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Or


Este poema es un cielo
Esta doncella tísica y asexuada,
esta mujer de senos inapetentes,
-rosicler en los huesos de su cara granulada,
y ganchuda su israelita nariz ya transparente...
Esta pobre yegua flaca y trabajada,
con los dedos espátulas de tanto teclear,
esta pobre mujer invertebrada,
tiene que trabajar...
Esta pobre nena descuajeringada,
con sus ancas sutiles de alfiler,
tiene el alma tumefacta y rezagada
¡y se empeña en comer!
Yo la amé cuatro meses con los ojos,
con mis ojos de perro triste y vagabundo;
cuando le miraba los pómulos rojos,
¡qué dolor profundo!
Un día juntamos hombro a hombro nuestra desdicha;
vivimos dos meses en un cuchitril;
en su beso salivoso naufragó la dicha
y el ansia de vivir...
Una tarde sin historia, una tarde cualquiera,
murió clásicamente en un hospital.
(Bella burguesita que a mi lado pasas, cambia de acera,
porque voy a putear...).
A esta mujer la despierta un llanto:
se levanta medio dormida.
Prepara una leche en silencio
cortado por pequeños ruidos de cocina.
Mira cómo envuelve su tiempo
y en el está vida.
Sus horas
fuertemente tramadas
están hechas de fibras resistentes
como cosas reales: pan, avena,
ropa lavada, lana tejida.
Cada hora germina otras horas
y todos son peldaños
que ella sube y resuenan.
Sale y entra y se mueve
y su hacer la ilumina.
El Yo es como una columna–
un apoyo colosal
en cualquier Apuro –o Trance–
y qué buena la Certeza
que no hay Palanca que fuerce–
y no hay cuña que quebrante
la Convicción –que es la Base–
aunque Nadie nos apoye–
Como Público –que basten
la Rectitud –y Una Misma–
esa Reunión –no está lejos
del Espíritu –de Dios–
«La esperanza» es la cosa con plumas —
que se asienta en el alma —
y nunca se detiene — del todo —
y más dulce — se escucha —
en la Galerna — Y airada ha de estar la tormenta —
La escuché en la tierra más fría —
y en el más raro Mar —
Me pidió una sola — migaja.
Traducción de Enrique Winter.
¿Es la Dicha un Abismo por lo tanto
Prefiero que mis pies se den el gusto
Mas la Dicha se vende una vez sola.
Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:
La costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:
Los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,
brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.
Traducción: Anónimo de Internet
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