Inició un nuevo día frente al mar en aquel paraíso que había usado como refugio tras lo que ella creía era el fracaso más grande de su vida. Por un momento creyó haberse complicado la vida aún más de lo que ya estaba, pero se detuvo un momento para reflexionar, cerrar sus ojos, respirar el aire salado de la brisa y escuchar las olas romper contra la arena de la playa. Todo lo que sale mal en la vida es una oportunidad para volverlo a intentar o para cambiar el rumbo y aunque se sentía triste por saber que no volvería a ver a Braulio, lo tomó como una grata experiencia que no había hecho más que enriquecer su vida.
Ya no tenía miedo, de ahora en adelante iba a vivir como quisiera y a experimentar todo cuanto deseara. Regresaría a su nuevo hogar, a una nueva etapa, ansiosa de conocer nuevas personas y vivir aventuras que probablemente serían mucho más emocionantes que las que habían tenido lugar en la Riviera Nayarit. Después de pasar todo el día en el agua, resolvió que era momento de irse, tenía hambre y deseaba almorzar en el centro de la ciudad. Recogió sus cosas y se encamino hacia el estacionamiento, cuando Emmanuel le saltó al paso.
—¿Eres estúpido? –le preguntó, furiosa.
—Quiero que sepas que no aceptaré una negativa.
—Por tu propio bien, aléjate de mí.
—A mi ninguna mujer me ha rechazado y aseguro que no vas a ser la primera.
El irreverente se le fue encima y la besó a la fuerza
—¡Suéltame!
—¿Ahora si quieres que te suelte? Pero ¿qué tal cuando me pedías que diera más? Eres una maldita puta igual que todas las mujeres.
Emmanuel trató de someterla haciéndole daño, la furia en sus ojos llenó de horror a Patricia, que trataba de liberarse. El joven estaba enfermo de coraje y deseaba vengarse, poco le importaba que estuviera en el trabajo, la humillación que Patty le había hecho pasar lo sacó de sus casillas y estaba dispuesto a hacerlo pagar.
—¿Qué está pasando aquí? –dijo alguien alzando la voz de manera firme y autoritaria.
Era Lisandro.
—Suéltala o te juro que lo vas a lamentar.
Emmanuel la soltó de forma violenta, Patricia ya había empezado a llorar y se cubría el rostro avergonzada. Lisandro se acercó al muchacho y ambos rivales se miraron frente a frente, imponiéndose, pero sin duda el alfa era él, así que Emmanuel no tuvo más remedio que bajar la guardia y alejarse.
Lisandro se acercó a Patricia, sin atreverse a tocarla.
—¿Estás bien? ¿Te hizo daño?
—No…
Ambos se quedaron en silencio, al cerciorarse de que ella estaba más tranquila, se animó a reclamar.
—¿Es enserio? ¿Tú también te estás acostando con ese tipo?
—No tengo porqué darte explicaciones de mi vida.
—Lo sé, es solo que de verdad quisiera entender qué les da ese tipo si es un verdadero patán. Ahora que me lo pienso mejor debí matarlo. Si a ti que eres un mujerón te trata así ¿Qué le espera a Daniela? Que no es más que una débil criatura.
—Hasta ahora lo vi tal cual es.
—Si no llego, quien sabe de que habría sido capaz ese enfermo.
Patty respiro profundamente.
—Gracias por ayudarme.
—Ya se que no me debes explicaciones, pero…
—Hablemos en otro lugar.
Ambos se subieron a sus respectivos autos y salieron del complejo, sin darse cuenta que eran observados por Emmanuel, aunque no tenía pruebas estaba seguro que ese par estaba liado. Sacó su móvil y le marcó a Daniela, quedaron de verse más tarde.
