Podcast de Misterios

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Podcast de Misterios episodes

  • Enigmas de la Sabana Santa,con Mª Teresa Rute.18/04/2011
    Otro tema relacionado directamente con estos dias de Semana Santa ,La Sindone de Turin o la sabana santa como la conocemos por aqui,nos habla de ella Maria Teresa Rute la que acaba de escribir un libro sobre este tema y lo hace en el programa A cielo Abierto,nos deja unas cuantas claves con las que ella relaciona la figura de la sabana con Jesucristo.Quitandole credibilidad a las pruebas de Carbono 14 que segun cuenta podrian estar contaminadas ,en fin lo mejor escuchar y juzgar por si mismos.
    25 min
  • El Fantasma de la Frisa.de Fermin Jimenez.
    Otro relato de uno de los mejores guionistas de terror y miedo de nuestros tiempos en nuestra humilde opinion y no es otro que Fermin Jimenez de las trece cajas en radio Milenium.si quieres pasar miedo elije cualquier relato ,pero si lo que quieres es sentir terror elije las trece cajas.
    28 min
  • Hacienda somos todos.(paraisos Fiscales protegidos)
    'Mundo Hoy': Hacienda somos todos
    El documental presentado por Estibaliz Ruiz de Azua investiga cómo funcionan los entramados de los llamados paraísos fiscales.En un principio montados para blindar las grandes fortunas,pero hoy en dia Hasta pequeños empresarios dicen si lo hace esta gran empresa y le va bien por que no hacerlo yo?
    21 min
  • La otra cara de los mapas: 2- El espiritu del pasado
    A medida que nuestro mundo se contrae y la propiedad de los escasos recursos que quedan se hace cada vez más controvertida, la cartografía se ha convertido en una parte fundamental del conocimiento del siglo XXI. Incluso ahora, los satélites siguen en órbita alrededor de la Tierra recogiendo datos para la próxima generación de mapas. ¿Pero somos realmente conscientes de la verdadera importancia que tienen?.
    Son mucho más que simples representaciones gráficas de nuestros alrededores, también son los faros que nos han guiado para saber quiénes somos y cómo entendemos el mundo en el que vivimos. Los mapas han sido fuerzas impulsoras decisivas para el cambio individual y colectivo, gracias a ellos se han definido pueblos, se han comenzado guerras, se han construido fortunas y han mostrado la pobreza.
    Cada episodio aborda un desafío tecnológico nuevo en el campo de la cartografía y sus consecuencias inmediatas en la humanidad. Odisea te presenta un apasionante viaje a través de la historia de la cartografía, desde las primeras indicaciones del arte rupestre hasta las últimas imágenes de Google Earth.
    50 min
  • Antonio Piñero .Sobre Cristianismo antiguo,La Figura de Jesus.en Radio Universitaria Argentina.
    Mas de una hora de intervenciones (tres) del Profesor Piñero en Radio universitaria Jujuy de Argentina .donde habla de Cristianismo antiguo ,textos apocrifos y canonicos y sobre todo la figura de Jesucristo tan manipulada por los intereses de segun quien lo trate,un material que en estos dias de "fiesta Santa" no puedes dejar de escuchar ,si realmente te interesa el cristianismo Historico,pues posiblemente Piñero sea a nivel mundial el que mas a estudiado este tema.
    1 hr 19 min
  • Ancient Aliens: 10- El regreso II
    Hay pruebas que apuntan a que en el siglo XX se produjeron contactos con alienígenas. En la batalla de Los Ángeles de 1942, el Ejército de EE UU y el servicio de defensa antiaérea se enfrentaron, supuestamente, a un ovni. Los aviones de la fuerza aérea aliada de la II Guerra Mundial se vieron sorprendidos por unas bolas de luz que algunos piensan que podían ser de origen extraterrestre. Durante décadas, algunos han buscado sonidos procedentes del mundo extraterrestre, mientras otros se han dedicado a enviar mensajes al espacio exterior. ¿Qué pasaría si los alienígenas respondieran? o nos llamaran? ¿Qué protocolos existen para determinar quién debería hablar en nombre de la humanidad y cómo podríamos comunicarnos? ¿Y qué pasaría si regresaran? Algunos hasta creen que ya lo han hecho.
