SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales

SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales

By StarlyComedy
Download on the App Store

SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales episodes

  • Monica...XXX
    Aquel día de feria
    Comienzo vale, un día de mayo donde hacía un calor impresionante en el puerto de santa maría Cádiz.
    Íbamos un grupo grande chicos y chicas.
    Súper bebidos, calientes divirtiéndonos a tope. Y de repente me roso con David guau un chico latino en plan mico o sea coloradito y olía rico iba vestido con una camisa blanca y la tenía remangada uno vaqueros que le hacían un culo impresiónate.
    Saben lo que más me gusto de la su postura de macho alfa.
    En fin, nos rosamos y me toco las nalgas y me dijo que bien ese gimnasio tienes unas nalgas redondas par aponerte en cuatro y formar un corazón con tus nalgas. Os confieso mis braguitas se mojaron inmediatamente.
    “Y como yo soy muy ingenua vamos a ponerlo entre comillas”
    sonreí y nos besamos, pero lo que yo quería es que me follé a lo vestía.
    Y le dije nos vamos a tu casa y me dijo si aquí ya no hacemos nada. Es mejor aprovechar la ocasión de follarte. Niña de la sonrisa bonita.
    Llegamos al portal de su casa y me agarro contra la pared con los brazos en alto el sujetándolos por supuesto, me subió la blusa y empezó a chuparme los pezones. Y me susurra al oído cuando estés en mi cama quiero que estés tan mojada y caliente que desees que te meta mi pene.
    Cogimos el ascensor y hay sabéis que me hizo me quito las bragas y empezó a meterme los dedos y me dice chiquita que mojada que estas. Mi respuesta fue: lo haces bien. Entre sonrisas.
    Llegamos a su apartamento, muy bonito en su habitación guau había un caos en su cama desordenada y llena de ropa de el, en fin, no nos importó y la tiramos al suelo.
    El se quitó la camisa guau menudo abdominales y me dice chiquita quítate el vestido, pero sensualmente para mi quiero observar esa cara tan tierna y pervertida que tienes, y empecé a quitarme mi vestido rojo de lunares blancos sexy, pero a la vez infantil con risas y bromas. Él sonríe y me dice chiquita ábrete de piernas para mí ya que yo e calentado ese coñito quiero probarlo.
    Me comió hasta el alma con esos movimientos espectaculares de lengua y el mete y saca de sus dedos.
    Y plas me corrí. Cuando me estaba corriendo me volteo me puso de espaldas a él y me penetro una y otra vez yo no paraba de gemir y decirle dame más más duro por favor…
    Él me dijo me voy a correr y me saco el pene me volteo contra él me agacho me metió el pene y se corrió en mi boca.
    Lo mejor de todo es que follamos toda la noche que os puedo decir que mi coño al día siguiente estaba colorado ardiente y saciado. Que si repetiría con el todas las que podamos.
    En la feria uno nunca sabe en qué juego se termina montando.
    Fin
    6 min
  • Mi primera vez.
    No tiene importancia, es una mujer latina de unos 50 años de edad, elegante pero sencilla a la vez, con unos preciosos ojos castaños, un cuerpo bien conservado, que transmite la sensualidad y la erótica de una mujer madura, me quedé mirándola fijamente mientras pasaba.
    ¿Le gusta lo que ve? - me preguntó con un tono de total naturalidad y con un poco de descaro.
    Me giré para mirarla mejor, quise responder, pero me quedé cortado. Su maravilloso acento latino añadió un punto de atractivo. Ese acento y el encanto propio de las mujeres latinas, siempre me ha fascinado.
    Sí -le contesté tras unos segundos -. No sé, qué tienes, pero me gustas. Hay algo tan íntimo, tan personal que me trasmites….
    Veo que coincidimos - me respondió.
    Para ser la primera vez que hablaba con ella, me encontraba tan a gusto que no quería dejarla, y pese a ser desconocidos, la invité a tomar algo en la cafetería que había al lado y aceptó encantada, diciéndome que era una buena idea.
    Por cierto, no me he presentado. Me llamo Pedro.
    Encantada Pedro, me llamo Iris, mucho gusto - y me dio un beso en la mejilla, que se me erizaron hasta los pelillos del brazo -.
    ¿No será indiscreción preguntarte que haces por Madrid?
    No, para nada, estoy visitando a un familiar que vive aquí y al mismo tiempo hago un poco de turismo.
    ¿Y qué te parece, Madrid y sus gentes?
    Muy diferente. Todo más moderno y la gente siempre corriendo, pero encantadora…
    Hablar con Iris me estaba gustando mucho, ya que demostraba una personalidad abierta y agradable, me estaba cautivando con su sonrisa. Mientras hablaba con ella, no podía evitar desnudarla con la mirada y me vinieron a la mente deseos de querer hacerla mía, de darle placer hasta quedar exhaustos, de hacerle el amor toda una noche hasta que amaneciese.
    Por fortuna, abandoné mis fantasías lujuriosas antes de perder el hilo de lo que con ella hablaba, pero creo que ella se percató de mis miradas y de lo mucho que me excitaba.
    Una vez acabado el café y el refresco que pedimos, ella dijo que la conversación era muy interesante, pero continuaba con su recorrido y que me agradecía la invitación, entonces me ofrecí hacer de guía y ver que nos deparaba esa conquista.
    Su presencia me gustaba, cansado de ver siempre de las mismas caras. En apenas dos horas que nos conocíamos, sentía como si la conociera de toda la vida.
    Me habló de su país, su ciudad y su trabajo, de sus amigos y de su familia con total libertad, y yo hice lo mismo.
    Antes de que me diera cuenta, la tarde ya estaba avanzada y lo que comenzó como un encuentro casual de un par de minutos se alargó durante horas. Ambos perdimos la noción del tiempo, había quedado con otra persona, pero la llamaría para quedar otro día por cualquier pretexto, la verdad me apetecía seguir con Iris.
    Estábamos sentados en una terraza, cuando ella me dijo si le podía acompañar al hotel donde se alojaba.
    Camino hacía el hotel, surgió el tema del que no habíamos hablado y que yo esquivé tanto como pude: las mujeres.
    Y dime Pedro, ¿tu chica no te hace sentir rico?, ¿Cómo son aquí las chicas?, ¿Son ardientes?
    ¿El qué? – le pregunté como si no la entendiera - es que no tengo chica- le mentí.
    ¿Me estás tomando el pelo? Me vas a decir que un chico joven como tú y además guapo, no tiene chicas. Pedro, allá en mi país traerías locas a muchas mujeres - me soltó entre risas -.
    Pero aquí no tengo éxito, - le mentí - No he pasado de alguna aventura.
    Ven con mamita, mi papi, que voy a reprender a las chamas de aquí por dejarte escapar. Que vaina de mujeres que no saben apreciar un buen partido -expresó en un tono airado y algo jocoso-.
    De nuevo me costaba seguirle la conversación, pero entendí que las expresiones cambian mucho de un país al otro, así que me limité a reír y le agradecí el piropo. Le dediqué una sonrisa y en mis pensamientos agradecía al destino que me hubiera encontrado con esta mujer madura tan apasionada. Por desgracia, llegó el triste momento de la despedida cuando llegamos a la puerta de su hotel.
    Ha sido un placer pasar el día contigo. Gracias Pedro, no sé si nos veremos en otra ocasión - me beso en la mejilla -.
    El placer ha sido mío Iris, eres un cielo de mujer.
    Deseaba con todas mis fuerzas darle un beso de tornillo para hacerla mía, pero mi cobardía me jugó una mala pasada, y tuve que conformarme con el beso que me dio ella de despedida.
    Según me di la vuelta, me maldije por cobarde, pero a los pocos metros, me tocaron el hombro, y al girarme, Iris me besó en la boca.
    Fue la invitación que tanto quise hacer y no me atrevía, y que desde luego no iba a rechazar.
    Correspondí llevando mis manos a su precioso y perfecto culo, apretándolo y deseando a aquella mujer.
    Nuestras lenguas jugaban en un eterno beso. Al oído me susurró "¿Quieres subir y tomamos algo en mi habitación?".
    Procuramos disimular ante el recepcionista del hotel, pero el calentón que llevábamos era impresionante. Mientras Iris buscaba con torpeza en su bolso, la tarjeta para abrir la habitación, yo estaba pegado detrás de ella acariciándola por todas partes.
    Al final abrió la puerta y al cerrarla nuestras ropas comenzaron a volar por todas partes.
    Que mujer…. que belleza cuando por fin pude verla desnuda. Me abalancé sobre ella y me desahogué acariciándola y besándola por todo aquel ansiado cuerpo, que llevaba deseando desde el primer momento en que la vi.
    Iris correspondía con gemidos y jadeos que me excitaban aún más.
    Mmmmmmm ahii papi que rico…se siente muy rico…dame más papito…
    Te voy a comer entera…Te voy a dar todo lo que quieras… me vuelves loco…
    Dame más papito…mmmmmmmm así…mueve los deditos en mi panocha… mmmmmmmm no pares que lo haces muy bien…haaaaasaaa… que rico, que bien lo haces… mueve los deditos cariño en ese botoncito… aaaaah… aaaaaaaah, pero que rico se siente… me tienes loca… dame más… más….
    Me puse un poco sobre ella y comencé a gozar de esas joyas de la corona, tan firmes y espectaculares, los pezones fueron comidos sin piedad, mi boca pasaba de uno a otro, alternando para no dejar un rincón de su cuerpo libre.
