Páginas Oscuras

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By Javier MatesanzArtsBooks
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Páginas Oscuras episodes

  • #266 El Bunyip de Rosa Cambell Pread
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    El Bunyip (The Bunyip) es un relato de terror de la escritora australiana Rosa Campbell Praed (1851-1935), publicado originalmente en la antología de 1891: Cuentos de la vida australiana de damas australianas (Tales of Australian Life by Australian Ladies).
    El Bunyip, probablemente el mejor cuento de Rosa Campbell Praed, nos sitúa en Australia, en un campamento junto a un pantano, donde los hombres susurran historias sobre el Bunyip, una criatura de aspecto imposible, cuyo grito «se parece al de un niño o de una mujer que sufre».
    «Pero también se dice que es algo más que un animal, y entre sus atributos sobrenaturales está la sensación fría, asombrosa y extraña que se apodera de una compañía por la noche cuando el Bunyip se convierte en el tema de conversación.»
    SPOILERS
    El Bunyip es una de criatura fantástica que desafía el antropocentrismo. Según Rosa Praed, «es el único horror respetable y espeluznante del que Australia puede presumir». Así como Europa «tiene sus historias de demonios y vampiros, Australia no tiene nada más que su Bunyip».
    Como sucede con la mayoría de estas leyendas, «nadie ha visto al Bunyip con sus propios ojos» y ha vivido para contarlo. Lo que tenemos son relatos vagos, a veces contradictorios, sugerencias de atributos tangenciales de la criatura. Por ejemplo, se sabe que habita en lagunas y pozos de agua poco profundos, y que siente aversión por los ríos. No es una abstracción, es decir, «una fuente de peligro indefinida», porque el Bunyip tiene una forma física, orgánica, que bien podría formar parte de los bestiarios medievales: es anfibio y se lo describe, a veces, como una serpiente gigantesca; otras como una especie de rinoceronte «de piel suave y pulposa y cabeza parecida a la de un ternero». Hay quienes sugieren que parece un cerdo «con el cuerpo amarillo» [ver: La biología de los Monstruos]
    Cuando un nativo desaparece, «generalmente se entiende que el Bunyip se ha apoderado de él». Según la leyenda, la criatura atrae a su presa por medio de una «misteriosa emanación», una especie de influencia magnética que obliga a su presa a acercarse imprudentemente a su pozo de agua. Acto seguido, el Bunyip te atrapa, te arrastra bajo el agua y succiona tu cuerpo:
    «Sin hacer ruido ni luchar, la víctima desaparece y no se la vuelve a ver. El Bunyip es silencioso, sigiloso, y sólo en muy raras ocasiones, dicen, siempre de noche, se le ha visto surgir parcialmente del agua negra y lanzar un extraño gemido, como el de un niño o una mujer que sufre.»
    El Bunyip, por supuesto, no es una creación de Rosa Campbell Praed, sino una criatura que forma parte del folclore astraliano, tal vez como un recuerdo atávico de la megafauna marsupial, o incluso de la supervivencia de estos animales colosales en tiempos más recientes. El criptozoólogo aficionado encontrará esta historia interesante, pero por motivos diferentes a los nuestros. Se trata de un relato que no solo ha resistido el paso del tiempo, sino que resulta refrescante en su sencillez. Por otro lado, el lector moderno quizás se sienta incómodo con el matiz racial de la historia; y si bien Rosa Campbell Praed fue una defensora de los derechos civiles de los pueblos originarios de Australia, su tratamiento de estos grupos es bastante condescendiente; en una palabra: victoriano.
    El Bunyip comienza brindando un panorama general [y muy interesante] sobre el folclore del Bunyip, y luego procede a presentar una memoria, un recuerdo [supuestamente] veraz de una serie de hechos extraños. Rosa Campbell Praed evidencia una extraordinaria habilidad para urdir esta atmósfera de verosimilitud alrededor de una criatura cuya percepción requiere un abordaje multisensorial [ver: Lo olfativo, lo visual, lo auditivo y lo táctil en el Horror Cósmico]. Si bien no tiene nada que ver con el estilo de Algernon Blackwood, el Bunyip pertenece a esa inusual categoría de entidades de la naturaleza a la que también pertenece el Wendigo; tal vez menos liminal que este y con mucho de críptido [ver: La Llamada de lo Salvaje: análisis de «El Wendigo»]
    El relato de Rosa Campbell Praed avanza a un ritmo continuo, sin pausa, hacia un desenlace trágico pero que no ofrece una resolusión al misterio que plantea.
    El Bunyip propiamente dicho podría ser entendido como un críptido, más como concepto que como categoría; es decir, depende del bagaje de conocimientos del observador, o, en este caso, del infortunado que cae bajo su influencia. Es, en esencia, «algo» que se mueve más allá de la luz del fuego, más allá de lo conocido por la tribu. En la actualidad tenemos avistamientos, reportes, huellas, y extraños gemidos capturados en el bosque que luego son traidos de regreso a la civilización por cazadores y campistas, pero cuando nos reuníamos junto al fuego, como especie, en un pasado remoto, todos veíamos el destello de ojos en la oscuridad y extrañas configuraciones y formas moviéndose entre los árboles. El Bunyip pertenece a esa instancia de la humanidad.
