SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales

SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales

By StarlyComedy
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SOLO PARA ADULTOS X - Voces reales episodes

  • Mi primera experiencia anal.
    Inició un nuevo día frente al mar en aquel paraíso que había usado como refugio tras lo que ella creía era el fracaso más grande de su vida. Por un momento creyó haberse complicado la vida aún más de lo que ya estaba, pero se detuvo un momento para reflexionar, cerrar sus ojos, respirar el aire salado de la brisa y escuchar las olas romper contra la arena de la playa. Todo lo que sale mal en la vida es una oportunidad para volverlo a intentar o para cambiar el rumbo y aunque se sentía triste por saber que no volvería a ver a Braulio, lo tomó como una grata experiencia que no había hecho más que enriquecer su vida.
    Ya no tenía miedo, de ahora en adelante iba a vivir como quisiera y a experimentar todo cuanto deseara. Regresaría a su nuevo hogar, a una nueva etapa, ansiosa de conocer nuevas personas y vivir aventuras que probablemente serían mucho más emocionantes que las que habían tenido lugar en la Riviera Nayarit. Después de pasar todo el día en el agua, resolvió que era momento de irse, tenía hambre y deseaba almorzar en el centro de la ciudad. Recogió sus cosas y se encamino hacia el estacionamiento, cuando Emmanuel le saltó al paso.
    —¿Eres estúpido? –le preguntó, furiosa.
    —Quiero que sepas que no aceptaré una negativa.
    —Por tu propio bien, aléjate de mí.
    —A mi ninguna mujer me ha rechazado y aseguro que no vas a ser la primera.
    El irreverente se le fue encima y la besó a la fuerza
    —¡Suéltame!
    —¿Ahora si quieres que te suelte? Pero ¿qué tal cuando me pedías que diera más? Eres una maldita puta igual que todas las mujeres.
    Emmanuel trató de someterla haciéndole daño, la furia en sus ojos llenó de horror a Patricia, que trataba de liberarse. El joven estaba enfermo de coraje y deseaba vengarse, poco le importaba que estuviera en el trabajo, la humillación que Patty le había hecho pasar lo sacó de sus casillas y estaba dispuesto a hacerlo pagar.
    —¿Qué está pasando aquí? –dijo alguien alzando la voz de manera firme y autoritaria.
    Era Lisandro.
    —Suéltala o te juro que lo vas a lamentar.
    Emmanuel la soltó de forma violenta, Patricia ya había empezado a llorar y se cubría el rostro avergonzada. Lisandro se acercó al muchacho y ambos rivales se miraron frente a frente, imponiéndose, pero sin duda el alfa era él, así que Emmanuel no tuvo más remedio que bajar la guardia y alejarse.
    Lisandro se acercó a Patricia, sin atreverse a tocarla.
    —¿Estás bien? ¿Te hizo daño?
    —No…
    Ambos se quedaron en silencio, al cerciorarse de que ella estaba más tranquila, se animó a reclamar.
    —¿Es enserio? ¿Tú también te estás acostando con ese tipo?
    —No tengo porqué darte explicaciones de mi vida.
    —Lo sé, es solo que de verdad quisiera entender qué les da ese tipo si es un verdadero patán. Ahora que me lo pienso mejor debí matarlo. Si a ti que eres un mujerón te trata así ¿Qué le espera a Daniela? Que no es más que una débil criatura.
    —Hasta ahora lo vi tal cual es.
    —Si no llego, quien sabe de que habría sido capaz ese enfermo.
    Patty respiro profundamente.
    —Gracias por ayudarme.
    —Ya se que no me debes explicaciones, pero…
    —Hablemos en otro lugar.
    Ambos se subieron a sus respectivos autos y salieron del complejo, sin darse cuenta que eran observados por Emmanuel, aunque no tenía pruebas estaba seguro que ese par estaba liado. Sacó su móvil y le marcó a Daniela, quedaron de verse más tarde.
    Lisandro y Patricia llegaron a una playa virgen y solitaria, que quedaba a 40 minutos de la Riviera, caminaron hasta la costa, no había nadie en los al rededor. Después de hacer una llamada a Daniela, donde le comunicaba que rgresaría a la Ciudad de Mexico por asuntos de trabajo, Lisandro centró toda su atención en Patricia, ella se sinceró y le contó todo lo que había pasado con Emmanuel, él la escuchó con atención y sin hacer ningún juicio, ciertamente entendía que ella era una mujer libre que podía hacer lo que quisiera con quien quisiera. Cuando Patricia le contó cuando los descubrió teniendo sexo, la interrumpió.
    —Yo los vi varias veces ahí.
    —¿Por qué no hiciste nada?
    —Por mis hijos. Pensar en ellos hizo que me tragara todo el coraje y porque si somos sinceros, no tengo nada que reclamar, yo también he hecho mis cosas.
    —Por los hijos uno tolera muchas cosas, pero no es que te quiera justificar, al menos tus aventuras las tenías lejos de tu familia.
    —Así es.
    —Cometí un error involucrándome con ese escuincle estúpido…
    —No te culpes, si uno supiera que clase de gente tenemos delante evitaríamos muchas cosas, pero es imposible.
    —Pero jamás debí prestarme a ese juego.
    El viento comenzó a soplar, haciendo ondear su oscura cabellera, Lisandro la encontró más bella y deseable que nunca. Pero saltaron a su mente miles de dudas ¿También había disfrutado estar con ese joven? ¿La habría hecho gozar más que el?
    —Tengo una pregunta estúpida.
    —¿Cuál?
    —¿Es mejor que yo en la cama?
    Patty revoleó los ojos ante lo incomodo del cuestionamiento.
    —No te voy a responder eso.
    —Por favor, quiero entender. Entender porque Daniela me engaña con el. Que tiene el que tanto ella como tú cayeron en sus brazos.
