Desde aquel día, y siempre que follábamos, mi chica me recordaba cómo se la había chupado voluntariamente a Óscar y como este se había corrido en mi boca. Reconozco que, siempre que mi chica sacaba el tema me excitaba muchísimo, aunque yo no solía entrar al trapo y la dejaba hablar a ella. Me provocaba con frases como: "Me encantó ver como se la chupabas...", "Que guapo estabas con una polla en la boca" o "Seguro que si Óscar estuviera aquí se la chupabas otra vez."
Yo me limitaba a embestirla con fuerza cada vez que sacaba el tema y tenía que hacer un esfuerzo muy grande por no correrme enseguida. Aunque conseguía aguantar y retrasar la eyaculación, al final acababa corriéndome, a lo que seguían las provocaciones de mi chica, del tipo "¿Te has corrido por mi o por pensar en la polla de Óscar?".
Yo daba siempre la callada por respuesta ya que reconocer mi excitación me hacía sentir menos hombre, pero lo cierto es que las provocaciones de mi chica me daban mucho morbo y, aunque no quería admitirlo, ella me conocía bien y era muy consciente de lo que hacía. Lo cierto es que a los dos nos excitaba la situación, eso era obvio.
Tras semanas en este plan, follar y recordar la polla de Óscar pasó de convertirse en un recurso puntual para nuestra excitación mutua a convertirse en la norma. Ya no follábamos sin sacar el tema. Simplemente se había convertido en un hábito recurrente que llevaba nuestra excitación al siguiente nivel. Yo, no obstante, aún no era consciente de que ello nos llevaría por un camino que acabaría por enriquecer mi vida sexual todavía más.
Fue tan solo hace dos meses, en plena ola de calor al final del verano de 2022, cuando ocurrió la historia que os voy a contar a continuación.
Era la fiesta de cumpleaños de un antiguo y muy buen amigo de la universidad de mi novia e iba a tener lugar en un piso que este compartía con otros dos chicos. Ambos eran expatriados que habían venido a trabajar a Madrid hace algún tiempo.
Yo no conocía a nadie, pero al llegar junto a mi chica el anfitrión, que se llamaba Fran nos recibió con efusividad. Era un chico alto, de pelo castaño y corto, bastante ancho de espaldas y era muy extrovertido (a esas alturas ya andaba achispado por el alcohol). Fran se encargó de presentarnos a los otros asistentes de la fiesta (debía de haber unas 12 personas en total) incluyendo a sus dos compañeros de piso: Martín, un argentino que trabajaba en un conocido banco español y Walt, un californiano que trabajaba como consultor para una empresa de energía.
El primero, Martín, era un chico delgado, pero guapo. Aparentaba mucha menos edad de la que tenía, porque no tenía ni un pelo en la cara. Era animado divertido y muy hablador. Por otra parte, Walt no podía ser más distinto. Era muy ancho, entrado en los cuarenta y gastaba un aspecto rudo y maduro, con el pelo ya canoso y barba de 2 días.
La fiesta transcurrió de la forma más normal del mundo. Había la típica comida para picar (nada sofisticado) y vino, cerveza o copas para beber. Inevitablemente, tanto mi chica como yo empezamos a beber ya que llegamos los últimos y por lo general, la gente ya iba contentilla, así que tendríamos que esforzarnos por coger el ritmo.
De las cervezas pasamos a las copas y, al cabo de unas horas, de estar contentillos pasamos a estar borrachos y a alcanzar el nivel de extroversión del resto de los asistentes. Poco a poco, entrada la madrugada y como suele pasar en las fiestas, la gente por una razón o por otra empezó a irse, y de ser 12 pasamos a ser 9, luego 7 y finalmente 5: mi novia, Martín, Walt, Fran y yo.
La música paso a ser más relajada, y el ambiente paso de ser el típico de una fiesta al de una reunión desenfada de amigos que charlaban, reían y compartían anécdotas. En definitiva, era un ambiente muy agradable gracias al buen alcohol y la buena compañía.
