Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Antimanifiesto sobre los 100 años del cine (Jonas Mekas, en la voz de Mercedes Halfon)

    En tiempos de lo enorme, de lo espectacular,

    de producciones cinematográficas de cien millones,

    quiero hablar por los pequeños actos invisibles del espíritu humano,

    tan sutiles, tan pequeños que mueren apenas se los expone a los reflectores.

    Quiero celebrar las pequeñas formas del cine, las formas líricas,

    el poema, la acuarela, el estudio, el boceto, la tarjeta postal,

    el arabesco, el trío y la bagatela y las pequeñas canciones en 8mm.

    En tiempos en los que todos anhelan el éxito y quieren vender,

    yo quiero celebrar a aquellos que aceptan el fracaso social cotidiano

    para buscar lo invisible, lo personal,

    las cosas que no dan ni dinero ni pan

    y que no hacen la historia contemporánea,

    ni la historia del cine, ni ningún tipo de historia.

    Estoy a favor del arte

    que hacemos los unos para los otros como amigos

    y que hacemos para nosotros mismos.

    Estoy parado en medio de la autopista de la información y me río

    porque una mariposa sobre una pequeña flor

    en algún lugar, en algún lugar, acaba de agitar sus alas

    y yo sé que todo el curso de la historia

    cambiará drásticamente debido a ese aleteo

    una cámara de 8 milímetros acaba de hacer un zumbido

    en alguna parte del Lower East Side en Nueva York

    y el mundo no volverá a ser el mismo

    la verdadera historia del cine es la historia invisible

    una historia de amigos juntándose

    haciendo aquello que aman

    para nosotros el cine recién comienza

    con cada nuevo zumbido del proyector

    con cada nuevo zumbido de nuestras cámaras

    nuestros corazones se alzan

    hacia adelante, mis amigos

    3 min
  • Canción de Hollywood (Serú Girán, en la voz de Matías Méndez)

    Es el fin

    De una comedia americana

    Un jardín

    Dos que se aman

    Música para violín

    Luz de gas

    El cielo es tan azul pintado

    La ciudad un decorado

    Vidrio, cartón y aserrín

    Ya sé, dirán, es ilusión

    Es como el primer amor

    Hollywood está desierto

    Tengo que volver al sol

    Quién querrá

    Tu corazón de marquesina

    Tu vejez

    Estrella en ruinas

    Rubia paseando en Rolls Royce

    Es el fin

    Del infinito en cinerama

    Es el fin

    De este programa

    Tiempo de meditación

    Ya sé, dirán, es ilusión

    Es como el primer amor

    Hollywood está desierto

    Tengo que volver al sol

    Adiós

    Adiós

    París

    New York

    Ves la tierra en que naciste, sos vos

    Tus películas no existen, adiós

    Ya sé, dirán, es ilusión

    Es como el primer amor

    Hollywood está desierto

    Tengo que volver al sol

    2 min
  • Segundo poema (Arseny Tarkovsky, en la voz de Antonella Costa)

    Te esperé ayer desde el alba,

    se dieron cuenta de que ya no vendrás.

    ¿Te acordás qué tiempo tuvimos?

    Fue una fiesta. Yo salí sin abrigo.

    Llegaste hoy, y nos han preparado

    un día singularmente sombrío,

    la lluvia y una particular hora tardía.

    Y corren las gotas por las ramas heladas

    que ni las palabras podrían frenar,

    ni secar siquiera un pañuelo.

    1 min
  • Paris, Texas (Claudia Masin, en la voz de Milagros Porta)

    Me gustaría contarte lo que veo,

    hablarte de los hoteles abandonados

    apareciendo de la nada en el medio de la carretera,

    como castillos solitarios cuyos puentes levadizos

    fueron dinamitados hace tiempo. Me gustaría

    contarte lo que veo pero es imposible

    hallar un dolor que condescienda

    a ser narrado. ¿Vale la pena entonces,

    emprender tan largo viaje para ir de un extremo

    a otro del silencio? También es imposible

    callar por completo: sé que terminaré por llamarte,

    como se llama a alguien cuando se está a oscuras,

    sin el auxilio de la voz, un estremecimiento

    semejante al de las luciérnagas

    que al chocar contra un parabrisas en la ruta,

    se deshacen esparciendo una nube pequeña

    de polvo y luz, y esa -quizás- es su idea

    de un encuentro.