Lisandro y Patricia llegaron a una playa virgen y solitaria, que quedaba a 40 minutos de la Riviera, caminaron hasta la costa, no había nadie en los al rededor. Después de hacer una llamada a Daniela, donde le comunicaba que rgresaría a la Ciudad de Mexico por asuntos de trabajo, Lisandro centró toda su atención en Patricia, ella se sinceró y le contó todo lo que había pasado con Emmanuel, él la escuchó con atención y sin hacer ningún juicio, ciertamente entendía que ella era una mujer libre que podía hacer lo que quisiera con quien quisiera. Cuando Patricia le contó cuando los descubrió teniendo sexo, la interrumpió.
—Yo los vi varias veces ahí.
—¿Por qué no hiciste nada?
—Por mis hijos. Pensar en ellos hizo que me tragara todo el coraje y porque si somos sinceros, no tengo nada que reclamar, yo también he hecho mis cosas.
—Por los hijos uno tolera muchas cosas, pero no es que te quiera justificar, al menos tus aventuras las tenías lejos de tu familia.
—Así es.
—Cometí un error involucrándome con ese escuincle estúpido…
—No te culpes, si uno supiera que clase de gente tenemos delante evitaríamos muchas cosas, pero es imposible.
—Pero jamás debí prestarme a ese juego.
El viento comenzó a soplar, haciendo ondear su oscura cabellera, Lisandro la encontró más bella y deseable que nunca. Pero saltaron a su mente miles de dudas ¿También había disfrutado estar con ese joven? ¿La habría hecho gozar más que el?
—Tengo una pregunta estúpida.
—¿Cuál?
—¿Es mejor que yo en la cama?
Patty revoleó los ojos ante lo incomodo del cuestionamiento.
—No te voy a responder eso.
—Por favor, quiero entender. Entender porque Daniela me engaña con el. Que tiene el que tanto ella como tú cayeron en sus brazos.
—Son situaciones muy distintas, el morbo se apoderó de mi…sentí cosas que nunca había sentido, pero siempre tuve claro que eso no iba a dar para más.
—¿No sientes nada por él?
—¡Claro que no! Es más, lo que viste fue una discusión a raíz de que lo rechacé. Él me había pedido continuar viéndonos, teniendo una relación más formal, pero jamás estuve interesada, aparte sé que sigue viendo a tu esposa.
La mirada de Lisandro se ensombreció, era un golpe a su ego que su mujer le estuviera viendo la cara.
—El me habló mal de ella y me molesté mucho, quería terminar las cosas bien, pero me demostró quien es en realidad y no quise verlo más. Hoy me abordó en el club y tu pudiste ver como se puso de agresivo conmigo. No volveré ahí jamás.
—Lamento que hayas pasado por eso, pero no es tu culpa. Ejercer tu sexualidad libremente no le da el derecho a nadie a maltratarte.
—Creo que me tocará repetir eso como un mantra.
Lisandro le sonrió y se tomó el atrevimiento de acariciarle el rostro, mientras el aire hacía volar su cabello, mirando fijamente aquellos rasgados ojos, tuvo el impulso de besarla, pero recordaba a cada instante que habían acordado no volver a intimar.
—Ahora soy yo el que se siente culpable.
—¿Por qué?
—Por desearte, por imaginarte juntó a él y que eso me haga desearte más.
Patricia bajó la mirada, luchando contra sus propios instintos, habían quedado en no repetir lo pasado, pero ¿Valía la pena?
—Me iré pronto.
—Eso no me hace feliz.
—Podría dejarte algún recuerdo.
Las olas chocaban empapándoles los pies y de forma lenta casi timida, Patty se acercó un poco más a su rostro, buscando un beso que no solo sería la antesala de una ardiente memoria, sino algo que pretendía dejar huella. Lisandro la tomó entre sus brazos e hizo realidad eso que tanto estaban deseando, se fundieron en un beso, tan especial, difícil de explicar.
Las caricias subidas de todo no se hicieron esperar y las fuertes manos de Lisandro irrumpieron la suavidad del vestido para apoderarse del trasero de Patricia, haciendo a un lado su bañador, buscando llegar tan profundo con la finalidad de excitarla.
—Creo que deberíamos ir a otro lado. –le sugirió ella cuando pudo librarse de sus besos.
