DUKE ELLINGTON:
THE COTTON CLUB ORCHESTRA
- New York, & February 3, 1927
East St. Louis Toodle-oo, Birmingham breakdown, Immigration blues, The creeper, New Orleans lowdown
Bubber Miley, Louis Metcalf (tp) Joe Nanton (tb) Edgar Sampson (as) Otto Hardwick (as,sop,bar) unknown (cl,ts) Duke Ellington (p) Fred Guy (bj) Mack Shaw (tu) Sonny Greer (d)
THE BLANTON WEBSTER YEARS
- Chicago, IL, March 6, 1940 & Hollywood, CA, May 4, 1940 (1); Detroit, MI, July 30, 1940 (2)
Jack the bear, Ko-ko, Morning glory, Concerto for Cootie, Cotton tail (1) Warm Valley (2), Take the A train
Rex Stewart (cnt) Cootie Williams, Wallace Jones (tp) Joe Nanton, Juan Tizol, Lawrence Brown (tb) Barney Bigard (cl,ts) Johnny Hodges (as,sop) Otto Hardwick (as,cl) Ben Webster (ts) Harry Carney (bar,cl,b-cl) Duke Ellington (p) Fred Guy (g) Billy Taylor, Sr., Jimmy Blanton (b) Sonny Greer (d) Herb Jeffries (vcl)
AT NEWPORT JAZZ FESTIVAL
- Newport, R.I., July 7, 1956
Diminuendo In Blue And Crescendo In Blue
Willie Cook, Cat Anderson (tp) Clark Terry (tp,flhrn) Ray Nance (tp,vln,vcl) Britt Woodman, Quentin Jackson, John Sanders (tb) Jimmy Hamilton (cl,ts) Russell Procope (cl,sop,as) Johnny Hodges (as) Paul Gonsalves (ts) Harry Carney (bar,cl,as) Duke Ellington (p) Jimmy Woode (b) Sam Woodyard (d)
EL LEGADO MUSICAL DE DUKE ELLINGTON
[Artículo solicitado por El Mercurio para celebrar el centenario de su nacimiento]
por Roberto Barahona
El Mercurio Domingo 18 de abril de 1999
Cuando Edward Ellington era niño, anunció a sus amigos frente a su casa en Washington DC: “Soy un grande y noble duque, y la gente acudirá a mí”. Duke Ellington lo logró haciendo música. Fue el compositor más versátil y prolífico de la historia del jazz. Lideró la banda más estable y duradera, actuando sin interrupción durante más de cincuenta años. Duke escribió más de 2 mil piezas, entre las que se incluyen baladas, conciertos sacros, blues, música para la danza, “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”, etc. EI motivo de tal productividad lo explicó así: “Tú sabes cómo son las cosas. Llegas a tu casa convencido que te vas directo a la cama, pero te encuentras con el piano que te coquetea, tocas un acorde, y antes de que te des cuenta son las 7 de la mañana.
La diversidad y amplitud de su obra se debió en parte a la contribución de los músicos de sus bandas, a quienes Ellington escogió por la variedad de sus estilos y sus orígenes. Provenían de diversas regiones de Estados Unidos y llevaban consigo sus influencias regionales. Barney Bigard era de Nueva Orleans, Cootie Williams de Alabama, Johnny Hodges y Harry Carney de Boston, Juan Tizol era portorriqueño. Duke utilizó todos estos estilos y con frecuencia incorporó las ideas de sus músicos en sus composiciones. Muchas de las improvisaciones de ellos eran tan brillantes, que se transformaban en parte de los arreglos estables de la banda. Tanto apreciaba Ellington las personalidades musicales de los miembros de su banda, que escribía cada parte de una composición para resaltar el talento y la habilidad de músicos específicos, mezclando con gran imaginación las ideas de ellos con las suyas. Algunos de sus músicos permanecieron en la banda por más de treinta años.
Uno de los más importantes y notables compositores estadounidenses, Ellington rehusó aceptar barreras de ningún tipo en su obra. Un compositor ecléctico, cuya música podía ser muy negra y a veces muy blanca, como también beige, gris y de todos los tonos posibles. Además, refleja su personalidad: Ellington era un hombre de gran mundo, que adoraba la buena comida, vestirse bien y, especialmente, las mujeres bellas.
