Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Crónico (D.A. Powell, por Micael Szyniak)

    se alzaban sobre el valle, sus aguzados remolinos

    los mirlos de alas rojas se reunían
    vibrante arco su rápida, su zambullida contra el diáfano, contra el aire acotado

    la profesión de ausencia, de ausentarse, un remontarse al cielo

    y desaparecer
    el momento del vuelo: otra renuncia al movimiento de la tierra

    liebre, pato arlequín, mariposa cola de golondrina: cree en este refugio

    brillantes pétalos de adelfa
    blancos, rojos perímetros donde no debería haber perímetros

    he aquí otro de mi larga lista de apartes:

    ¿por qué no habré tenido nunca un reloj que adelantara?
    el aparato, que mide los minutos, es nuestra propia imagen
              la pérdida constante

    e igual la delicada, la volátil condición del amor, el cuerpo traicionero

    ese perturbador estado de creación y cómo hemos dañado–
    ¿no es uno buena lente para mirar a otro?:
          filtrar el cuerpo, filtrar la mente, filtrar la tierra resistente

    y aquí con “resistente” me refiero a “que soporta”

          que aguanta la inconstancia del amante, el tratamiento lamentable
    el experimento, lo no probado y lo no verdadero, los últimos intentos por ponerse bien

    elige tu propia aventura: fallo farmacológico o fallo orgánico

    cambio climático catastrófico
    o algo parecido a lo que está matando a las abejas: colapso de la colonia

    se parece a nosotros más de lo que quisiéramos, este maravilloso retal áspero

    ¿y por qué necesito decir los sapos, el matorral, las nubes?–

    en una primavera de incomprensión, me complací en el ruido de los grillos

    e hizo mis delicias el sexo de cada estación, los resbalones en el musgo

    la bulliciosa compañía de los músicos, ese librero jovencito y tímido
    y las voces anónimas que instaban a vagar
              a que las recogieran del crepúsculo en la linde del bosque

    hasta que las criaturas nocturnas asomaran

          sus ojos como lamparitas en la vidriera de un negocio
              olvidados, que apenas encienden el deseo del hogar

    de allí la carga del cuerpo, su campaña resoluta: sigue marchando

    y si la guerra no nos saca de la quietud, nada nos va a sacar

    sigo teniendo el mismo corazón desconcertado de siempre

          un poco más golpeado que antes, un poco menos de alegría
    porque percibo la pesada carga de vivir en esta esfera declinante

    al aire libre, enumeré mi lista de placeres:

    ramillete de lila, olor a pino
    gorriones que se bañan en una zanja de desagüe, su canción

    los pensamientos lujuriosos de la primavera mientras florecen las violetas amarillas

          y los cerezos forman sus primeros capullos completos
    las cuerdas tónicas a lo largo de las piernas y brazos de la juventud
          la juventud que se convierte en madurez, al madurar su carne
    y al volverse más blanda, menos inalcanzable, ciruela sonrojada con manchitas

    todos los días me equivoco –me olvidé de tomar unos remedios

    se me entregó un hombre, amablemente, y yo lo rechacé

    en una prolongada quietud, vi que la garza que no quería sobresaltar

    era evidentemente una bolsita blanca atrapada en las ramas de un árbol del amor
    no entendí que el deseo era una fuerza mortífera, hasta que–
          luz del sol, no me dejes todavía, aún no me harté de ti––
             ni que, aunque ya es tarde, no podamos aún reconciliarnos

    si yo, el ser insignificante que soy, renuncio a todos los demás,

    cuántos más, en la misma medida, renuncian a este mundo

    luz, luz: no me abandones

    te canto esta canción y voy a cantar otra

    6 min
  • Si me dejaras ir contigo en la noche (Olvido García Valdés, por Irene Azuela)

    si me dejaras ir contigo en la noche,

    en la hora parda del metro, antes

    de amanecer, si pudiera acoger,

    contemplar todo hueso tu rostro, el gesto

    de fiera que piensa y vive sola, si no

    se removieran airadas las palabras,

    si no sintiera el viento que azota los

    árboles arriba; qué hice que no

    recuerdo, qué hicieron, dónde

    ocurre la vida y es libre y no

    benigna, dónde con su herida

    lo solo del animal

    1 min
  • Lluvia (Jack Gilbert, por Nadia Testani)

    De repente, esta derrota.

    Esta lluvia.
    Los azules se hacen grises
    y el amarillo,
    un ámbar espantoso.
    En las calles frías
    el calor de tu cuerpo.
    En cualquier cuarto
    el calor de tu cuerpo.
    Entre toda la gente
    tu ausencia.
    La gente que siempre
    no sos vos.
    Estuve demasiado
    cómodo con los árboles.
    Demasiado a gusto con las montañas.
    La alegría era costumbre.
    Ahora de repente
    esta lluvia.