No pude evitar observar la buena relación que mi novia tenía con su antiguo compañero Fran. Es cierto que hacía mucho tiempo que no se veían y que siempre hace ilusión ponerse al día con un antiguo amigo, pero entre el alcohol y el ambiente pude ver como Fran en un par de ocasiones le ponía la mano en la cintura y se inclinaba para hablarle al oído, a lo que mi chica respondía con una mirada cómplice y una sonrisa nerviosa. No soy un chico celoso, al contrario, he compartido a mi chica con otros hombres, pero no podía evitar el imaginarme que dado el nivel de complicidad entre ambos había habido algo en el pasado. Si Fran se sentía atraído por mi chica era lo más normal del mundo. Ella llevaba un vestido de verano corto, con escote y de tirantes, de esos que tienen una falda suelta en la que se podría intuir perfectamente la redondez del culo de mi novia y aunque los pechos de mi chica son pequeños, están muy bien puestos y con ese calor y a esas horas y con unas cuantas copas de más, el hombre que no se fijara en sus tetas o era gay o era tonto. Por todo ello, no le di importancia.
Por mi parte, yo charlaba animadamente con Martín, ya que Walt iba ya muy perjudicado y se sentó en un sillón a mirar su móvil tras servirse una nueva copa. Era obvio que en breve si iba a retirar a dormir la mona. Martín, hablaba por los codos y la verdad es que para lo poco corpulento que era aguantaba bien el alcohol, porque no se le notaba que llevaba unas cuantas copas encima. En medio de la conversación pude ver que mi chica y Fran se ponían a bailar una balada muy relajada. Mi chica le dio la espalda y comenzó a contonear las caderas. La verdad es que estaba muy sexy.
Me quedé embobado mirándola, y cuando lo notó, me dijo que me acercara con el dedo mientras me sonreía.
"Disculpa, que me reclama esa diosa que está bailando.", le dije a Martín. El rio y me dejó ir con ella.
Me acerqué y me puse a bailar, y al cabo de poco rato Martín se unión también. Walt ya estaba dormido en el sillón y no se enteraba de nada (solo le faltaba roncar). Debimos bailar durante dos o tres canciones cuando Fran dijo: "Chicos... yo me voy a dar una duchita y vuelvo enseguida, a ver si se me quita este calor y me despejo un poco...", y partió hacia el baño.
Quedamos Martín, mi novia y yo en salón y paramos de bailar para sentarnos en el sofá y continuar charlando. Al cabo de un rato, Martín anunció que iba un segundo a su habitación para dejar cargando el móvil y que volvía en un momento, con lo que me quedé en el sofá con mi chica.
"Estoy cachonda...", me confesó mientras se inclinaba hacía mí y me cogía el paquete.
"¿Quieres que nos vayamos?", le pregunté.
"No, vamos a quedarnos un ratito más, anda..." contestó mi chica con una sonrisa pícara en la cara, "además..." continuó mientras seguía sobándose la entrepierna, "había pensado que... si tú quieres... me podríais follar entre Fran y tu..."
Desde nuestro encuentro con Óscar hace unos meses no habíamos vuelto a montar un trío y la verdad es que la idea no me disgustó.
"¿Pero tú crees que Fran va a querer?", le respondí.
"Yo creo que por eso no hay que preocuparse...", contestó intentado contener una sonrisa.
"Que bien le conoces, ¿no?", me estaba empezando a excitar la conversación y quería tirarla de la lengua.
"Bueno... una chica sabe cuándo se la quieren follar...", continuó ella, "Y Fran quiere follarme, créeme. Además, en la universidad nos liamos un par de veces y ni a él ni a mi nos importaría recordar viejos tiempos..."
"Si él quiere, y tú quieres, yo me apunto." zanjé con una sonrisa de oreja a oreja. Yo ya estaba completamente empalmado entre las caricias de mi novia y el morbo de la conversación.
Seguidamente mi chica se inclinó sobre mí y agarrándome con fuerza de la polla me dijo al oído, "Además, tiene una polla enorme, y es bisexual..."
Antes de que le pudiera contestar Martín regresó del baño y tuvimos que cortar la conversación, pero inevitablemente mi novia insertó en mi cabeza una imagen de la que me iba a costar librarme.
"Parejita! ¡no se os puede dejar solos!", interrumpió Martín al volver de su habitación. Había visto como mi novia se separaba y me soltaba el paquete. Quizás por la desinhibición provocada por la bebida Martín no pudo disimular y se quedó mirando mi entrepierna en la cual se distintiva una tremenda erección. "Veo que interrumpo algo..." dijo medio riéndose.