El corazón de Harlem
En 1923 se mudó a Nueva York convencido de alcanzar gran éxito, a pesar de carecer de estudios musicales. No tenía conocimientos de armonía, componía en el piano, tomaba lo que tocaba con la mano izquierda y lo orquestaba. Lo que Ellington logra con solo tres notas es impresionante. Su genio estaba en que sabía escoger cuáles serían las tres notas claves. Basta escuchar temas simples como “Isfahan” o “Warm Valley”. Ellington relata: “Escribí ‘Solitude’ de pie y en solo veinte minutos. ‘Mood Indigo’ lo hice en 15 minutos mientras mi madre cocinaba, sin embargo, ‘Sophisticated Lady’ me demoró más de un mes”.
Pasó varios años aprendiendo a ser líder, compositor, arreglista y pianista. Gran parte la aprendió de sus músicos, algunos de los cuales tenían más habilidad musical que él. Inicialmente, Ellington quiso capturar los sonidos, imágenes y ambiente de Harlem, los que transformó en una música rica y evocativa, pero distintivamente propia.
Se puede considerar que durante su carrera, Ellington tuvo tres importantes etapas. La primera empezó a fines de 1927, cuando obtuvo la seguridad del empleo y el prestigio de ser la banda en residencia del famoso Cotton Club en Harlem, lugar donde los mejores artistas negros entretenían a la elite neoyorquina, como también a gangsters de la época. Para deleitar a su público, que era exclusivamente blanco, el Cotton Club le exigía a Ellington que presentara shows con escenas cuasi-africanas. Para esto Ellington compuso música que llamó Jungle Music, o música de la selva (”Echoes of the Jungle”). Duke sobrevivió esos años intacto y con dignidad, una tarea poco fácil.
Nacimiento de un ídolo
A principios de los treinta, agudizó su talento e hizo sus primeros esfuerzos por componer obras de más larga duración. En esta época desaparecen los ritmos típicos de sus bandas más primitivas, que son reemplazados por texturas musicales ligadas por un pulso más sutil, pero no menos incisivo. Ellington comenzaba a experimentar y a desarrollarse como compositor y arreglador, teniendo ya varios hits a su haber. Dentro de esos éxitos populares están sus primeras obras maestras, las que revelan sutileza y solidez solo al escucharlas detenidamente. Composiciones de la época, como “It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got that Swing)”, revelan que la suya se había transformado en una poderosa y expresiva banda. Las transmisiones radiales del Cotton Club por cadena de costa a costa junto al gran número de exitosas grabaciones, permitieron a Duke sobrevivir durante los años de la Gran Depresión.
A medida que se hacia más famoso, sus composiciones comenzaron a tener más significado en cuanto a sus raíces, su experiencia y cultura afro-americana. La música de “Symphony in Black”, un filme de corta duración hecho en 1934, representa varias actividades de la vida de la comunidad negra de Estados Unidos, tema que Ellington utilizaría a través de su carrera. También, durante esta época, comenzó a escribir composiciones que se transformaron en estándares del repertorio popular estadounidense, tales como “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”, “In a Sentimental Mood”, “Solitude”, “Prelude to a Kiss”. Muchas otras vendrían durante las próximas décadas.
Compañeros de lujo
Sus crecientes ambiciones artísticas requerían solistas más sofisticados. A fines de los treinta, Duke había acumulado una impresionante colección de músicos, la mejor que había tenido bajo su batuta. Estaba preparado para la segunda etapa de su gran carrera, la que se inicia cuando el joven y virtuoso contrabajista Jimmy Blanton se une a la banda; el mismo año en que comienza la larga residencia del primer mago del saxofón, Ben Webster. La Blanton / Webster Band de Duke Ellington funcionó durante tres años, de 1939 a 1942. Jimmy Blanton fue el primer gran solista en su instrumento. Su bello tono, agilidad sin igual, exactitud de entonación, gran swing y conocimiento armónico, lo convirtieron en modelo para una generación de contrabajistas. Tenía solo 21 años cuando Duke lo descubrió en 1939. Blanton enriqueció el sonido y enfoque rítmico de la banda e inspiró a Ellington en un período de gran productividad creativa. El bajo de Blanton fue un factor prominente en composiciones como “KoKo”, “Jack the Bear” y “Concerto for Cootie”. Los otros miembros de esa estelar banda fueron Johnny Hodges, Harry Carney en saxofón, el clarinetista Barney Bigard, los trompetistas Rex Stewart y Cootie Williams (quien fue reemplazado por Ray Nance en 1940) y los trombones de Joe Nanton, Juan Tizol y Lawrence Brown. Sonny Greer en batería y el pianista, como Ellington solía referirse a si mismo, completaban la banda. Vale hacer notar que estos músicos no solo eran grandes maestros en sus instrumentos, sino que también fueron importantes contribuidores a la historia del jazz. Sin embargo, todos ellos, sea Webster o Hodges o Cootie Williams, tocaron mucho mejor en la banda de Ellington que en otras situaciones. Existía una especie de inspiración mutua entre Ellington y sus músicos.