    La ficción suele presentar a los críptidos siguiendo el mismo patrón. La historia comienza con la fórmula estandarizada de leyendas aborígenes que son rechazadas por un personaje occidental, racional, urbanizado, que al final debe aceptar que esas «supersticiones» son veraces. Como era de esperar, los colonos europeos adoptaron la leyenda del Bunyip [o yowie] y la popularizaron más allá del ámbito autóctono; de hecho, se deliberó largamente sobre la posible existencia de esta criatura, acaso como vestigio de algún enorme animal antediluviano. Una búsqueda rápida por la web puede llevar al lector interesado a encontrar varias cabezas de Bunyip expuestas en museos victorianos, por supuesto, fraudes más o menos elaborados.
    Debajo de la leyenda del Bunyip se agita la violencia colonialista, el imperialismo y el odio racial; en otras palabras, es una criatura que no está desconectada del pueblo que la forjó. En este sentido, el material original, de transferencia oral, es enfocado por Rosa Campbell Praed desde una perspectiva occidental; por ejemplo, localizando al Bunyip exclusivamente en pantanos o pozos de agua poco profundos. Más allá de esto, ambas versiones hablan de una criatura menos física que sonora, una criatura que se oye más que verse. El Bunyip se expresa como un sonido, haciendo que su espacio de influencia sea básicamente cualquier lugar. Podrías encerrarte en una fortaleza llena de hombres armados, pero el grito del Bunyip igual llegaría a tus oídos.
    Así como carece de un origen claro, el Bunyip tampoco parece tener causa. Su agenda, si no es que actúa aleatoriamente, es desconocida. Rosa Campbell Praed se preocupa únicamente en el efecto que esta entidad produce en los colonos blancos que merodean por el monte, y en el desconcierto que genera su proceder, desde nuestra perspectiva, a veces maligno, a veces benévolo, y otras indiferente. El Bunyip, dice Rosa Praed, «reparte promiscuamente beneficios y calamidades». Esto sugiere que no se puede rechazar la llamada del Bunyip. Una vez que caes bajo su influencia, debes seguirlo, te guste o no.
    Los colonos en el cuento de Rosa Campbell Praed se encuentran en una situación delicada. Todavía no están completamente instalados, y todas sus preocupaciones giran alrededor de esa condición de intrusos. En cierto modo, esto agrava aún más la situación, ya que el Bunyip parece despertar cuando se habla de él [«mientras hablábamos, una especie de escalofrío parecía apoderarse de nosotros»]. La criatura desata su «emanación», «toca» a los colonos con ese grito escalofriante que es «como el de un niño o una mujer que sufre». El Bunyip puede ser una criatura «promiscua» [como sostiene Rosa Praed, en el sentido de que puede atacar a cualquiera], pero cuando enfoca su atención se vuelve monógama y apegada.
    Hay una nota de vampirismo subyacente en la figura del Bunyip. Más allá de su aspecto improbable, aparece sin previo aviso, especialmente por la noche, aúlla salvajemente, y desata un conjunto de efectos hipnóticos en sus víctimas, quienes eventualmente terminan siendo vaciadas de órganos y fluidos sin poder ofrecer la menor resistencia. Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
    35 min
  • #265 ESCRITORES - Aurora de Lorenzo Suarez
    Texto: Lorenzo Suarez
    Musicas:
    - 01. Mind Tricks - Experia (Epidemic)
    Nota: Este audio no se realiza con fines comerciales ni lucrativos. Es de difusión enteramente gratuita e intenta dar a conocer tanto a los escritores de los relatos y cuentos como a los autores de las músicas.
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    18 min
  • #264 La calle perdida de Carl Jacobi y Clifford D. Simak
    La calle que no estaba ahí (The Street that Wasn’t There) es un relato de terror de los escritores norteamericanos Carl Jacobi (1908-1997) y Clifford D. Simak (1904-1988), publicado originalmente como La calle perdida (The Lost Street) en la edición de julio de 1941 de la revista Comet, y luego reeditado por August Derleth en la antología de 1948: Extraños puertos de escala (Strange Ports of Call).
    La calle que no estaba ahí, uno de los grandes cuentos de Carl Jacobi, relata la historia de Jonathon Chambers, un científico ermitaño, completamente aislado de la sociedad, cuyo paseo diario se ve perturbado inoportunamente por la desaparición de una calle (ver: Horror Cósmico: el universo conspira para destruirnos)
    SPOILERS.
    El señor Chambers es un hombre rutinario. Camina diariamente por las mismas calles, haciendo el mismo recorrido, desde hace veinte años. Tal es así que la variación de tiempo en esos paseos no supera el par de segundos. Sin embargo, un día regresa a casa quince minutos antes. Atónito, descubre que una de las calles que forman parte de su recorrido ha desaparecido misteriosamente. Chambers no es el único que nota estas irregularidades. Hay esquinas que desaparecen, casas, edificios enteros... y personas. Hay reportes en la radio que aseguran que está sucediendo en todo el mundo. Las cosas simplemente se están desvaneciendo. El mundo se está convirtiendo en... nada.