    2 min
  • Ave María (Frank O'Hara, en la voz de Guillermo Arengo)

    Madres de Estados Unidos

    déjenlos a sus hijos ir al cine

    que salgan de la casa y no tengan idea de lo que hacen ustedes

    es cierto el aire fresco es bueno para el cuerpo

    ¿y para el alma

    que crece en la penumbra, estampada de imágenes de plata?

    y cuando sean viejas como un día serán

    ellos no van a odiarlas

    no van a criticarlas no se van a dar cuenta

    van a estar

    en un país cubierto de glamour

    que vieron una tarde de domingo o después de ratearse de la escuela

    a lo mejor hasta les agradezcan

    por su debut sexual

    que sólo les costó algunos centavos

    y no alteró la calma del hogar

    sabrán de dónde vienen esos chocolatines

    y todo ese pochoclo innecesario

    igual de innecesario que irse de la película antes de que termine

    con un desconocido muy simpático cuyo departamento está en el edificio Heaven on Earth

    cerca del Puente de Williamsburg

    ay madres van a hacer a esos pendejos

    tan felices porque si no consiguen un levante en el cine

    no les va a preocupar

    y si aparece alguno va a ser todo re lindo

    y van a divertirse de una manera u otra

    en lugar de quedarse boludeando en el jardín

    o en sus habitaciones

    detestándolas

    de forma prematura puesto que no habrán hecho todavía nada horrible

    salvo tenerlos lejos del placer que se consuma a oscuras

    esto último es imperdonable

    así que no me culpen si desoyen mi consejo

    y se separa la familia

    y sus hijos se ponen viejos y ciegos frente al televisor

    mirando

    las películas que ustedes les prohibieron cuando eran chicos

    2 min
  • Primero sueño, versos 887-995 (Sor Juana Inés de la Cruz, en la voz de Marina de Tavira)

    ente ilustra luminoso.

    Pero de venus antes el hermoso
    apacible lucero
    rompió el albor primero
    y del viejo Titón la bella esposa,
    amazona de luces mil vestida,
    contra la noche armada,
    hermosa si atrevida,
    valiente aunque llorosa
    su frente mostró hermosa
    de matutinas luces coronada,
    aunque tierno preludio, ya animoso
    del planeta fogoso,
    que venía las tropas reclutando
    de bisoñas vislumbres,
    las más robustas, veteranas, lumbres
    para la retaguardia reservando
    contra la que tirana usurpadora
    del imperio del día,
    negro laurel de sombras mil ceñía
    y con nocturno cetro pavoroso
    las sombras gobernaba,
    de quien aun ella misma se espantaba.
    Pero apenas la bella precursora
    signífera del sol, el luminoso
    en el oriente tremoló estandarte,
    tocando alarma todos los suaves
    si bélicos clarines de las aves,
    diestros -aunque sin arte-
    trompetas sonorosos,
    cuando, como tirano al fin, cobarde
    de recelos medrosos
    embarazada, bien que hacer alarde
    intentó de sus fuerzas, oponiendo
    de su funesta capa los reparos,
    breves en ella, de los tajos claros
    heridas recibiendo,
    bien que mal satisfecho su denuedo,
    pretexto mal formado fue del miedo,
    su débil resistencia conociendo,
    a la fuga ya casi cometiendo
    más que a la fuerza, el medio de salvarse,
    ronca tocó bocina
    a recoger los negros escuadrones
    para poder en orden retirarse,
    cuando de más vecina
    plenitud de reflejos fué asaltada,
    que la punta rayó más encumbrada
    de los del mundo erguidos torreones.
    Llegó en efecto el sol cerrando el giro
    que esculpió de oro sobre azul zafiro
    de mil multiplicados
    mil veces puntos, flujos mil dorados,
    líneas, digo, de la luz clara salían
    de su circunferencia luminosa,
    pautando al cielo la cerúlea plana
    y a la que antes funesta fué tirana
    de su imperio, atrapadas embestían
    que sin concierto huyendo presurosa
    en sus mismos horrores tropezando
    su sombra iba pisando
    y llegar al ocaso pretendía
    con él sin orden ya, desbaratado
    ejército de sombras, acosado
    de la luz de la luz que el alcance le seguía.
    Consiguió al fin, la vista del ocaso
    el fugitivo paso
    y en su mismo despeño recobrada
    esforzando el aliento de la ruina,
    en la mitad del globo que ha dejado
    el sol desamparado,
    segunda vez rebelde determina
    mirarse coronada,
    mientras nuestro hemisferio la dorada
    ilustraba del sol madeja hermosa,
    que con luz juiciosa
    de orden distributivo, repartiendo
    a las cosas visibles sus colores
    iba restituyendo
    entera a los sentidos exteriores
    su operación, quedando a la luz más cierta
    el mundo iluminado, y yo despierta.

    5 min
  • Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba (Sor Juana Inés de la Cruz, en la voz de Michelle Betancourt)

    Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,

    como en tu rostro y tus acciones veía
    que con palabras no te persuadía,
    que el corazón me vieses deseaba.

    Y Amor, que mis intentos ayudaba,

    venció lo que imposible parecía,
    pues entre el llanto que el dolor vertía,
    el corazón deshecho destilaba.

