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Or


La miro. Es mi mano.
Distinta a la imagen que culturalmente poseo:
larga, dedos puntiagudos
y en las articulaciones exactitud matemática
de acuerdo al ritmo de Mahler, Yupanqui, Xenakis.
Mi mano cuadrada. Plana.
No están en ella ni el monte de Júpiter ni el de Venus ni el de la Luna.
Sí el mapa de siete generaciones que me preceden:
guerreros, labradores, albañiles, truhanes, hilanderas, modistas
apretando el terrón el puñal la sangre
el pañuelo empapado de sudor
la humilde violeta
el dedal el huso la baraja.
Mírala, bruja de todo alquimería,
quiromántica.
Mi destino no está escrito en las líneas de la mano,
está en el Universo.
Lo rigen el tiempo y el espacio:
la gigantesca espiral de la Historia:
ese milagro.
Canto a Eros
(Coro de Antígona de Sófocles, ll. 781-805)
Eros,
no hay quien te gane,
Eros,
aboles la propiedad
privada, pasas la noche
en las mejillas suaves de una joven;
vas y vienes por el mar, te paseas
por los campos y de ti no hay
refugio, ni para dioses
ni para los efímeros humanos,
al contrario,
quien te posee,
pierde.
Incluso mentes juiciosas
descarrilas, hasta lisiarlas,
agitador,
creas bulla en las familias,
y el deseo que salta de los párpados
de una novia en la cama
joven, vence;
burlas magistrados
de leyes poderosas,
pues Afrodita, diosa invicta, juega
en tu equipo.
Pero ahora soy yo quien cae afuera
de la ley
al observar lo que pasa aquí,
no puedo
contener mis lágrimas,
brotan
cuando veo a Antígona rumbo al tálamo
de su noche perpetua.
Voz: Joe Louis
Traducción: Cristina Pérez Díaz
Mi jaragual
(Coro de Las traquinias de Sófocles, ll. 205-224)
¡Quel jaragual grite en el altar!
¡Que hay boda! ¡Que adentro
Al unísono el maullido de los hombres
Llegue hasta Apolo,
El que protege, el de la aljaba puntera!
Y al mismo tiempo levanten, vírgenes,
––¡Qué inmenso, qué inmenso!––
Alcen alta la voz para su hermana,
Artemisa Ortigia, cazadora de ciervos,
La del fuego en las manos,
Y sus vecinas las Ninfas.
Tomo el aulos en mis manos,
No lo rechazo, ¡ay, tirano de mi mente!
Mira cómo me arrebata,
––¡Ecuajéi, ecuajéi!––
La hiedra, cómo me baila, me da giros,
En la rumba de Baco.
¡Alalalé, alalaé, oye mi canto!
¡Mira, mira, mujer, lo que viene por ahí!
Está delante tuyo, con la proa hacia el frente,
Palpable, tan ahí pa que lo veas.
Voz: Marili Pizarro
Producción y traducción: Cristina Pérez Díaz
Esto pudo haber sido distinto
(EURÍPIDES, Andrómaca 274-308)
Hermes, el hijo de Zeus y Maya,
Inició muchos males
Cuando vino al valle de Ida
Guiando el carro de las triples diosas
Con una pelea odiosa por cargo
A cerca de la belleza,
Hasta la casa de Paris, el pastor,
Hasta el pastor joven, ni muy astuto,
Ni muy viajado,
Hasta el guardián de una casa desierta.
Las diosas, después de ir al bosque repleto de árboles
En medio de la montaña, a bañar
Sus cuerpos brillantes en las corrientes
Del riachuelo, fueron al hijo de Príamo,
Lo engatusaron con hipérboles deshonestas,
Y fue Afrodita quien lo atrapó
Con sus palabras mañosas,
Dulces al oído,
Pero amarga destrucción de la vida
Para la ciudad de los frigios,
La infeliz ciudadela de Troya.
Ojalá lo hubiera tirado
Por encima de su cabeza, a este mal,
La madre que lo parió,
A esta maldición, antes de que hubiese
Vivido en el monte rocoso de Ida,
Antes, cuando Casandra,
Junto al altar de los laureles gritó
Mátenlo,
A esta catástrofe de la ciudad de Príamo.
---¿A cuántos ancianos no fue a rogarles
Que abortaran al feto?---
El yugo de la esclavitud no hubiese
Caído sobre Troya,
Tú, mujer, vivirías en casa de reyes,
Le habría ahorrado a Grecia los dolores
Que por diez años sufrieron sus jóvenes,
Sosteniendo la guerra con sus lanzas en Troya,
Y las camas no estarían desiertas
Y los viejos no serían huérfanos.
Traducción y producción: Cristina Pérez Díaz
Música: Alejandro Kauderer
Tiempo Tiempo.
Pienso en tu sexo.
Oh las cuatro paredes de la celda.
Al borde de un sepulcro florecido
999 calorías
Quién como los hielos. Pero no.
1,000 calorías
Remeda al cuco; Roooooooeeeis...
Aire, aire! Hielo!
Y hasta la misma pluma
Treinta y tres trillones trescientos treinta
Me desvinculo del mar
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