"Ya ves, Martín, a estas horas ya me va apeteciendo la compañía de mi chico.", contestó mi novia.
"Ya veo, ya... no te culpo, vos sos humana... y él es un chico lindo que está bien dotado por lo que veo...", contestó mientras señalaba mi erección y sonreía.
La confianza era suficiente como para que los tres nos pusiéramos a reír y mi chica contestó, "No está mal... pero los hay más dotados..."
"Tenés razón. Siempre hay una pija más grande, querida, yo he visto unas que no te creerías" contestó Martín, "pero no seas pendeja, no es el tamaño... es como se use."
"En eso no te falta razón, la usa muy bien." Contestó mi novia, luego se inclinó sobre mí y me dio un pico en los labios mientras me sonreía.
En ese momento volvió Fran de darse su ducha. Debía de sentirse muy cómodo (al fin y al cabo, estaba en su casa), por que regresó del baño tan solo vistiendo unos calzoncillos negros ajustados que marcaban bien su paquete. "Ya estoy aquí! que bien te quedas con una duchita...", anunció.
"Yo creo que voy a hacer lo mismo...", comentó Martín. "Voy a darme una ducha y ya veré si vuelvo..." Fue él entonces quién, dejando el salón, se fue hacia el baño, pero mientras se iba dijo en voz alta y medio riéndose, "Ah! vigiláme a esos dos Fran, que están recalientes y casi se lo montan ahí mismo!!"
"¿¿Aaah sí??”, dijo Fran mientras nos miraba con cara de entre diversión y sorpresa.
"Ni caso," le contesté. "Ya sabes que los argentinos tienden a exagerar..." reímos y nos pusimos a hablar entre los tres.
Fran permaneció de pie, ya que aun venía medio mojado de la ducha y se quería secar al aire por el calor que hacía, mientras que mi chica y yo estábamos todavía sentados en el sofá de forma que, inevitablemente, el paquete de Fran quedaba más o menos a la altura de nuestros ojos. Era imposible no mirarlo disimuladamente de vez en cuando, la verdad. Pude ver a mi novia como de reojo dejaba escapar miradas furtivas hacia su entrepierna... y es que la tela de la prenda no disimulaba la longitud del miembro en absoluto. Parecía enorme...
Fran nos dejó brevemente para ir a servirse una copa, y mi chica aprovecho la ocasión para inclinarse hacia mí, cogerme de nuevo el paquete y decirme al oído, "Vaya pollón se gasta Fran, ¿eh? No disimules que tú también lo has mirado... Cuando me lo follé en la uni, recuerdo que lo podía coger con las dos manos y aun sobraba todo el capullo... era delicioso..."
La situación se estaba volviendo insostenible por la calentura general. Yo estaba empalmadísimo y conociendo a mi chica ella estaba demasiado borracha, desinhibida y cachonda como para no lanzarse en breve.
Fran volvió, pero no traía una copa para él, sino que traía una para cada uno, con lo que seguimos bebiendo... Estaba claro que él, muy conscientemente, se acercaba cada vez más a nosotros ya que la situación le debía excitar, porque su polla iba creciendo poco a poco, incluso creo que pude verla palpitar en un par de ocasiones por el rabillo del ojo. Mi novia, que no era tonta, entró a matar...
"Fran... tengo la impresión de que estás un poco incómodo... parece que tu polla está un poco oprimida... ¿no te duele?", le dijo mientras le miraba a los ojos con una sonrisa.
"Pues la verdad es que un poco sí... pero sería de mala educación ponerme más cómodo todavía." respondió con una sonrisa cómplice.
"No seas tonto... estás en tu casa. Además, no creas que me vas a asustar, yo ya te la he visto.", contestó mi chica.
"Tú ya sé que no te asustas y que ya la has visto antes... pero con tu novio tengo menos confianza, a lo mejor el sí se asusta." Replicó Fran medio riéndose.
"Por él no te preocupes, cari." contestó mi chica, esta vez mirándome a mí. "No será la primera polla que ve tampoco..."
La suerte estaba echada. Ya no había vuelta atrás.
