Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
Download on the App Store

Orden de traslado episodes

  • Palma (Ann Lauterbach, en la voz de Ana Sánchez Acevedo)

    Te me aparecés en sueños todo el tiempo

    como un centavo que vale menos que los de antes
    pero brilla más. Me alegra sostenerte
    en la tibieza de mi mano y
    ponerte de cara, mirarte a los
    ojos que me miran. Hola, te digo,
    y vos me decís hola, como la gitana
    de la canción
    que al final desaparece.
    Juro nunca gastarte,
    ni siquiera en este campo de alegría no correspondida,
    con todas las persianas bajas.

    1 min
  • Los robots (Robert Pinsky, en la voz de Rita González Hesaynes)

    Cuando elijan cobrar forma material parecerán

    libélulas, no máquinas. Les brillarán las alas.
    Como el coro de una tragedia griega hablarán
    en multitud, pero en primera persona del singular.
    Sus colores en el cielo le pondrán toldo a la superficie de la tierra.
    En unísono y diapasón variables bailarán lo olvidado.
    Su juicio en su pura precisión se parecerá a la gracia y en
    sus circuitos la única forma de acción será el entendimiento.
    Sus exquisitos sensores comprenderán hasta nuestro polvo
    y recrearán lo mejor y lo peor de nosotros, como en el arte.

    2 min
  • Elogio de los hombres sin un peso pero vanidosos (JK Anowe, en voces del autor y Diego Quintero)

    Dar puede ser incluso una especie

    de egoísmo. Si yo hubiera sabido que mi cuerpo también

    se iba a dispersar si me acercaba, hubiera dejado en paz

    a ese quinteto de golondrinas en el alféizar de mi ventana, reflejos

    que devolvían los picotazos con curiosa vehemencia. En una charla

    sobre el matrimonio, mi papá deja de lado el amor, me recomienda

    una pareja diametralmente opuesta: alegre tosca

    femenina. Sobre la lealtad & a quienes más pudiera eso

    importarles, lo recomienda todo,

    salvo un país. Desde mi mamá & su filia por la plata hasta la gravedad

    que mantiene a los muertos con los pies en la tierra, a los vivos

    menos petrificados. Al principio, el afecto es inmaterial antes

    que cualquier cosa; tal vez el ingrediente de un plato

    que se sirve frío. Cada trago de agua baja como pies doloridos

    sobre escalones con clavos: dedos de muertos que hurgan

    en busca de un dialecto de estrellas fugaces. Pero qué pasa

    con el cielo nocturno si la luna se para por ejemplo, una oda

    a los dioses menores de la noche. Nada tartamudea ábrete sésamo

    más despacio que un loop en tiempo prestado.

    4 min
  • Hacia la era espacial (Mary Oliver, en la voz de Julieta Venegas)

    Tenemos que empezar a aferrarnos a todo

    lo que nos rodea, porque nadie sabe qué podríamos
    necesitar. Tenemos que llevarnos con nosotros
    el aire; y el peso que creíamos
    que era una carga ahora resulta que es el pulso
    de nuestra vida y la brújula de nuestro cerebro.
    Los colores equilibran nuestros miedos, y la existencia
    se empieza a taponar a menos que nuestros pensamientos
    tengan lugar sin vigilancia y permitan que se filtre una fuente
    de payasadas esenciales por nuestros sueños.

    Y, ay, espero que aún podamos arreglar

    que el viento siga soplando, y que de vez en cuando
    haya algún sacudón, como la lluvia,
    y aventuras aisladas que a nadie le importen:
    amor inofensivo, carcajadas sin medida en las esquinas,
    familias que gruñan apiñadas en el living
    como osos en la cueva del piano.