    Aaaaaaaaah no te detengas amor mío…chúpame las tetas cometelas todaaaas… asiiiií... asíiiii…ahora mordisquéame en los pezoncitos… aaaaaaayyyy que bien, que rico… que sabroso… ponme la mano abajo… aaaaaaaah que dedos como juegan con mi panocha… me tienes completamente rendida papi… anda no pares… mmmmmmmm me siento enloquecer…… aaaaaah que lengua me das… que rico me chupas toda… vamos dame la lengua… que rica lengua, dulce y mojada.... mmmmmmmm, verdad que me vas a comer toda la panocha… uuuufff se siente muy rico… aaaaaah… aaaaaaaah… mordisquea el botoncito de clítoris… ves como lo pones durito…. Haaaaa
    Me cogió la polla para calentarla con sus caricias, entre sus manos. La fue frotando con cariño mientras me besaba con ímpetus de pura pasión, hasta que la sintió tan dura que no pudo aguantar más, y bajó hasta tenerla frente a su boca. Menudo poder de succión, era increíble. Me arrancaba gemidos roncos y profundos.
    Mmmmmm Iris te… te deseo… para ti todoooo… no me dejes a medias mi amor - y soltó un pequeño gemido de respuesta que no hacía falta traducir - que me pones muy caliente… que me excitas mucho… aaaaaah…. aaaaaaah aaaaaaaaaaaaah… pero que bien mamas… queridaaaaaa…. vamoooooosss….. aaaaaaaargh mmmmmmmm…
    Me había puesto la polla muy dura y me rodeó con su cuerpo, quedando fundidos juntos y abrazados.
    Me eché sobre ella, me abrazó, a la vez que separaba un poco las piernas y sintió la dureza de la verga, soltando un gemido de placer.
    Guio perfectamente la polla, a la entrada de su panocha y mmmmmmmm... la penetré hasta el fondo, comencé con un mete y saca, se movía a la vez que yo, impulsándose con las caderas para recibir mis empujes.
    Vi como sus tetas se movían al ritmo de nuestro baile amoroso y su cara era una belleza, desencajada por el torrente de placer que le estaba dando. Su coño ya empezaba a chorrear mientras que yo seguía penetrándola con tanta fuerza como podía.
    Contemplar aquella mujer con su rostro hermoso y desencajado por el placer era para mí superior. Con sus piernas me daba un impulso extra para que le llegara al fondo. Gemíamos tanto que temía que lo escucharan los otros huéspedes.
    Aaaaaaaaaah dame fuerte papito… haaaaaaaay ….. que rico… no te detengas…ya me viene… me vieneeeeeeee… haaaaasaaa...
    Te deseo Iris… voy a hacerte gozaaaaaar… mmmmmmm…. aaaaaaaaaaah… damelo ya… yaaaaaaa… haaaaasaaa….
    No puedo aguantar más papi…. aaaaaaaayyyyy que bien……se siente que ricoooooooo…. mmmmmm aaaaarrggghhhh…. yyyyyyaaaaa…
    Sus gritos se unieron a los míos cuando nuestros orgasmos se fundieron en uno solo, o quizá muchos pequeñitos. Lo que sí sé, es que gozamos como auténticos salvajes y empapados en sudor nos abrazamos, sin que me hubiera salido de ella.
    Pedro me hiciste de gozar como hacía mucho tiempo que no disfrutaba, te digo que eres un maestro en el arte del sexo.
    Iris yo también he gozado mucho, ha sido un polvo que no será fácil de olvidar, tú también eres una mujer muy caliente.
    Volvimos a besarnos con mucha pasión, y minutos después, tenía a Iris encima de mí, haciendo un 69… con la polla en la mano, chupando… lamiendo… me acariciaba las bolas con la lengua... trataba de ponerla dura y lo conseguía inmediatamente.
    Yo por mi parte, tenía a la altura de mi boca el coño, abierta en todo su esplendor, comencé a darle con la lengua largos lametones… jugaba con el clítoris y mi lengua y le arrancaba gemidos de placer….
    Así papi... mmmmmmmm, sigue dándome lengua… te gusta la panocha de tu perra… quiero venirme con tu lengua… después me vas a follar… verdad que me vas a dar verga… haaaaasaaa… te gusta como soy de caliente… soy muy perra… soy muy zorra… y muy puta...
    Me encanta todo lo que me haces y sobre todo ese lenguaje, me hace de ponerme más excitado… voy a cambiar de huequito de placer, si no te lo han hecho nunca, vas a disfrutar lo que no has sentido nunca…
    La atraigo a mí y comienzo a introducir la lengua en el culo… se retuerce de placer, con la mano le acaricio el coño… el placer que siente le hace de mamarme la polla con más intensidad… chupa… mama… lame….
    Papi sigue así… esto, no lo había disfrutado nunca… haaaaasaaa… eres un maestro… que rico lo haces… mmmmmmmm… quiero probar también como me metes la polla por el culo… haaaaasaaa… que nunca lo he probado… estoy virgen por el culo y quiero probar contigo… mmmmmmmm… te gusta mi culo… te gusta el culo de tu puta… haaaaasaaa que vicioso eres y que guarro… me gustas así…
    Te voy a dilatar un poquito el culo y te entrará sola ya verás como disfrutas…
    Dame ya la verga… estoy deseando de tenerla dentro… de sentirla… follame duro… te gusta el culo de tu puta… mmmmmmmm… que rico… haaaaasaaa… dame más duro… meterme la verga más fuerte… dame la leche… mmmmmmmm… quiero que te corras dentro haaaaasaaa… ya lo siento… dame tu leche que yo también me corrooooooo…. mmmmmmmm… haaaaasaaa…
    8 min
  • Gemidos xxx
    Esta historia sucedió hace aproximadamente unos 16 años y solamente hasta ahora me atrevo a revelarla. En esta historia me expresare en tiempo presente pues lo recuerdo tan detalladamente que pareciera que fue ayer.
    Mi Sobrina hija de mi hermana se encontraba viviendo con nosotros ayudando con los quehaceres de la casa pues mi mama esta un poco mayor y tiene dificultades. Mi sobrina apenas tiene catorce años y yo 22.
    Ella es morena y a sus catorce años ya es poseedora de un cuerpo voluptuoso y lleno de erotismo. Mi casa (La casa de mis padres) no es grande, esta hecha en forma de un gran cuadro, la mitad del cuadro que "no" esta dividido forman la cocina la sala y separado por unas cortinas el dormitorio de mis padres. La otra mitad del cuadro la divide un pasillo por mitad y las dos mitades son dos dormitorios, estos dormitorios no tienen puerta, una cortina es lo que esta en lugar de las puertas, en un dormitorio duermo yo y en el otro mi sobrina. O sea que solamente la cortina de mi dormitorio, un pasillo de aprox. Metro y medio de ancho, y la cortina del dormitorio de mi sobrina es lo que me separa de ella todas las noches.
    Esta noche como muchas otras noches, me encontraba yo tirado a lo largo de mi cama con mis piernas abiertas a lo ancho de la cama y tan solo vestía unas "trusa bikini" y fantaseando con el voluptuoso cuerpo de mi sobrina, con mi mano izquierda jalaba hacia abajo mi trusa bikini y con la mano derecha apretaba y estrujaba a mi súper dura verga. Por mi mente corrían imágenes de mi sobrina desnuda en la regadera y al mismo tiempo pensando
    ¿
    qué pasaría si yo fuera a su dormitorio?
    ¿Cómo ella reaccionaria?
    En esto estaba cuando algo inaudito sucedió. Al principio pensé que mi mente me jugaba una broma pero contuve mi respiración y agudicé el sentido del oído y lo volví a escuchar. Era mi sobrina que levemente se quejaba.
    ¿Estará enferma? Pensé yo.
    Y lentamente y como un zombi empecé a caminar hacia el dormitorio de mi sobrina. Primero crucé la cortina de mi dormitorio y allí me detuve por unos instantes y lo volví a escuchar, pero esta ves con mas claridad. Si.....eran gemidos y provenían del dormitorio de mi sobrina. Seguí avanzando a través del pasillo pero todavía mas lento, daba un paso y me detenía a escuchar. Pum, pum, pum los latidos de mi corazón ahogaban mi garganta y no me dejaban pensar.
    ¿Será verdad?
    ¿Será mi imaginación?
    Di un paso mas y me detuve a unos centímetros de la ultima cortina que era todo lo que me separaba de la verdad. Me quede parado ahí como un idiota tratando de tomar una decisión, los latidos de mi corazón parecían tambores en mi pecho y mi respiración era rápida y agitada, no podía contener mi gran estado de excitación. Después de unos breves instantes que me parecieron eternos me decidí, jale la cortina a un lado y asome la cabeza.
    ¡Dios mío! Sentí que mi verga se convulsiono y por poco y me vengo. No era para menos, el espectáculo era grandioso. Al fondo del dormitorio, al pie de una ventana iluminada por la luz de la luna estaba mi sobrina tirada en la cama. Tenia el sostén jalado para debajo de su hermoso, moreno y cremoso seno izquierdo y con su misma mano izquierda se lo sobaba y se lo pellizcaba. Con el calzón por un lado, los dedos de su mano derecha frotaban con frenesí la entrada de su pequeña y rica puchita al mismo tiempo que cerraba los ojos y de sus labios entreabiertos salían gemiditos que parecían venir del mismísimo cielo. Avancé hacia ella, me detuve al pie de su cama y como un idiota le pregunte.
    ¿Que estas haciendo?
    Ella no me contesto, entreabrió sus ojos y me miro con una mirada indescriptible, dejo salir un gemido largo y fuerte y aumento el ritmo de dos de sus dedos que para ese entonces entraban y salían libremente de su puchita toda hinchada y húmeda.
    Sin esperar ni un segundo mas me incline hacia su pezón y empecé ha lamerlo, ha besarlo, ha mordisquearlo y ha estrujarlo con mis manos. Agarraba sus hermosos y firmes senos y los apretaba con suavidad y luego los besaba, los lamía y los chupaba. Después de engolosinarme con los cremosos senos de mi sobrina recordé que aun no era todo, aun me faltaba mi máxima fantasía.
    ¿Seria posible que esto estuviera pasando?
    Mi mente me traicionaba en ocasiones y me hacia pensar que estaba soñando. Pero por Dios que esto no era un sueño, era el máximo de los placeres carnales y la fantasía mas grande del mundo estaba a punto de ocurrir.