    35 min
  • El Retorno de los Brujos.Louis Pawels y Jacques Bergier.La Alquimia Como Ejemplo.III
    III
    Donde vemos a un pequeño judío que prefiere la miel al azúcar. — Donde un alquimista que podría ser el misterioso Fulcanelli habla del peligro atómico en 1937, des­cribe la pila atómica y evoca civilizaciones desapareci­das. — Donde Bergier abre una caja de caudales con soplete y se pasea con una botella, de uranio bajo el bra­zo. — Donde un comandante americano innominado busca a un Fulcanelli definitivamente desaparecido. — Donde Oppenheimer canta a dúo con un sabio chino de hace mil años.
    Era en 1933. El pequeño estudiante judío tenía la nariz puntiaguda y usaba gafas redondas, detrás de las cua­les brillaban unos ojos vivos y fríos. En su cráneo redon­do raleaba ya una cabellera parecida a un plumero. Un horrible acento, agravado por el tartamudeo, daba a sus frases el tono cómico y confuso de un chapuzón de pa­tos en un estanque. Cuando se le conocía un poco mejor, daba la impresión de que una inteligencia ávida, tensa, sensible y extraordinariamente rápida bullía en el inte­rior de aquel hombrecillo desgarbado, lleno de astucia y de infantil torpeza en el vivir, como un enorme globo rojo sujeto por un hilo a la muñeca de un niño.
    —Entonces, ¿quiere usted ser alquimista? —pre­gunta el venerable profesor al estudiante Jacques Ber­gier, que, con la cabeza baja, estaba sentado en el borde de un sillón, con una cartera atiborrada de papeles so­bre las rodillas.
    El venerable era uno de los más grande
    21 min
  • El Retorno de los Brujos.Louis Pawels y Jacques Bergier.La Alquimia Como Ejemplo.
    Un alquimista en Café Procope, en 1953. — Conver­sación acerca de Gurdjieff. — Un hombre que afirma saber que la piedra filosofal es una realidad. — Bergier me lleva a toda velocidad por un extraño atajo. -— Lo que veo me libera del estúpido desprecio del progreso. — Nuestra opinión sobre la alquimia: ni revelación, ni avance a tientas. — Breve meditación sobre la espiral y la esperanza.
    En marzo de 1953 conocí por primera vez a un al­quimista. La cosa ocurrió en el Café Procope, que experimentó en aquella época una breve resurrección. Cuando yo estaba escribiendo mi libro sobre Gurdjieff, un gran poeta preparó aquella entrevista; después volví a ver a menudo a aquel nombre singular, sin penetrar, empero, sus secretos.
    Yo tenía ideas primitivas, extraídas de las nociones populares, sobre la alquimia y los alquimistas, y estaba lejos de saber que éstos aún existían. El hombre que se sentaba frente a mí, en la mesa de Voltaire, era joven y
    elegante. Tenía una sólida instrucción clásica, seguida de estudios de química. En aquel entonces, se ganaba la vida en el comercio y frecuentaba a muchos artistas, así como a algunas gentes de mundo.
    No llevo ningún Diario íntimo, pero, en ciertas ocasiones importantes, suelo anotar mis observaciones o mis sentimientos. Aquella noche, al volver a casa, es­cribí lo que sigue:
    «¿Qué edad puede tener? Él me ha dicho treinta y cinco años. No lo entiendo. Cabello blanco, rizoso, partido sobre el cráneo como una peluca. Numerosas y profundas arrugas bajo un cutis rosado y en un sem­blante lleno. Pocos ademanes; lentos, mesurados, hábi­les. Sonrisa tranquila y aguda. Ojos risueños, pero que ríen para sí. Todo revela una edad diferente. En su con­versación, ni un quiebro, ni una desviación, ni un fallo en la presencia del espíritu. Este semblante afable y fue­ra del tiempo tiene algo de esfinge. Incomprensible. Y no es sólo una impresión mía. A. B., que, desde hace semanas, le ve casi todos los días, me dice que jamás, ni un segundo, le ha sorprendido en una sola falta de "ob­jetividad superior".