"Pues si no ponéis inconveniente..." Sin mediar ni una palabra más se quitó los calzoncillos de golpe, dejando a la vista un enrome pollón rasurado salvo por un poco de pelo en la base del tronco que saltó de su prisión de tela como un resorte. Ya estaba completamente erecta y la recorrían de arriba abajo unas tremendas venas palpitantes. Era un pollón de unos 20 centímetros como poco. 20 centímetros de carne dura y caliente que sabía que dentro de poco estarían en la boca de mi novia. De solo imaginármela con eso en la boca me volvía loco de excitación.
A todo esto, Walt seguía dormido en un sillón sin enterarse de absolutamente nada.
Mi novia consideró que ya estaba todo dicho, con lo que no dudó en cogerla con su manita y al hacerlo pareció que la polla de Fran crecía todavía más... Acto seguido se la comenzó a menear suave y lentamente mientras le miraba a los ojos y él le devolvía la mirada. Tras unos segundos se llevó ese inmenso trozo de carne a la cara y se golpeó suavemente las mejillas con él, mientras cerraba los ojos y apretaba los dientes. Los choques contra su cara sonaban como pequeñas palmadas, "smac.... smac... smac..." Estaba claro que se sentía extasiada por tener ese pedazo de pollón enteramente a su disposición y no tardó en llevársela a la boca y comenzar a lamer, mientras yo permanecía al margen como si ninguno de los dos se acordara de mi presencia.
Las lamidas se convirtiendo en chupadas. Las chupadas se fueron convirtiendo poco a poco en folladas de boca, y las folladas de boca en lagrimeos y arcadas. Tan solo se oía el "aaaargggh.... uugggh... arrrrggggh.... uuuugghh... Aaaaarggggh... AAAARGGGHHH..." de mi novia autoforzándose la boca y la garganta con esa polla de ensueño mientras su saliva caía por su barbilla hasta el suelo.
Fran, por su parte, no decía nada. Solo reposaba una mano sobre la cabeza de mi chica, como dirigiéndola y la miraba fijamente con el ceño fruncido. Yo tampoco intervenía, pero la polla me iba a estallar, con lo que me puse de pie, me quité la ropa y me puse al lado de Fran para que mi chica me la chupara a mí también.
Ella, al percatarse, dejo de comérsela Fran y me la empezó a comer a mí. La mía no la tenía que forzar, le entraba sin problemas hasta el fondo con lo que ella, algo decepcionada, se la sacó, la cogió con su mano y empezó a menearla. Mientras me miraba a los ojos me dijo, "Cari, te quiero mucho, pero no hay color..." Sin soltarme la polla cogió con la otra el pollón de Fran y se lo volvió a llevar a la boca para seguir comiendo. Estaba claro que dentro de la escala de prioridades yo no estaba el primero... lo cual me frustraba considerablemente.
Sin darme por vencido, la cogí de la cabeza y la obligué a que dejara de comérsela a Fran. Al parar me miró con cara de cabreo y hartazgo pero antes de que dijera algo fui yo quien habló "Que me la comas a mí también... joder...!"
"Vale cari," me contestó muy molesta, "solo hay una forma de que te la coma yo hoy y es siguiendo mis instrucciones. Siéntate aquí en el sofá."
Obedecí y me senté junto a ella. Intuía por donde iban los tiros.
Mirándome a los ojos y sin soltarle la polla a Fran me dijo sonriendo, "Yo te la como a ti y tú se la comes a él." Se dejó caer al suelo y se colocó de rodillas entre mis piernas sin dejar de mirarme con una sonrisa malévola.
Fran que seguía sin decir nada se colocó delante de mí. Su polla quedó a escasos centímetros de mi boca. Podía notar su calor en los labios. En ese momento, mi novia comenzó a chuparme los huevos mientras me pajeaba con una mano sin perder detalle de la escena. Fran aprovechó para acercarse un poco más y su capullo chocó contra mi boca entreabierta. Instintivamente la abrí un poco más y la cogí con una mano para menearla suavemente. Estaba durísima y caliente. Pesaba mucho... era todo un solomillo de carne que debía pesar medio kilo por lo menos.
"Así cari, venga.... cómetela..." me animaba mi novia haciendo su pausa en su mamada.
Abrí la boca un poco más y entró todo el capullo. Ya era oficial... esa era la segunda polla que me comía y reconozco que, entre la excitación y la mamada de mi chica, me encontraba en la gloria.