    ¡Ho Dios! ¿Cuántas veces me la habría jalado pensando en la virginal puchita de mi sobrina? No recuerdo pero fueron muchas.
    Con muchas dificultades mi mano derecha abandono uno de sus senos y empezó a bajar hacia su firme y plano estomago, de ahí siguió hasta llegar al pie de su hinchada puchita y sin detenerme mucho empecé a sobar y a masajear sus labios vaginales. De su calenturienta rajadita salían sus líquidos sexuales sin control alguno, estaba toda húmeda y mojada. Uno de mis dedos entró a su apretadita y lubricada cavidad sexual y de inmediato ella respondió con un largo y fuerte gemido mmmmmggg. Sus gemidos y jadeos aumentaban de intensidad y se oían cada ves mas fuerte. Las caderas de mi sobrina embestían a mi dedo cada ves que penetraba, apretaba cuando estaba hasta dentro y aflojaba un poco cuando este salía.
    No podía esperar mas, mi verga a punto de explotar demandaba entrar en esa rajadita toda húmeda y caliente.
    Me encarame en ella y le abrí sus hermosas piernas, con una mano sostenía mi cuerpo encima de ella y con mi otra mano empuñaba mi hinchada verga. Con la hinchada cabeza de mi verga empecé a tallar toda su rajadita de arriba abajo y en pequeños círculos, sus labios vaginales estaban dilatados a mas no poder era una hermosa visión, su puchita cerradita y sus voluptuosos labios vaginales me invitaban a lamerlos pero mi verga no resistía mas y empezó a buscar la entrada a ese hoyito caliente y apretadito.
    No fue difícil encontrar la entrada a su cuevita de amor, los movimientos de cadera de mi sobrina lo facilito mucho, ella movía sus caderas con unos movimientos ondulantes y hacia delante y hacia atrás en busca de la punta de mi verga. De pronto se quedo ella quieta y conteniendo la respiración....la punta de mi verga había entrado un poco, puse un poco mas de presión y entro un poquito mas, Mmmmmmjjj un suspiro revuelto con gemido salió de la garganta de mi sobrina, empuje mas fuerte y mi verga en toda su extremidad entró hasta el fondo, Hhaaaaaaaa un jadeo que parecía lamento salió estrepitosamente desde el fondo del pecho de mi sobrina, wau, esto era demasiado fuerte.
    Mi mano derecha fue al rescate, le tapé la boca y empecé a moverme dentro de ella, primero despacito y con suavidad, luego mas rápido mas fuerte. Mmmhhhhgg mi mano aunque apretaba con fuerza no era suficiente para detener los gemidos que salían de la garganta de mi sobrina.
    "Hay guey" pensaba yo.
    "Se van a despertar mi mama y mi papa" le decía al oído.
    "Sssshht cálmate" le repetía mientras que seguía vareando dentro de su hoyito que estaba caliente, resbaloso y apretado.
    Mis palabras no hacían el efecto deseado, mi sobrina seguía jadeando y gimiendo cada ves mas fuerte y aunque mi mano apretaba su boca con fuerza sus gemidos se escapaban sin poder evitarlo.
    Las caderas de mi sobrina aumentaron el ritmo considerablemente, sus movimientos ya no eran nada mas ondulares y suaves, ahora eran rápidos y brutos sin control alguno.
    Era imposible para mi querer suprimir los gritos de mi sobrina siendo que yo tenia problemas para controlar los míos.
    Para estas alturas mi sobrina y yo estábamos como en "trance" No nos importaba nada mas de que el momento.
    Empezamos a tener sexo desenfrenado la pelvis de mi sobrina se refregaba a mi pelvis con ardor y con fuerza, sus músculos vaginales chupaban a mi verga con voracidad, soltaba y apretaba, embestía y retrocedía.
    No pude mas. Deje caer todo el peso de mi cuerpo sobre mi sobrina al mismo tiempo que me quede tieso, mi pené empezó a convulsionarse dentro de la puchita de mi sobrina y chorros de leche súper caliente salieron de ella, mi sobrina siguió con sus movimientos frenéticos, levantaba refregaba y apretaba su pelvis contra la mía. En uno de sus movimientos bruscos mi verga salió de su hoyito y ella pego un alarido, el mas fuerte de toda la sesión pero esto no la detuvo, con mi verga chorreando leche y resbalándose por toda su vagina mi sobrina siguió moviendo sus caderas teniendo orgasmo tras orgasmo, lo único que pude hacer fue apretar mi pelvis contra el de ella hasta que mi sobrina dejo de convulsionarse y finalmente se quedo quieta.
    No hubo palabras, no hubo besos ni abrazos.
    Me levante y me fui a mi dormitorio sin voltear hacia atrás como no queriendo despertar, aun me era difícil de creer.
    Después de esa noche mi sobrina y yo nos volvimos adictos el uno hacia el otro, nada mas andábamos buscando la manera de escondernos y coger, cogíamos en el baño, cogíamos en el campo, cogíamos en la cocina cuando teníamos la oportunidad, cojiamos en las fiestas pues siempre a donde ella iba para ya iba yo. En fin cojiamos en donde sea que fuera nada mas que tuviéramos cinco minutos de soledad.
    P.D.T. Estoy seguro que mis padres nos escucharon pues a la noche siguiente la puerta del dormitorio de mi sobrina tenia unas sillas tapando la entrada mas mis padres nunca dijeron nada.
    9 min
  • Tu vecina borracha se confunde de puerta...
    Bueno para empezar soy una chica que vive sola, divertida, alegre, coqueta, me encanta vestirme sexy princess y últimamente el trabajo está siendo duro, termino muy estresada y sin querer saber de la vida, trabajar tanto me tiene agotada, empiezo a sentir mi cuerpo muy tenso, necesito un desestres de cualquier tipo.
    Afortunadamente un vecino es masajista, un hombre de 40 años ex militar, alto, fornido, con grandes manos e increíble porte y por supuesto! Me encanta, siempre nos topamos en el estacionamiento y cuando nuestras miradas se cruzan existe un ambiente de deseó, me mira y puedo sentir cómo se imagina teniendo me en sus brazos, eso me pone, pero soy una chica a la que le gusta que la busquen primero, no puedo dar el primer paso, deja de ser sexy, me gusta que me deseen tanto que tengan que venir a tomarme, me hace sentir poderosa y con toda esa energía sexual llena de deseó, me tomé en donde estemos.
    No es algo tan difícil, o si?
    Pero bueno, mi vecino masajista, un hombre guapo y culto, no necesita más para que lo desee, un experimentado militar, entro a su recepción y se nota la disciplina en la decoración, un lugar limpio, serio, sencillo pero con clase, apenas y cabe por la puerta, yo solo mido 1.50 m. Soy pequeña. Llevo puesto un shorts negro, un top negro sin tirantes, tennis y un kimono abierto, justo para un rico masaje, obviamente llevaba unos lindos accesorios, sexy y princess.
    Si él quesiera podría bajar mi top y dejar al descubierto mi pecho.
    Pero aquí estoy esperando en recepción, aún no me toca, al despedir a su "paciente" me ve y desvía la mirada, está nervios ufff, muerdo mis labios.
    La verdad es que esta sorprendido de que no haya cancelado la cita, es que no les conté cuando fui a pedir información me habló del masaje tantrico y pues digamos que si quiero seducirlo pero no tan directo y bueno aquí estoy desnudandome en la habitación, me preguntó si quería que se saliera, le dije que está bien.... Si salía ;). Vamos a ver hasta donde podemos llegar.
    Es muy amable o está nervio, soy menor que él, una mujer joven, el podría enseñarme algunas cosas, se mueve con una seguridad, este hombre sabe cómo tocar, podría respirar en mi oído y me exitaria tanto, no puedo quitar esa imagen de mi cabeza, los dos desnudos sudando, me penetra por atrás y gime de placer en mi oído, hasta puedo escuchar el empujón.
    Pero que creen estoy acostada boca abajo, desnuda, con calcetines, porque hace frío, mmm ahora que lo pienso, se levantaran mis pezones.
    Este hombre es un caballero, me desea, lo veo y lo siento pero me toca sin caer en la línea, un profesional. Me encantaria hacer que rompa el profesionalismo y se suba a esta mesa solo con ropa interior a seguir con su masaje, cerca de mi oído y me daría una vuelta para que masaje mis pechos, son muy bonitos y divertidos, listos para jugar.
    Me vuelve loca, seguimos platicando con mucha confianza pero sin dar el paso, lo está dando todo para quitarme todo ese estrés, ya está sudando y aún nada. Se ve tan atractivo trabajando con tanto esfuerzo, cada vez que baja sus manos por mis pompis, siento punzadas de éxtasis, es tan simpático, podría ser su amiga pero, esto que siento no me permitira verlo normal, quizá me pondría un poco tóxica y prefiero evitarlo.
    Ya pasó 1 hora 20.
    Es tiempo de irme, me encanta este hombre... Pero que puedo hacer ahora?
    12 min
  • Me lo trague y me supo dulce.
    La pasión entre mi hermano y yo no hacía más que incrementarse de manera desenfrenada, nos importaba mucho que cada nueva oportunidad fuese mejor que la anterior, nos sabíamos totalmente compenetrados, el sexo era lo más divertido que nos había sucedido, el hecho de que fuesemos hermanos hacía que la confianza y complicidad fuese mayúscula. No había celos, no había fisuras de ningún tipo, teníamos una relación perfecta aunque debíamos mantenerla en absoluta discreción, lo que la hacía mucho más morbosa e interesante.
    Me causaban risa las cosas que él solía decirme, los halagos, siempre presumiendo de mi, tratándome no como una reina sino como «su reina», consintiéndome fuera y dentro del sexo, asegurándose de que yo disfrutara al máximo, la mayoría de las veces dejando su placer en segundo plano.