El fin de la década también coincidió con la aparición de Billy Strayhorn, un brillante y joven arreglador que se unió a la banda en 1939. Strays, como lo llamaba Duke, se convirtió en el colaborador principal de Ellington. Billy Strayhorn era capaz de complacer a Ellington en cualquier tarea musical que este le encomendaba y tenía el talento de reflejar su estilo y manera de componer, pero al mismo tiempo manteniendo sus propios conceptos innovadores, los que se adaptaban a las necesidades de Ellington. La carrera de Strayhorn fue la de trabajar para Ellington, sin interrupción durante el resto de su vida. Algunas de las más sobresalientes composiciones que naturalmente se asocian con Ellington son de Strayhorn como “Lush Life”, “Chelsea Bridge”, “Passion Flower” y “Blood Count”, aunque Ellington no siempre lo registró como autor.
En los años 40 Duke inició una serie de conciertos anuales en el Carnegie Hall. El primero, celebrado en enero de 1943, fue una ocasión auspiciosa no solo para Ellington sino también para el jazz. Fue un concierto hecho bajo condiciones que solo se pudieron reproducir muchos años después. En esa época, un concierto de jazz en una sala donde normalmente solo se presentaba música docta era una novedad. Benny Goodman había sido el único en el Carnegie Hall, pero habían transcurrido cinco años antes de que se escuchara nuevamente jazz en esa sala. Ellington aprovechó la ocasión para estrenar su primera obra de larga duración, “Black, Brown and Beige”. Duke la describe como un pieza que refleja la historia paralela de los afro-americanos. En su forma original, “Black, Brown and Beige” duraba cerca de una hora. Fue su obra más ambiciosa, espectacular y exitosa hasta ese momento, lo cual le permitió dedicarse de lleno a ese tipo de composiciones por el resto de su carrera.
Lamentablemente, si le pedimos a cualquier aficionado a la música de Ellington que mencione algunas de sus más importantes composiciones, sin duda incluiría la siguiente letanía: ‘Sophisticated Lady’, ‘In a Sentimental Mood’, Don’t Get Around Much Anymore’, ‘It Don’t Mean a Thing If It Ain’t Got That Swing’. Cada una merece un lugar privilegiado en los estándares de la música popular moderna de los Estados Unidos. Sin embargo, ninguna se aproxima al nivel artístico de sus composiciones como ‘Such Sweet Thunder’, Deep South Suite’ o ‘New Orleans Suite’. Estas obras épicas, y otras similares, fueron muy importantes para Ellington, quien pasó gran parte de su carrera tratando de extender el jazz más allá de la composición de tres minutos con improvisaciones simples, hacia un ámbito de composiciones más serias y de mayor peso.
Newport 1956
Por varios motivos la popularidad de Ellington se desvaneció a fines de los cuarenta. La pérdida de músicos clave, la huelga de grabación que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, el boicot por parte de las cadenas radiales y el cambio del gusto musical del público, tuvieron un efecto negativo en Ia banda de Ellington. En 1951 partieron Johnny Hodges, Sonny Greer y Lawrence Brown, señalando la etapa de menos éxito de la carrera de Duke. Su hijo Mercer relata que en varias ocasiones durante esa etapa la banda actuó con un público de menos de treinta personas. Ellington conseguía mantener su banda a sueldo solo con los derechos de autor que recibía de sus composiciones. A pesar de su falta de popularidad y éxito comercial, las grabaciones de esa época revelan una banda llena de vitalidad, que explora nuevas ideas y al mismo tiempo recicla las antiguas en forma sorprendente.
El Festival de Jazz de Newport de 1956 señaló la vuelta de Ellington y nuevamente se convirtió en una respetable personalidad del jazz. Su tercera y última etapa se inicia con el retorno triunfante de Johnny Hodges y el solo de 26 coros del saxofonista Paul Gonsalves en la composición ‘Diminuendo and Crescendo in Blue’, que enloqueció al público en Newport. El sello Columbia editó poco después la grabación hecha en ese festival, la cual rápidamente se convirtió en gran éxito comercial. De hecho, es el disco que más se ha vendido de los cientos que grabó Duke Ellington con sus bandas.
