Hemos llegado al final y supongo que el lector estará perplejo
ante hechos tan extraños. Por si le sirve de consuelo sepa que el
autor también lo está. Pero no sirve de nada inhibirse o encogerse de
hombros y dejar que las cosas sigan como van. Creo que ante tales
hechos se impone tomar algunas decisiones. Porque si todo lo que
aquí hemos dicho es cierto, sería insensato quedarse inerte, aunque
desgraciadamente ésa sea la actitud de la mayoría de los mortales
cuando tiene que tomar decisiones de índole trascendente.
La primera decisión sería de un orden puramente mental: ¿Se
aceptan o no se aceptan los hechos narrados? Y si se aceptan
¿cómo se aceptan? ¿Como absolutamente objetivos, al igual que se
aceptan las incidencias comunes de un día normal? ¿0 los
aceptamos, pero tamizados por la mente de los percipientes o de los
que nos los han transmitido? ¿Son los hechos sólo verdaderos para
los que han sido testigos o víctimas de ellos y no lo son para el resto
de los humanos? ¿Estamos ante el inicio de la gestación de un mito
moderno, al igual que los mitos religiosos actuales tuvieron su inicio
en alguna época de la historia?
Ésta sería la primera decisión que tendríamos que tomar. Y,
como dije, encogernos de hombros ante la posibilidad de que
semejantes hechos puedan ser ciertos es muy poco racional. Porque