    Chambers tiene una teoría: la materia y la consciencia están estrechamente relacionadas; y en cierto modo esta última le da sustento a la realidad. Al morir millones de personas en sucesivas guerras, seguidas por una atroz pandemia, sencillamente no hay suficientes consciencias en el mundo para sostener la materia de nuestra realidad. En consecuencia, esta empieza a desmoronarse y a ser absorbida por una dimensión extraña (ver: El Cambio Climático como proceso de terraformación extraterrestre), cuya arquitectura no euclidiana no solo le rinde tributo al horror cósmico sino también a los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft. Recordemos que, posteriormente, Carl Jacobi aportaría una historia muy interesante a los Mitos: El acuario (The Aquarium)
    Al haber vivido como un recluso en su sala de estar casa durante décadas, Chambers es extremadamente consciente de los objetos que la pueblan: el reloj, sus libros, su silla favorita; razón por la cual puede resistir la desintegración mucho más que el resto de las personas. Esto no le brinda ningún consuelo, sino más bien la obligación de ser un testigo privilegiado del fin de los tiempos.
    La calle que no estaba ahí de Carl Jacobi y Clifford D. Simak es un gran relato. Contiene muchos elementos extraños, incluidos algunos guiños a la obra de Lovecraft, pero tal vez el dispositivo más curioso de todos, y que de hecho sostiene todo el argumento, se apoya en la ciencia, más concretamente en el efecto del observador; es decir, en la perturbación de la realidad por el acto de observación. Los físicos han descubierto que incluso la observación pasiva de los fenómenos cuánticos puede cambiar el resultado medido.
    Tal vez el kōan del budismo zen: «Si un árbol cae en un bosque y nadie está cerca para oírlo, ¿hace algún sonido?» tal vez tenga una base científica. Algo de eso sucede en La calle que no estaba ahí de Carl Jacobi y Clifford D. Simak, donde la realidad y la materia están directamente relacionadas con la consciencia que las percibe. En ausencia de un observador, la realidad comienza a comportarse de forma extraña, impredecible, como el árbol que cae en el bosque sin que nadie esté allí para oírlo. En este contexto, las diferencias apenas perceptibles en el entorno del solitario señor Chambers comienzan a sumarse gradualmente a grandes problemas para el planeta.
    La calle que no estaba ahí es una de las dos colaboraciones entre Carl Jacobi y Clifford D. Simak. La otra es El gato que tenía nueve vidas (The Cat That Had Nine Lives).
    Carl Jacobi nunca tuvo demasiada afinidad por la caracterización. Lo suyo es el horror, a veces refinado, y personajes chatos. Clifford D. Simak, en cambio, nunca se deja atrapar por el concepto del argumento como para olvidar la humanidad de sus personajes. En este sentido, los detalles de la solitaria y rutinaria vida del señor Chambers, y sobre todo sus reacciones ante la desintegración paulatina de la realidad, están cuidadosamente retratados.
    Por ejemplo, ante la desaparición de un cenicero (con forma de elefante), nos enteramos en el momento oportuno que al señor Chambers nunca le gustó de todos modos. Inteligente y conmovedor, al menos ante la perspectiva del fin del mundo. Estos detalles hacen que no importe demasiado lo inverosimil de la ciencia detrás de La calle que no estaba ahí. Después de todo, ¿qué sabemos sobre la realidad? Podríamos estar tan equivocados acerca de la física del universo como los personajes secundarios, grises, que desaparecen mucho antes que el señor Chambers (ver: Einstein, la Relatividad y los Antiguos)
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2020/12/la-calle-que-no-estaba-ahi-carl-jacobi.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2020/12/la-calle-que-no-estaba-ahi-carl-jacobi.html
    Musicas:
    - 01. Mind Tricks - Experia (Epidemic)
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    51 min
  • #263 ESCRITORES - La Partida de Felipe Bochatay
    Felipe Bochatay, nació en 1976, en Santa Fe, Argentina. Se graduó como abogado en la Universidad Nacional del Litoral.
    Es mediador civil y penal de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe y Magistrado en Bioética por la Flacso y Magistrando en Ciencias Sociales por la UNL. Actualmente reside y ejerce la magistratura en Reconquista, Santa Fe.
    Suele participar como invitado en podcast relacionados con la ciencia ficción y la historia de la ciencia ficción. Escribe ensayos donde aborda temáticas relacionadas con la sociología en general y con la ecología, el derecho y la historia. Forma parte del comité científico de la revista electrónica “IberoamericaSocial”. Publicó en diferentes revistas electrónicas cuentos y relatos de ciencia ficción, terror y weird.
    Su temática preferida es la ciencia ficción especulativa, el vampirismo, el weird, los relatos ficcionales y los microrrelatos.
