Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Si te parezco nocturna e imperfecta... (Hilda Hilst, en la voz de Marina Perezagua)

    Si te parezco nocturna e imperfecta

    Mirame de nuevo. Porque esta noche
    Me miré a mí como si me mirases vos.
    Y era como si el agua
    Desease

    Escapar de su casa que es el río

    Y apenas deslizándose ni tocara la orilla.

    Te miré. Y hace tanto

    Que entiendo que soy tierra. Hace tanto
    Espero
    Que tu cuerpo de agua más fraterno
    Se extienda sobre el mío. Pastor y navegante

    Mirame de nuevo. Con menos altivez

    Y más atento.

    1 min
  • Poema 31 (Safo, en la voz de Paulina García)

    Semejante a los dioses me parece

    ese hombre que, sentado frente a ti,
    desde muy cerca escucha cómo le hablas
    con dulzura

    y te ve sonreírle, seductora:

    eso me hace parar el corazón,
    pues si te miro apenas un instante,
    pierdo el habla;

    la lengua, silenciosa, se me quiebra;

    y un fuego delicado me recorre
    la piel; no ven mis ojos y me zumban
    los oídos;

    me cae un sudor frío, y un temblor

    se apodera de mí; me pongo pálida
    como la hierba, y próxima la muerte
    me parece.

    Pero yo todo lo soporto, porque…

    2 min
  • Tres preguntas (Moyosore Orimoloye, en voces del autor y de Ángel Ortuño)

    ¿Creés en el amor?

    Sólo porque los vientos
    han azotado una y otra vez mi choza,
    y siempre apareció una desconocida
    trayendo hilo y aguja.
    Tampoco fue el destino el que me puso (a mí y a mi nombre) en tu boca.

    El destino. ¿Qué es el destino para vos?

    Nuestro destino es darnos la mano
    en una habitación repleta de abstracciones.
    Nuestros cuerpos de 83 años,
    bolsas de dolor y medicamentos crónicos,
    debatiendo qué hay del otro lado de la laguna Estigia.

    ¿Entonces pensás que nos vamos a morir?

    El tipo en la entrada del mercado
    que vendía brebajes para todos los dolores conocidos por Dios,
    y que pedía que lo denunciaran si descubrían que sus curas eran un fraude,
    hace cuatro semanas que no aparece.

    3 min
  • Bajé dándote el brazo... (Eugenio Montale, en la voz de Lili Rentería)

    Bajé, dándote el brazo, un millón de escaleras por lo menos

    y ahora que no estás queda el vacío en cada uno de los escalones.
    Aun así fue breve nuestro largo viaje.
    El mío continúa todavía, y ya no me hacen falta
    conexiones, reservas,
    subterfugios, esas humillaciones del que cree
    que lo real es eso que se ve.

    Un millón de escaleras bajé dándote el brazo,

    y no porque quizá con cuatro ojos se pueda ver mejor.
    Bajé con vos porque sabía que de nosotros dos,
    las únicas pupilas verdaderas, por más nubladas que estuviesen,
    eran las tuyas.

    2 min
  • El enlace (James Laughlin, en la voz de Paula Estrada)

    El dormirse en los brazos

    de alguien que se ama

    tiene algo de sagrado:

    algo que sobrevive

    de un rito primitivo

    es más que acurrucarse

    como los animales

    en días de tormenta

    es un cuerpo un santuario

    para el otro: el enla-

    ce es un pacto de cara

    hacia el futuro una alianza

    que no debe romperse

    ahora entra en contacto

    la sangre con la sangre

    y la respiración

    con la respiración

    como si fueran manos

    tocándose, estrechándose.

