Durante gran parte de los años 70, la obra de Mario Benedetti, especialmente su poética, está marcada por un fuerte desarraigo y un tono más oscuro, producto de su exilio, primero en Cuba y más tarde en España. Es una década compleja a nivel político en Sudamérica, con graves conflictos de los que surgen terribles dictaduras. Benedetti, como ya había mostrado en etapas anteriores, asume la realidad social y política incorporándolas a su obra poética, siempre con un matiz comprometido, pero desmitificador y bastante desmarcado de lo panfletario.
“Defensa de la alegría”, pertenece a su poemario “Cotidianas”, y en él puede apreciarse este tono desencantado, belicoso y de defensa a ultranza de sus compromisos con la vida y con el prójimo. En esta pieza no apreciamos la juguetona ironía de otras etapas, ni el sentido del humor que busca desacralizar y relativizar el sentido de la vida. En “Defensa de la alegría”, se percibe un compromiso férreo, sin ambages. La situación vital del poeta no le permite acudir al humor como antídoto contra la angustia. Pretende forjar un poema lapidario, de mensaje ardiente y gran riqueza metafórica.