    Baste ya de rigores, mi bien, baste,

    no te atormenten más celos tiranos,
    ni el vil recelo tu quietud contraste

    con sombras necias, con indicios vanos:

    pues ya en líquido humor viste y tocaste
    mi corazón deshecho entre tus manos.

    1 min
  • Detente, sombra de mi bien esquivo (Sor Juana Inés de la Cruz, en la voz de Isabel Toledo)

    Detente, sombra de mi bien esquivo

    imagen del hechizo que más quiero,
    bella ilusión por quien alegre muero,
    dulce ficción por quien penosa vivo.

    Si al imán de tus gracias atractivo

    sirve mi pecho de obediente acero,
    ¿para qué me enamoras lisonjero,
    si has de burlarme luego fugitivo?

    Mas blasonar no puedes satisfecho

    de que triunfa de mí tu tiranía;
    que aunque dejas burlado el lazo estrecho

    que tu forma fantástica ceñía,

    poco importa burlar brazos y pecho
    si te labra prisión mi fantasía.

    1 min
  • Amado dueño mío (Sor Juana Inés de la Cruz, en la voz de Verónica Bravo)

    LIRAS

    QUE EXPRESAN SENTIMIENTOS DE AUSENTE


    Amado dueño mío:

    escucha un rato mis cansadas quejas,
    pues del viento las fío
    que breve las conduzca a tus orejas,
    si no se desvanece el triste acento
    como mi esperanza en el viento.

    Óyeme con los ojos,

    ya que están tan distantes los oídos
    y de ausentes enojos
    en ecos de mi pluma mis gemidos;
    y ya que a ti no llega mi voz ruda,
    óyeme sordo, pues me quejo muda.

    Si del campo te agradas,

    goza de sus frescuras venturosas,
    sin que aquestas cansadas
    lágrimas te detengan enfadosas;
    que en él verás, si atento te entretienes,
    ejemplo de mis males y mis bienes,

    Si el arroyo parlero

    ves galán de las flores en el prado,
    que amante y lisonjero
    a cuantas mira íntima su cuidado,
    en su corriente mi dolor te avisa
    que a costa de mi llanto tienes risa.

    Si ves que triste llora

    su esperanza marchita en ramo verde
    tórtola gemidora,
    en él y en ella mi dolor te acuerde
    que imitan con verdor y con lamento
    él a mi esperanza y ella mi tormento.

    Si la flor delicada,

    si la peña, que altiva no consiente
    del tiempo ser hollada,
    ambas me imitaban, aunque variamente,
    ya con fragilidad, ya con dulzura,
    mi dicha aquélla, y ésta mi firmeza.

    Si ves el ciervo herido

    que baja por el monte acelerado,
    buscando, dolorido,
    alivio al mal en un arroyo helado,
    y sediento al cristal se precipita,
    no en el alivio, en el dolor me imita.

    Si la liebre encogida

    huye medrosa de los galgos fieros,
    y por salvar la vida
    no deja estampa de los pies ligeros,
    tal mi esperanza en dudas y recelos
    se ve acusada de villanos celos.

    Si ves el cielo claro,

    tal es la sencillez del alma mía;
    y si, de luz avaro,
    de tinieblas emboza el claro día,
    es con su oscuridad y su clemencia
    imagen de mi vida en esta ausencia.

    Así que, Fabio amado,

    saber puedes mis males sin costarte
    la noticia cuidado,
    pues puedes de los campos informarte,
    y pues yo a todo mi dolor ajusto,
    saber mi pena sin dejar tu gusto.

    Mas ¿cuándo (¡ay, gloria mía!)

    mereceré gozar tu luz serena?
    ¿Cuándo llegará el día
    que pongas dulce fin a tanta pena?
    ¿Cuándo veré tus ojos, dulce encanto,
    y de los míos quitarás el llanto?

    ¿Cuándo tu voz sonora

    herirá mis oídos, delicada,
    y el alma que te adora,
    de inundación de gozos anegada,
    a recibirte con amante prisa
    saldrá a los ojos desatada en risa?

    ¿Cuándo tu luz hermosa

    revestirá de glorias mis sentidos?
    ¿Y cuándo yo dichosa
    mis suspiros daré por bien perdidos,
    teniendo en poco el precio de mi llanto?
    ¡Que tanto ha de penar quien goza tanto!

    ¿Cuándo de tu apacible

    rostro alegre veré el semblante afable
    y aquel bien indecible,
    a toda humana pluma inexplicable?
    Que mal se ceñirá a lo definido
    lo que no cabe en todo lo sentido.

    Ven, pues, mi prenda amada,

    que ya fallece mi cansada vida
    de esta ausencia pesada;
    ven, pues, que mientras tarda tu venida,
    aunque me cueste su verdor enojos,
    regaré mi esperanza con mis ojos.

    5 min

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