Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Nostos (Louise Glück, en la voz de Blanca Lewin)

    Había un manzano en el jardín:

    esto debe haber sido
    hace cuarenta años. Detrás,
    sólo praderas. Ráfagas
    de azafrán entre los pastos húmedos.
    Me quedé contemplando esa ventana;
    era a fines de abril. Flores
    de primavera en el jardín
    del vecino. Realmente, ¿cuántas veces ese árbol
    dio flores en el día de mi cumpleaños,
    el día exacto, ni
    antes ni después? Sustitución
    de lo inmutable
    por lo cambiante, lo que evoluciona.
    Sustitución de imágenes
    por la tierra incesante.¿Qué
    sé de este lugar,
    del papel que cumplió este árbol tantas décadas?
    Lo habrán creído un bonsai, mientras llegaban voces
    de las canchas de tenis.
    El campo. Olor de pastos altos, recién cortados.
    Como se espera de un poeta lírico.
    Observamos el mundo una vez sola, en la infancia.
    Lo demás es recuerdo.

    3 min
  • Muerte social: una declaración (Xandria Phillips, en voces de le autore y de Gabriela Jáuregui)

    Les escribo desde el dilema de la negritud.

    Fíjense que me pasé la vida acá y descubrí
    que a nivel atómico me resulta imposible trasponer
    la mayoría de las puertas. Y sin embargo, puedo atravesar
    las paredes. Les escribo desde la silla vacía
    que no está vacía. Les escribo cuando me siento
    manoseade. Les escribo para salir de la cama. Les escribo
    en calidad de le negre sentade al lado de la puerta. Les escribo desde
    la boca apolítica de Olivia Pope. Estoy acá porque nunca
    le pude agarrar la mano a la muerte del cuerpo, aunque
    me la vienen adjudicando como a quien le ofrecen un trago
    con rohypnol o un préstamo con intereses leoninos. Estoy acá
    sólo porque empecé a comer de nuevo. Estoy acá sólo porque de otra manera
    no califico para existir. Estoy acá sólo porque me fui y volví
    por el agujero de gusano del Atlántico. Les escribo en calidad
    de la versión yanqui de mí misme. En la versión yanqui,
    la lira de Orfeo es una pistola. Eurídice se pone a pensar en médicos,
    o más bien en una mano fría. Como si unas uñas esterilizadas
    le descorrieran el telón del útero. Una vez, las manos de una curandera
    me atravesaron la carne, y fui a juicio por robarme diez dedos. Cuando
    raspo el fondo del plato con la cuchara, es como si un coro de hermanes
    les pusieran a las estrellas los nombres de sus comidas preferidas. La física
    clasifica a diario nuevos tipos de materia y de energía. La materia oscura
    y la carne negra tienen mucha demanda, pero nunca vemos
    un centavo. Se lo ruego. Si ven a una hermana pasar por las paredes
    o sobrevivir lo insobrevivible, tómense un sorbito de su trago y aprendan
    a olvidar o a querer a la gravosa aparición que tienen ante ustedes.

    5 min
  • A mi padre / a mi futuro hijo (Ocean Vuong, en la voz de Rodrigo Olavarría)

    Las estrellas no son hereditarias.

    Emily Dickinson

    Había una puerta & después una puerta

    en la mitad de un bosque.

    Mirá, mis ojos no son

    tus ojos.

    Me atravesás como una lluvia

    que se escucha
    desde otro país.
    Sí, tenés país.
    Algún día, lo van a encontrar
    buscando barcos desaparecidos…

    Una vez, me enamoré

    durante un choque de autos en cámara lenta.

    Parecíamos tan en paz, el cigarrillo que flotaba despedido de los labios de él

    cuando nuestras cabezas sacudidas hacia atrás
    golpearon contra el sueño & todo
    nos fue perdonado.

    Porque lo que escuchaste, o escucharás, es cierto: escribí

    una hora mejor en la página

    & me quedé mirando cómo el fuego la hacía retractarse.

    Siempre había algo que se estaba quemando.

    ¿Me entendés? Cerré la boca

    pero seguía sintiendo gusto a ceniza
    porque tenía los ojos bien abiertos.

