El poeta nos va a conducir, a través de los versos del poema, por una interacción entre el lector y el autor. Este último se pregunta por la vida del lector, su rutina, alegrías y tristezas y todo aquello que le hace sentir quien es. En la segunda estrofa de este poema, pide sinceridad. Nos entiende sin juzgar porque en su camino vital ha vivido lo mismo que nosotros.
Cada uno siente la muerte de forma diferente y ante ella no hay secretos. Cuando llega tenemos ese miedo y temor del último momento y, al mismo tiempo, deseamos que el momento se retrase un poco más. El poeta quiere aprender cómo enfrentarse a la muerte con tranquilidad, renuncia, sabiendo que nada te llevas y llegas al final de la tapa de una vida que continúa.