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Or


No estalló una bomba.
No.
El hermoso verano
no ha terminado aún.
Nos queda un mes para estarse en los patios
y descalzarnos
mientras charlamos
de esto y aquello
sin ton ni son.
Todavía habrá hombres de brazos tostados
en las calles
de la ciudad envuelta por la noche
brotada toda
como un lazo de amor.
No.
No me sostengas que no voy a caerme.
Sólo se caen las estrellas fugaces
y yo -te dije-
quiero permanecer.
Un hombre es bueno para una noche.
Cuando amanece es un reflejo dorado
sobre la cama donde se toma café.
Y es agradable el olor que deja.
Dura todo un día.
Pero no toda la vida.
Luego hay que descansar.
El libro de Kavafis y el de Pavese
sobre la mesa de luz.
Hay que aminorar la marcha.
Sentarse un rato a solas
en el sillón del patio.
Mujeres: tendríamos
que aprender de los gatos.
Cómo agradecen el tazón
que rebosa de leche!
Falta para el otoño.
Que nos encuentre intactas.
Sin habernos negado
a estas pasiones
que cada tanto
asaltan.
¡Cómo nos persiguen
los muertos!
Aunque escondamos sus fotos.
Aunque saquemos de la casa sus ropas.
Aunque intentemos obligarlos
al rincón oscuro del silencio
cómo vuelven…
Durante el día
intervienen en nuestras conversaciones
y hablan por nuestra boca
palabras violentas.
Hay quien elige nuestra ropa
y quien nos empuja hacia la casa
adonde no pensábamos volver.
Qué ansiedad nos transmiten
en nuestras enfermedades.
Y como las flores apretadas
entre las hojas de un libro
o como la carta que amarillea
con qué paciencia nos esperan.
¿Son lo que entra en el instante
en que el pensamiento se abre
al esplendor del verano?
¿Esa sensación de brisa
son?
¿Ese miedo repentino que la acompaña?
Sólo de noche
cuando dormimos
los muertos están quietos.
Ya la llave giró en su cerradura
y ellos —como perros sin dueño—
se echan ante la puerta.
¿Cómo quedarán mis manos
cuando muera?
¿En qué gesto inmóvil
como si un silencioso pintor
las hubiera acomodado?
¿Tratando de agarrar la taza de té frío
o la flor que un amigo piadoso traería
para endulzar la convalecencia?
O simplemente una a cada lado de mi cuerpo
hermanas como han sido
siempre
de mi vida
—poco propicias a la caricia
poco propicias al golpe
siempre distantes de mis emociones...—
Compatriotas,
júzguenlas con benevolencia.
Déjenlas como queden
no las fuercen al gesto del perdón.
Piensen que fueron las manos de una niña
que ya murió,
de una muchacha tímida
que murió también.
Y si quedaran crispadas:
piensen que su vida
—como la de ninguno de ustedes—
fue fácil.
Es cierto eso que dicen.
Con la foto de Virginia es más difícil.
No resistió la fuerza del agua
Si es que la dulce estrella de la noche
deja caer su luz
y no la vemos
.qui.n no se siente crédulo
para creer en un destino cierto
al que indagar
también con labios muertos?
Muertos porque no hablan…
.Qui.n no se vuelve pobre
pobre de una pobreza inanimada
y quiere que por esos labios muertos
nos cuente el tiempo ido
c.mo es que se fue?
.Qui.n no se vuelve rico
de una riqueza turbia y estancada?
Cuando la dulce estrella de la tarde
deja caer su luz y no la vemos
quien est. solo en casa
enferma más cuando las puertas crujen
porque nadie va a entrar.
Sordo: al canto de los pájaros
lo escucha y no lo entiende.
Mudo: su propio canto le es ajeno.
¿Cuántas formas de deseo existen? ¿puede ser que tantas?
¿No podría llegar un milagro, a través del cual yo cerrara
los ojos y simplemente te encontrara besándome y eso
cargara sobre sí la marca de la eternidad o el infinito?
Pero debe haber tantos deseos como formas: cuadrado,
con forma de flecha, redondo, triangular, con puntas,
con aristas, vertical, deshecho, inanimado.
Todavía recuerdo el momento en que el amor parecía
posible: mes de noviembre, aire luminoso, un muchacho
dormía conmigo,
hablábamos en la cama mientras fumábamos marihuana
y tabaco mezclados, él me tomaba la mano
bajo las sábanas.
Hace seis meses que no he besado a nadie.
Seis meses sin hacer el amor. Tengo 27 años,
desde los 18, nunca antes me había pasado.
Mi cuerpo en estado de alerta, podría usar muchos verbos
para describirlo paredes que se levantan
y que vienen a poblar especies de hiedras mentales.
Es otoño, lamento que se acerque el invierno.
Siento que me deben un verano.
Will will fulfill the treasure of thy love
Ay, fill it full with wills and my will one...
W.S.
Se vuelve hacia la nada y vuelve a mí
y en mí se vuelve nada este deseo
sed de niebla que niega ser allí
para afirmarse en el aquí que creo.
Pensada sed: nombrándola viví
y ví niebla en los signos donde hoy leo
dos nombres en el nombre que de mí
solo nombra un desear no ser deseo.
Ser sed de hacer que al no cesar saciada
sea saciada en mas sed y crezca haciéndose
como la niebla entera ya colmada
de sí y de luz oculta un mundo yéndose.
Desear ser sed: volverse sed deseada
ser toda sed vivida en sed viviéndose.
El deseo para una idea es como el cebo. Cuando pescás tenés que ser paciente. Cebás el anzuelo y después esperás. El deseo es el cebo que atrae a los peces, a las ideas.
Lo lindo es que cuando atrapás un pez que te gusta, incluso aunque sea chiquito - un fragmento de una idea -, ese pez te va a conducir a otro pez y todos se van a enganchar en el primero. Ya estás en marcha. Muy rápido se van acumulando cada vez más fragmentos y emerge el cardumen. Pero todo empieza con el deseo.
(fragmento)
Recordando tu expresión
Sofocado por el sueño y la presión
Me puedo estimular
Cuando es con vos
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