    1 min
  • Bajo el cielo nacido tras la lluvia (Jorge Teillier, por Luis Comis)

    Bajo el cielo nacido tras la lluvia

    escucho un leve deslizarse de remos en el agua,

    mientras pienso que la felicidad

    no es sino un leve deslizarse de remos en el agua.

    O quizás no sea sino la luz de un pequeño barco,

    esa luz que aparece y desaparece

    en el oscuro oleaje de los años

    lentos como una cena tras un entierro.

    O la luz de una casa hallada tras la colina

    cuando ya creíamos que no quedaba sino andar y andar.

    O el espacio del silencio

    entre mi voz y la voz de alguien

    revelándome el verdadero nombre de las cosas

    con sólo nombrarlas: «álamos», «tejados».

    La distancia entre el tintineo del cencerro

    en el cuello de la oveja al amanecer

    y el ruido de una puerta cerrándose tras una fiesta.

    El espacio entre el grito del ave herida en el pantano,

    y las alas plegadas de una mariposa

    sólo la cumbre de la loma barrida por el viento.

    Eso fue la felicidad:

    dibujar en la escarcha figuras sin sentido

    sabiendo que no durarían nada,

    cortar una rama de pino

    para escribir un instante nuestro nombre en la tierra húmeda,

    atrapar una plumilla de cardo

    para detener la huída de toda una estación.

    Así era la felicidad:

    breve como el sueño del aromo derribado,

    o el baile de la solterona loca frente al espejo roto.

    Pero no importa que los días felices sean breves

    como el viaje de la estrella desprendida del cielo,

    pues siempre podemos reunir sus recuerdos,

    así como el niño castigado en el patio

    entrega guijarros para formar brillantes ejércitos.

    Pues siempre podemos estar en un día que no hay ayer ni mañana,

    mirando el cielo nacido tras la lluvia

    y escuchando a lo lejos

    un leve deslizarse de remos en el agua.

    4 min
  • Lluvia (Eddie Palmieri, por Ceci Ruppel y Fernando Martínez Martínez)

    No me digas nada, ya lo sabía

    Que nuestro romance acabaría
    No me digas nada, no quiero más palabras
    Porque aún siendo tuyas me lastiman

    No me digas nada y márchate

    No llames amor a tu hipocresía
    No me digas nada, el tonto aquí he sido yo
    Me dañaron, rosa, tus espinas

    Lluvia, (Lluvia) tus besos fríos como la lluvia (Lluvia)

    Que gota a gota fueron enfriando (Lluvia)
    Mi alma, mi cuerpo y mi ser

    Lluvia, (Lluvia) tus manos frías como la lluvia (Lluvia)

    Que día a día fueron enfriando (Lluvia)
    Mi ardiente deseo y mi piel

    Ahora tengo que olvidar

    Ahora tengo que escapar de tus recuerdos
    Y tratar de ser feliz con otra
    Que no me trate como tú
    Y que me ame como tú nunca amarás

    No me digas nada y márchate

    No llames amor a tu hipocresía
    Me dañaron, rosa, tus espinas

    Lluvia, (Lluvia) tus besos fríos como la lluvia (Lluvia)

    Que gota a gota fueron enfriando (Lluvia)
    Mi ardiente deseo y mi piel

    Lluvia, (Lluvia) tus manos frías como la lluvia (Lluvia)

    Que gota a gota fueron enfriando (Lluvia)
    Mi ardiente deseo y mi piel

    Lluvia, (Lluvia) tus besos fríos como la lluvia (Lluvia)

    Que gota a gota fueron enfriando (Lluvia)
    Mi ardiente deseo y mi piel

    ¿Qué nos pasó?

    Lluvia, tus besos fríos como la lluvia
    Chica, mi ambición fue poseerte y quererte
    Sí, sí, con mi locura de amarte

    Lluvia, tus besos fríos como la lluvia

    Y derramarme en tu cuerpo
    Y siempre amarte, amarte, amarte y amarte
    Lluvia, tus besos fríos como la lluvia
    Yo quería tenerte, saciarme de ti y no me dejaste

    Amiga, me dejaste con las ganas

    Lluvia, tus besos fríos como la lluvia

    Tú no has podido quererme
    Y simplemente porque no has querido intentarlo

    Lluvia, tus besos fríos como la lluvia

    Socavar tus adentros quería
    Sin embargo no me comprendías
    Lluvia, tus besos fríos como la lluvia
    Trataré de ser feliz con otra
    No me digas nada y márchate

    4 min

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