El programa 'Herrera en COPE', con Alberto Herrera, ha destapado la increíble historia de José Antonio, un vecino de Madrid que ha ejercido como presidente de su comunidad durante 19 años en unas circunstancias extremas. Según ha relatado, el principal problema durante casi dos décadas ha sido que el edificio estaba "lleno de okupas".
El origen del conflicto se remonta a la construcción del inmueble en 2006. De las 14 viviendas que componen el edificio, solo dos fueron vendidas: la de José Antonio y la de su vecino, el vicepresidente. Esta situación provocó que la presidencia recayera sistemáticamente en José Antonio, al ser uno de los únicos propietarios.
La consecuencia directa de esta ocupación masiva fue la imposibilidad de gestionar los servicios más básicos. José Antonio ha explicado que "no pudimos constituir la comunidad, ni limpieza ni ascensores ni nada", lo que sumió al edificio en un estado de abandono mientras los dos únicos propietarios afrontaban una situación límite.
La desesperación llevó a José Antonio a tener que "llamar a la Guardia Civil" en repetidas ocasiones. Incluso ha confesado haber entrado en uno de los pisos ocupados para comprobar la situación y, según sus propias palabras, la experiencia fue desoladora: "me encontré de todo".
El calvario de José Antonio se enmarca en un contexto legal que dificulta enormemente la desocupación. La periodista económica Pilar García de la Granja ha explicado en la sección 'Economía de bolsillo' de 'Herrera en COPE' que la nueva ley de eficiencia de la justicia, en vigor desde abril, obliga a los propietarios a una negociación previa con los okupas antes de acudir a los tribunales.
Este proceso, conocido como Medios Adecuados de Solución de Controversias (MASC), añade un plazo de 30 días para que el inquilino ilegal responda. Como ha advertido García de la Granja, "si no demuestras el intento de acuerdo por parte del dueño, el juez directamente inadmite la demanda". A esta espera se suman los ocho o diez meses que tardan de media los tribunales, lo que dilata todo el proceso por encima del año.
Ante este panorama, muchos propietarios huyen del mercado del alquiler y optan por una solución drástica: poner a la venta sus viviendas con los okupas dentro. Esta práctica, que el periodista Jorge Bustos ha denominado como "la clásica venta con bicho", se ha convertido en una salida para muchos dueños desesperados.
Pilar García de la Granja ha aportado datos de portales especializados que cifran en unas 23.000 las viviendas ocupadas que estaban a la venta a finales del año pasado, lo que supone cerca del 3% del total. Estos inmuebles se venden por "un precio que en muchas ocasiones roza la mitad del precio real de la vivienda", ya que el comprador asume el coste del desalojo.
Según los datos expuestos por la experta, Girona es la capital más afectada por este fenómeno. "El 8,9% de las viviendas que se venden en esta ciudad se anuncian como ocupadas, con bicho dentro", ha detallado. Le siguen en el ranking Tarragona (8,8%), Sevilla (8,4%) y Almería (6,4%).
Resulta revelador que Madrid no figure en esta lista de las zonas más problemáticas, a pesar de ser el escenario de la historia de José Antonio. Su odisea, afortunadamente, ha llegado a su fin. Según ha explicado, los pisos finalmente "se los quedó Lazaret y se han vendido todos", poniendo fin a 19 años de calvario.