Si bien esta etapa, que duró hasta los años 60, no llegó a los niveles artísticos alcanzados por Ellington en las anteriores, está marcada por su gran productividad. La muerte de Strayhorn en 1967 tuvo un efecto devastador en Duke. Varios proyectos estaban a medio camino, y el no tener a Strayhorn a su lado obligó a Ellington a trabajar el doble de lo que estaba acostumbrado. De algún modo la muerte de Strayhorn estimuló su creatividad, y durante este período Duke se concentró en escribir sus suites, obras de larga duración. Poco a poco Ellington se tornaba más y más hacia la introspección y concentraba sus esfuerzos en la música sacra, la que culmina con sus tres “Sacred Concerts” (1968). Al respecto, Ellington comenta: “He tocado en night clubs, en las más famosas salas de conciertos del mundo y con las mejores orquestas sinfónicas, pero siempre lo hice para ganarme la vida. Pero cuando toco música sacra, lo hago para mí, es algo personal, no es para mi carrera. Es lo más importante de mi vida”.
La repentina muerte de Johnny Hodges en 1970 marca el principio del declive de la banda y de Ellington. Continuó grabando y haciendo giras, produciendo buena música, pero en esas grabaciones la banda ya no brilla y ocasionalmente el cansancio de Ellington es notorio. Sin embargo, aún hacia el final, hay momentos en que el sonido es espectacular y tan impresionante como el de épocas anteriores.
Las obras más largas
La contribución de Ellington al arte y a la cultura musical del mundo es enorme, especialmente si además de sus miles de composiciones se le suman sus varias óperas, un par de ballets, y más de diez shows musicales. Su estilo fue único. Es imposible categorizarlo, ya que nunca se adhirió a un tipo especifico de música. Ellington creó un tipo de jazz que era propiamente suyo. Su banda no solo tenía un repertorio que era tan rico como diverso, sino que mantuvo su energía creativa al más alto nivel durante más de cinco décadas. La influencia de Ellington es evidente en otras bandas y músicos prácticamente desde los años treinta, desde las bandas de la era del swing hasta los compositores del avant-garde. Como pianista, su estilo influenció a músicos del calibre de Thelonious Monk y Cecil Taylor.
Hoy, cuando el mundo de la música se prepara para celebrar el centenario del nacimiento de Ellington, el 29 de abril, la inmensa obra de este genio yace casi intocada. El público, y muchos músicos, adoran sus piezas más cortas, pero tienen escasa noción de la existencia de sus trabajos más imponentes. La King Brand Co. de Nueva York, la más importante editora de la música de Ellington, comenta que solo se vende una copia al año de sus obras más largas. Agrega que en su total no han vendido más de 100 copias de ninguna de las piezas de más duración.
Las razones de esta anomalía son tan numerosas como frustrantes. Ni Ellington ni su personal se tomaban la molestia de preservar las partituras, principalmente porque los músicos conocían la música de memoria y porque al prolífico compositor le importaba más escribir nuevas piezas que documentar las anteriores. Es por esto que el repertorio de la banda estaba mal documentado. Aún hoy, partituras pobremente preservadas y casi sin editar se almacenan en las bodegas del Smithsonian Institute en Washington, D.C. Para recuperar una pieza como la ‘New Orleans Suite’ o la ‘Toot Suite’, sería necesario transcribirla usando como fuente una grabación. Esto implica transportar nota por nota de la grabación a la partitura, una tarea sumamente lenta que requiere el trabajo de un músico con gran habilidad para transcribir. David Berger, co-propietario de King Brand Co., lo ha hecho con más de una docenas de composiciones.
De cualquier modo, durante la vida de Ellington, y aún hoy, los músicos han evitado tocar estas piezas. Principalmente, según Berger, porque la música es demasiado compleja y los músicos no tienen el talento necesario que ella requiere. De acuerdo con William Russo, cuya Chicago Jazz Ensemble se dedica a tocar las composiciones de más envergadura de Ellington, lo mismo sucede con los críticos, quienes no entienden esta música tan sofisticada.
Pero, mientras Russo y su Chicago Jazz Ensemble y Wynton Marsalis con la Lincoln Center Jazz Orchestra se mantengan trabajando, y mientras intelectuales como Gunther Schuller, David Baker y Berger sigan dirigiendo bandas de jazz por el mundo, la música de Ellington se escuchará, aunque solo sea esporádicamente. “La musica de Count Basie es más fácil de entender, la de Glenn Miller es más popular, pero finalmente la música de Ellington es la que perdurará”, sostiene Berger.
Roberto Barahona es director de jazz de la Radio Beethoven (96.5 FM). Su programa “Puro Jazz” se transmite los domingos a las 23 hrs. [Desde el 2010 de lunes a viernes a las 21:00].
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