—No quiero ir a ninguna parte.
—Pero…podrían vernos.
—Nadie se para por aquí, tu misma viste que es algo complicado llegar. Además, si es la última vez que nos vamos a ver tiene que ser emocionante.
Patty sonrió mientras el morbo se apoderaba de sus sentidos, venciendo el miedo se entregó a la pasión junto a Lisandro y aunque por momentos Braulio venía a su mente, el deseo y el placer que estaba experimentando fueron lo suficientemente fuertes para hacerlo a un lado. Se acostaron en la arena y Lisandro evocó la vez que la había visto de esa manera, cuando se tocó observándola, preso de la excitación decidió confesárselo.
—Te veías tan sensual que no pude resistirme.
—Así como yo no puedo resistirme en este momento.
Se despojaron de la ropa quedando ambos en bañador, mientras las olas rompían contra sus cuerpos, que yacían enredados sobre la arena. Lisandro liberó los pechos de Patty para empezar a degustarlos mientras su mano, de nuevo, hacía un lado el traje de baño para acariciar su vulva, introduciendo sus dedos, de forma tan lenta, pero que ella sentía en cada poro de su piel.
Los besos de Lisandro fueron descendiendo por su cuello, su vientre, apartando de una vez por todas el bañador, dejándola desnuda a merced de sus caricias y del agua combinada con la arena, como tantas veces la había imaginado cuando fantaseaba con poseerla, aquellos besos tan ardientes que le quemaban la piel, derritiéndola en deseo, soltaron todo su potencial hasta llegar a su ingle, a su monte de venus, convirtiéndose en humedad, que lentamente abría sus labios y se adentraba en aquella cueva deseosa de él.
Su cuerpo se arqueaba, disfrutando la humedad de la lengua de Lisando y aunado con el romper de las olas, la hacían vivir un sueño que jamás creyó realizar. Cuando su lengua encontró su botón, el desborde de placer se hizo presente, Patty comenzó su descenso a la locura, aferrada al cabello de Lisandro, estrechando su rostro contra su vagina, disfrutando, pero deseando que no se detuviera ni un instante.
Sus gemidos, casi gritos resonaron por toda aquella playa vacía, solo el mar, el cielo y sus aves eran testigos de aquel encuentro tan intenso. Lisandro succionaba su vagina, consumiendo su energía, llevándola al límite de sus fuerzas, de su cordura y haciendo que todo dejara de existir en ese momento. Un orgasmo acompañado de un potente grito se combinó con el sonido de las olas, haciendo que Patty casi perdiera conciencia, de no ser porque sintió la verga de Lisandro abriendo su vagina lentamente.
—Patty…
Las palabras estaban de más, el placer era demasiado y se incrementaba a medida que el miembro de Lisandro se adentraba más en esa apretada vagina. Sosteniendo sus pechos, comenzó a mover su pelvis lentamente, haciendo sonidos gracias al agua que mojaba sus cuerpos, el ritmo aumentaba y Patty se adentraba en un universo tan desconocido como impresionante, sintiendo las manos de Lisandro aferrarse a sus tetas, masajearlas suavemente mientras su verga la llenaba, como el agua marina los envolvía y ella podía sentirse libre de gritar, ya no le importaba si alguien los veía.
Él abandonó su vagina para ocupar su boca, a lo cual ella accedió de inmediato, colocándose de rodillas ante el, que ya se había puesto de pie, comenzó a lamer su larga verga, desde la base hasta el glande y sin demorar apenas nada la introdujo de golpe a su boca, en una felación que parecía desesperada, sintiendo como la marea subía y las olas eran cada vez más fuertes, impactando su cuerpo, sus pezones erguidos, salpicados por el mar y la arena, mientras su garganta se hinchaba recibiendo el pene de Lisandro, de forma casi violenta, provocándole arcadas que le parecían deliciosas.
—Patty…Patty ¡No se cómo voy a poder vivir sin esto!
