Aún no se cómo llego a pesar de todos los años transcurridos.
yo tejía una bufanda con agujas de metal blanco
y me pidió que siguiera tejiendo.
Quería ver cómo movía las manos.
Nunca le pregunté por temor quizá a la respuesta
o porque estando con ella era tanto lo que teníamos que hablar
tan sugestivo el silencio,
que ese detalle el por qué , el cómo
es que las anémonas violetas que llenaban la jarra de plata
y los pétalos blanquecinos lilas de ceniza
y sus ojos azules, negro de tan azules,
Nunca más hablamos de ello
después de haber recorrido toda la casa
de haberse detenido en los rincones, en las colchas, en los espejos
nos abrazamos entre llorando y riendo
nos acariciamos la cabeza
y fue el momento más tierno del que tengo memoria.