    »Lo que le hace condenar a Gurdjieff:
    »1.° Quien siente la necesidad de enseñar no vive enteramente su doctrina y no ha llegado a la cima de la iniciación.
    »2.° En la escuela de Gurdjieff no hay mediación material entre el alumno a quien se ha persuadido de su nada y la energía que debe llegar a poseer para pasar al ser real. Esta energía —esta "voluntad de la voluntad", dice Gurdjieff— debe encontrarla el alumno en sí mis­mo, y sólo en sí mismo. Ahora bien, este paso es par­cialmente falso y sólo puede conducir a la desespera­ción. Esta energía existe fuera del hombre, y se trata de captarla. El católico que comulga: captación espiritual de esta energía. Pero, ¿y los que no tienen fe? Si no se
    tiene fe, hay que tener fuego: esto es toda la alquimia. Un verdadero fuego. Un fuego material. Todo comien­za, todo llega por el contacto de la materia.
    »3.° Gurdjieff no vivía solo; siempre estaba rodea­do de otras personas como en un falansterio. "Hay un camino en la soledad, hay ríos en el desierto." No hay camino ni ríos en el hombre que se mezcla con los otros.
    »Le hago preguntas sobre la alquimia que deben de parecerle tontas. Pero no lo demuestra y responde:
    »Sólo materia, nada más que contacto con la mate­ria, trabajo con la materia, trabajo manual.
    «Insiste mucho en esto:
    »—¿Le gusta la jardinería? Es un buen comien­zo, porque la alquimia puede compararse a la jardinería.
    »—¿Le gusta la pesca? La alquimia tiene algo de co­mún con la pesca.
    »Trabajo de mujeres y juego de niños.
    »No se puede enseñar alquimia. Todas las obras li­terarias que han pasado por los siglos contienen una parte de esta enseñanza. Son el hecho de hombres adul­tos —verdaderamente adultos— que hablaron a los ni­ños, respetando las leyes del conocimiento adulto. En una gran obra, jamás se nota la falta de "los principios". Pero el conocimiento de estos principios y el camino que lleva a estos principios deben permanecer ocultos. Sin embargo, existe un deber de ayuda mutua para los investigadores del primer grado.
    »A eso de la medianoche, le interrogué sobre Fulcanelli,[17] y él me explicó que Fulcanelli no ha muerto.
    »—Se puede vivir —me dice— infinitamente más de lo que imagina el hombre que no ha despertado. Y se puede cambiar totalmente de aspecto. Yo lo sé. Mis ojos saben. Sé también que la piedra filosofal es una realidad. Pero se trata de un estado de la materia distin­to del que conocemos. Este estado, como todos los otros estados, es susceptible de mediciones. Los me­dios de trabajo y de medición son sencillos y no requie­ren aparatos complicados: trabajo de mujeres y juego de niños...
    »Y añade:
    »—Paciencia, esperanza, trabajo. Y, sea cual fuere el trabajo, jamás se trabaja bastante.
    »Esperanza: en alquimia, la esperanza se funda en la certeza de que existe un fin. Yo no habría empezado —dice— si no me hubiesen demostrado claramente que este fin existe y que es posible alcanzarlo en esta vida.»
    Tal fue mi primer contacto con la alquimia. Si la hubiese abordado por medio de los libros mágicos, creo que mis investigaciones no habrían ido muy lejos: falta de tiempo, falta de afición a la erudición literaria. Y también falta de vocación: esta vocación que invade al alquimista, cuando éste aún no se tiene por tal, en el momento en que se abre por primera vez un antiguo tratado. Yo no tengo vocación de hacer sino de com­prender; no de realizar, sino de ver. Pienso, como dice mi viejo amigo André Billy, que «comprender es tan hermoso como cantar», aun en el caso de que la com­prensión sea fugaz.[18] Soy un hombre que tiene prisa, como la mayoría de mis contemporáneos. Tuve el con­tacto más moderno que cabe tener con la alquimia: una conversación en una tasca de Saint Germain des Prés. Después, mientras intentaba dar un sentido más com­pleto a lo que me había dicho aquel hombre joven, tro­pecé con Jacques Bergier, que no salía lleno de polvo de una buhardilla llena de libros viejos, sino de los lugares en que se concentra la vida del siglo: los laboratorios y las oficinas de información. Bergier buscaba también alguna cosa por las rutas de la alquimia. Y no era para hacer una peregrinación al pasado.