Pero ella aumentó el ritmo de la mamada, succionando sus testículos, sintiendo como su verga invadía por completo su garganta. Lisandro se estremecía, y el verla ahí, arrodillada devorando su pene, mientras las olas del mar mojaban su cuerpo, le parecía estar viviendo un sueño, ese sueño que lo acompañó desde que la vio, al fin lo estaba realizando.
Sin decir nada ella se dio la vuelta ofreciéndole su trasero, que él no dudó en aceptar, la penetró frenéticamente, sosteniendo sus enormes nalgas, atrapándolas entre sus manos, sintiendo como su miembro se resbalaba con mucha facilidad, los gemidos, casi gritos de ambos se conjugaban con los sonidos del mar, en una entrega implacable que sería imposible de olvidar para ambos, el orgasmo era inminente y sólo así Lisandro pudo sacar su verga para explotar sobre la suave y morena piel de las nalgas de Patty, que al sentir el calor de su venida pudo terminar ella también. Cayeron exhaustos sobre la arena mientras las olas los cubrían como una manta.
Estuvieron por un rato abrazados, seguían desnudos mientras observaban la puesta de sol, en completo silencio. Él pensaba que sería muy difícil renunciar a esto y regresar a su vida vacía de siempre, Patricia disfrutando el momento y deseosa de repetir experiencias como está pero a lado de nuevas personas, de preferencia libres igual que ella.
—Supongo que esto es un adiós.
—Es lo mejor Lisandro.
Él solo hizo una mueca mientras contemplaba el ocaso.
—Estoy seguro de que no es lo mejor.
Patty se puso de pie y comenzó a vestirse.
—Estas empapada, tengo toallas en el auto.
—Yo también.
Ambos caminaron hasta donde habían dejado los vehículos, el se tomó la libertad de abrazarla, tratando de alargar aun mas esos momentos junto a ella. Ya estando secos y cambiados se dieron la oportunidad de seguir conversando.
—Si estas empeñado en seguir en tu matrimonio entonces por lo menos deberías tratar de arreglarlo.
Lisandro se cruzó de brazos.
—Preguntaste que tenía Emmanuel que tú no…bueno Daniela busca apoyo, respeto, comprensión y es algo que tu no has podido darle del todo.
—Ha tenido todo lo que ha querido Patty.
—El dinero no es suficiente, menos cuando pasas por encima de sus deseos. ¿No has pensado en hablar con ella? Preguntarle lo que realmente desea, si puedes aspirar a su amor. Comenzar a respetarla de verdad, serle fiel. Si te vas a quedar a su lado al menos que valga la pena
—¿No será muy tarde?
—Nunca es tarde y si después de todo esfuerzo de ambas partes siguen siendo infelices tienes que aceptar que lo mejor es separarse.
—Creo que tengo mucho que pensar.
—Así es.
Patricia se acercó a él y tomo sus manos.
—De verdad que ha sido un placer conocerte y pasar estos momentos contigo. Ten por seguro que nunca los voy a olvidar.
—Gracias, para mí el haberte conocido ha sido de lo mejor que me ha pasado.
Ella lo abrazó, tan fuerte como si con eso quisiera transmitirle un poco de su esperanza, de sus ganas de vivir. Para ninguno había sido una aventura y aun cuando Braulio ocupaba un lugar especial en su corazón, no podía negar que Lisandro también había logrado llegar hasta ahí, aunque de forma diferente. Se dieron un beso de despedida, muy tenue pues corría el riesgo que saltaran chispas y quedarían atrapados en aquel lugar tan lejano en el paraíso.
Patty subió a su auto y antes de partir lo escuchó decir:
—Si algún día termino con Daniela ¿Puedo buscarte?
Ella amablemente respondió:
—Ya tienes mi teléfono.
Lisandro miró el auto de Patty alejarse mientras pensaba en voz alta.
—Si me pidieras que dejara a Daniela por estar contigo, lo haría sin pensarlo. Lo haría porque sé que no sería un error.