    2 min
  • La profesión vergonzosa (James Laughlin, en la voz de Roque Larraquy)

    Durante años intenté ocultarle a la gente del pueblo que escribía poesía

    para que no supieran que era un bicho raro
    Yo no quería que los pibes que vienen a comprar en camioneta al almacén cajones de cerveza supiesen que era un maricón
    Me pareció prudente dejar de comprar Página y pedirle al diariero que me mandara el Diario Popular.
    Una vez que quemaba todos los borradores de mis poemas, recién ahí sacaba la basura,
    los chicos meten mano por ahí, los cartoneros son curiosos
    Tomaba todos los recaudos

    Pero en un pueblo chico no es fácil mantener secretos, todo el mundo conoce a todo el mundo, y se cuentan los chismes cuando van a dar la vuelta al perro

    Las cosas comenzaron a precipitarse
    Apareció un muchacho con acento porteño y pelo largo y empezó a preguntar por los negocios dónde era la casa del poeta
    Después se rompió un caño y el plomero contó que había visto un montonazo de libros apilados en el sótano, algunos en idiomas extranjeros
    Al día siguiente vino el jefe de Bomberos Voluntarios, y se hizo el que miraba la instalación eléctrica
    Yo me empecé a poner un poco paranoico; el patrullero, que supuestamente tiene que vigilar los caminos rurales una vez por semana, pasó tres días seguidos por la entrada de mi casa
    Todo empezó a pudrirse cuando no sé bien cómo un periodista de un diario de la zona escuchó los rumores y escribió una notita: Conocido poeta detenido por exceso de velocidad. Podría revocársele el registro.
    Mi vida cambió mucho desde entonces
    Nadie se me rió en la calle todavía (mido más de uno ochenta, peso ciento diez kilos, y estoy -para mi edad- en buen estado físico) pero me miran raro

    Ya no voy a comprar al almacén porque una nena que se metía el dedo en la nariz me señaló y le dijo algo a la cajera; ahora compro todo en los pueblos vecinos o pido que me manden

    Mi vida es diferente ahora que ellos saben que escribo poesía

    Pero si piensan que van a lograr que me avergüence y que deje de hacerlo, no saben cómo se equivocan
    No estoy contraviniendo ley alguna
    Voy a seguir haciéndolo a menos que declaren que soy una amenaza para la sociedad, y que me encierren en algún psiquiátrico
    Oí que en el loquero hay un tipo que dice ser Lugones. Seguro que él me entiende y quiere ser mi amigo; podemos recitarnos el uno al otro poemas, si acaso nos prohíben tener papel y lápiz.

    3 min
  • El ateo del pueblo (Edgar Lee Masters, en la voz de Mara Pastor)

    Jóvenes que debaten la doctrina

    de la inmortalidad del alma,
    yo que descanso aquí fui el ateo del pueblo,
    parlanchín, peleador, versado en los argumentos
    de los infieles. Pero durante una larga
    enfermedad, muriéndome de tos, leí los
    Upanishads y la poesía de Jesucristo.
    Y encendieron una antorcha de esperanza e intuición
    y deseo que la Sombra
    que me conducía raudamente por las cavernas oscuras
    no fue capaz de apagar.
    Escúchenme, ustedes que viven por los sentidos
    y piensan sólo con los sentidos:
    la inmortalidad no es un don,
    la inmortalidad es un logro;
    y sólo quien se esfuerce con denuedo
    habrá de poseerla.

    2 min
  • Por amor (Robert Creeley, en la voz de Giancarlo Huapaya)

    para Bobbie


    Ayer quería hablar

    de eso, el sentido que se
    impone sobre los demás, que
    para mí es importante porque todo

    lo que sé proviene

    de lo que me enseña.
    ¿Hoy qué es eso que siente
    al fin tan indefenso,

    diferente, pierde las esperanzas

    según su propio testimonio, quiere
    alejarse, interminablemente
    alejarse?

    Si la luna no…

    no, si vos no
    yo tampoco, pero
    qué no haría

    yo, qué precaución, qué

    cosa enseguida interrumpida.
    Eso es amor ayer
    o mañana, no

    ahora. ¿Puedo comer

    de lo que me das? No
    me lo gané. ¿Tengo
    que pensar en todo como algo

    que hay que ganarse? Ahora

    el amor también es una recompensa
    tan lejana de mí que tuve
    que inventármela en la mente.

