
Sign up to save your podcasts
Or


Un precipicio de granito
un árbol, sería suficiente,
o incluso una roca, un pequeño arroyo,
un trozo de corteza en un estanque.
Colina tras colina, plegadas y retorcidas
robustos árboles apilados
en delgadas fracturas de la piedra
una enorme luna sobre todo, es demasiado.
La mente vaga. Un millón
de veranos, el tranquilo aire nocturno y las tibias
rocas. El cielo sobre montañas interminables.
Toda la porquería que viene con el ser humano
disminuye, la roca firme ahora tiembla,
incluso el intenso presente parece obviar
este espejismo de corazón.
Libros y palabras
como el pequeño arroyo de una alta cornisa
desapareciendo en el aire seco.
Una mente clara, atenta,
sólo tiene sentido si
lo que ve es realmente visto.
Nadie ama a la piedra, pero aquí estamos.
Los fríos de la noche. Algo que se mueve
rápido a la luz de la luna
se desliza en la sombra del Enebro:
allí atrás invisibles
orgullosos ojos fríos
de un Puma o Coyote
me observan levantarme y partir.
(Traducción de Juan Carlos Villavicencio)
Volverán las oscuras golondrinas
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
Volverán las tupidas madreselvas
Pero aquellas cuajadas de rocío
Volverán del amor en tus oídos
Pero mudo y absorto y de rodillas
Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Las ramas tenían voces
que no llegaban hasta mí.
La corriente decía
cosas que no entendía.
Me angustiaba casi.
Quería comprenderlo,
sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
con sus primeras sílabas alargadas,
pero no podía.
Regresaba
-¿Era yo el que regresaba?-
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!
Recuerdo una piedra
Yo estuve a la orilla de un río
El río ha bajado hasta la casa del pez,
en la barranca.
El paisaje desciende humilde y pálido,
enhebrado, en la primavera no lejana.
Hemos mirado los ranchos color tierra,
ranchos nacidos, perdidos en la luz y los sauces.
Los peces se han ido y alguien ha venido anunciando
la pobreza de aquí, que nos pertenece
y que no habíamos olvidado por ser nuestra.
¿Qué quieren decir todas esas palabras inventadas:
lo interminable y lo lejano?
¡Ah! no han visto la vida
los que hablan de las cosas dolientes e invertebradas.
Yo llamo a los peces ausentes
porque ahora su casa es mía
y puedo sentirme pobre como el río y el seibo.
¿De qué hablan esos? ¿De qué ciudades?
¿Han visto el dolor, crecer, vivir, escondido?
Ah, sí, es necesario buscarlo de tan claro y profundo,
de tan cotidiano y real, es necesario buscarlo
y no cantarlo –sería injusto-,
morderlo, arañarlo, cuando el río baja hasta la casa de los peces.
Mi casa, mi casa, dirían ahora
cuando vengan las estrellas a llevárselos,
cuando vengan a romper el agua,
mi casa, que estaba en el río y marchaba con él.
No puedo creer que hayáis olvidado los niños,
los niños de las manos llenas de sueños,
vosotros que queréis emparejar la tierra,
despojando a los hombres del corazón y de sus casas,
y fabricar árboles a la medida de vuestras palabras.
Poetas, poetas, venid, mirad,
oid correr la sangre, tocad sólo una hoja
y entonces tratad de decir algo.
-¿Creéis que los barcos no marchan arriba de los peces?-
Buscad los amigos de la ribera,
los colores que van cambiando, tímidamente, con la tarde,
y esa luz amarilla que huye hacia arriba,
marinera en el aire, llana, alargada
y nada será igual a vuestras antiguas frases
tan impresas en ediciones y revistas,
Jóvenes,
los peces han dejado sus casas.
¿Qué pensáis de esto?
¿Y si los peces hubieran abandonado el mundo,
qué os importaría esto?
Ya habéis escrito vuestra poesía.
(Podré perdonarme estas palabras, no olvidándolas nunca, sólo así?
Este pueblo que se achata y desparrama hacia la ribera,
más pobre y más pobre,
cada vez más bajo y más cercano,
y que la tarde se vuelva en la corriente,
termina,
en esta desierta casa de peces,
cuando el río ha bajado.
From the publisher's feed