Fran me puso una mano en la cabeza, como lo había hecho con mi chica. Noté como iba haciendo un poco más de fuerza lo que me obligó a abrir la boca todo lo que podía. Fue en ese momento cuando Fran rompió su silencio, "Así... cómemela zorrita... cómemela como la hacía tu novia..."
Al escucharlo, mi novia dejó escapar una risita.
Es curioso como la excitación nos afecta. Si hace cinco minutos Fran me hubiera hablado así le habría intentado partir la cara, pero ahora no solo no me molestaba, sino que me daba más morbo.
Viendo que seguía chupando sin inmutarme me puso otra mano en la cabeza, me la agarró con fuerza y empezó a empujar. Me estaba follando la boca.... y ahora era yo quien babeaba y tenía arcadas. Puse instintivamente una mano en su cadera a modo de resistencia para no vomitar, pero en el fondo me estaba gustando que me usara de esa manera.
Noté como mi novia dejó de comérmela y se sentó a mi lado. Entre el lagrimeo de mis ojos pude ver cómo me observaba con una sonrisa de oreja a oreja y con algo de incredulidad. Se puso de pie y se quitó el vestido y la ropa interior y, sentándose de nuevo a mi lado, cogió la parte de la polla de Fran que no podía entrar en mi boca y se puso a menearla suavemente. Tras unos segundos así, puso su cara entre la mía y el vientre de Fran y comenzó a lamer la parte del tronco que no me entraba. Estábamos compartiendo polla, saliva y excitación. Era sin duda alguna la experiencia sexual más intensa que había tenido nunca.
Yo ya ni me movía. Era Fran el que bombeaba sus caderas y yo, por mi parte, no podía evitar que se escaparan grandes cantidades de densa saliva, que se esparcían ya por toda mi cara y caían sobre el sofá y el suelo. Mi novia dejó de lado la polla de Fran y cogiéndome la cabeza se puso a limpiarme la saliva que se acumulaba en mi barbilla. Succionó toda la que pudo y volvió a ponerse de rodillas delante de mí entrepierna. Escupió la saliva sobre mi pene y comenzó a pajearlo.
"Vamos Fran... bombea.... que mi novio se lo come todo...", exclamó mi con algo de tono despectivo.
Nunca la había oído hablar así de mi...
Fran bombeaba sin piedad. Mis arcadas eran cada vez mayores. Me faltaba el aire y me lloraban los ojos, así que sin más remedio sube que empujar a Fran poco a poco para que saliera de mi boca y poder respirar. Por fin pude recuperar el aliento entre fuertes jadeos.
"Tienes un gran novio, tía." dijo Fran, mientras se la meneaba. Su polla brillaba como si le hubieran dado barniz.
"No, lo que tengo es un chupapollas en prácticas..." contestó ella con juguetona maldad.
"ajajajajaja..." rieron cómplicemente mientras yo aún me afanaba por recuperar la respiración.
"Ven," dijo Fran a mi chica, "que estoy a punto de correrme." y se empezó a pajear frenéticamente.
"Dámelo aquí.", le contestó ella mientras se colocaba de rodillas debajo de su tremendo rabo abriendo la boca de par en par y sacando la lengua mientras decía “aaaaaaaaaahhh…”
Fran no tardó en descargar su lefa sobre la cara de mi chica. Un chorro, dos, tres, cuatro y hasta cinco y seis, fueron cayendo en su boca, rostro y pelo. El primero tuvo tanta fuerza que incluso cayó detrás de mi chica y manchó todo el sofá.
"Mmmmmmm..." dejó escapar ella con cara de satisfacción y felicidad. Recogió poco a poco con sus dedos toda la lefa de su cara y se la llevó a la boca. Tragó mientras miraba a Fran fijamente con idolatría en sus ojos.
"Te queda un poco en el sofá", dijo el.
Sin pensárselo dos veces, mi chica se dio la vuelta y dio un lametazo al cojín donde se había depositado el semen de su amante, recogiendo toda la lefa sin dejar una sola gota. Tras terminar de limpiarlo todo, mi chica se giró hacia a mí, y agarrándome de la cara con ambas manos me dio un profundo beso. Pude notar el semen de Fran entremezclado con nuestra saliva. Tras un rato así, me soltó y me dejé caer contra el respaldo del sofá, todavía empalmado y excitadísimo.