    Acá está el tedio,

    la desesperanza, una dolorosa
    sensación de aislamiento y un
    grandilocuente si no caprichoso

    amor propio. Pero esa imagen

    es sólo de la vaga
    estructura de la mente, vaga
    para mí porque es mi propio

    amor, ¿qué pienso

    decir? No puedo decirlo.
    ¿Qué pregunta te has vuelto,
    en qué te he convertido,

    compañera, buena compañía,

    piernas cruzadas con pollera, o
    cuerpo mullido bajo
    los huesos de la cama?

    Nada dice nada,

    salvo lo que quisiera
    que se haga realidad, teme
    qué más podría pasar

    en algún otro lugar, en algún

    otro momento que no sea éste.
    Una voz en mi lugar, un eco
    de eso solamente en el tuyo.

    Dejame que tropiece

    no con la confesión sino
    con la obsesión con la que empiezo
    ahora. Por vos,

    también (también)

    a veces un momento más allá del lugar,
    o un lugar más allá del momento, sin
    resto de mente para decir

    nada de nada,

    esa cara ya desapareció, ahora.
    En compañía del amor
    todo regresa.

    3 min
  • Sin título (Matvei Yankelevich, en voces del autor y María Ragonese)

    Ya es hora. Tengo cerca

    tu oreja y voy a hablarte
    al oído, en voz baja
    pero no tan baja que
    no alcances a escucharme.

    Ya es hora de que te hable

    al oído
    aunque vos no me
    veas. Me das
    la oreja. Y yo me entrego

    a tu oído. Es como si

    estuviéramos hechos para la poesía,
    tu oreja, que me das,
    ahora que mirás para un costado

    y me mostrás tu oído para la poesía. Pero

    yo soy lo más sencillo que puedo;
    hablo con sencillez. Quiero
    ser claro. La mayor parte
    de las palabras que quería decir

    ya las dije. Decirlas

    otra vez parecería
    redundante. Pero las palabras
    simples pueden decirse más
    de una vez.

    3 min
  • Lo posible (Adrienne Rich, en la interpretación estereofónica de Maca Balagué)

    Una noche despejada si la mente estuviera despejada

    Si la mente fuera sencilla, si la mente estuviera despojada

    de todo salvo las necesidades más clásicas:
    cuchara de madera cuchillo espejo
    taza lámpara cincel
    un peine que recorre el pelo de alguien junto a una ventana
    una sábana
    que alguien en sueños se sacó de encima.

    Una noche despejada en la que dos planetas

    parecen aferrarse el uno al otro en la que los pastos terrenales
    cambian como la seda a la luz de las estrellas
    Si la mente estuviera despejada
    y la mente fuera sencilla podrías agarrar ésta
    este estado mental y decir
    Yo viviría así si pudiera elegir:
    esto es lo posible

    Una noche despejada. Pero la mente

    de la mujer que se imagina todo esto la mente
    que permite que todo esto sea posible
    no está despejada como la noche
    nunca es sencilla no puede aferrarse
    a sus verdades como los planetas en tránsito se aferran el uno al otro
    no le es fácil
    funcionar sin remordimientos
    no le es fácil
    lidiar con el milagro
    que le dio fama a la mente
    o que le daba fama
    no se vuelve abstracta y pura por voluntad propia

    la mente de esta mujer

    ni siquiera desea ese milagro

    porque tiene otra misión
    en el universo

    Si la mente fuera sencilla si la mente estuviera despojada

    parecería un cuarto un interior barrido
    pero cómo podría ser posible esto ahora

    a juzgar por las voces de los pueblos fantasmas

    sus configuraciones diminutas y enormes
    que es necesario descifrar
    la noche oracular
    con los ruidos espesos de su funcionamiento

    si pudiera reducirse a algo como

    un peine que recorre el pelo de alguien junto a una ventana

    no más que eso

    una sábana
    que alguien en sueños se sacó de encima

    pero la mente

    de la mujer que piensa esto está envuelta en la batalla
    está en otra misión
    una hebra de pasto un yuyo seco con raíces en la nieve
    que el aire helado agita una varita que dibuja un gráfico

    Ella también recorre con el dedo

    las páginas de un libro
    y conoce mejor que el poema que lee

    conoce mientras lee todo el poema

    y mira las ventanas emplumadas de hielo

    el invierno

    que crispa sus garras
    el viento halcón
    listo para matar

    4 min
  • La revolución no va a ser por internet (cover de Gil Scott-Heron, interpretado por Malena Pichot)

    No te vas a poder quedar en casa, amigue.

