

    Le habría ahorrado a Grecia los dolores

    Que por diez años sufrieron sus jóvenes,

    Sosteniendo la guerra con sus lanzas en Troya,

    Y las camas no estarían desiertas

    Y los viejos no serían huérfanos.



    Traducción y producción: Cristina Pérez Díaz

    Música: Alejandro Kauderer

    7 min
  • II (César Vallejo, en la voz de Soleida Ríos)

    Tiempo Tiempo.


    Mediodía estancado entre relentes.
    Bomba aburrida del cuartel achica
    tiempo tiempo tiempo tiempo.

    Era Era.

    Gallos cancionan escarbando en vano.
    Boca del claro día que conjuga
    era era era era.

    Mañana Mañana.

    El reposo caliente aún de ser.
    Piensa el presente guárdame para
    mañana mañana mañana mañana

    Nombre Nombre.

    ¿Qué se llama cuanto heriza nos?
    Se llama Lomismo que padece
    nombre nombre nombre nombrE.

    2 min
  • XIII (César Vallejo, en la voz de Darío Jaramillo Agudelo)

    Pienso en tu sexo.

    Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
    ante el hijar maduro del día.
    Palpo el botón de dicha, está en sazón.
    Y muere un sentimiento antiguo
    degenerado en seso.

    Pienso en tu sexo, surco más prolífico
    y armonioso que el vientre de la Sombra,
    aunque la Muerte concibe y pare
    de Dios mismo.
    Oh Conciencia,
    pienso, sí, en el bruto libre
    que goza donde quiere, donde puede.

    Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
    Oh estruendo mudo.

    Odumodneurtse!

    1 min
  • XVIII (César Vallejo, en la voz de Eduardo Milán)

    Oh las cuatro paredes de la celda.

    Ah las cuatro paredes albicantes
    que sin remedio dan al mismo número.

    Criadero de nervios, mala brecha,
    por sus cuatro rincones cómo arranca
    las diarias aherrojadas extremidades.

    Amorosa llavera de innumerables llaves,
    si estuvieras aquí, si vieras hasta
    qué hora son cuatro estas paredes.
    Contra ellas seríamos contigo, los dos,
    más dos que nunca. Y ni lloraras,
    di, libertadora!

    Ah las paredes de la celda.
    De ellas me duele entretanto, más
    las dos largas que tienen esta noche
    algo de madres que ya muertas
    llevan por bromurados declives,
    a un niño de la mano cada una.

    Y sólo yo me voy quedando,
    con la diestra, que hace por ambas manos,
    en alto, en busca de terciario brazo
    que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
    esta mayoría inválida de hombre.

    2 min
  • XXIV (César Vallejo, en la voz de Carmen Ollé)

    Al borde de un sepulcro florecido

    transcurren dos marías llorando,
    llorando a mares.

    El ñandú desplumado del recuerdo
    alarga su postrera pluma,
    y con ella la mano negativa de Pedro
    graba en un domingo de ramos
    resonancias de exequias y de piedras.

    Del borde de un sepulcro removido
    se alejan dos marías cantando.

    Lunes.

    1 min
  • XXXII (César Vallejo, en la voz de Carlos Cociña)

    999 calorías

    Rumbbb... Trrraprrrr rrach... chaz
    Serpentínica u del bizcochero
    engirafada al tímpano.

    Quién como los hielos. Pero no.

    Quién como lo que va ni más ni menos.
    Quién como el justo medio.

    1,000 calorías

    Azulea y ríe su gran cachaza
    el firmamento gringo. Baja
    el sol empavado y le alborota los cascos
    al más frío.

    Remeda al cuco; Roooooooeeeis...

    tierno autocarril, móvil de sed,
    que corre hasta la playa.

    Aire, aire! Hielo!

    Si al menos el calor (___________Mejor
                                          no digo nada.

    Y hasta la misma pluma

    con que escribo por último se troncha.

    Treinta y tres trillones trescientos treinta

    y tres calorías.

    2 min
  • XLV (César Vallejo, en la voz de David Huerta)

    Me desvinculo del mar

    cuando vienen las aguas a mi.

    Salgamos siempre. Saboreemos
    la canción estupenda, la canción dicha
    por los labios inferiores del deseo.
    Oh prodigiosa doncellez.
    Pasa la brisa sin sal.

    A lo lejos husmeo los tuétanos
    oyendo el tanteo profundo, a la caza
    de teclas de resaca.

    Y si así diéramos las narices
    en el absurdo,
    nos cubriremos con el oro de no tener nada,
    y empollaremos el ala aún no nacida
    de la noche, hermana
    de esta ala huérfana del día,
    que a fuerza de ser una ya no es ala.

    1 min

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