Ninguno de los tres, en nuestra calentura, habíamos reparado en una cosa: Walter se había despertado y se había sacado la polla. Se había estado pajeado sentado en su sillón mientras nos miraba. Quedé muy sorprendido al mirársela ya que Walter era un tipo que hubiera pasado por uno más del motón si no fuera por el tremendo pollón que asomaba por su bragueta. ¿Es que todos los hombres la tenían más grande que yo, o qué?
No era tan larga como la de Fran, ni mucho menos, pero parecía más gruesa. Al darnos cuenta mi novia, Fran y yo os miramos y compartimos una risa cómplice.
“Walter!” dijo Fran, “¿te hemos despertado?”
Si bien Walter estaba despierto seguía muy borracho y apenas consiguió contestar coherentemente, “Yo también quiero... mamada...” consiguió articular con acento americano cerrado.
“Pobrecito...” dijo mi novia. “Anda, espera que voy.” Mi chica se levantó y desnuda fue andando hacia él para quitarle los pantalones, ponerse de rodillas frente a su polla y comenzar a chupar.
Yo vi el cielo abierto. Esa era mi oportunidad de acercarme a ella por detrás y clavársela, pero me temo que la imagen de mi novia de rodillas dándonos la espalda era una imagen muy difícil de resistir y Fran tuvo la misma idea. Fue más rápido que yo, se puso de rodillas tras de ella y cogiéndole de las caderas se la metió sin resistencia. Me quedé impactado al caer en que se había corrido hace poco y ya la tenía durísima de nuevo. Este tío era una máquina...
“Aaaaaah...” dejó escapar mi novia. Del puro placer que sintió al ser ensartada perdió la concentración y dejó de chupar, miró a Fran como con cara de estar drogada por una sobredosis de polla y, trans unos instantes, volvió a concentrarse en el rabo de Walter.
Parece que lo que inicialmente iba a ser un trío se había convertido en un cuarteto. Mi novia aplicaba ahora sus habilidades sobre el pene de un nuevo hombre, mientras Fran la taladraba. Cada empujón la obligaba a comer un poco más de polla (o, mejor dicho, rabo) y el “plac... plac... plac... plac...” de sus empujones se mezclaban ya con el “chup.... chuppp... slrrrpp... chupp... slrrrrppp... chuppp... arrrggghh...” del miembro de Walter abriéndose paso por la experta boca de mi chica.
“Veo que con el tiempo te has vuelto todavía más puta, ¿eh?”, le dijo Fran a mi chica, pero ella estaba tan absorta chupar y ser follada que no le contestó. Ello dio pie a que Fran subiera el ritmo y se la empezara a follar con más fuerza.
“Te he hecho una pregunta zorra!! PLAC... PLAC... PLAC... PLAC...” el ritmo de las embestidas y el zarandeo que provocaban en el cuerpecito de mi chica hizo que dejara de mamársela a Walter y empezara a gemir sin remedio.
“aaaaah... AAAAH.... AHHHHH.... sí.... soy tu...... puta... aaaah.... aaaah...”, consiguió contestar con esfuerzo. Sin embargo, a Walter no le gustó que se la dejaran de mamar...
“Did I tell you to stop sucking??”, le dijo a mi chica con agresividad y no hacía falta saber inglés para saber qué es lo que quería. Le cogió de la cabeza con ambas manos y forzó su polla en su boca sin miramientos. Mi chica, tras algo de resistencia inicial, comprendió que era mejor dejarse follar la boca que intentar imponer ella el ritmo. Estaba a la merced de ambos... era un trozo de carne para ellos y, conociéndola como la conocía, sabía perfectamente que lo estaba disfrutando.
Yo por mi parte, permanecía de pie ya que no había forma de intervenir... así que de manera casi inconsciente me empecé a pajear sin perder detalle alguno de esa increíble escena. Me frustraba y excitaba a partes iguales el ser solo un mero testigo y no un participante. Por una parte, tenía unas ganas locas de follármela, pero por otra la escena era increíble y estaba protagonizada por mi chica. Era como ver una película porno...
Tras un buen rato así, mi novia consiguió sacar fuerzas para decir algo a sus amantes entre gemidos ahogados, "Las... quiero.... aaaah... las dos.... dentro.... ahhh... hmmmm...", a lo que los dos no pusieron inconvenientes. El momento de la doble penetración había llegado.
