Orden de traslado

Orden de traslado

By Ezequiel ZaidenwergArtsBooks
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Orden de traslado episodes

  • Gansos salvajes (Mary Oliver)

    No hay por qué ser buenos.

    No hay por qué caminar por el desierto

    de rodillas incontables kilómetros, por arrepentimiento.

    Sólo hay que dejar que el animal suave del cuerpo

    ame aquello que ama.

    Hablame de tus penas, yo te cuento las mías.

    Sigue su marcha el mundo mientras tanto.

    Por el paisaje, mientras tanto, el sol y las piedritas claras de la lluvia,

    se mueven, por los prados y los frondosos árboles

    las montañas y ríos.

    Y los gansos salvajes, mientras tanto, por el limpio aire azul

    volando alto emprenden el regreso.

    Y vos, seas quien seas, sin importar cuán solo te sentís,

    el mundo se le ofrece a tu imaginación,

    te llama como llaman esos gansos salvajes, enérgicos y ásperos,

    anunciándote una y otra vez el lugar que ocupás

    en la familia de las cosas.

    2 min
  • La rosa es obsoleta (William Carlos Williams)

    La rosa es obsoleta (William Carlos Williams)


    La rosa es obsoleta,

    pero cada pétalo termina

    en filo, el doble facetado

    soporta las columnas

    estriadas del aire – El filo

    corta sin cortar

    no encuentra – nada – se renueva

    a sí mismo en metal o porcelana –

    ¿Dónde? Termina –

    Pero si termina

    es que empieza el principio

    de modo que ocuparse de las rosas

    se vuelve una cuestión de geometría–

    Más afiladas, nítidas, cortantes,

    pintadas en cerámica –

    adorna el plato roto

    una rosa vidriada

    El sentido transmuta en algún sitio

    a las rosas de cobre

    en rosas aceradas –

    La rosa transportaba el peso del amor

    pero el amor está al final – de las rosas

    Es al filo del pétalo

    donde el amor aguarda

    Pulida, trabajada para vencer

    la laboriosidad – frágil,

    cortada, húmeda, a medio erguir,

    fría, precisa, próxima

    A qué

    El lugar entre el filo

    del pétalo y el

    Desde el filo del pétalo una línea comienza

    que al ser de acero,

    infinitamente fina, infinitamente

    rígida penetra

    la Vía Láctea

    sin contacto – y se alza

    desde allí ­­– sin colgar

    ni hacer presión –

    Y la fragilidad de la flor

    intocada

    penetra el espacio

    2 min
  • Contrabando (Denise Levertov)

    Contrabando (Denise Levertov) 


    El árbol del conocimiento era el de la razón.

    Por eso es que probar de él

    nos arrojó del Paraíso. Lo que había que hacer con ese fruto

    era secarlo y molerlo hasta obtener un polvo fino,

    para después usarlo de a una pizca por vez, igual que un condimento.

    Probablemente Dios tendría planeado mencionarnos más tarde

    este nuevo placer.

    Nos lo comimos hasta atragantarnos,

    llenándonos la boca de pero, cómo y si,

    y de pero otra vez, sin saber lo que hacíamos.

    Es tóxico, en grandes cantidades: sobre nuestras cabezas

    y a nuestro alrededor el humo se arremolinaba,

    para formar una compacta nube que se fue endureciendo

    hasta hacerse de acero: un muro entre nosotros

    y Dios, Que era el Paraíso.

    No es que Dios no sea razonable; pasa que la razón

    en tal exceso era una tiranía,

    y nos aprisionó en sus propios límites, un calabozo de metal pulido

    que reflejaba nuestros propios rostros. Dios vive

    al otro lado de ese espejo,

    pero a través de la rendija en donde el cerco

    no llega justo al piso, logra colarse al fin:

    como una luz filtrada, como chispas de fuego,

    como una música que se oye, cesa de pronto

    y, de repente, se hace audible de nuevo.

    2 min
  • Safo, 31

    SAFO 31


    Semejante a los dioses me parece

    ese hombre que, sentado frente a ti,

    desde muy cerca escucha cómo le hablas

    con dulzura


    y te ve sonreírle, seductora:

    eso me hace parar el corazón,

    pues si te miro apenas un instante,

    pierdo el habla;


    la lengua, silenciosa, se me quiebra;

    y un fuego delicado me recorre

    la piel; no ven mis ojos y me zumban

    los oídos;


    me cae un sudor frío, y un temblor

    se apodera de mí; me pongo pálida

    como la hierba, y próxima la muerte

    me parece.


    Pero yo todo lo soporto, porque…

    1 min
  • Cascando (Samuel Beckett)

    Cascando (Samuel Beckett)

    1

    por qué no meramente perder toda esperanza en

    la ocasión de hacer
    derramamiento de palabras

    acaso no es mejor abortar que ser estéril

    después de que te vas las horas pesan como el plomo

    comienzan siempre a rastras demasiado pronto
    los garfios desgarrando ciegamente el lecho del deseo
    exhumando los huesos los antiguos amores
    cuencas alguna vez llenas con ojos iguales a los tuyos
    siempre es mejor acaso demasiado pronto que jamás
    el oscuro deseo salpicando sus rostros
    diciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve días
    ni nueve meses
    ni nueve vidas

    2

    diciendo una vez más

    si vos no me enseñás no aprenderé
    diciendo una vez más hay una última
    incluso de las últimas veces
    últimas veces de rogar
    últimas veces de amar
    de saber no saber aparentar
    una última incluso de las últimas veces de decir
    si no me amás a mí yo ya no seré amado
    si no te amo a vos ya no amaré

    el batir de palabras rancias una vez más dentro del corazón

    amor amor amor el golpeteo de ese antiguo émbolo
    prensando el inmutable
    suero de las palabras

    una vez más muerto de miedo

    de no amar
    de amar pero no a vos
    de ser amado pero no por vos
    de saber no saber aparentar
    aparentar

    yo y todos los otros que te amen

    si te aman

    3

    a menos que te amen

    2 min
  • Algunos árboles (John Ashbery)

    Éstos son sorprendentes: cada uno

    apareado a un vecino, como si el discurso
    fuera una inmóvil representación.
    Poniéndonos de acuerdo, por azar,

    en encontrarnos hoy por la mañana, tan distantes

    del mundo como en concordancia
    con él, vos y yo
    somos de repente lo que tratan los árboles

    de decirnos que somos:

    que su simple presencia
    tiene un significado: que muy pronto
    podremos tocar, amar, explicar.

    Y dichosos de no haber inventado

    semejante hermosura, vemos que nos rodean:
    un silencio poblado ya de ruidos,
    un lienzo del que emergen

    un coro de sonrisas, una invernal mañana.

    Bajo una luz desconcertante, en movimiento
    nuestros días se visten de reticencia tal
    que estos acentos parecieran defensa de sí mismos.

    1 min

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