    Instagram: @felipe_bochatay
    Musicas:
    - 01. Mind Tricks - Experia (Epidemic)
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    33 min
  • #262 Kerfol de Edith Wharton
    Kerfol (Kerfol) es un relato de terror de la escritora norteamericana Edith Wharton (1862-1937), publicado originalmente en la edición de marzo de 1916 de la revista Scribner's, y luego reeditado en la antología de ese mismo año: Xingu y otras historias. Más adelante aparecería en Relatos de fantasmas de Edith Wharton.
    Kerfol es considerado uno de los mejores cuentos de Edith Wharton.
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2011/03/kerfol-edith-wharton.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2011/03/kerfol-edith-wharton.html
    Musicas:
    - 01. Mind Tricks - Experia (Epidemic)
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    1 hr 10 min
  • #261 Todos Los Santos de Edith Wharton
    Todos los Santos (All Souls') es un relato de terror del escritora norteamericana Edith Wharton (1862-1937), publicado originalmente en la antología de 1937: Fantasmas (Ghosts); y luego reeditado en la colección Relatos de fantasmas de Edith Wharton (The Ghost Stories of Edith Wharton). Más adelante aparecería en 65 grandes cuentos de lo sobrenatural (65 Great Tales Of The Supernatural).
    Todos los Santos, uno de los últimos cuentos de Edith Wharton, relata la historia de Sara Clayburn, una anciana rica, viuda e independiente que despierta en una enorme casa vacía, excepto por un silencio inusualmente opresivo.
    Los hechos ocurren en la Noche de Todos los Santos, «la noche en que los muertos pueden caminar».
    SPOILERS
    La tarde anterior, la señora Clayburn da un paseo por los alrededores de su inmensa casona de campo [Whitegates] y se encuentra con una extraña mujer. Con acento extranjero, la mujer le dice que va a Whitegates a ver a «una de las niñas» [sirvientas]. Media hora después, Sara tropieza y se rompe el tobillo. El médico la obliga a descansar en cama para no empeorar su estado. Mientras tanto, afuera comienza a nevar, pero Sara niega la posibilidad de sentirse sola ya que puede contar con sus sirvientes para hacerle compañía.
    Atendida por la cuidadosa Agnes, Sara se prepara para la noche, pero su dolor y una sensación de «febril» perturban su descanso. Espera pacientemente la llegada de Agnes, pero nadie responde a su llamada. Pronto se da cuenta de que la corriente eléctrica está cortada, el teléfono no funciona y los radiadores están fríos. Aunque el médico le ha ordenado que no se mueva, Sara decide levantarse y averiguar qué está pasando. Apenas logra caminar con la ayuda de un bastón, pero el dolor frena sus movimientos; la casa está inmersa en un silencio aterrador.
    Cansada y dolorida, Sara comienza a explorar cada habitación de la casa, deteniéndose un momento frente a cada puerta y temiendo lo que pueda encontrar. Al otro lado de las puertas puede haber un extraño, un asesino, un cadáver o, peor aún, nadie.
    La sensación de soledad de Sara crece con cada paso que da. Pronto el silencio se vuelve «frío», «una sustancia impenetrable hecha del cese mundial de toda vida y todo movimiento». En la medida en que se lo permite su mente, Sara siente que «no había límite para este silencio, ningún margen exterior, nada más allá». Al contrario de lo que ocurre con otras protagonistas de Edith Wharton, como Lily en La casa de la alegría (The House of Mirth), que se rinde y abraza su destino, Sara Clayburn es más fuerte. Siente que «debe enfrentar lo que sea que esté al acecho». Pero cada habitación que recorre es «fría, ordenada y vacía». Encuentra las camas de los sirvientes sin usar, pero ve que su ropa todavía cuelga en los armarios. Parecen haber conspirado para dejarla sola.
    En esta completa soledad el silencio es absoluto, y Sara lo percibe como una presencia real. Instintivamente, busca «la clave del misterio» en la cocina, que es el lugar más acogedor y femenino de la casa. Al acercarse oye una voz masculina, «grave pero rotunda», que rompe el silencio. Es la voz de un extraño que habla un idioma extranjero, y cuyo tono es «apasionadamente serio, casi amenazante». Sara vacila en entrar, pero se deja arrastrar irresistiblemente, como la mayoría de los personajes femeninos de Edith Wharton, hacia esa enigmática y posiblemente violenta masculinidad. Sin embargo, la cocina está vacía. La voz proviene de una radio portátil.
    Sara consigue volver a su habitación y encerrarse en ella: el miedo no ha desaparecido sino que se ha transformado. Ya no teme a la posibilidad de intrusos, sino a quedarse «sola y sin atención hasta que muera de frío».