Mi chica se puso sobre el sillón de rodillas y de cara a Walter, de forma que entrelazó sus manos detrás su cuello. Poco a poco se fue acomodando para que su polla se abriera paso en el coñito que hace unos instantes había estado castigando otro. Su ancho pollón, entró hasta la mitad con mucho cuidado y muy despacio, para luego deslizarse hasta la base de golpe. "aaaaaah..." dejó escapar mi chica al sentirse bien rellena.
Al mismo tiempo, Fran se acomoda detrás de ella con las rodillas flexionadas y dirigía con una mano su tremendo rabo erecto hacia el culo de mi chica. Era un culo muy entrenado y el trozo de carne de Fran fue entrado poco a poco, centímetro a centímetro hasta aproximadamente la mitad, tras lo cual empezó con un movimiento acompasado y lento que se unió paulatinamente al sube y baja suave de mi chica sobre la polla de Walter.
"Diooosss..." dejó escapar mi novia. "Me vais... a volver... loca..."
Mi chica fue habituándose a tener dos pollas de considerables dimensiones dentro y poco a poco el ritmo fue aumentando. Yo, por mi parte, vi el cielo abierto, ya que, si me conseguía colocar a un lado del sillón, podría unirme a la acción haciendo que mi chica me la chupara. Decidido a probar suerte, me coloqué a la derecha de Walter y sin mediar palabra ofrecí mi polla a mi chica. Ella tardó en darse cuenta de que habían puesto a su disposición un tercer pene... tenía la mirada como perdida y los ojos, entrecerrados, se le ponían de vez en cuando en blanco. Sudaba, jadeaba y se estaba poniendo roja. ¿Podría ser que las pollas de Fran y Walter dentro al mismo tiempo fueran demasiado incluso para ella? Estaba en un estado que podríamos calificar como de éxtasis y sobredosis de placer por barra de carne hasta el punto de que no era muy consciente de lo que la rodeaba.
Finalmente consiguió caer en mi presencia y comenzó a chupar como pudo; que era torpemente. Está claro que no vas a poder hacer la mamada de tu vida cuando tienes una polla de 20 centímetros en el culo y otra aún más ancha que la primera en el coñito, pero, aun así, la puta que llevaba dentro le obligó a intentar chupar y la chupó como pudo. Y es que en el estado de excitación y embriaguez en el que se encontraba se la hubiera chupado a cualquiera. Es más, si cualquiera de los que estáis leyendo estas palabras hubierais estado allí en ese momento os la habría chupado también sin tan siquiera preguntaros el nombre o miraros a la cara. Estoy convencido que hubiera agradecido cualquier polla en ese momento, independientemente del dueño. La hubiera chupado y se habría dejar follar la boca felizmente, 100 por 100 seguro.
Era la primera vez que mi chica disfrutaba de tres pollas a la vez (que yo sepa...) y al poco rato dejó de chupármela y comenzó a temblar y a tener espasmos. Arqueaba la espalda y agarraba a Walter fuerte del cuello mientras le clavaba las uñas y soltaba unos "AAAAH.... AAAH.... AAH......" entrecortados y entre dientes. Las dos pollas que la ensartaban la habían hecho ver el cielo...
Pocos segundos después, Fran anunciaba que también había alcanzado el clímax, "Te voy a llenar el culo de lefa, puta..." y descargó dentro de ella. Luego fue retirando poco a poco su inmensa polla dejando que saliera del culo de mi chica un espeso hilo de líquido blanco que se deslizó hasta un muslo y, finalmente cayó en el borde del sillón.
Mi novia, ya sin fuerzas, seguía no obstante siendo ensartada por Walter, que cogiéndola por las caderas comenzó a embestirla sin piedad. Al cabo de unos instantes y tras uno gruñidos descargó dentro de su coño.
Walter, del mismo modo que Fran, también retiró su trozo de carne de dentro de mi chica, la cual que cayó totalmente exhausta sobre él. Del coñito, tal y como había sucedido hace un instante con su culo, comenzó a deslizarse un espeso líquido blanco que tras deslizarse brevemente se depositó sobre el suelo.