    No vas a poder desactivar el roaming ni colgarte al Wi-Fi del vecino.
    No vas a poder colgarte jugando al Candy Crush,
    ni mirando las fotos de gatitos en Facebook,
    porque la revolución no va a ser por internet.

    La revolución no va a ser por internet.

    La revolución no se va a ver con filtros de Snapchat o de Instagram,

    en blanco y negro vintage o predeciblemente sólo en blanco.
    La revolución no va ser por drone, ni se va a organizar en la deep web,
    ni va a estallar cuando se filtre el sex tape de Donald Trump, Marine Le Pen y Putin
    gozando como chanchos con las manos de Perón restauradas
    con nail art colorinche y germicida en gel.

    La revolución no va a ser por internet.

    La revolución no va a salir en exclusiva en Netflix, producida por Tom Hanks, dirigida por Oliver Stone y protagonizada por Miley Cyrus, porque lo progre no quita lo coqueto.

    La revolución no te va a esculpir milimétricamente los abdominales que siempre soñaste,
    ni te va a dotar de un portentoso miembro prensil,
    ni te va a hacer crecer la barba de leñador más fuerte y más sedosa,
    porque la revolución no va a ser por internet, amigue.
    La revolución no te va a borrar por dermoabrasión
    ese tatuaje del Che que te hiciste en los noventa.
    No va aumentar el tráfico de tu página web, no te va a dar miles de likes,
    no te va a hacer un tuítstar ni un semental de Tinder.
    La revolución, si es, no va a ser cosa de varones.

    La revolución no va a ser por internet.

    No vas a ver por streaming a la yuta reprimiendo,

    meta bala de goma y gases lacrimógenos,
    porque dice mi abuela que le dijo un taxista
    que lo escuchó en la radio que a esos cabecitas negras
    al final no les gusta laburar, y acá necesitamos un país en serio,
    una revolución de la alegría.
    Ya nadie va a dejar comentarios anónimos
    en la web de los diarios, y nadie va a mirar
    Bailando por un sueño ni Almorzando con Mirtha
    ni Fútbol de primera, y ni hablar de La noche del domingo
    y las Gatitas y ratones de Porcel.
    Y los pibes, en vez de cazar Pokemones,
    van a estar en la calle buscando algo mejor.

    La revolución no va a ser por internet.

    No va a ser trending topic, ni van a hablar de ella en un documental

    coproducido por la UNESCO y Goldman Sachs que mencione al pasar a #NiUnaMenos,
    narrado por los hijos importados de Brad Pitt y Angelina.
    La banda de sonido no va a ser de U2 ni Manu Chao.
    Calle 13 tampoco va a poner su granito de arena, y de Silvio ni hablar:
    todavía va a estar buscando su unicornio.

    La revolución no va a ser por internet.

    La revolución no va a ser monetizable por Adsense, pero si vos querés

    vas a poder ponerla en tu perfil de LinkedIn que, como todo el mundo sabe,
    es la mentira más piadosa del capitalismo.
    La revolución no va a pasar el desafío de la blancura.
    La revolución no va a sacar el tigre que hay en vos, ni el emprendedor.
    La revolución no te va a limpiar el inodoro, ni la conciencia biempensante.
    La revolución no te va a poner la camiseta, ni los pantalones.
    La revolución te va a obligar a ponerte las pilas.

    La revolución no va a estar en todos tus dispositivos, amigue.

    La revolución va a ser en vivo.

    4 min

About Orden de traslado

From the publisher's feed

Poemas en voz alta.