    Al día siguiente todo vuelve a la normalidad; Agnes, la sirvienta, declara que nunca se fue: sugiere que tal vez el dolor y la fiebre confundieron a la señora Clayburn. Sara está segura «de que algo raro había pasado en su casa», no obstante, decide no discutir abiertamente el asunto. Guarda silencio, como Alice Hartley en La campana de la doncella (The Lady’s Maid’s Bell). Solo quiere olvidar su miedo a la soledad y el silencio y la muerte. Un año después, en la Víspera de Todos los Santos, Sara se reencuentra con la extraña mujer de acento extranjero, y decide dejar Whitegates para siempre, buscando consuelo en casa de su prima, en Nueva York, quien es la narradora de esta historia.
    La sensación de soledad y muerte que impregna a Todos los Santos nos induce a interpretar la historia como autobiográfica. Habiendo perdido recientemente a muchos amigos, Edith Wharton describe el temor a quedarse sola en el momento en que más se necesita compañía: la vejez.
    Todos los Santos fue escrito pocos meses antes de la muerte de Edith Wharton, que en su faceta pública se mostraba un poco como Sara Clayburn, una mujer anciana fuerte, decidida, que aceptaba con cierto estoicismo el curso natural de su vida. Pero el terror al abandono, a la soledad y el silencio de la muerte expresados en Todos los Santos sugieren que incluso alguien con esta fortaleza interior no podría sostenerla hasta el final. Quiero decir, todos creemos que tenemos una postura tomada respecto a nuestra propia muerte. Algunos se imaginan a sí mismos completamente aterrorizados, paralizados; otros suponen que asumirán cierta resignación, indiferencia, y los más audaces se ven a sí mismos [o dicen que se ven a sí mismos] aceptando y abrazando a la muerte. Todo esto es una farsa, porque solo en presencia de la muerte, es decir, en su proximidad real, podemos saber qué sentiremos.
    Asumir una conducta desafiante con la muerte cuanto esta parece lejana es una farsa, porque solo en ese momento de proximidad podemos reaccionar insintivamente. Edith Wharton estaba cerca de su propia muerte cuando escribió Todos los Santos. Tal vez por eso Sara Clayburn puede tener integridad ante los demás, pero, cuando está sola, está aterrorizada. Conoces el verdadero peso del miedo cuando la amenaza es la desintegración.
    Todos los Santos describe el terror por excelencia de todas las personas mayores, pero especialmente de aquellas que viven solas: el miedo a una transición repentina de la independencia a la impotencia. Si bien es una mujer fuerte, con carácter, la señora Clayburn depende del cuidado de sus sirvientes, quienes de hecho son devotos, sobre todo Agnes, que la atiende como si fuera su niñera. Sin embargo, la vida personal de sus cuidadores es un agujero negro para Sara. Quiero decir, ella supone que se han confabulado para dejarla sola. Nunca se le ocurre que tienen otras lealtades, familia propia, quizás un amante. La noche de Todos los Santos [Halloween], con sus sugerencias de desenfreno pagano, es una representación de la desconocida pero vagamente imaginada vida privada de las sirvientas, algo tan poderoso, tan atractivo, que tiene prioridad sobre sus responsabilidades hacia ella.
    Sara explora las habitaciones del personal, encontrando camas sin usar pero armarios llenos de ropa, evidencia de que volverán después de haber satisfecho sus necesidades privadas. Estas prendas son tanto un consuelo como una amenaza. Prometen el regreso de sus cuidadores, pero dan testimonio de su dependencia. En este punto, el miedo de Sara Clayburn es el miedo al abandono; pero no el de un niño que cuenta con un cuidador inalienable en quien depositar su confianza, alguien con lazos de sangre que siempre regresará. La impotencia y el miedo al abandono hacen que la vejez sea muy parecida a la infancia, pero con desventajas adicionales para los ancianos.
    En 1937, cuando escribió Todos los Santos, la independencia de Edith Wharton se derrumbó junto con su salud. Primero perdió a Walter Berry, su servidor más entrañable; y en un período de seis meses la muerte reclamó a sus dos sirvientas de confianza: Elise Duvlenck y Catherine Gross. Una tercera sirvienta estaba tan triste por esas pérdidas que se fue. En una carta a Mary Berenson, Edith Wharton escribe: «Quiero alejarme lo más rápido posible de esta Casa Usher». En Todos los Santos la ausencia de los sirvientes presagia la muerte, en primer lugar, la muerte de la casa, cuyas actividades se detienen por completo: no hay luz eléctrica, el teléfono no funciona y no hay calefacción; lo cual se traduce en una amenaza a la vida de su propietaria.
    La casa de Edith Wharton había sido atendida durante mucho tiempo por la amabilidad de sus fieles sirvientes. Su ausencia dejó la casa estática y fría; y a pesar de las visitas de muchos amigos devotos, Edith Wharton, como Sara Clayburn, se sentía sola. La idea del regreso de los muertos comienza a volverse un motivo frecuente, no solo en su ficción sino en sus pensamientos diarios. En una carta escribe sobre esos amigos «que todos los años en la Noche de Todos los Santos vienen y se sientan conmigo junto al fuego». En ese momento, 1933, estos muertos que regresan de la tumba son visitantes que Edith Wharton recibía con alegría en su hogar, recordándolos; pero cuatro años más tarde, cuando escribió Todos los Santos, este estado de ánimo de aceptación fue perturbado por el miedo. En este, su último relato, el que regresa de la muerte es una figura oscura, amenazadora, una mujer misteriosa que atrae a sus fieles sirvientes para que abandonen a quien confía en ellos para que la sigan al otro mundo, en este caso representado en un coven.