    De los hombres, aprendí a elogiar el grosor de las paredes.

    De las mujeres,
    aprendí a elogiar.

    Si recibís mi cuerpo, dejalo.

    Si recibís cualquier cosa
    asegurate de no dejar
    huellas en la nieve. Sabé

    que nunca pude elegir en qué sentido

    se sucedían las estaciones. Que siempre era octubre
    en mi garganta

    & vos: todas las hojas

    negándose a la herrumbre.

    Rápido. ¿Ves cómo cambia la tiniebla roja?

    Eso quiere decir que yo te estoy tocando. Eso quiere decir

    que no estás solo, hasta
    cuando no lo estás.
    Si llegás antes que yo, si no pensás
    en nada

    & aparece mi cara ondeando

    como una bandera rasgada: volvé.

    Volvé a buscar el libro que dejé

    para nosotros, rellenado
    con todos los colores del cielo
    olvidados por los sepultureros.
    Usalo.
    Usalo para demostrar que las estrellas
    siempre han sido lo que sabíamos

    que eran: los orificios de salida

    de todas las palabras
    que no dieron en el blanco.

    4 min
  • Algo ahí (Samuel Beckett, en la voz de Larry J. González)

    algo ahí

    dónde
    ahí afuera
    dónde afuera
    afuera
    qué
    la cabeza qué más
    algo ahí en algún lado afuera
    la cabeza

    con un ruido apagado tan fugaz

    desaparece y el planeta entero
    que aún no se vacía
    el ojo
    se abre grande
    grande
    hasta que al fin
    nada más
    vuelve a cerrarlo

    de vez en cuando entonces

    ahí afuera
    en algún lado ahí afuera
    un poco como si
    como si
    algo
    no necesariamente
    vida

    1 min
  • Sobrevivir se puede parecer a muchas cosas (Precious Arinze, en la voz de Mercedes Romero Russo)

    pero no a la remera blanca que decía “primero el amor”

    en mayúsculas rojas
    que tenía puesta mi hermano el día
    que le escuché decir “no puede ser violación
    si no se resistió, si después tardó años
    en contarlo. ¿por qué se iba a guardar
    algo así?”. estaba leyendo una noticia
    sobre otro hombre más, otro pastor,
    que no pudo tener las malditas manos
    quietas. me la paso reviviendo ese peligro salival,
    su intencionalidad infinita nublada de dudas. me pierdo
    en el recuerdo que mi hermano describe en voz alta
    para que yo lo juzgue. yo, que todavía escucho
    el gatillo aromático del perfume de esa noche. a veces
    llego a ver cómo nubla las caras de otros amantes
    que no se parecen en nada a él. ¿qué puedo decir?
    le digo que alguien tiene que ser el hermano o el amigo
    de la sequía si todo el mundo tiene una hija
    o una hermana que volvió a casa con los labios ajados
    y la garganta reseca al menos una vez, hasta vos.
    y a pesar de la renuencia del tiempo a refutar la historia
    o de las voces que usan para coser oídos sordos,
    y de los lugares donde alguna vez
    compartimos el pan con la gente que amamos
    o doblamos nuestros nombres para proteger a mucha más.
    a pesar o a causa de todo esto, nos ganamos
    el derecho a elegir a qué volumen escuchar
    la sanación, sin importar quién escuche o qué
    se pierda cuando se acabe la canción. ya hay una de nosotras
    que se puso a llorar. para evitar hacernos cargo de quién es,
    hacemos de cuenta que es la lluvia interminable que está cayendo afuera,
    que toquetea todo con su mano pesada, que desparrama
    la humedad por la tierra para que no haga falta pedir
    pruebas de la estación en la que estamos o de cuánto
    tardó el pasto en llegar a estar tan verde.

    3 min
  • Por favor, basta de poesía (Derek Beaulieu, en voces del autor y de Melina Alexia Varnavoglou)

    La poesía es el último refugio de los que carecen de imaginación.