    Y como dice un dicho: «todo lo que siembras cosechas, todo lo que das recibes», Yo me sentía comprometida y entusiasmada naturalmente por complacerlo tal como él lo hacía conmigo, de permitirle vivir al máximo la sexualidad como no la había experimentado con ninguna de sus novias, cada propuesta por muy alocada que fuera la terminaríamos llevando a cabo, aunque no siempre daba mi brazo a torcer a las primeras, me gustaba ponerle un poco de drama a cada situación, negarme a sus deseos, fantasías y morbo que parecían no tener límites.
    Quería cogerme en tantos lugares que se le ocurrían y aunque me ponían caliente sus propuestas, sabíamos que llevarlas a cabo no era tarea fácil. Por ejemplo, pensar en tirar (follar) a plena luz del día en la playa se dice fácil, llevarlo a cabo no, sobre todo si es con tu hermano. Ale estaba obsesionado (y lo sigue estando aunque en menor medida), tengo bonita figura -todavía la conservo- y una mujer muy activa en lo sexual es algo que ata cualquier hombre.
    Desde las primeras veces se le metió en la cabeza convencerme de tomarme su semen, me decía que ninguna de sus novias lo había hecho, que a él lo haría muy feliz si yo lo complacía. Yo ahondaba en el asunto con la curiosidad de saber si en realidad decía la verdad o solo lo hacía por convencerme. Le decía: «Mentiroso, eres guapo, has tenido al menos 4 novias, de las que yo me haya enterado», pero el aseguraba y me juraba que no, que todas se habían negado al semen en la boca, que sí, que había eyaculado en otras partes del cuerpo de todas ellas pero que ninguna había permitido que eyacularan en su boca.
    «Déjame acabarte en la boca», fue una frase insistente durante las primeras veces hasta que se lo permití. Además de querer complacerlo, sentía una enorme curiosidad por el olor y sabor del semen. Enloqueció esa primera vez que me vio toda la cara empatucada, no solo le gustaba verme ahí poniendo cara de asco ante el olor nauseabundo de su semen, me halagaba, decía que me veía hermosa con la cara de disgusto y embadurnada, me lo agradecía con su peculiar cara de morbo que me causaba risa, se le veía más que emocionado por verme así de rodillas ante él, me animaba a tomar su semen del que me acostumbraría a su olor y sabor y terminaría rogándole porque me diera a beber su néctar.
    Esa primera experiencia con su semen sobre mi cara, labios, nariz y lengua no la consideré traumática, me pareció normal que el olor nauseabundo me repugnara al principio pero poco a poco le iría tomando el gusto y empezaría a experimentar cierto placer, no al sabor sino al hecho de probarlo, sentir esa sustancia pegajosa en mi boca y hasta tragármelo. Era cuestión de tiempo que se desarrollara en mi un fuerte fetiche a la corrida en la boca, cosa que para Alejandro era estar en el tercer cielo.
    Cuando acababa directamente en mi boca siendo calculador en tener buena puntería, pues, decía que no había nada más placentero para él que ver mi rosada lengua nadando en su líquido blanquecino, yo agarraba su pene, me metía el glande en mi boca y se lo chupaba con dureza. Se quejaba, parecía dolerle pero sin duda que lo disfrutaba al máximo, luego, cuando la confianza entre nosotros se volvió inquebrantable, le gustaba insultarme al momento de eyacular en mi boca y quedarse observando como yo le hacía doler el "güevo" (como le gustaba que yo llamase a su pene y así se le dice vulgarmente al pene en mi país) a punta de chupadas intensas.
    Hasta el día de hoy, Alejandro mantiene que para él no hay nada más placentero que disfrutar ese momento, de correrse y «ver cómo tu perra se toma toda tu leche y juega con tu pene durante los próximos sesenta o más segundos».
    Iría por más, no se conformaría con las acabadas en mi boca y aunque era el punto más álgido había detalles que hacían de la eyaculación en mi boca algo «muy entretenido y glorioso».
    Cuando notó que me gustaba mucho que me cogiera (follara) la boca con algo de fuerza se esmeró en ello hasta producirme arcadas, decía que cada día se estaba enamorando más de mi cuando le dije que me daba placer que me ahogara con su güevo.
    Hubo momentos en los que le pedí que se quedará tranquilo y me dejará a mi hacer todo, algo que le gustó mucho pero la mejor parte llegaría en una de esas que estábamos bajo la ducha, en el baño de mi habitación, tirando de lo más relajados como si fuese nuestra casa, seguros de no ser descubiertos aunque con una coartada planificada por si acaso. Se la chupaba bajo la ducha y yo misma me ahogaba con su pene produciéndome arcadas una tras otra, mi cuquita húmeda por el simple hecho de chuparme un pene grande como el de mi hermano y saborearlo de todas las maneras en las que se puede saborear un pene, le dije susurrando y en modo de súplica, como si me estuviera muriendo de hambre: «cógeme tú, duro».
    Enloqueció, me cogía la boca con cierta violencia permitiéndome tomar aire en ocasiones, tenía mis ojos rojos producto de las arcadas y del agua que me salpicaba.
    El hecho de estar ambos bajo la ducha incrementaba el placer. «Dime groserías mientras me coges la boca» le decía. Ale se descontroló, estaba tan excitado que me tomó por sorpresa y eyaculó directamente en mi garganta mientras me ahogaba con su pene. Recuerdo justamente cómo se sintió eso, el semen bajando por la garganta y saliéndome por las fosas nasales, terminé tosiendo durante varios minutos mientras él exhausto cayó al suelo y se sentó mientras me veía toser y botar semen por la boca y la nariz, disfrutando de la escena como algo magnifico.
    Para fortuna de mi pervertido hermano, aquello me encanto, lo repetiríamos una y mil veces más. Creo que en ese momento descubrí que soy una masoquista hasta cierto nivel y fue lo que ayudó en gran parte a que hasta el día de hoy sea no solo una pervertida adicta al semen sino también de las felaciones intensas.
    9 min
  • Masajes Eróticos - Las mejores técnicas.
    Los últimos meses había acumulado demasiado estrés en el cuerpo, y con la inauguración de un centro de masajes cerca de casa no parecía tener excusa para dilatar más en el tiempo dedicar unas horas a mi paz.
    Entré en la sala asignada y, siguiendo las instrucciones, me desnudé, me tumbé boca arriba y coloqué la toalla sobre el cuerpo. No tardó en entrar el masajista. Me preguntó por mis hábitos posturales y si tenía alguna zona conflictiva en concreto o si quería el especial relajante para quienes, como yo, trabajaban delante del ordenador todo el día.
    Me decanté por el especial, por eso de hacerle un homenaje a mi torturado cuerpo. Con música suave en el ambiente y luz tenue, comenzó masajeándome suavemente los hombros, el cuello, el cuero cabelludo, los brazos…
    Centrándome en el roce de sus manos sobre mi piel estaba consiguiendo disipar todo lo demás de la mente. Solo visualizaba sus dedos, el aceite relajante que los ayudaba a deslizarse y lo bien que iba a dormir esa noche. Sentía su tacto ahora en los pies, con un magistral masaje que logró erizarme por completo, para después subir por la pantorrilla y los muslos. Me pidió que me diera la vuelta, y yo estaba tan cómoda con ese atractivo hombre que casi esperaba que, al sujetar la toalla, echara un vistazo debajo. No lo hizo. Con gran profesionalidad continuó masajeándome la espalda, bajando hacia las lumbares hasta llegar a los glúteos. La cantidad de tensión que puedo acumular en esa zona ni la imaginas; él lo notó y trabajó la zona con suave firmeza.
    Estaba tan relajada… La mente comenzó a divagar, con ese masaje me estaba relajando, pero también excitando. Imaginaba los dedos de mi hábil masajista internándose accidentalmente entre mis nalgas, mis caderas elevándose sutilmente como invitándole a repetir el accidente, esta vez con intención de un mayor roce. Y lo sentí, quizá leyera mi mente, pero sus dedos, mientras masajeaban mi culo, lo abrían con suavidad, acariciando el ano con el dedo gordo en cada pasada.
    Me quedé inmóvil, tímida y embargada por el morbo. Me limité a dejarle hacer y disfrutarlo. Una de sus manos buscaba mi vulva, acariciándola e internando un par de dedos entre los labios, entrando después en mi lubricada vagina. Abrí ligeramente las piernas, intentado que pareciera casual. Él seguía estimulando mis orificios, con delicadeza, con maestría, provocándome pequeños gemidos imposibles de disimular. Movía las caderas como queriendo bailarle, pidiéndole más, pidiéndole todo.
    Introdujo un segundo dedo en mi ano y aumentó el ritmo en ambos orificios, asegurándose de que, mientras, obtenía una buena estimulación en el clítoris. No podía creer que estuviera a punto de orgasmar doblemente en las manos de un extraño. Me aferré con las manos al borde de la camilla y comencé a susurrarle lo cerca que estaba, suplicaba que no parara. Bajó la boca a mi culo y lo mordió fuerte sin dejar de mover rítmicamente las manos, detonando con ello la explosión entre mis piernas y una serie de placenteras convulsiones.
    Di un fuerte bote con la última convulsión. “¿Estás bien?”, me preguntó. Por suerte, continuó hablando antes de que pudiera responderle: “Te has quedado dormida un buen rato, ya creía que habría que ponerte el despertador para mañana”, sonrió.
    “Sí, es que…tienes muy buenas manos y me he relajado mucho…”, le contesté. No era ninguna mentira, solo que en mi mente sus manos habían hecho mucho más por mi relax. Ahora me intrigaba si todo era mi imaginación, o si realmente tendría dicha habilidad. “Oye, ¿te apetece tomar algo cuando salgas de trabajar?” le pregunté. “Por qué no, así podremos…eh…hablar sobre unos ejercicios que te vendrán muy bien y disfrutarás”, apuntilló con una mueca pícara.
    9 min
  • Visitas a la mamá de tu mejor amigo.
