Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • El nuevo cielo (Tilsa Otta, por Tálata Rodríguez)

    Este poema es un cielo

    para que puedan vivir aquí después de morir
    con todo mi cariño
    si son ateos y no saben a dónde ir
    si son cristianos y los estafaron con su terreno
    si viven al día y no hicieron ningún arreglo
    regresen Aquí
    Aquí conocerán a sus bisabuelos
    celebrarán reencuentro con todos sus perros
    además, encontrarán a los famosos que les gustan en su mejor momento en el plano físico
    Aquí Marc Bolan es amigo de Mónica Santa María y cantan canciones infantiles
    con la niña de El aro que es linda y dulce
    porque encontró al fin el lugar idóneo para descansar en paz
    A Carl Sagan le gusta pasar la tarde sentado
    observando a Madame Blavatsky
    Lord Byron trata de seducirlos siempre
    Lxs desconocidxs como nosotrxs somos felices también
    Hay puestos de snacks atendidos por niños
    porque Aquí no es mal visto que trabajen
    y no tienen que ir a la escuela
    Los menores están contentos trabajando
    incluso la niña del aro
    como ya se mencionó
    su nombre es Samara, vende cigarrillos y mezcal
    La dama de Cao se sigue tatuando y tatúa también a otros
    El soldado desconocido hace bailes exóticos a veces
    se quita hasta la última prenda y es gratis de ver
    El cielo es celeste por lo general
    solo descansa un día a la semana
    entonces lo cubre otro color
    el que se ofrezca de forma voluntaria
    Aquí nadie está obligado a nada
    Este cielo que diseñé para ustedes con ayuda de los mejores urbanistas es risueño
    también puse un dios por si las moscas
    en un lugar discreto
    para que jueguen a encontrarlo
    en este simulacro de eternidad de sesenta y cuatro líneas abiertas para todxs sin distinción
    Selena busca a dios en los detalles
    Frankie Ruiz y Amy Winehouse en las drogas duras
    Severo Sarduy, el verdadero Paul Mccartney, Eduardo Chirinos, la oveja Dolly, Baba Vanga
    De pronto todos los muertos se han puesto a buscarlo y se ha producido un silencio que en el hemisferio terrenal es puro vaporwave
    Están como locos revolviendo el diseño
    como si hubiera un premio
    Pero si ya estamos en el cielo
    Y dale con eso!
    No valoran mi trabajo me resiento
    Al menos lo notan y me abrazan me dan besos
    Ya todo está bien ya estoy bien ya estoy bien!
    Vamos juntxs a enchular este buen cielo nuestro
    vamos a agregar unos cuantos cíclopes por aquí y caballitos de mar
    luces de navidad una gran piscina de agua de pepino con limón
    tiendas de accesorios para nudistas
    perros peludos que se desempeñan como nubes rápidas
    barcos lejanos que avanzan en nuestra dirección
    Y así podemos seguir por siempre
    construyendo el paraíso con nuestros caprichos
    con nuestros fetiches nuestros amores nuestros vicios
    Qué suerte
    Los esperamos entonces
    No tarden mucho
    Separen la página
    Aquí estaremos

    4 min
  • La dactilógrafa tuberculosa (Nicolás Olivari, por Juan Diego Incardona)

    Esta doncella tísica y asexuada,

    esta mujer de senos inapetentes,

    -rosicler en los huesos de su cara granulada,

    y ganchuda su israelita nariz ya transparente...


    Esta pobre yegua flaca y trabajada,

    con los dedos espátulas de tanto teclear,

    esta pobre mujer invertebrada,

    tiene que trabajar...


    Esta pobre nena descuajeringada,

    con sus ancas sutiles de alfiler,

    tiene el alma tumefacta y rezagada

    ¡y se empeña en comer!


    Yo la amé cuatro meses con los ojos,

    con mis ojos de perro triste y vagabundo;

    cuando le miraba los pómulos rojos,

    ¡qué dolor profundo!


    Un día juntamos hombro a hombro nuestra desdicha;

    vivimos dos meses en un cuchitril;

    en su beso salivoso naufragó la dicha

    y el ansia de vivir...


    Una tarde sin historia, una tarde cualquiera,

    murió clásicamente en un hospital.

    (Bella burguesita que a mi lado pasas, cambia de acera,

    porque voy a putear...).

    2 min
  • A esta mujer (Circe Maia, por Laura Wittner)

    A esta mujer la despierta un llanto:

    se levanta medio dormida.

    Prepara una leche en silencio

    cortado por pequeños ruidos de cocina.

    Mira cómo envuelve su tiempo

    y en el está vida.

    Sus horas

    fuertemente tramadas

    están hechas de fibras resistentes

    como cosas reales: pan, avena,

    ropa lavada, lana tejida.

    Cada hora germina otras horas

    y todos son peldaños

    que ella sube y resuenan.

    Sale y entra y se mueve

    y su hacer la ilumina.

    1 min
  • El Yo es como una Columna (Emily Dickinson, por Daniel Lipara)

    El Yo es como una columna–

    un apoyo colosal

    en cualquier Apuro –o Trance–

    y qué buena la Certeza


    que no hay Palanca que fuerce–

    y no hay cuña que quebrante

    la Convicción –que es la Base–

    aunque Nadie nos apoye–


    Como Público –que basten

    la Rectitud –y Una Misma–

    esa Reunión –no está lejos

    del Espíritu –de Dios–

    1 min
  • La esperanza es la cosa con plumas (Emily Dickinson, por Enrique Winter)

    «La esperanza» es la cosa con plumas —

    que se asienta en el alma —

    y entona la canción sin las palabras —

    y nunca se detiene — del todo —

    y más dulce — se escucha —

    en la Galerna — Y airada ha de estar la tormenta —

    que pudo avergonzar al Pajarito
    que a tantos les dio abrigo —

    La escuché en la tierra más fría —

    y en el más raro Mar —

    pero, nunca, en la Adversidad,

    Me pidió una sola — migaja.


    Traducción de Enrique Winter.

    1 min
  • ¿Es la Dicha un Abismo por lo tanto? (Emily Dickinson, por Rodrigo Márquez Tizano)

    ¿Es la Dicha un Abismo por lo tanto

    que no me deja dar un paso en falso
    por miedo a que el calzado se me arruine?

    Prefiero que mis pies se den el gusto

    a cuidar los Zapatos –
    porque en cualquier zapatería una
    puede comprar
    un nuevo Par –

    Mas la Dicha se vende una vez sola.

    Perdida la Patente
    nadie podrá comprarla nunca más –
    Díganme, Pies, decidan la cuestión
    ¿debe cruzar la Señorita, o no?
    ¡Expídanse, Zapatos!

    1 min
  • Morir no duele mucho (Emily Dickinson, por Karim Ganem Maloof)

    Morir no duele mucho:

    nos duele más la vida.

    Pero el morir es cosa diferente,

    tras la puerta escondida:

    La costumbre del sur, cuando los pájaros

    antes que el hielo venga,

    van a un clima mejor. Nosotros somos

    pájaros que se quedan:

    Los temblorosos junto al umbral campesino,

    que la migaja buscan,

    brindada avaramente, hasta que ya la nieve

    piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.


    Traducción: Anónimo de Internet

    1 min

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