
Sign up to save your podcasts
Or


Si hay algo que logré entender, desde el principio y sin que nadie me explicara,
Tus sienes, donde el pelo se hacía más tupido
Surgiste de la noche
Yo que te he visto entre las cosas primordiales
Estás parado junto a la ventana.
La calle está en silencio.
La buena vida llega sin aviso:
Mi mamá dice que soy hermoso por dentro
Dio pelea. Pinchaba pedacitos de sandía con un palito chino
Desde otros
ángulos las
fibras parecen
frágiles, pero no
desde el punto
de vista de
la araña, siempre
con gruesas sogas
a cuestas, enganchando
cuerdas al
mejor poste
posible. Es
un trabajo pesado
en todas partes
combatir la caída,
apuntalar tensando
lo que cede. No
es nunca
delicado
vivir.
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Mi pecado, mi alma. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un trayecto en tres etapas a través del paladar e impacta, en la tercera, contra los dientes. Lo. Li. Ta.
Era Lo, Lo a secas, de mañana, con su metro cincuenta y una sola media. Era Lola en pantalones. Era Dolly en la escuela. Era Dolores sobre la línea punteada. Pero en mis brazos, era siempre Lolita.
¿Si tuvo una precursora? Sí, sí que la tuvo. De hecho, quizás no habría existido Lolita para mí si yo no hubiera amado, un verano, a cierta niña iniciática. En un principado junto al mar. ¿Que cuándo? Casi tantos años antes de que Lolita naciera como tenía yo ese verano. Siempre se puede esperar de un asesino una prosa elegante.
Damas y caballeros del jurado, la prueba número uno es lo que los serafines, los mal informados e ingenuos serafines con sus nobles alas, envidiaban. Miren esta corona de espinas.
No soy nadie. ¿Vos quién sos?
¿No sos nadie también vos?
¡Somos dos! No lo contés:
son chismosos, ya sabés.
¡Como una rana, qué opio
repetirle el nombre propio
todo el santo día entero
a un pantano zalamero!
No conocemos la cabeza donde
maduraron los ojos. Pero el torso,
como si fuera un candelabro, arde;
y, aún retraída, su mirada dura
y relumbra. Si no, el pecho combado
no te encandilaría, ni las ingles
dirigirían, con callada curva,
una sonrisa al centro de su sexo.
Si no, no se tendría en pie esta piedra,
trunca bajo los hombros transparentes,
ni brillaría como piel salvaje,
ni emanaría de sus propios bordes
como una estrella, porque no hay un punto
que no te mire ahí. Cambiá tu vida.
From the publisher's feed