Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Cosmogénesis III (Olga Elena Mattei, en la voz de Eliana Hernández)

    Roncando como truenos del averno,

    tétrica,

    la tierra esférica, tambalea,

    su matriz inmensa

    preñada

    con el peso del futuro

    que va a desparramarse por sus muslos.

    Monstruosa

    madre,

    en sus fauces de cavernas

    se quema y se cocina

    la materia que transforma

    su más secreta

    piedra.

    Sus pectorales músculos

    pletóricos

    y su pulmón de cavas

    alveolares primordiales

    deletéreas

    soplan hasta insuflar de vida

    la síntesis carbónica

    de luz y clorofila.

    Los pliegues de su vientre,

    y las arrugas de su gleba

    forman y nutren

    y acunan la semilla.

    Y entonces el proceso

    de sus jugos nucléicos

    compone sus canciones

    de enamorados sueños,

    poemas para orquesta,

    escaleras espirales de materia

    genética.

    Tras de millones de millones

    de años-fuego,

    llegamos.

    Apenas comenzando,

    procariote ancestral,

    microscópico

    Adán,

    ser

    primero,

    mi pre-yo bacterial

    donde el proyecto

    del amor

    se me encendió

    de vida

    en la fusión

    de la forma materia

    con la forma energía.

    Y desde allí se abriría

    la pupila!

    Entre tanto universo,

    ¿Qué gota nos destila?

    Y en el caos,

    ¿Qué nos contamina?

    2 min
  • Poema sin título (Johanna Barraza Tafur, en la voz de Alejandra Algorta)

    No me iré a la tumba con secretos

    le diré a la vecina que papá mata a su gato

    cuando se le comió un canario

    le diré a mi abuelo materno que mi abuela jamás lo quiso

    Le confesaré al cura

    que no me tragué la hostia

    en mi primera comunión

    y dios no entró en mí

    Mi vecino sabrá

    que su esposa le hacía brujería

    y que el loro decía la verdad

    sobre su amante

    admitiré que no leí a Pizarnik

    que nunca perdoné a mi hermana

    por engañarme con mi ex

    llamaré aquella mujer que amé

    y nunca se lo dije

    No me iré a la tumba

    ni con los míos

    ni con los de nadie

    basta misterios

    sálvese quien pueda

    Me iré

    y cuando los gusanos

    vengan a comerse mi lengua

    la encontrarán vacía.

    1 min
  • Sexo oral (María de los Ángeles Popov Jiménez, en la voz de Velia Vidal)

    Porque, la, a, no se cansa, de jadear,

    entre mis piernas.

    Porque ella, es, la, primera, vocal,

    envaginada.

    La,

    a,

    es abierta, y moja su sonido genital,

    se vuelve pélvica.

    La,

    a,

    es,

    sexual,

    es,

    sexo,

    oral, gramatical.

    La,

    a,

    es deslenguada y me hace girar redondeada,

    me vuelve fonética la cama,

    me hace mudo el paladar,

    me abre y no me deja cerrar

    la entonación de mis palabras.

    La,

    a,

    vocal,

    velar labial,

    me hace desparramar,

    vagina sin paladar,

    orgasmo labidental,

    pasión alveolar, sexo simple,

    saliva de la sílaba,

    movimiento de la sábana átona,

    vértice del esperma,

    punto de articulación media,

    a donde se pronuncian algunas vocales,

    se vocalizan y se saborean los genitales,

    se vuelve tartamuda la lengua y

    se convierte el fonema en sílaba.

    2 min
  • El tiempo - Viernes 13 (Mirta Rosenberg, en la voz de Julieta Venegas)

    Nadie me dijo esta tarde

    “que tu inquietud se aquiete con mi descanso

    o con mi acción”. Pero dijiste, Ojos, que no hay prisa

    ni pausa

    y lo que no sale de tu boca no entra

    en la eternidad: que el instante tiene un precio,

    y el lugar.

    Ojos, dirías que me viste a veces

    en una mesa de bar, con un dolor de saldo.

    Soy residual.

    Perpetuamente rehecha

    quiero ser, aunque las muertes

    se hayan dado en la secuencia equivocada,

    en orden diferente, y no sé,

    Ojos, esto está para mirar y ver

    una aventura metafórica o una

    metáfora venturosa

    de indisolubilidad,

    como el amor natural

    entre ciertos metales

    o elementos.