    En el prefacio de Fantasmas (Ghosts), la última antología de Edith Wharton, donde aparece esta historia, la autora escribe: «Los fantasmas, para manifestarse, requieren dos condiciones aborrecibles para la mente moderna: silencio y continuidad». Aunque la narradora al principio afirma que «esta no es exactamente una historia de fantasmas», Todos los Santos se convierte en un estudio magistral del silencio:
    «Silencio, ¡más silencio! Parecía amontonarse como la nieve en el techo y en las canaletas. Silencio. Cuántas personas que ella conocía tenían alguna idea de lo que era el silencio, y lo fuerte que resuena cuando realmente lo escuchas?»
    Edith Wharton se enfoca en construir una historia gótica a través del escenario y la ambientación, pero no recae en los estereotipos del género. El escenario es una remota y solitaria casa de campo de Connecticut; el tiempo es la víspera de víspera de Todos los Santos, el año nuevo pagano y la noche en la que los «muertos pueden caminar». A pesar de las comodidades modernas de la casa [electricidad, teléfono, calefacción], las habitaciones y los jardines bien ordenados, y la presencia de sirvientes leales [que heredó de su suegra, por lo tanto, son ancianos como ella], las convenciones del gótico van surgiendo a medida que estos elementos se apagan: se corta el suministro energético, el teléfono, la calefacción, y los sirvientes se van. Lo que queda es una clásica casa gótica [ver: La Casa como entidad orgánica y consciente en el Gótico]. Incluso el valle de Connecticut se transforma para evocar un ambiente hostil.
    Los acontecimientos de esa noche han transformado Whitegates, dejándola inhabitable para Sara. Lo Siniestro aquí realmente es unheimlich, es decir, lo desconocido en lo familiar [ver: Lo Siniestro en la ficción]. A pesar de toda la parafernalia de la vida moderna y civilizada, Halloween, lo pagano, se impone. La sensación de seguridad de Sara se hace añicos, no porque sus sirvientes se hayan convertido en agentes del mal, sino porque siguen siendo personas leales, confiables, y también asiduos concurrentes al coven. Para la voz de clase alta de la narradora, solo hay una explicación posible para los eventos que aterrorizaron a su tía: lo sobrenatural. Sin embargo, hay una historia oculta en Todos los Santos.
    La «mujer extraña», cuya palidez facial y su tono «extranjero» sugieren indirectamente vampirismo, aparece cuando el doctor se ausenta, primero a Baltimore, luego a las Indias Occidentales y finalmente a Suiza. La teoría de Sara, que comenta a la narradora un año después, es que la mujer es un fetch, una criatura sobrenatural del folclore irlandés, cuyo avistamiento se considera un presagio de muerte. Aquí, sin embargo, se piensa que la mujer llega a Whitegates para invitar a los sirvientes a formar parte de un coven. En realidad, no estoy seguro de incluir al chofer, porque la mujer dice que ha ido a ver a las niñas, refiriéndose a las criadas. No es caprichoso que la principal sirvienta de confianza de Sara se llame Agnes, y que haya nacido en la Isla de Skye, cerca de Escocia.
    Si la teoría de Sara y la narradora son correctas, Agnes fue convocada por un fetch y participa en el aquelarre vestida con el sombrero y el abrigo desechados por su ama; junto con, al parecer, la otra criada y el chofer. Nuestra hipótesis es que la «mujer extraña» es simplemente una mujer, una bruja, que todos los años se reúne con un grupo de personas para entregarse a placeres que normalmente se les niega. La liberación de Agnes y sus compañeros de su habitual decoro es sexual.
    Sin embargo, quedan muchas preguntas pendientes al final del cuento. ¿Qué trama toda esta gente? ¿Simplemente son encuentros sexuales amparados bajo el manto de superstición de Halloween o puede haber algo sobrenatural? Para mí, el misterio más importante [que no he logrado resolver] es el doctor Selgrove. ¿Por qué Edith Wharton nos da tanta información sobre la repentina enfermedad del doctor, su ausencia y posterior abandono del área? ¿Realmente se enfermó? ¿Qué relación tiene su ausencia con la aparición de la mujer misteriosa? Edith Wharton no nos da las respuestas, pero claramente se supone que no debemos aceptar la florida explicación de los hechos planteados por la narradora.