    El extraordinario hombrecillo, atiborrado de secretos de la energía ató­mica, había tomado aquel camino como atajo. Volé, agarrado a sus faldones y a una velocidad supersónica, entre los textos venerables concebidos por sabios ena­morados de la lentitud, borrachos de paciencia. Bergier tenía la confianza de algunos de los hombres que, toda­vía hoy, se entregan a la alquimia. Tenía también el oído de los sabios modernos. A su lado, pronto adquirí la certeza de que existe una estrecha relación entre la al­quimia tradicional y la ciencia de vanguardia. Vi que la inteligencia tendía un puente entre dos mundos. Avan­cé por este puente, y vi que aguantaba. Sentí una dicha muy grande y un profundo apaciguamiento. Refugiado desde hacía tiempo en el pensamiento antiprogresista hindú, adepto de Gurdjieff, viendo el mundo de hoy como un principio del Apocalipsis, profundamente desesperanzado y sin esperar más que un triste fin de los tiempos, sin ser lo bastante orgulloso para consi­derarme hombre aparte, he aquí que veía de pronto cómo el porvenir y el pasado se daban la mano. La me­tafísica del alquimista, varias veces milenaria, ocultaba una técnica comprensible o casi comprensible, en el si­glo xx. Las técnicas horripilantes de hoy se abrían so­bre una metafísica casi siempre a la de los tiempos anti­guos. ¡Falsa poesía la de mi vacío! El alma inmortal de los hombres lanzaba la misma luz a ambos lados del puente.
    Acabé por creer que los hombres, en un pasado muy remoto, habían descubierto los secretos de la energía y de la materia. Y no sólo por la meditación, sino también por la manipulación. No sólo espiritualmente, sino téc­nicamente. El espíritu moderno, por caminos diferen­tes, por las rutas, desde hacía tiempo repelentes a mis ojos, de la razón pura, de la irreligiosidad, con medios diferentes y que me habían parecido feos, se aprestaba a su vez a descubrir los mismos secretos. Se interrogaba, se entusiasmaba y se inquietaba a un tiempo. Tendía a lo esencial, igual que el espíritu de la alta tradición.
    Vi entonces que la oposición entre la «sabiduría» milenaria y la «locura» contemporánea era una inven­ción de la inteligencia, demasiado débil y demasiado lenta, un producto de compensación para el intelectual incapaz de la fuerte aceleración que su época le exige.
    Hay varias maneras de tener acceso al conocimien­to esencial. Nuestro tiempo tiene las suyas. Las anti­guas civilizaciones tuvieron las propias. Y no me refie­ro únicamente al conocimiento teórico.
    Vi, en fin, que, siendo las técnicas de hoy aparente­mente más poderosas que las de ayer, este conocimien­to esencial que sin duda tenían los alquimistas (y otros sabios, antes que ellos) llegarían a nosotros aún con mayor fuerza, con mayor peso, con más peligros y con más exigencias. Alcanzamos el mismo punto que los antiguos, pero a diferente altura. Más que condenar al espíritu moderno en nombre de la sabiduría de ini­ciación de los antiguos, más que negar esta sabiduría declarando que el conocimiento real comienza con nuestra civilización, convendría admirar, convendría venerar la potencia del espíritu que bajo aspectos dife­rentes, vuelve a pasar por el mismo punto de luz, ele­vándose en espiral. Antes que condenar, repudiar, escoger, convendría amar. El amor lo es todo: reposo y movimiento a la vez.