    Como dama, Ojos, me parece

    que es el arte lo invisible

    o ese pálido reflejo de color indefinido

    que aparece en la bolita

    de vidrio facetado

    de los aros del alhajero. Visto

    de noche, como anoche,

    rehecho ahora en esta nueva edición

    aumentada y corregida por mis lentes,

    sigue sin estar

    aunque es ser.

    Soy una lupa, Ojos,

    que te hace magnífica

    y quiere

    magnificar el tiempo

    para que en este mismo instante afirmes

    “hay que trabajar”.  Por tantas cosas,

    por buenas razones

    y proporciones bellas,

    que el tiempo va a arrasar.

    O no sé y, Ojos,

    mientras dura...

    ... Nada de cerrojos, salgamos al boulevard

    de La Puesta del Sol,

    de Los Sueños Destrozados

    o algún paseo más moderno,

    finisecular, donde las motos japonesas

    nos persigan porque tendrían

    un tiempo

    de alcanzarnos.

    Ya doblamos la esquina

    y, cruzando, se ve el parque

    y se ve que va a durar porque sin viento, Ojos,

    esos árboles parecen detenidos.

    Dirías “yo sé ver”

    y sé que me has visto.

    Soy un grano de arena

    del reloj de arena donde cada átomo

    es tiempo

    del intento

    que el tiempo va a arrasar.

    3 min
  • Gato en retrato (Mirta Rosenberg, en la voz de Eduardo Milán)

    Se pierde el momento

    de empezar

    se empieza

    en cualquier lado: aunque

    se pierda

    el gato

    está ganado. Y no se espera.

    Ni siquiera

    el gato espera al gato.

    El gato es solo

    y eso le permite

    inventarse

    sus pasiones. Su riesgo

    es saber

    y de antemano

    que nadie lo querrá

    como querría.

    Y ésta:

    "Gato en el mundo,

    poco profundo",

    su sentencia.

    Siendo leve,

    el gato es. Se sueña

    con gatos cuando uno

    se sale de sí mismo. El gato

    rara vez

    cabe en el gato.

    Está

    autorizado al equilibrio

    y condenado

    por lo mismo

    a sitios relativos:

    sube

    y no asciende, baja

    y no se hunde.

    El único lugar del gato

    es donde

    el gato estuvo.

    Según

    mi amiga,

    en Roma

    hay siempre el mismo

    gato.

    Se renuevan

    sin embargo

    los gatos de París. Y hay

    más de uno siempre a un tris

    de ser feliz

    aquí.

    El aquí

    es el conflicto del gato.

    De donde mira

    ve

    que el mundo gira

    y se marea. Gato mareado,

    gato agotado. Lo pierde

    lo relativo

    y ni lo salva

    saber que está ganado

    aunque perdido.

    3 min
  • Inherencia (Mirta Rosenberg), en la voz de Gabby De Cicco

     No puedo ser la acacia,

    y debería. La realidad

    es siempre poca

    y no parece

    ser la última. Tampoco

    la primera, que develaría

    al hoy.

    Hoy

    he mirado la acacia y la sucia

    combadura del pasto en la llovizna

    sin atreverme

    a comprenderlas.

    Pero sé que debo amar

    lo incomprensible, con este amor

    improbable.

    Ser persona

    es estar desesperada

    por los modos del amor y el nudo

    donde lo dicho enmudece:

    lo único

    posible de las cosas es nombrarlas

    en un rodeo sin fin mientras se mueven

    de lugar.

    Nuestra propia quietud

    aquí

    es delgada y grueso

    el movimiento que alarga

    la transición de ser a deshacer

    la realidad

    en imposibles: la idea de la rosa

    en su buen uso

    hace a la rosa posible

    entre las horas

    que la gravedad del cuerpo arrasa

    en un girar de grupas vueltas

    o volteadas.

    Más allá se empaña

    la reja de los años

    del espejo donde antes

    yo era verde.

    Ahora

    soy de ese color que el verde

    toma con el tiempo y en el tiempo

    abusa el ojo

    del sujeto

    de la rosa, de la acacia que deshoja

    al azar el contratiempo

    del género mujer–

    hombre–

    y objeto que soy cuando me nombro

    así sujeta, que ni acorta,

    ni descarta, ni parece

    estar

    pero presente.

