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Or


¿Cómo hacen, los que tienen sexo
La traducción amplía los límites del lenguaje,
Nacidos para desdibujarse y romperse,
Trabajo significa inquisición; y, mientras tanto, un chico
Las ideas se deshacen como mónadas, metástasis
Los truenos suenan a lo lejos o en la televisión,
Mamá y papá te cagan bien, los dos,
A ellos los cagaron, tiempo atrás,
El hombre lega al hombre más dolor
Mucho después de los días y las estaciones, y los seres y los países,
Repuesta de las viejas fanfarrias de heroísmo –que todavía atacan el corazón y la cabeza– lejos de los antiguos asesinos–
Ay, la bandera de carne que sangra sobre la seda de los mares y de las flores árticas; (que no existen)
Qué dulzuras.
Los incendios, que lloran en las ráfagas de escarcha –qué dulzuras– las llamas en la lluvia del viento de diamantes que lanza el corazón terrestre eternamente carbonizado por nosotros. Ay mundo.
(Lejos de viejos refugios y de viejas llamas que se oyen, se sienten,)
Los incendios y la espuma. La música, giro de los abismos y los choques de los témpanos en las estrellas.
Ay dulzuras, ay mundo, ay música. Y ahí, las formas, los sudores, los cabellos y los ojos, que flotan. Y las lágrimas blancas que hierven –ay, dulzuras–, y la voz femenina que llega desde el fondo de los volcanes y las grutas árticas…
La bandera...
1
por qué no meramente perder toda esperanza en
acaso no es mejor abortar que ser estéril
después de que te vas las horas pesan como el plomo
2
diciendo una vez más
el batir de palabras rancias una vez más dentro del corazón
una vez más muerto de miedo
yo y todos los otros que te amen
3
a menos que te amen
Mamá y papá te cagan bien, los dos,
A ellos los cagaron, tiempo atrás,
El hombre lega al hombre más dolor
Seguro que después de nosotros no va a venir el diluvio,
Dado que los corderos
¿Esta hermosa criatura,
¿La que nos llevaríamos a jugar,
¿Qué se oculta, terrible, detrás de estas palabras
¿Entonces Dios,
Y nosotros,
nosotros los que, llenos de vergüenza,
¿entonces se supone que nosotros
Que así sea.
Nos advirtieron sobre las arañas y la ocasional hambruna.
En viñedos en los que el himno de la abeja ahoga la monotonía
De forma arrabalera, descuidada, caminamos de vuelta
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