    La poesía tiene poco que ofrecer fuera de la poesía.
    En cambio, la escritura es un ámbito mucho más dinámico.
    Los poetas deciden ser poetas porque no tienen la ambición de hacer algo mejor.
    Los lectores son los aforismos de un libro.
    La mala poesía siempre surge de un sentimiento auténtico. Ser natural es ser obvio, y ser obvio es antiestético. La poesía, por desgracia, sabe que es poesía, mientras que la escritura no siempre sabe que es escritura.
    El arte es una conversación, no una oficina de patentes.
    Los poetas que, como avestruces, ignoran las posibilidades que ofrece compartir –en vez de acaparar– sus textos, ignoran la innovación artística posiblemente más importante del siglo XX: el collage. ¿Qué es lo que está en juego? Nada más y nada menos que su propia obsolescencia. Si no compartís, no existís.
    Se espera que un plomero, un electricista, un ingeniero y un médico tengan un vocabulario específico y especializado y que estén al tanto de los nuevos avances en sus respectivos campos, pero tratamos con desdén a los poetas que hacen lo mismo.
    Ahora no se juzga a los poetas por la calidad de su escritura sino por la infalibilidad de sus decisiones.
    No haber tenido éxito en la secundaria no es justificación suficiente para publicar libros.
    Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros roban.
    En teoría, no hay ninguna diferencia entre la teoría y la práctica.
    Pero en la práctica sí.
    Las reglas son pautas para estúpidos.
    En poesía, celebramos la mediocridad e ignoramos la radicalidad.
    La poesía tiene más cosas que aprender del diseño gráfico, la ingeniería, la arquitectura, la cartografía, el diseño automotor, o cualquier otra disciplina que de la propia poesía.
    Habría que dejar de decirles a los poetas que escriban sobre lo que saben. No saben nada, por eso son poetas.
    La internet no plantea un desafío a lo que somos y lo que escribimos: es lo que somos y lo que escribimos. Los poetas, por ser poetas, fueron los últimos en darse cuenta.
    Si un poema es intrínsecamente trágico es porque cuesta creer que el autor no haya tenido nada mejor que hacer. Es intrínsecamente trágico porque seguimos eligiendo una forma anticuada como medio de argumentación.
    Si tuviéramos algo que decir, ¿elegiríamos el poema –con su público minúsculo y su ausencia de caché cultural– como escenario para proclamar esa opinión?
    Por favor, basta de poesía.

    6 min
  • La rosa (William Carlos Williams, en la voz de Soleida Ríos)

    La rosa es obsoleta,

    pero cada pétalo termina
    en filo, el doble facetado
    soporta las columnas
    estriadas del aire – El filo
    corta sin cortar
    no encuentra – nada – se renueva
    a sí mismo en metal o porcelana –

    ¿Dónde? Termina –

    Pero si termina

    es que empieza el principio
    de modo que ocuparse de las rosas
    se vuelve una cuestión de geometría–

    Más afiladas, nítidas, cortantes,

    pintadas en cerámica –
    adorna el plato roto
    una rosa vidriada

    El sentido transmuta en algún sitio

    a las rosas de cobre
    en rosas aceradas –

    La rosa transportaba el peso del amor

    pero el amor está al final – de las rosas

    Es al filo del pétalo

    donde el amor aguarda

    Pulida, trabajada para vencer

    la laboriosidad – frágil,
    cortada, húmeda, a medio erguir,
    fría, precisa, próxima

    A qué

    El lugar entre el filo

    del pétalo y el

    Desde el filo del pétalo una línea comienza

    que al ser de acero,
    infinitamente fina, infinitamente
    rígida penetra
    la Vía Láctea
    sin contacto – y se alza
    desde allí ­­– sin colgar
    ni hacer presión –

    Y la fragilidad de la flor

    intocada
    penetra el espacio

    3 min
  • Pan comido (Jericho Brown, en la voz de Ale Librada Torres Salcedo)

    Mi novio jura que su HIV es mejor que el mío, que tiene un poquito de oro, algo que va a poder gastar si es que llega a viejo, dice que el mío es puro plomo: te lastra, me dice, mirándome por encima del hombro. Pero yo le dejo los ojos clavados en la cola, le digo que todo bien con mi HIV. Es práctico. Como las monedas de diez centavos. Como el cobre. Conduce la electricidad. Calienta o electrocuta. Se mata trabajando, es ganador como mi sonrisa.

    1 min

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