Mi polla, aun dura y lejos de estar cerca de correrse quedó inevitablemente olvidada... mi chica, tras haber alcanzado un orgasmo tan intenso había perdido todo el interés. Normal…
"Uuuuufff...", dijo mi novia, esforzándose por recobrar la respiración. "Cabrones.... que... pollas os gastáis... joder... he visto el cielo…"
Fran rio, pero Walt, que seguía super borracho, daba la impresión de volver a estar medio inconsciente. Sería un milagro si al día siguiente recordase lo que ahí había acontecido aquella noche, pero el caso es que, se acordara o no, se había corrido en el coñito de la putita de mi chica y eso no se lo iba a quitar nadie.
Fue entonces, cuando mi novia se hubo recuperado un poco, que cayó en mi presencia y me dijo, "Anda cari... ayúdame a ponerme de pie, que yo sola creo que no voy a poder... aun me tiemblan las piernas." Cuando me acerqué para incorporarla me cogió de la polla y apretando me dijo, "Y no te preocupes, que no me olvido de ti... voy a compensar tu generosidad..."
Fran también se dirigió a mi para decirme, "Tienes una novia que vale su peso en oro, tío, no la dejes nunca. Ah, y, por cierto, que sepas que tú tampoco la chupas mal..."
No supe muy bien que decirle así que le respondí con un sencillo, "Gracias..."
"Con un poquito más de práctica puedes hacer que tu chico llegue a tu nivel de puterío." le dijo a mi novia con una sonrisa.
"Jajajaja... todavía se corta un poco... pero sé que tiene una putita dentro...", le dijo mientras me miraba sonriendo. "De todas formas, para llegar a mi nivel, aún le quedan unas cuantas pollas por comer..."
De nuevo rieron los dos.
La verdad es que uno tiene que ser lo suficientemente maduro como para ser sincero consigo mismo. Cuando empecé a compartir a mi novia en tríos también me habían surgido dudas fruto de los convencionalismos sociales. ¿Se supone que los hombres deben elegir a una mujer y hacerla suya? Eso puede tener sentido si se quieren tener hijos, pero y si solo estamos hablando de sexo, ¿qué más da? Compartirla se ha convertido en algo habitual que me parece superexcitante y los dos disfrutamos más cuando somos tres en la cama que cuando estamos solos.
En cuanto a las experiencias bisexuales, estas habían llegado sin premeditación, pero ya habían tenido lugar y no había vuelta atrás. En ocasiones, cuando habíamos tenidos tríos con otra mujer, mi chica se había enrollado con nuestra acompañante y yo lo había visto como lo más excitante y natural del mundo. En este caso, cuando las experiencias incluían a otro hombre, ella disfrutaba con el morbo de verme a mi participar y yo reconozco que también disfrutaba con la experiencia. Ni por su parte ni por la mía habría inconvenientes en seguir explorando ese lado de nuestra sexualidad. No me sentía humillado, me sentía orgulloso de poder experimentar de esta forma sensaciones intensas que la mayor parte de la gente no conocería nunca.
"Fran, pues cuando tú quieras repetimos. Creo que los dos hemos disfrutado lo suficiente con tu 'talento' como para repetir si te apetece y si a Walter se le pasa la borrachera y se acuerda de algo te lo traes también." le dije medio riéndome.
Mi novia me miró con cara de sorpresa debido a mi franqueza y me sonrió.
"Cari," contestó, "la noche todavía es joven, y conozco a Fran lo suficiente como para saber que le sobran fuerzas todavía. ¿Qué tal si nos vamos a su habitación con él y dejamos al pobre Walter que descanse?", dijo mientras le guiñaba un ojo a Fran.
"Por mí no hay problema." respondió él con una sonrisa mientras se llevaba la mano a la polla y se la comenzaba a estimular lentamente. Aun habiendo perdido la erección, seguía siendo descomunal. Parecía mentira que todo eso hubiera estado dentro del culo de mi novia hace unos minutos… No pude evitar quedarme mirando y mi novia se percató.
"Mira... si es que mi pequeño chupapollas en prácticas ni disimula... anda vamos, cari, que tienes mucho que aprender...", me dijo.
Nos cogió de la mano a Fran y a mí y tirando de nosotros dejamos el salón para ir al dormitorio. Parece que iban a comenzar mis prácticas…