    Más bien, creo que Edith Wharton quiere que el lector preste atención al enfoque de Sara Clayburn, no en términos literales, porque la mirada de la mujer está tamizada por su estatus social. En definitiva, Todos los Santos es una historia de apariciones misteriosas e inexplicables ausencias. El eje alrededor del cual giran estas apariciones y ausencias es el coven, el aquelarre, y sus encuentros sexuales. Incluso la narradora, apegada a la explicación sobrenatural, no puede dejar de reconocer que la fascinación de estos encuentros es fundamentalmente sexual:
    «Cualquiera que alguna vez haya sentido la más mínima curiosidad por asistir a un coven pronto encuentra que esta se convierte en deseo, el deseo en un anhelo incontrolable que, cuando se presenta la oportunidad, rompe todas las inhibiciones; porque aquellos que alguna vez han tomado parte en un coven moverán cielo y tierra para volver a participar.»
    Bajo esta luz, la explicación sobrenatural de la narradora es indicativa de una mentalidad regresiva, incapaz de comprender el poder disruptivo del deseo, un poder que no respeta las diferencias de clase, género y edad. Porque lo cierto es que Agnes no es una joven criada, sino una mujer madura, probablemente anciana, que una vez al año se permite participar en estas reuniones ilícitas mientras su ama lucha desesperadamente por mantener su posición de clase, su autoridad, incluso el dominio sobre su propio hogar. Porque sin la asistencia de las clases bajas, Sara es solo una anciana aterrorizada e impotente en la oscuridad.
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2023/04/todos-los-santos-edith-wharton-relato-y.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2023/04/todos-los-santos-edith-wharton-relato-y.html
    Musicas:
    - 01. Mind Tricks - Experia (Epidemic)
    Nota: Este audio no se realiza con fines comerciales ni lucrativos. Es de difusión enteramente gratuita e intenta dar a conocer tanto a los escritores de los relatos y cuentos como a los autores de las músicas.
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    1 hr 8 min
  • #260 Algo viejo de Mary Elisabeth Counselman
    Algo viejo es un relato de terror de la escritora norteamericana Mary Elizabeth Counselman (1911-1995), publicado originalmente en la edición de noviembre de 1950 en la revista Weird Tales —donde rápidamente se convirtió en un clásico del relato pulp—, y luego reeditado en la antología de 1964: A medias en las sombras.
    Algo viejo, uno de los cuentos de Mary Elizabeth Counselman más destacados, y probablemente entre los mejores relatos de terror de mujeres en Weird Tales, narra la historia de una joven pareja, un compromiso, y un antiguo anillo babilónico con propiedades estremecedoras.
    SPOILERS
    No sólo este anillo mágico se aferra al dedo de su portadora hasta hacerla sangrar, sino que en su noche de bodas una criatura de aspecto grotesco se presenta ante ella para reclamar, por la fuerza, aquella supuesta virtud que con tanto celo la muchacha había reservado para su marido.
    Al parecer, en el interior del anillo se encuentran los restos de un cabello humano, así también como de pelo animal, acaso pertenecientes a una macabra pareja babilónica. Después de todo, el anillo fue forjado para una sierva de Baal, cuya personalidad revive cuando éste se desliza en el dedo de una nueva portadora.
    En este sentido, Algo viejo se inspira en una antigua tradición babilónica: la hierogamia; es decir, el encuentro de una mujer humana, una sacerdotisa, con el dios encarnado. Los griegos expresaban este concepto bajo el término entusiasmo (en, theo, asthma), que podría traducirse como: el «soplo interior de Dios« », o más literalmente: «con el Dios adentro», siendo ésta última versión la que nos evita mayores precisiones al respecto.
    Al igual que la protagonista de Algo viejo de Mary Elizabeth Counselman, las sacerdotisas debían entregarse al Dios, o bien a cualquier representante en la tierra que reclamase ese privilegio, antes de mantener contacto físico con sus esposos. Esta práctica adquirió, en ciertas épocas, matices mucho más perturbadores, cuando no directamente delictivos. Muchas jóvenes babilónicas, en la noche de bodas, eran obligadas a entregarse al primer desconocido que arrojase dinero en el templo.
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2018/01/algo-viejo-mary-elizabeth-counselman.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2018/01/algo-viejo-mary-elizabeth-counselman.html
    Musicas:
    - 01. Mind Tricks - Experia (Epidemic)
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    48 min
  • #259 La estatua de piedra negra de Mary Elisabeth Counselman
    La estatua de piedra negra (The Black Stone Statue) es un relato de terror de la escritora norteamericana Mary Elizabeth Counselman (1911-1995), publicado originalmente en la edición de diciembre de 1937 de la revista Weird Tales, y luego reeditado en la antología de 1964: A medias en las sombras (Half in Shadow).
    La estatua de piedra negra, sin dudas uno de los grandes cuentos de Mary Elizabeth Counselman, se ha convertido en un verdadero clásico del relato pulp, y por motivos que van mucho más allá de su argumento.
    En el relato de terror, los escultores —y pintores y artistas plásticos en general— a menudo son descritos como individuos alienados, perversos, obsesionados, monomaníacos, cuyos egos colosales finalmente logran imprimir su propia locura en sus abominables creaciones. En este sentido, La estatua de piedra negra de M.E. Counselman, acaso por primera vez, desecha las obsesiones personales y establece la idea de que la supuesta locura del escultor —y del artista en general— en realidad está vinculada con dos aspectos atávicos del ser humano: el narcisismo y la idolatría.
