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Voz: Florencia Garramuño
Traducción: Florencia Garramuño y Gonzalo Aguilar
Voz: Florencia Abbate
Traducción: Florencia Garramuño y Gonzalo Aguilar
Voz: Gonzalo Aguilar
Traducción: Florencia Garramuño y Gonzalo Aguilar
Voz: Marcos Crotto
Traducción: Florencia Garramuño y Gonzalo Aguilar
Muerto el hermano
la mitad del hijo crucificada
la otra mitad tierra ardida dragón encantado
mar sin riberas barco sin velamen
deberé soplar mis fuerzas por tanta ceniza acumulada
como si fueran carbones a encender
adormiladas brasas.
Al cruzar este territorio de imágenes imágenes imágenes
de palabras palabras más palabras
mis entrañas aún vivas se anudan en prolongada náusea:
es la necesidad del vómito
el asco.
Anoche me soñé niña otra vez
corriendo por campos de alfalfa
apareciendo y desapareciendo mi cabeza como un gran pájaro
Ese sueño me hizo feliz
Oh querida amiga de ojos mansos
lenta y asombrada hasta de tu propia sombra
sé que cuando muges a la hora del Ángelus
y miras largamente el horizonte
es porque lamentas no ser un toro embravecido
no poder arremeter contra todos los postes
arrasar los alambrados
Paso entonces mano por tu hocico siempre lleno de babas
te hablo y me miras
y las dos seguimos esperando
Fui la otra
Eva, Nefertiti, Safo, La Gioconda, Isabel de Inglaterra, Juana de Arco, Pocahontas, la Bella Durmiente del bosque, Madame Curie, Valentina Lagargo, la Pasionaria, Cosquinea, Sor Juana Inés de la Cruz, la Teresa Batista de Jorge Amado
Fui la otra
la hija perfecta, la amante perfecta, la perfecta madre
todas tan perfectas como perfectas son la Física, la Química, las Matemáticas, la teoría del cambio permanente de Heráclito
Se detuvo un instante el universo
chocaron los astros los unos contra los otros
la tierra fue cubierta por las aguas
y el fuego en las olas más altas
La otra se trizó como se trizan los cristales
ahora soy la otra de la otra
entre medio
esta luz interior que me enceguece
Aún no se cómo llego a pesar de todos los años transcurridos.
Se sentó frente a mí.
yo tejía una bufanda con agujas de metal blanco
o de un gris casi blando
y me pidió que siguiera tejiendo.
Quería ver cómo movía las manos.
Nunca le pregunté por temor quizá a la respuesta
o porque estando con ella era tanto lo que teníamos que hablar
tan sugestivo el silencio,
que ese detalle el por qué , el cómo
perdía importancia.
Lo único que recuerdo
y que se repite a diario
entre esfumado
entre nebuloso
es que las anémonas violetas que llenaban la jarra de plata
se marchitaron de pronto
y los pétalos blanquecinos lilas de ceniza
cayeron a la mesa
al suelo.
Se levantó el velo
que le cubría el rostro
y sus ojos azules, negro de tan azules,
se clavaron en mis ojos.
Nunca más hablamos de ello
pero cuando me dijo
después de haber recorrido toda la casa
de haberse detenido en los rincones, en las colchas, en los espejos
"Yo soy tu soledad"
nos abrazamos entre llorando y riendo
nos acariciamos la cabeza
y fue el momento más tierno del que tengo memoria.
No volveré a caer.
Aprendí de la araña la exactitud para tejer mi tela
de la víbora a reptar
del gato a ver en la oscuridad
del cóndor a medir la altura del vuelo.
No tornaré al infierno.
Aprendí que la caída no está en el espacio
el destino
el tiempo.
Sólo adentro. Muy adentro.
El hombre que abandona su ángel
que lo posterga
que caiga bajo su hacha.
Ni una mancha de sangre quedará en la hoja
ni una mancha de sangre en la hierba.
La tierra absorbe el veneno
lo desintegra
lo transforma en larvas.
Y que no haya lástima. Que no haya miedo.
Degüella lástima y miedo de un solo golpe
Y a sus cabezas multiplicadas sepúltalas en una tumba común.
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