    1 min
  • Beso del sol (Mary Ruefle, en la voz de Cecilia Roth)

    Si, como dicen, la poesía es un signo de algo

    entre la gente, dejemos algo concertado desde ahora
    entre nosotros, mientras todavía somos gente: que
    al final de los tiempos, que también son el final de la poesía
    (y del trigo y del mal y los insectos y el amor),
    cuando toda la raza humana se reúna en carne y hueso,
    reconstituida hasta el pliegue más ínfimo y la uñita
    más diminuta del bebé, yo voy a estar parada al borde
    de aquella multitud insondable con una naranja para vos,
    reconstituida hasta su semilla más íntima, protegida
    por filamentos blancos, en caso de que tengas sed, lo cual
    no pareciera ahora mismo una suposición descabellada,
    y aunque entonces no habrá poesía entre nosotros,
    y al final de los tiempos, con los gansos extintos con los mares,
    espero que la aceptes, y recuerdes en la tierra
    que yo no sabía tocarla, todo estaba en carne viva,
    y si acaso la multitud no tiene bordes
    ni otra cosa de la que yo pueda ser parte, voy
    a agarrar la naranja y tirarla para arriba lo más alto que pueda.

    3 min
  • La muerte de Guillaume Apollinaire (Tristan Tzara, en voces de Edgardo Cozarinsky y Verónica Pérez Arango)

    no sabemos nada

    no sabemos nada del dolor

    la temporada amarga del frío
    nos abre largos surcos en los músculos
    él hubiera preferido la alegría de la victoria
    nosotros con prudencia en la calma tristeza presos
    no poder hacer nada

    Si la nieve cayera para arriba

    si el sol saliera en casa en mitad de la noche
    para darnos calor
    y los árboles colgaran con su corona
    –único llanto–
    si los pájaros estuvieran entre nosotros para verse reflejados
    en el plácido lago que tenemos arriba de la cabeza
    PODRÍAMOS ENTENDER
    la muerte sería una larga y hermosa travesía
    y una vacación ilimitada de la carne de las estructuras de los huesos

    3 min
  • Fábula de un arquitecto (João Cabral de Melo Neto, en la voz de Simón Vélez)

    La arquitectura como construir puertas,

    para abrir; o como construir lo abierto;
    construir, no como aislar y capturar,
    ni construir como encerrar secretos;
    construir puertas abiertas, en puertas;
    casa exclusivamente puertas y techo.
    El arquitecto: el que abre para el hombre
    (con casas abiertas todo se sanearía)
    puertas por-donde, nunca puertas-contra;
    por donde, libres: aire luz razón cierta.

    2

    Hasta que, amedrentado por tanta cosa libre,

    renegó de dar a vivir en lo claro y abierto.
    Donde había vanos de abrir, fue amurando
    opacos de cerrar; donde había vidrio, cemento;
    hasta reencerrar al hombre: en la capilla útero,
    con comodidades de matriz, otra vez feto.

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    1 min
  • El dialecto olvidado del corazón (Jack Gilbert, en la voz de Karen Plata)

    Qué locura que el lenguaje casi llegue a significar

    y qué miedo que no llegue del todo. “Amor”, decimos,
    “Dios”, decimos, “Roma” y “Michiko”, escribimos, y las palabras
    se equivocan. Decimos “pan” y significa algo distinto
    según el país. En francés no hay palabra para decir hogar,
    y en inglés no hay palabra para el placer estricto. Hay un pueblo
    en el norte de la India que está desapareciendo porque su antigua
    lengua no tiene expresiones de cariño. Soñé con vocabularios
    perdidos que podrían expresar en parte lo que ya
    no podemos. Tal vez los textos etruscos finalmente puedan
    explicar por qué las parejas enterradas en sus tumbas
    sonríen. O tal vez no. Cuando se tradujeron las miles
    de misteriosas tablillas sumerias, parece
    que resultaron ser transacciones comerciales. ¿Y si son
    poemas o salmos? Mi júbilo es lo mismo que doce
    cabras etíopes en silencio bajo el sol de la mañana.
    Señor, Tú eres terrones de sal y lingotes de cobre,
    espléndido como la cebada madura, ágil por la labor del viento.
    Sus pechos son seis bueyes cargados con rollos
    de algodón egipcio de largas fibras. Mi amor son cien
    ánforas de miel. Cargamentos de thuja son
    lo que mi cuerpo quiere decirle al tuyo. Son jirafas
    este deseo en la penumbra. Tal vez el espiral de la escritura minoica
    no sea una lengua sino un mapa. Lo que más sentimos no
    tiene nombre, sino ámbar, arqueros, canela, caballos y pájaros.

    2 min

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