¿Se puede sembrar soberanía en medio del asfalto? ¿Qué nos pasa cuando empezamos a producir juntas y a pensar la comida más allá del mercado? En el programa de hoy de Otro Puchero es Posible he compartido mi Trabajo de Fin de Grado, una investigación sobre el BAH (Bajo el Asfalto Está la Huerta), una cooperativa agroecológica que desde hace 26 años construye en Madrid otra forma de organizar la producción, la distribución y el consumo de alimentos desde la autonomía comunitaria.
El BAH no es solo un proyecto para consumir hortalizas ecológicas. Es una comunidad política que enseña, cultiva, distribuye lo producido, se organiza en asambleas y fortalece el tejido social de muchos barrios. Las personas que participan no pagan solo por lo que reciben, sino que se implican en un proyecto que entiende la alimentación como un derecho comunitario y no como una mercancía, apostando por la corresponsabilidad, el apoyo mutuo y la democratización de las decisiones. El BAH es una escuela, un laboratorio social y a la vez un proyecto productivo, que acerca a quienes consumen al proceso de producción y sus productoras.
A partir de esta experiencia, hemos hablado de cómo nuestra relación con la comida puede cambiar cuando deja de organizarse desde la lógica individual y pasa a pensarse desde lo colectivo. Una de las cosas más importantes que aprendí del BAH es que participar del proceso de producción no solo cambia cómo comen sus miembros, sino también cómo se relacionan con la comida, con sus cuerpos y con sus vidas. Muchas participantes me contaron que valoran mucho más la comida, cocinan más, desperdician menos y dejan de vivir la alimentación desde la culpa y el malestar. Quizá, al vincular lo que comemos con un sentido política y colectivo, comer puede dejar de verse como una carga individual para convertirse en una práctica social que nos transforma a la vez que transforma nuestro entorno.