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Or


Vayan, canciones mías, a los que se sienten solos e insatisfechos,
Hablen contra la opresión inconsciente,
Vayan a la burguesa que se muere de tedio,
Vayan a las de matrimonios espantosos,
Vayan a los que tienen una lujuria delicada,
Vayan en son de amistad,
Vayan y desafíen las opiniones,
Entre mis dedos índice y pulgar
Entra por la ventana un ruido áspero
Mientras agacha la agobiada espalda
Con una bota rústica apoyada
Por Dios, sí que sabía manejar
Mi abuelo era capaz de recoger
El frío olor del moho de las papas,
Entre mis dedos índice y pulgar
Adentro de la enorme basílica románica,
Va a ser extraño darnos cuenta al fin
y recordar, también,
cuando, en un fogonazo, cambió el clima
y saber, además,
y aun así,
e intentar de algún modo,
Estoy acá sentada para siempre inventando gente nueva
tantas cosas
una carretilla
lustrosa por el agua
entre gallinas
Cuando era especialista en babosas, apartaba
Por diversión, a veces, los marineros cazan
Ni bien los dejan sobre las planchas de cubierta,
¡Ese viajero alado, qué tosco ahora, y qué enclenque!
El poeta es semejante al señor de las nubes,
Una mujer que escribe siente demasiado:
Un hombre que escribe sabe demasiado:
Sin nunca amarnos a nosotras mismas,
Debería existir algún idioma
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