    Mire mi reflejo en el espejo del baño, apenas quedaban restos de espuma en el cabello con la que me había peinado, iba todo despeinado y oliendo un poco a sudor. Eran las 19:40 de la tarde, desde las 16:00 horas que entramos en la habitación, después de desnudarnos mutuamente en el sofá, no salimos de ella salvo para coger un par de botellas de agua y una bolsa de patatas chips. Era la primera vez que follaba en una cama, las anteriores habían sido en el laboratorio, en el coche de Merche o su despacho. Hay que reconocer que en la cama se hace mejor, Merche también parecía más tranquila, aquí grito y gimió como no lo había hecho antes. Me di cuenta que follar en el instituto era lo que vulgarmente se dice un rapidito o un aquí te pillo, aquí te mato. Merche se estaba vistiendo en la habitación, anteriormente se había duchado y al salir entré yo, solamente necesitaba peinarme, ya que me ducharía al llegar a casa. Me costaba reconocer que esa mujer me había hecho correrme 3 veces, pero que tres veces… aprendí lo que era un 69, sabía la teoría hasta hoy y varias posturas que había visto en alguna revista porno que daba vueltas por el instituto se habían convertido hoy en realidad. Merche me guiaba y yo obedecía, el choque de nuestros cuerpos, piel contra piel al juntarse nuestros sexos… los jadeos de ambos al unísono… la primera y la tercera vez me lo hizo ella cabalgándome y la segunda yo. Alternando con el misionero y ella a 4 patas. Salimos del piso y fuimos al ascensor, allí volvimos a besarnos, en el parking volvimos a darnos otro repaso con nuestros cuerpos. Salimos de allí sobre las 20:10 y me llevó a casa. Durante el camino hablamos que en el instituto mejor no vernos tan a menudo, ya que podríamos quedar todos los domingos para ir a ese piso, pero que si algún día a ambos nos apetecía follar en el, todo era pedirlo. Llegamos a casa y nos despedimos:
    - Que genial ha sido esta tarde - ¿la repetimos el próximo domingo?
    - Si puedes si
    - No te toques mucho esta semana, quiero probar una cosa.
    - De acuerdo Merche.
    Nos besamos apasionadamente, salí de su coche y subí a casa.
    Cené con mis padres y me fui a la habitación, ya en mi cama, empecé a recordar con más detalle lo vivido esa tarde con Merche en su apartamento de Salou.
    Después de desnudarnos en el sofá, Merche se levantó de encima de mí y cogiéndome de la mano me llevó a su habitación, nada más atravesar el umbral de la misma nos besamos y, yendo yo de espaldas, ella me hizo ir hasta los pies de la cama, allí hizo sentarme en la cama, se arrodillo, me acarició la cara y posteriormente se agachó y pasó su lengua por mis costillas, en ese momento di un resorte, ella rio y me dijo si tenía cosquillas, respondí sí, siguió lamiéndome con la punta de su lengua hasta terminar en mis pezones, se reincorporó a la vez que ponía su mano en mi pecho empujándome suavemente para que me tumbara en la cama, ella subió a la cama poniendo sus piernas abiertas quedando las mías entre las suyas. Me besa mientras yo acariciaba sus muslos y ella bajaba su mano hasta coger mi polla y acariciarla mientras nos besamos, sube su mano y acaricia mi pecho mientras lo besa, luego pone su dedo índice en mis labios y lo introduce en mi boca para que lo chupe, baja su mano hasta cogerme la polla de nuevo, mientras lame con su lengua mis pezones, nos reincorporamos y ella se tumba boca arriba y yo a su lado derecho, acaricio suavemente su coño mientras ella hace lo mismo en mi espalda, ella gime y con mi mano noto la humedad de su entrepierna, ella me indica que me sitúe entre sus piernas y que la lame lentamente, me encantó esa visión, sus pezones erectos, su cara de vicio y su coño desprendiendo calor y un olor que hacía que me excitara aún más.
    Ella me hablaba e indicaba que se lo hiciera despacio, su respiración era cada vez más entrecortada, me acariciaba el pelo y su cuerpo empezó a agitarse, su mano me apretaba cada vez más contra su coño, pidió que aumentara el ritmo hasta que noté espasmos en su vagina, gimió y jadeo como nunca lo había hecho, al terminar me dijo que me estirara en la cama, ella se puso de rodillas a la altura de mi entrepiernas y empezó a lamerme el pene de forma lenta, saboreándolo, sin prisa. Estuvo unos dos minutos pasando solamente la lengua hasta que se la metió entera en la boca, poco a poco fue metiéndosela cada vez más profundo en su boca, yo miraba al techo, donde había una lámpara muy parecida a la que tienen mis padres, miré de nuevo hacia abajo y la vi, allí haciéndome una felación estaba la profesora Merche, la hacía despacio, notar la humedad y calor de su boca era muy placentero para mí, se la sacó y lamió mi escroto, mientras que con su mano me masturbaba, giré la cabeza y vi el reloj que hay en la mesita de noche, marcaba las 16:26, gire al otro lado y allí había una foto de ella de joven. Noté que paró, la miré y se estiró encima de mi, nos besamos y ella un par de minutos después se fue hacia la mesita que había la foto, abrió el cajón y saco un preservativo, se sentó en mis rodillas y lo abrió, nos intercambiamos risas, con sutileza me colocó el condón, se levantó agarrando mi pene con su mano derecha, avanzó sobre mis piernas y lo encaró en si vagina, al entrar el glande se dejó caer lentamente sobre mis piernas, mi pene estaba completamente dentro de su vagina, ella se inclinó y puso sus pechos en mi boca para que los lamiera mientras iniciaba un movimiento circular con la cadera, que poco a poco fue aumentando el ritmo y dejó de ser circular para ser de arriba abajo, mis manos estaban en sus caderas, sus manos estaban apoyadas en mi pecho mientras me follaba y gemíamos mutuamente, le dije que me iba a correr, ella se inclinó hacia atrás, cogiéndome de los tobillos, que sensación de placer mas inmensa, noté en mi pene las contracciones de su vagina, primero yo y luego ella nos corrimos de forma intensa, cayendo ella encima de mi. Nos quedamos abrazados unos minutos, ella se levantó sobre las 16:45 y fue a buscar agua. Estuvimos charlando abrazados en la cama hasta que los besos y caricias que nos dábamos caldearon el ambiente de nuevo, Merche tenía su mano agarrándome la polla, respondiéndome a la pregunta que le había formulado si yo la tenía más grande o no que su marido, a lo que ella me respondió que sí.
    Se agachó y me hizo una felación mas enérgica que la anterior, cuando descansaba de chupármela y nos besábamos me decía que la follara, yo le lamí los pezones y los pechos, le volví a lamer el coño pero esta vez no se corrió, me hizo ponerme el condón mientras ella estaba estiraba bocarriba en la cama, encaré mi pene en su vagina y ella me rodeó con las piernas;
    - Fóllame fuerte Alex –
    - Si , toma Merche –
    Ella gemía y yo la follaba como me pedía, lo más rápido que mi cuerpo daba. Me agarré a los cojines y de repente cuando estaba a punto de eyacular ella me apartó, me quedé sorprendido, se dio la vuelta y se puso a 4 patas en la cama, cogió mi polla y se la metió,
    - Cógeme del pelo y fóllame –
    Hice lo que me pidió, le recogí el pelo en un moño mientras tiraba de él y la volvía a follar rápido, esa postura me permitía observar toda la habitación y eso me excitada de sobremanera, había fotos de ella y su marido, de sus hijos, parecía no importarle nada, resoplaba mientras ella la cabeza apoyada en la almohada, ambos gemíamos y nos corrimos a la vez, al notar su orgasmo, Merche golpeaba la cama con sus manos a modo de palmadas. Me estiré a su lado, ella se quedó boca abajo un buen rato, pasó una hora hasta que volvimos a follar por última vez, la habitación olía a sexo y sudor, empezó con caricias con las yemas de los dedos y me dijo que no hiciera nada, que me relajara, cosa que hice. 30 minutos después de haber empezado, me había hecho de todo y ahora se había puesto de cuclillas sobre mi pene el cual se follaba a su antojo, anteriormente había recorrido mi cuerpo con su lengua y haberme puesto su coño en mi boca para que se lo lamiera mientras ella me hacia una felación, lo que se llama un 69. Esta vez ella se puso de espaldas a mí mientras se corría sentada sobre mis piernas.
    Me masturbé en la cama al recordar todos esos pasos, el siguiente domingo habíamos quedado a la misma hora…
    9 min
  • Ven a la cama conmigo.
    ¡Ups!. Estaba tendiendo la ropa en la ventana y se me ha caído un tanga al patio. Me asomo a ver dónde está y comprobar si puedo recuperarlo. Ha quedado un par de pisos más abajo.
    He tenido que sujetar el escote de mi camiseta suelta y muy recortada por si alguien me miraba por las ventanas del patio.
    Me jodería perderlo, es de los más caros que tengo. Solo un poquito de encaje muy fino. Fue un regalo de una exnovia. Bueno tendré que bajar a recuperarlo.
    Me puse un pantaloncito de deporte y una apretada camiseta, apenas un top deportivo. No conocía a la gente que vivía allí. Pero bueno, que mas daba, iba cómoda pero sexi.
    Al cabo de unos segundos una sombra tapa la luz en la mirilla. Ella, una guapa pelirroja, al abrirme su puerta, estaba con un tanga y una camiseta amplia y larga lavada tantas veces que parecía transparente.
    Creo que me quedé mirándola con la boca abierta. Tiene una bonita sonrisa. De labios finos y sensuales una nariz respingona, los ojos azules. Una larga melena rizada roja y lo sensual de su cuerpo que se aprecia bajo la camiseta de tirantes.
    Prometía, los pechos no muy grandes, comparados con los míos, duros, cónicos y con un claro pezón rosado. Marcaba la cintura estrecha y plana, la cadera amplia y unas larguísimas piernas bronceadas.
    Conseguí recuperarme lo suficiente como para sonreírle y explicarle la situación:
    - Hola, verás, es algo tonto, se me ha caído un tanga y ha quedado enredado en una de tus cuerdas.
    - Adelante. Ahora voy a buscarlo. Siéntate. ¿Quieres un refresco?