    SPOILERS
    La estatua de piedra negra, que bien podría inscribirse en el cuento policial o la ficción detectivesca, incorpora elementos tales como el ingenio, la creatividad artística, pero también la codicia, la conspiración, el asesinato, y una misteriosa criatura extraterrestre. Si bien esto parece conformar un cliché de la ciencia ficción, el marco que utiliza Mary Elizabeth Counselman anula por completo esa clasificación.
    El relato está narrado a través de una nota de suicidio enviada por un artista a los directores del Museo de Bellas Artes de Boston, quienes le han solicitado, debido al increíble y perturbador realismo de sus figuras, que cree una estatua de sí mismo, naturalmente, con consecuencias nefastas.
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2018/06/la-estatua-de-piedra-negra-mary.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2018/06/la-estatua-de-piedra-negra-mary.html
    Musicas:
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    40 min
  • #258 Las manos de mármol de Bernard Capes
    Las manos de mármol (The Marble Hands) es un relato de terror del escritor inglés Bernard Capes (1854-1918), publicado originalmente en la antología de 1915: Los fabulistas (The Fabulists).
    Las manos de mármol, uno de los grandes cuentos de Bernard Capes, es un relato corto y espeluznante sobre dos niños que ven algo extraño en un cementerio: una tumba muy particular, adornada con dos manos de mármol con un significado misterioso.
    SPOILERS.
    El narrador y su amigo, Heriot, entran al cementerio de noche. Mientras caminan entre las lápidas, Heriot se detiene y le pide al narrador que vaya a mirar una tumba en particular y luego le cuente lo que ha visto. Esa tumba no tiene lápida, sino un par de manos de mármol, tan blancas y relucientes como si fueran reales, tanto que el narrador, por un momento, siente que son manos vivas que salen de la tumba.
    Inquieto, el narrador corre de vuelta con Heriot, y le dice que las manos de mármol todavía están allí. Recién entonces Bernard Capes cuenta la historia de la tumba: es el lugar de descanso de la tía de Heriot, una mujer obsesionada con sus manos, a las que consideraba la parte más hermosa de su cuerpo; de hecho, las hizo fotografiar y luego esculpir en mármol. Sin embargo, había algo perverso en esa actitud. Su deseo era tener esas manos de mármol en su tumba una vez que estuviera muerta, y así sucedió (ver: El cuerpo de la mujer en el Horror)
    Su esposo volvió a casarse y su nueva esposa exigió que quitaran las manos de mármol. Pero cuando Heriot visitó la tumba vio que las manos todavía estaban allí. No estaba seguro si era su imaginación, o si las manos en realidad habían sido restituidas a su lugar. Por eso le pidió al narrador que fuera a revisara la tumba.
    Las manos de mármol de Bernard Capes es un cuento breve, tanto que extenderse en un análisis más detallado constituye una especie de profanación a su sencillez. Extraño es la palabra que mejor lo define.
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2020/11/las-manos-de-marmol-bernard-capes.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2020/11/las-manos-de-marmol-bernard-capes.html
    Musicas:
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    14 min
  • #257 Tan real de Robert Specht
    Tan real (The Real Thing) es un relato de terror del escritor norteamericano Robert Specht, publicado originalmente en la edición de abril de 1966 de la revista Alfred Hitchcock's Mystery Magazine, y luego reeditado en la antología de 1967: Alfred Hitchcock: relatos que me asustaron incluso a mí (Alfred Hitchcock Presents Stories That Scared Even Me).
    SPOILERS
    Tan real, quizás el único cuento de Robert Specht que ha trascendido, nos ubica en el medio de una situación extremadamente tensa: por un lado, tenemos al loco del pueblo, Charlie, capaz de creer en las historias más extraordinarias. Por el otro, al bromista, Tad, quien ahorra esfuerzos para someter a Charlie a las bromas más pesadas.
    El dilema consiste en que Charlie vive en una funeraria, y a menudo convive con los muertos. Tad, por su parte, aprovecha las circunstancias para asegurarle que una de las fallecidas es, en realidad, una especie de hombre lobo, o de vampiro, que por las noches se levanta de su ataúd para beber la sangre de los vivos.
    Para darle mayor realismo a la broma, Tad logra que su propia novia, perfectamente maquillada, se introduzca en uno de los ataúdes vacíos de la funeraria con el objetivo de asustar a su amigo. Sin embargo, Charlie no reacciona del modo esperado, sino que, por el contrario, resulta ser un sujeto bastante informado sobre los métodos apropiados para matar a un vampiro.
    Traducido al español por Sebastián Beringheli para El Espejo Gótico
    Análisis de: El Espejo Gótico
    http://elespejogotico.blogspot.com/2018/09/tan-real-robert-specht-relato-y-analisis.html
    Texto del relato extraído de:
    http://elespejogotico.blogspot.com/2018/09/tan-real-robert-specht-relato-y-analisis.html
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