    Vamos a someterles los resultados de nuestras in­vestigaciones sobre la alquimia. No se trata, desde lue­go, más que de esbozos. Para aportar a este tema una contribución realmente positiva, necesitaríamos diez o veinte años sin hacer otra cosa, y, posiblemente, facul­tades que no tenemos. Sin embargo, lo que hemos hecho y la manera de hacerlo dan a este pequeño trabajo un as­pecto diferente al de las obras hasta ahora consagradas a la alquimia. Encontrarán en él pocas declaraciones so­bre la historia y la filosofía de esta ciencia tradicional, pero sí algunas luces sobre los lazos inesperados entre los sueños de los viejos «filósofos químicos» y las reali­dades de la física actual. Mejor será que declaremos en­seguida nuestro propósito:
    La alquimia, a nuestro entender, podría ser uno de los más importantes residuos de una ciencia, de una técnica y de una filosofía pertenecientes a una civiliza­ción desaparecida. Lo que hemos descubierto en la al­quimia, a la luz del saber contemporáneo, no nos invita a pensar que una técnica tan sutil, complicada y precisa, puede ser producto de una «revelación divina» caída del cielo. Y no es que rechacemos toda idea de revela­ción. Pero jamás hemos visto, al estudiar los santos y los grandes místicos, que Dios hable a los hombres em­pleando el lenguaje de la técnica: «Coloca tu crisol bajo la luz polarizada, hijo mío. Limpia las escorias con agua tridestilada.»
    Tampoco creemos que la técnica alquimista haya podido desarrollarse a tientas, a base de ínfimos trucos de ignorantes o de fantasías de maníacos del crisol, has­ta llegar a lo que bien puede llamarse una desintegra­ción atómica. Más bien nos inclinamos a creer que en la alquimia existen restos de una ciencia desaparecida, di­fíciles de comprender y de utilizar, a falta de texto. Partiendo de estos residuos, forzosamente tuvo que haber tanteo, pero en una dirección determinada. Hubo tam­bién abundancia de interpretaciones técnicas, morales, religiosas. Hubo, en fin, para los detentadores de aque­llos restos; la imperiosa necesidad de guardar el secreto.
    Pensamos que nuestra civilización, al alcanzar un saber que es tal vez el mismo de otra civilización prece­dente, pero en otras condiciones y con otro estado de es­píritu, debería tener el mayor interés en interrogar en se­rio a la antigüedad para acelerar su propia progresión.
    Por último, pensamos esto: el alquimista, al final de su «trabajo» sobre la materia advierte, según la leyenda, que se opera en él mismo una especie de transmutación. Lo que ocurre en su crisol, ocurre también en su con­ciencia o en su alma. Hay un cambio de estado. Todos los textos tradicionales insisten en ello y evocan el mo­mento en que se cumple la «Gran Obra» y en que el al­quimista se convierte en «hombre despierto». Nos pa­rece que estos viejos textos describen de esta manera el término de todo conocimiento real de las leyes de la materia y de la energía, comprendido el conocimiento técnico. Nuestra civilización se precipita hacia la ob­tención de tal conocimiento. No nos parece absurdo pensar que los hombres están llamados, en un porvenir relativamente próximo, a «cambiar de estado», como el alquimista legendario, a sufrir alguna transmutación. A menos que nuestra civilización no perezca por entero antes de alcanzar el fin, como acaso han desaparecido otras civilizaciones. Pero aun así, en nuestro último se­gundo de lucidez, no debemos desesperar, sino pensar que, si la aventura del espíritu se repite, es cada vez en un grado más alto de la espiral. Lo único que haríamos sería dejar a otros milenios el trabajo de llevar esta aventura hasta su punto final, hasta el centro inmóvil, y desapareceríamos llenos de esperanza.
    II
    Cien mil libros que nadie consulta. — Interesa una expedición científica al país de la alquimia. — Los in­ventores. — La locura del mercurio. — Lenguaje cifra­do. — ¿Hubo otra civilización atómica? — Las pilas del museo de Bagdad. — Newton y los grandes inicia­dos. — Hehetius y Spinoza ante el oro filosofal. — Al­quimia y física moderna. — Una bomba de hidróge­no en un horno de cocina. — Materializar, humanizar, espiritualizar.
    21 min
  • Relato :"El Brujo" por Fermin Jimenez.
    Extraido de Radio Milenium de Alicante una de las radios que mas esta apoyando al misterio en los ultimos meses pues tiene varios y grandes programas .como este Las Trece cajas que os recomendamos por sus Relatos de Terror y Misterio son de lo mejor que se esta haciendo ,junto a Teo Rodriguez en mi modesta opinion los guiones de Fermin Jimenez ,no tienen desperdicio para l@s amantes de este genero.
    28 min

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