    Me invitó a pasar y ponerme cómoda en su salón. La miraba alucinada alejándose camino de la cocina, moviendo su culito que desnudo se trasparentaba en la camiseta y el tanga no lo cubría.
    Volvió con mi prenda en la mano, un levísimo encaje muy sensual que me había costado carísimo. Bien pagado en la cama, o en el asiento trasero de un coche, o donde nos pillaba con ganas.
    Volvió sonriendo y comentando.
    - Es una prenda muy delicada. ¿Sueles usarla mucho? O ¿de este tipo al menos? ¿Tan sensual?
    - En ocasiones especiales y para quien me guste mucho.
    - Pues me encanta, es preciosa. ¿Te importaría que me la probara?.
    Es una chica decidida que no se corta por nada.
    - Adelante claro y volví a sonreír.
    Mirándome a los ojos se bajó el que tenía puesto. Una prenda de algodón mucho más normalita pero tan pequeño como el mío que aún sostenía entre sus dedos. Pude verlo perfectamente.
    Con la camiseta recogida en la cintura por encima del ombligo dejaba asomar unos finos labios delicados bajo su pubis depilado.
    Sin ningún tipo de vergüenza y que en segundos taparon mi prenda. Levantó la camiseta hasta la cintura para dejármelo ver e incluso se giró. Pude apreciarlo desde todos los ángulos. Incluso el leve cordoncillo rojo escondido entre sus poderosas nalgas.
    - Te sienta de maravilla.
    Le dije.
    - Pero seguro que tú también tienes más prendas así.
    - Pues claro ¿quieres verlas?.
    - Tengo un rato ¿porque no?.
    Me condujo a su dormitorio y abrió un par de cajones con lencería fina, bonita y elegante como la mía. Acaricié algunas de las prendas pues esa es la única palabra posible para lo que hice.
    Primero me fijé en un body de encaje que no parecía tapar mucho. terminado en tanga, con la espalda desnuda y un escote en v que pasando entre los pechos parecía llegar casi al pubis.
    Por debajo de la lencería mis dos pudieron tocar otros objetos algo más duros, cilíndricos de innegable forma fálica. Estaba acariciando sus juguetes. Aunque tapados por sus prendas no llegué a verlos, en ese momento.
    Después me llamó la atención un conjunto con liguero, de gasa, casi trasparente, precioso y sus medias a juego. Lo notó.
    - ¿Quieres probártelo?.
    Mi sonrisa lo dijo todo, al sacarme la camiseta mis pechos libres botaron un poco con mis pezones ya bien duros. Al bajarme el pantaloncito arrastre con él el sencillo tanga de algodón, que tenía puesto.
    Quedé desnuda del todo ante su voluptuosa figura. La mía es un poco mas delgada, estilizada, fibrada. Sus tetas algo mas pequeñas pero mas duras, las mías parecían mas esponjosas, tanto que rebosaban por encima del borde del sujetador. Pero aún así su lencería no me quedaría mal del todo las diferencias no eran tan grandes.
    Correspondiendo a la confianza que ella había tenido antes no me daba vergüenza. Al deslizar las sensuales prendas por mi piel me notaba caliente, excitada. El conjunto me quedaba bien. El borde de encaje de las medias copas del sujetador acariciaba mis pezones.
    Hasta las finas medias, ajustadas a mis pantorrillas y muslos, sujetas por el liguero. Me di una vuelta ante ella, que recostada cómodamente en la cama no perdía detalle. Sus largos muslos desnudos sobre la colcha. Su coñito apenas cubierto por el encaje rojo de mi tanga.
    - ¿Qué tal?.
    - ¡Fantástica! como para darte un muerdo.
    - ¿Y a qué esperas? ¿Una invitación?.
    Le dije y por fin se acercó a mí y yo a ella hasta que nuestros pezones se tocaron con el único estorbo del algodón de su camiseta y el ribete de encaje del sujetador que me había prestado. Mis dedos fueron automáticamente a su pubis de donde aparté el tanga con dos dedos.
    Acariciando sus labios suaves y finos. Mientras ella posaba los labios, los de su boca, dulces sobre los míos. Que abrió apalancando con su lengua hasta encontrar la mía.
    Subir por la cintura las dos manos arrastrando y llevándome la camiseta, descubriendo el vientre plano y luego sus cónicos y duros pechos hasta sacarla por encima de su cabecita.
    Mantuve sus muñecas sujetas sobre ella mientras la besaba profundo llegando hasta su garganta con mi lengua. Aproveché para saborear más de su piel.
    Lamiendo el fino cuello, los níveos hombros e incluso las depiladas axilas. Terminé besando sus preciosos pechos y mordisqueando sus duros pezones.
    Ella entre tanto se había agarrado a mi culo. Con uno de sus muslos entre los míos. Masajeando con fuerza mis nalgas duras. Estaba empezando a buscar bajo el cordoncillo del tanga con uno de sus dedos el ano.
    Eso me hizo salivar más sobre su lengua y que escaparan ríos de flujo en su tanga prestado. Así que le dije:
    - Tendré que volver a lavarlo.
    Ella riendo dijo:
    - No sé. Preferiría conservarlo con tu sabor. Me lo quedo y tú te llevas ese conjunto.
    - Seguro que podemos compartir más ropa.
    Y uniendo la acción a la palabra consiguió empujarme al sofá con las piernas bien en alto y acercar su lengua en mi coño donde se clavó sin piedad.
    Recorriendo mis labios y buscado el clítoris entre ellos sin usar los dedos. No le resultó difícil, el mío es grueso y cuando me excito sobresale un poco. Es entonces cuando me pongo a gemir y suspirar.
    Ella oía mis demostraciones de lo bien que lo estaba haciendo, lo que hacía que se esforzase aún mas. Bajaba por el perineo hasta clavar la lengua en mi ano, lo que me vuelve loca. Mis rodillas ya pegadas a los hombros.
    -¡Que bien lo haces! Si llego a saber esto antes. Ni salgo a la calle. Habría bajado a tu piso.
    - Hoy me has pillado sola y caliente.
    - Pero contigo es fácil que me sienta así bastante a menudo.
    Devoraba mis jugos abundantes llegando a lubricar con ellos y su saliva mi culo. Clavó en él uno de sus dedos mientras volvía a mi xoxito. Me derramé en su boca, me corrí como una loca gimiendo y suspirando.
    Tras lo cual quedé relajada en el sofá ella subió sobre mí despacio acariciando mi vientre y pechos con ternura hasta volver a juntar nuestras lenguas en un suave beso. Sin importar que mi sabor estuviera en sus labios volví a deleitarme con sus pícaros besos.
    Su lengua en mi boca hacia maravillas. Y yo le respondía con la mía buscando saliva. Como ella estaba encima de mí podía recorrer su espalda suavemente con las manos. Bajaba acariciando la línea de la columna con las yemas de los dedos hasta las pétrea nalgas.
    Me había encantado ese culito desde que entre en su piso. Amasarlas, acariciarla, recorrer esa suave piel y separar las nalgas para jugar con los dedos en su ano.
    Un gemido suave en mis oídos cuando la yema del índice rozó a acariciar el estercolero aro de músculo. Parece qué le gustaba y yo estaba deseando lamerlo.
    - Te voy a comer enterita.
    - Pues no se a qué esperas.
    Tuve que separarla lo suficiente como para tumbarla en el sofá, donde tenía tan suculento manjar a mi merced.
    Quería empezar por sus delicados y limpios pies. Chupar cada uno de sus deditos, lamer la planta y el empeine. Y subir despacio por sus pantorrillas. Sin separar la lengua de su suave piel.
    Tuve que girarla y ponerla boca abajo para alcanzar las medias lunas de su portentoso pandero. La sin hueso saboreando cada centímetro de su epidermis. Mordisquear las marmóreas nalgas. Ella misma las sujetó con sus manitas y las separó para darme acceso al ano.
    Tenía que estar recién duchada para que estuviera tan limpia y oliera tan bien. No lo dude un segundo más para clavar la lengua y pasarla por toda la raja. Levantó la grupa para darme acceso a toda la zona.
    Del clítoris al coxis, no deje nada por saborear. Sus suspiros, gemidos y orgasmos me decían que lo estaba disfrutando.
    Seguía lamiendo y saboreándola, no quería parar. Pretendía seguir dándole todos los orgasmos que mi bella vecina se merecía.
    - ¡Tregua! Me vas a matar a polvos.
    - Eso pretendía. Pero podemos continuar otro día.
    - Desde luego. No me perdería esto por nada, ahora que se lo buena vecina que eres.
    Desde luego nos lo pasamos bien juntas de vez en cuando y seguimos cambiando lencería.
    8 min
  • Gemidos squirt XXX
    Esta historia sucedió hace aproximadamente unos 16 años y solamente hasta ahora me atrevo a revelarla. En esta historia me expresare en tiempo presente pues lo recuerdo tan detalladamente que pareciera que fue ayer.
    Mi Sobrina hija de mi hermana se encontraba viviendo con nosotros ayudando con los quehaceres de la casa pues mi mama esta un poco mayor y tiene dificultades. Mi sobrina apenas tiene catorce años y yo 22.
    Ella es morena y a sus catorce años ya es poseedora de un cuerpo voluptuoso y lleno de erotismo. Mi casa (La casa de mis padres) no es grande, esta hecha en forma de un gran cuadro, la mitad del cuadro que "no" esta dividido forman la cocina la sala y separado por unas cortinas el dormitorio de mis padres. La otra mitad del cuadro la divide un pasillo por mitad y las dos mitades son dos dormitorios, estos dormitorios no tienen puerta, una cortina es lo que esta en lugar de las puertas, en un dormitorio duermo yo y en el otro mi sobrina. O sea que solamente la cortina de mi dormitorio, un pasillo de aprox. Metro y medio de ancho, y la cortina del dormitorio de mi sobrina es lo que me separa de ella todas las noches.