    3 min
  • Bestiario íntimo (Mirta Rosenberg, en la voz de José Kozer)

    Si alguien querría ser una tortuga

    sería yo:

    hacer de una sección cónica

    mi propia sede prehistórica

    alojada en la espina dorsal.

    Ser tortuga

    tiene algo de ideal:

    desde joven luce arrugas

    y en sentido literal

    se hace mayor con los años

    – a más edad

    más tamaño.

    Post-matrimonial,

    sin lazos familiares

    después de desovar,

    igual a todas y cada una,

    naturalmente hija de la luna,

    sin embargo

    no hay cisma

    entre ella misma y sus lares.

    Entre tantos avatares,

    para mí

    que estoy en mí

    – puro apremio sin molicie –,

    poco cuenta que sea lenta

    su marcha en la superficie:

    eso

    me haría durar

    y capaz de entrar al mar,

    – que cubre dos tercios del mundo –

    sabiendo que si me hundo

    gano velocidad.

    2 min
  • Teoría sentimental (Mirta Rosenberg, en la voz de Verónica Zondek)

    El arte sería tocarte, un invento,

    insignificante si el olvido lo demora. Lo siento

    porque es ahora estallido de la rosa

    presurosa del instante,

    extraviada en el jardín

    y devuelta por el sinfín

    de las horas transcurridas: una... dos... tres...

    Si te toco, ¿cómo es? Hay lo mucho de lo poco, digo

    el beso, el exceso del miraje y... ¿puede ser, ahora sigo,

    el encaje de tu aliento

    en el reloj del oleaje? Atravieso

    los celajes, el fervor, las profecías (¿el amor?

    ¿no será la porfía de la "máquina del dolor"?)

    y llego acá: "El arte sería tocarte". Silencio. No

    confundo confetti con maná

    pero igual estoy perdida

    entre viejas cartografías de la ruta de la seda

    y la pasión como centro. ¡Ah corazón, me decía,

    explícate como yo, que estoy adentro de un cuerpo

    y sin embargo con vida!

    No sabía

    que el diamante fuera pájaro

    ni tampoco que muriera

    de una muerte que no fuera

    natural:

    un diamante

    tiene la suerte del brillo

    de la centella, aunque alguna estrella

    se enfríe y la sal de la vida sea

    lo que se lea

    como novela

    por el rabillo del ojo

    de un gran lector

    cenital. Adivinó que era amor

    y se

    ríe:

    se pudiera, escribiría en potencial,

    y si no, sería contante. Me enojo,

    hago mal y digo para

    adelante:

    ese

    pájaro se ha muerto y no es augurio

    de Lázaro ni de santa ni sabbath. Lo cierto

    es que yo te extraño y que es Maureen la que canta

    pelirroja

    con esplín,

    la verdad de lo ocurrido "You'll never know

    how much I miss you" You es tu, sos vos,

    SOS, como un pedido de auxilio,

    miss,

    cualquier

    daño fue anterior. Estoy a un tris

    de entender (¿un diamante es doble amante,

    o dos veces sin objeto o sólo un reto

    a la

    repetición?)

    que por ejemplo otra vez, algo

    me está esperando –corazón-mata-callando—

    y se va, como en inglés, "sobre su ala",

    vale decir,

    se nos vuela.

    La textura del tiempo, Vladimir, es rala,

    una usura del instante y de sufrir cuando apela

    a no sé qué: nunca volver es lo mismo

    que

    irse

    para adelante. Me tocaste, ¿te toqué?

    ¿Compartimos un abismo? Dame, diste,

    dí, diré: las facetas del diamante

    son,

    no sé,

    mejor hablame y te creo. Así como quien reza

    sin un deseo de asceta: todo poema es de amor,

    toda guerra es interior, toda palabra

    está presa.

    5 min
  • Examen de conciencia (Ángel Ortuño, en la voz de Luis Vicente de Aguinaga)

    Vicio es el hábito de hacer mal

    algo.

    Hacer mal es no

    seguir las reglas, no hacerlo como debe

    hacerse.

    Es decir, como siempre

    se ha hecho.

    Todos los valiosos conocimientos acumulados

    por la humanidad

    con el loable fin

    de que no vaya yo a salir con una

    de mis pendejadas,

    se van,

    así,

    al bote de la basura y la desesperanza.

    Y además, me divierte.

    Pero eso se llama

    contumacia

    (la obstinación orgullosa)

    y será materia de futuras confesiones.

    2 min

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