RUFO
Abordaré ahora el caso de Rufo. Por estar yo directamente en
vuelto en él y por no saber en qué va a terminar, me resulta más
difícil de escribir que todo lo que llevo redactado hasta ahora en este
libro. Lo hago en parte con miedo, porque no sé si estoy violando la
voluntad de alguien o rompiendo alguna misteriosa ley, cosa que no
quisiera y que de ser, me temo que resulte peligroso para mí; y en
parte lleno de curiosidad; una audaz curiosidad, porque presumo que
la redacción de estas líneas va a tener alguna influencia directa para
mi mejor comprensión del importantísimo fenómeno que estamos
estudiando en este libro.
Comprendo que todas estas frases son algo sibilinas, pero
sibilino es todo el fenómeno, al no dejarse agarrar definitivamente por
la razón y jugar con ella, tal como lo ha estado haciendo desde el
principio de los tiempos. Tenemos miles de hechos, hechos
concretos pero contradictorios, que hacen que la inteligencia humana
patine miserablemente a la hora de analizarlos y no sea capaz de
llegar a ninguna conclusión clara y definitiva.
Comenzaré por exponer quién es Mario y cuál es mi relación
con él y con todo lo que le está pasando.