    Esta noche como muchas otras noches, me encontraba yo tirado a lo largo de mi cama con mis piernas abiertas a lo ancho de la cama y tan solo vestía unas "trusa bikini" y fantaseando con el voluptuoso cuerpo de mi sobrina, con mi mano izquierda jalaba hacia abajo mi trusa bikini y con la mano derecha apretaba y estrujaba a mi súper dura verga. Por mi mente corrían imágenes de mi sobrina desnuda en la regadera y al mismo tiempo pensando
    ¿
    qué pasaría si yo fuera a su dormitorio?
    ¿Cómo ella reaccionaria?
    En esto estaba cuando algo inaudito sucedió. Al principio pensé que mi mente me jugaba una broma pero contuve mi respiración y agudicé el sentido del oído y lo volví a escuchar. Era mi sobrina que levemente se quejaba.
    ¿Estará enferma? Pensé yo.
    Y lentamente y como un zombi empecé a caminar hacia el dormitorio de mi sobrina. Primero crucé la cortina de mi dormitorio y allí me detuve por unos instantes y lo volví a escuchar, pero esta ves con mas claridad. Si.....eran gemidos y provenían del dormitorio de mi sobrina. Seguí avanzando a través del pasillo pero todavía mas lento, daba un paso y me detenía a escuchar. Pum, pum, pum los latidos de mi corazón ahogaban mi garganta y no me dejaban pensar.
    ¿Será verdad?
    ¿Será mi imaginación?
    Di un paso mas y me detuve a unos centímetros de la ultima cortina que era todo lo que me separaba de la verdad. Me quede parado ahí como un idiota tratando de tomar una decisión, los latidos de mi corazón parecían tambores en mi pecho y mi respiración era rápida y agitada, no podía contener mi gran estado de excitación. Después de unos breves instantes que me parecieron eternos me decidí, jale la cortina a un lado y asome la cabeza.
    ¡Dios mío! Sentí que mi verga se convulsiono y por poco y me vengo. No era para menos, el espectáculo era grandioso. Al fondo del dormitorio, al pie de una ventana iluminada por la luz de la luna estaba mi sobrina tirada en la cama. Tenia el sostén jalado para debajo de su hermoso, moreno y cremoso seno izquierdo y con su misma mano izquierda se lo sobaba y se lo pellizcaba. Con el calzón por un lado, los dedos de su mano derecha frotaban con frenesí la entrada de su pequeña y rica puchita al mismo tiempo que cerraba los ojos y de sus labios entreabiertos salían gemiditos que parecían venir del mismísimo cielo. Avancé hacia ella, me detuve al pie de su cama y como un idiota le pregunte.
    ¿Que estas haciendo?
    Ella no me contesto, entreabrió sus ojos y me miro con una mirada indescriptible, dejo salir un gemido largo y fuerte y aumento el ritmo de dos de sus dedos que para ese entonces entraban y salían libremente de su puchita toda hinchada y húmeda.
    Sin esperar ni un segundo mas me incline hacia su pezón y empecé ha lamerlo, ha besarlo, ha mordisquearlo y ha estrujarlo con mis manos. Agarraba sus hermosos y firmes senos y los apretaba con suavidad y luego los besaba, los lamía y los chupaba. Después de engolosinarme con los cremosos senos de mi sobrina recordé que aun no era todo, aun me faltaba mi máxima fantasía.
    ¿Seria posible que esto estuviera pasando?
    Mi mente me traicionaba en ocasiones y me hacia pensar que estaba soñando. Pero por Dios que esto no era un sueño, era el máximo de los placeres carnales y la fantasía mas grande del mundo estaba a punto de ocurrir.
    ¡Ho Dios! ¿Cuántas veces me la habría jalado pensando en la virginal puchita de mi sobrina? No recuerdo pero fueron muchas.
    Con muchas dificultades mi mano derecha abandono uno de sus senos y empezó a bajar hacia su firme y plano estomago, de ahí siguió hasta llegar al pie de su hinchada puchita y sin detenerme mucho empecé a sobar y a masajear sus labios vaginales. De su calenturienta rajadita salían sus líquidos sexuales sin control alguno, estaba toda húmeda y mojada. Uno de mis dedos entró a su apretadita y lubricada cavidad sexual y de inmediato ella respondió con un largo y fuerte gemido mmmmmggg. Sus gemidos y jadeos aumentaban de intensidad y se oían cada ves mas fuerte. Las caderas de mi sobrina embestían a mi dedo cada ves que penetraba, apretaba cuando estaba hasta dentro y aflojaba un poco cuando este salía.
    No podía esperar mas, mi verga a punto de explotar demandaba entrar en esa rajadita toda húmeda y caliente.
    Me encarame en ella y le abrí sus hermosas piernas, con una mano sostenía mi cuerpo encima de ella y con mi otra mano empuñaba mi hinchada verga. Con la hinchada cabeza de mi verga empecé a tallar toda su rajadita de arriba abajo y en pequeños círculos, sus labios vaginales estaban dilatados a mas no poder era una hermosa visión, su puchita cerradita y sus voluptuosos labios vaginales me invitaban a lamerlos pero mi verga no resistía mas y empezó a buscar la entrada a ese hoyito caliente y apretadito.
    No fue difícil encontrar la entrada a su cuevita de amor, los movimientos de cadera de mi sobrina lo facilito mucho, ella movía sus caderas con unos movimientos ondulantes y hacia delante y hacia atrás en busca de la punta de mi verga. De pronto se quedo ella quieta y conteniendo la respiración....la punta de mi verga había entrado un poco, puse un poco mas de presión y entro un poquito mas, Mmmmmmjjj un suspiro revuelto con gemido salió de la garganta de mi sobrina, empuje mas fuerte y mi verga en toda su extremidad entró hasta el fondo, Hhaaaaaaaa un jadeo que parecía lamento salió estrepitosamente desde el fondo del pecho de mi sobrina, wau, esto era demasiado fuerte.
    Mi mano derecha fue al rescate, le tapé la boca y empecé a moverme dentro de ella, primero despacito y con suavidad, luego mas rápido mas fuerte. Mmmhhhhgg mi mano aunque apretaba con fuerza no era suficiente para detener los gemidos que salían de la garganta de mi sobrina.
    "Hay guey" pensaba yo.
    "Se van a despertar mi mama y mi papa" le decía al oído.
    "Sssshht cálmate" le repetía mientras que seguía vareando dentro de su hoyito que estaba caliente, resbaloso y apretado.
    Mis palabras no hacían el efecto deseado, mi sobrina seguía jadeando y gimiendo cada ves mas fuerte y aunque mi mano apretaba su boca con fuerza sus gemidos se escapaban sin poder evitarlo.
    Las caderas de mi sobrina aumentaron el ritmo considerablemente, sus movimientos ya no eran nada mas ondulares y suaves, ahora eran rápidos y brutos sin control alguno.
    Era imposible para mi querer suprimir los gritos de mi sobrina siendo que yo tenia problemas para controlar los míos.
    Para estas alturas mi sobrina y yo estábamos como en "trance" No nos importaba nada mas de que el momento.
    Empezamos a tener sexo desenfrenado la pelvis de mi sobrina se refregaba a mi pelvis con ardor y con fuerza, sus músculos vaginales chupaban a mi verga con voracidad, soltaba y apretaba, embestía y retrocedía.
    No pude mas. Deje caer todo el peso de mi cuerpo sobre mi sobrina al mismo tiempo que me quede tieso, mi pené empezó a convulsionarse dentro de la puchita de mi sobrina y chorros de leche súper caliente salieron de ella, mi sobrina siguió con sus movimientos frenéticos, levantaba refregaba y apretaba su pelvis contra la mía. En uno de sus movimientos bruscos mi verga salió de su hoyito y ella pego un alarido, el mas fuerte de toda la sesión pero esto no la detuvo, con mi verga chorreando leche y resbalándose por toda su vagina mi sobrina siguió moviendo sus caderas teniendo orgasmo tras orgasmo, lo único que pude hacer fue apretar mi pelvis contra el de ella hasta que mi sobrina dejo de convulsionarse y finalmente se quedo quieta.
    No hubo palabras, no hubo besos ni abrazos.
    Me levante y me fui a mi dormitorio sin voltear hacia atrás como no queriendo despertar, aun me era difícil de creer.
    Después de esa noche mi sobrina y yo nos volvimos adictos el uno hacia el otro, nada mas andábamos buscando la manera de escondernos y cojer, cojiamos en el baño, cojiamos en el campo, cojiamos en la cocina cuando teníamos la oportunidad, cojiamos en las fiestas pues siempre a donde ella iba para ya iba yo. En fin cojiamos en donde sea que fuera nada mas que tuviéramos cinco minutos de soledad.
    P.D.T. Estoy seguro que mis padres nos escucharon pues a la noche siguiente la puerta del dormitorio de mi sobrina tenia unas sillas tapando la entrada mas mis padres nunca dijeron nada.
    7 min
  • Sonidos de chica masturbándose.
    Antes de los 16 años, nunca me había planteado tener novio y mucho menos relaciones o experiencias sexuales. Mis prioridades eran estudiar y dar rienda suelta a mis aficiones. En general me gustaba cualquier afición que requiriera habilidad, paciencia, compromiso y tesón.
    Como decía, mi indiferencia por los chicos era total, obviamente tampoco sentía interés por las chicas a nivel sentimental. Mis amigas siempre hablaban de chicos, de cantantes, actores, etc. y mi aburrimiento me separaba en cierto modo de ellas.
    En casa, lo cierto es que la información sexual de que disponía se limitaba al pleno conocimiento de mi cuerpo y, de forma muy genérica, el de los chicos. Esto no era debido a una falta de información o desinterés por parte de mis padres, sino todo lo contrario, ellos siempre fueron, y siguen siendolo, muy liberales en ese aspecto. De igual modo, siempre se manifestaron muy predispuestos a responder cualquier duda o consulta que deseara hacerles.
    A pesar de ser una niña, mi carácter era muy decidido y tenaz. Siempre estaba metida en alguna lucha o cruzada por lo que considerara que merecía la pena pelear. Nunca cedía ante nada ni nadie. Me mantenía firme hasta las últimas consecuencias, hasta que salía vencedora o vencida, hasta que conseguía lo que quería. No importaba, lo importante era no recular fuera chica o chico, de mayor o menor edad, mejor o peor, más o menos importante. Mis padres, en este sentido me enseñaron que, cuando se defiende o persigue lo que consideras justo o importante, hay que intentarlo sobre todas las cosas.
    Cuando contaba con 16 años comenzó un nuevo curso en el que mi mayor interés era el de siempre: estudiar y sacar las mejores notas posibles. Así fue durante tres meses, hasta que un buen día todo cambió. Algo hizo que mi visión del mundo y de la vida diera un giro de 180 grados.
    Mi madre cumplía años y para celebrarlo organizó, junto con mi padre, una fiesta en casa, a la que invitaron a sus amigos y a sus hijos (todos eran conocidos míos, compañeros de clase o amigos de la infancia). Entre los amigos de mis padres, había un matrimonio al que conocían desde sus tiempos de universidad. Este matrimonio vino acompañado de su hijo Pablo.
    Cuando mis ojos se fijaron en Pablo, infinidad de sensaciones recorrieron mi cuerpo y mi mente. A pesar de ser hijo de unos buenos amigos de mis padres, jamás en la vida lo había visto. Era un chico realmente guapo, un año mayor que yo, de pelo casi negro, con unos ojos grises avellanados que rompían la armonía de su rostro moreno y que le infundían un aire de chico malo e interesante al mismo tiempo. Vestía unos vaqueros muy gastados y una camisa blanca metida en los pantalones por el lado derecho y totalmente salida por el izquierdo. Apenas era un par de centímetros más alto que yo y no dejaba de mirarme a los ojos, de tú a tú, sin desviar la mirada. Le saludé dándole la mano y le pedí que me acompañara con el resto de mis amigos y amigas.
    Cuando llegamos junto a los jóvenes, ninguno pareció conocerlo tras las presentaciones. Para todos era un perfecto desconocido. Él nos comentó que había pasado toda su vida en Córdoba, de donde eran originarios sus padres y que al trasladarse estos a Granada, decidieron que siguiera estudiando allí, quedando a cargo de los abuelos. Igualmente nos indicó que, ese curso, habían decidido que lo estudiara en Granada para familiarizarse con la cuidad puesto que la carrera la estudiaría allí mismo.
    Comenzamos a beber y comer a medida que íbamos rompiendo el hielo con el nuevo amigo. He de reconocer que se convirtió en la sensación de la fiesta para todos nosotros. Los chicos le contaban cosas sobre la ciudad y como no, le hablaban de la cantidad de chicas guapas con las que podría ligar. Las chicas se pavoneaban y flirteaban, parecían perras en celo. ¿Qué hacía yo mientras? Pues mirarle como una tonta, sin perderme detalle de lo que decía, de a quien miraba, de sus gestos y en definitiva de todos los detalles.
    - ¿Qué te pasa Luz? – Me preguntó mi amiga Ana.
    - ¿A mí? – Respondí – Nada, no me pasa nada, solo estoy pendiente de lo que habláis – proseguí.
    Mentira, estaba fascinada por aquel muchacho que, sin saber cómo y por qué, confundía mi mente y me producía una sensación de ahogo desconocida para mí. Nunca había sentido interés alguno por los chicos, pero Pablo había despertado en mí algo que me ponía un nudo en la garganta.
    - ¡Que qué me pasa me pregunta esta!... que si me lo pidiera ahora mismo, le daba el oro y el moro, lo que él quisiera – Me decía a mí misma.
    Pasadas unas horas se hizo tarde y los invitados se fueron yendo poco a poco. Cuando los padres de Pablo se despedían de los míos, este me despidió con dos besos y en el segundo me susurró al oído:
    - Espero que nos veamos alguna vez y que seamos buenos amigos.
    Sus palabras, apenas audibles, me dejaron paralizada, sin saber que decir pero reaccioné diciendo:
    - Yo también lo espero, nos has caído muy bien a todos, sobre todo a las chicas.
    ¡Qué estúpida! ¿Por qué dije esa tontería? Lo que menos me interesaba era mencionarle ese detalle. Pero bueno, se fueron y mi sofoco se hizo más acusado. Para intentar relajarme comencé a recoger todo lo de la fiesta: vasos, restos de comida, papeles, ceniceros. Barrí el suelo, lo fregué, coloqué los sillones y las sillas… en fin, mis padres se miraban maravillados, sorprendidos… extasiados.
    Esa noche la pasé despierta, sin dejar de pensar en Pablo y en el momento en que volviera a verlo. Pasaron varias semanas y no lo volví a ver. Me costaba concentrarme al estudiar. Apenas me concentraba en nada. Él siempre inundaba mi mente y no dejaba de verlo en el pensamiento.
    Pasaron los exámenes previos a las vacaciones de Navidad y lo cierto es que mi rendimiento había bajado considerablemente. Esta situación no podía seguir por más tiempo, debía hacer algo y con suma urgencia.
    El día antes de Noche Buena, mi madre me comentó que habían organizado una comida en un restaurante para el día 30 de diciembre con los amigos, para festejar la Navidad y que también iríamos los hijos. Mis ojos la miraron entusiasmada y mi gozo interior me hizo exclamar:
    - ¡¡¡Biennnnn!!!
    - Caramba hija, veo que te hace mucha ilusión la comida – me respondió con cara de asombro.
    - Si mamá, bueno… el caso es que me gusta mucho reunirme con todos mis amigos – repliqué reprimiendo mi entusiasmo.
    - Precisamente… esta tarde he quedado con la mamá de Pablo para ir a comprar unos regalitos para entregar en la comida. – me indicó ella. – Si quieres acompañarnos puedes hacerlo – añadió.
    - Bueno mamá. ¿Pero ira Pablo también? Me gustaría saber cómo se adapta a la ciudad. – dije aparentando indiferencia.
    - Pues no lo sé hija. Pero podemos pedirle, si no tiene nada que hacer, que nos acompañe. – concluyó ella.
    Llegada la hora de salir de casa, yo ya estaba arreglada. Me había puesto un ajustado vestido de lana, algo escotado y que apenas me llegaba a las rodillas, que me marcaba bien las caderas, el culo y los pechos. Encima me había cubierto con un abrigo largo y bien abotonado hasta el cuello. No hacía demasiado frio en la calle pero no quería que mi madre me viera vestida para matar. A buen seguro me obligaría a ponerme algo más abrigado. Mi intención era que, cuando me lo viera puesto, fuera en la calle y que ya no tuviera remedio.
    Cuando los cuatro llegamos al centro de la cuidad, decidimos que las madres se fueran de compras y que Pablo y yo nos fuéramos a tomar chocolate caliente a una cafetería que yo conocía, donde era una especialidad.
    Cuando nos sirvieron el chocolate, no habíamos parado de hablar de todo tipo de temas. Se notaba que era un chico muy inteligente y que se interesaba por multitud de cosas. Tras un rato soplando, comenzamos a tomar el chocolate. Aun estaba caliente y entraba muy bien. Tras terminar de tomarme el mío, sentí como el calor invadía mi cuerpo, por lo que me armé de valor y me quité el abrigo. Antes no lo había hecho pues me daba mucha vergüenza, no sabía qué pensaría Pablo, al verme vestida de esa forma en pleno invierno.
    - ¡¡Joder, Luz!! – Exclamó – ¡menudo cuerpazo tienes con ese vestido! – Prosiguió.
    - Gracias Pablo, has heredado la galantería de tu padre – Repliqué algo nerviosa.
    Acto seguido levanté la mano y con un gesto indiqué al camarero que me sirviera otro chocolate… lo necesitaba con urgencia. El calor que me produjo la segunda taza fue muy superior al de la primera. Durante todo el rato que permanecimos allí, no dejé de sudar por efecto del chocolate y de las miradas de aquel muchacho que tanta fascinación me producía.
    Cuando nos levantamos para marcharnos, él se puso detrás de mí, ayudándome a poner el abrigo. Cuando lo tuve puesto, desde atrás me abrochó los tres botones superiores, juntando su cuerpo con mi espalda, con mi culo y rozando levemente mi pecho derecho con su mano al retirarla. ¡¡Dios santo, como me puso!! Sentí como una especie de calambre nació en el estómago y bajo hasta mi entrepierna pasando por el vientre. Nunca había sentido tal sensación y tampoco hubiera imaginado que pudiera ser posible. El corazón parecía querer salirse del pecho. Como pude di unos pasos y nos fuimos caminando al encuentro de nuestras madres.
    Pasamos el resto de la tarde los cuatro juntos, tomando unos refrescos y unos pasteles. Yo, sentada, con las piernas cruzadas, era incapaz de separarlas, sentía que tenia las braguitas húmedas en la zona vaginal. No sabía si era por efecto de los calores pasados o por otra cosa. Aunque nunca había tenido deseos sexuales, sí tenía algo de información sobre el tema pero… obviamente me faltaba la experiencia.
    Esa noche y los días siguientes sentí cambios en mí desconocidos. Sentía unas ganas locas de masturbarme cuando recordaba el momento en que me puso el abrigo. Tenía las nociones de cómo se hacía pero me aterraba no hacerlo bien y que mi primera paja fuera un desastre. Quería que fuera plena y satisfactoria.
    Pasado el día de Navidad, decidí abrirme a mi madre y contarle lo que me pasaba. No podía aguantarme y necesitaba sus consejos. Después de comer, ambas nos sentamos en el sofá, tomando una taza de té. Mi padre tenía guardia ese día en el hospital y por tanto estábamos las dos solas.
    4 min

About SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales

From the publisher's feed

Para los amantes de la buena lectura relatoseroticos.co ofrece un gran variedad de relatos eróticos. Por desgracia tengo que explicar qué es un relato, que no es más…

Best of SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales

Ranked by our users in the last 21 days