    —Son situaciones muy distintas, el morbo se apoderó de mi…sentí cosas que nunca había sentido, pero siempre tuve claro que eso no iba a dar para más.
    —¿No sientes nada por él?
    —¡Claro que no! Es más, lo que viste fue una discusión a raíz de que lo rechacé. Él me había pedido continuar viéndonos, teniendo una relación más formal, pero jamás estuve interesada, aparte sé que sigue viendo a tu esposa.
    La mirada de Lisandro se ensombreció, era un golpe a su ego que su mujer le estuviera viendo la cara.
    —El me habló mal de ella y me molesté mucho, quería terminar las cosas bien, pero me demostró quien es en realidad y no quise verlo más. Hoy me abordó en el club y tu pudiste ver como se puso de agresivo conmigo. No volveré ahí jamás.
    —Lamento que hayas pasado por eso, pero no es tu culpa. Ejercer tu sexualidad libremente no le da el derecho a nadie a maltratarte.
    —Creo que me tocará repetir eso como un mantra.
    Lisandro le sonrió y se tomó el atrevimiento de acariciarle el rostro, mientras el aire hacía volar su cabello, mirando fijamente aquellos rasgados ojos, tuvo el impulso de besarla, pero recordaba a cada instante que habían acordado no volver a intimar.
    —Ahora soy yo el que se siente culpable.
    —¿Por qué?
    —Por desearte, por imaginarte juntó a él y que eso me haga desearte más.
    Patricia bajó la mirada, luchando contra sus propios instintos, habían quedado en no repetir lo pasado, pero ¿Valía la pena?
    —Me iré pronto.
    —Eso no me hace feliz.
    —Podría dejarte algún recuerdo.
    Las olas chocaban empapándoles los pies y de forma lenta casi timida, Patty se acercó un poco más a su rostro, buscando un beso que no solo sería la antesala de una ardiente memoria, sino algo que pretendía dejar huella. Lisandro la tomó entre sus brazos e hizo realidad eso que tanto estaban deseando, se fundieron en un beso, tan especial, difícil de explicar.
    Las caricias subidas de todo no se hicieron esperar y las fuertes manos de Lisandro irrumpieron la suavidad del vestido para apoderarse del trasero de Patricia, haciendo a un lado su bañador, buscando llegar tan profundo con la finalidad de excitarla.
    —Creo que deberíamos ir a otro lado. –le sugirió ella cuando pudo librarse de sus besos.
    —No quiero ir a ninguna parte.
    —Pero…podrían vernos.
    —Nadie se para por aquí, tu misma viste que es algo complicado llegar. Además, si es la última vez que nos vamos a ver tiene que ser emocionante.
    Patty sonrió mientras el morbo se apoderaba de sus sentidos, venciendo el miedo se entregó a la pasión junto a Lisandro y aunque por momentos Braulio venía a su mente, el deseo y el placer que estaba experimentando fueron lo suficientemente fuertes para hacerlo a un lado. Se acostaron en la arena y Lisandro evocó la vez que la había visto de esa manera, cuando se tocó observándola, preso de la excitación decidió confesárselo.
    —Te veías tan sensual que no pude resistirme.
    —Así como yo no puedo resistirme en este momento.
    Se despojaron de la ropa quedando ambos en bañador, mientras las olas rompían contra sus cuerpos, que yacían enredados sobre la arena. Lisandro liberó los pechos de Patty para empezar a degustarlos mientras su mano, de nuevo, hacía un lado el traje de baño para acariciar su vulva, introduciendo sus dedos, de forma tan lenta, pero que ella sentía en cada poro de su piel.
    Los besos de Lisandro fueron descendiendo por su cuello, su vientre, apartando de una vez por todas el bañador, dejándola desnuda a merced de sus caricias y del agua combinada con la arena, como tantas veces la había imaginado cuando fantaseaba con poseerla, aquellos besos tan ardientes que le quemaban la piel, derritiéndola en deseo, soltaron todo su potencial hasta llegar a su ingle, a su monte de venus, convirtiéndose en humedad, que lentamente abría sus labios y se adentraba en aquella cueva deseosa de él.
    Su cuerpo se arqueaba, disfrutando la humedad de la lengua de Lisando y aunado con el romper de las olas, la hacían vivir un sueño que jamás creyó realizar. Cuando su lengua encontró su botón, el desborde de placer se hizo presente, Patty comenzó su descenso a la locura, aferrada al cabello de Lisandro, estrechando su rostro contra su vagina, disfrutando, pero deseando que no se detuviera ni un instante.
    Sus gemidos, casi gritos resonaron por toda aquella playa vacía, solo el mar, el cielo y sus aves eran testigos de aquel encuentro tan intenso. Lisandro succionaba su vagina, consumiendo su energía, llevándola al límite de sus fuerzas, de su cordura y haciendo que todo dejara de existir en ese momento. Un orgasmo acompañado de un potente grito se combinó con el sonido de las olas, haciendo que Patty casi perdiera conciencia, de no ser porque sintió la verga de Lisandro abriendo su vagina lentamente.
    —Patty…
    Las palabras estaban de más, el placer era demasiado y se incrementaba a medida que el miembro de Lisandro se adentraba más en esa apretada vagina. Sosteniendo sus pechos, comenzó a mover su pelvis lentamente, haciendo sonidos gracias al agua que mojaba sus cuerpos, el ritmo aumentaba y Patty se adentraba en un universo tan desconocido como impresionante, sintiendo las manos de Lisandro aferrarse a sus tetas, masajearlas suavemente mientras su verga la llenaba, como el agua marina los envolvía y ella podía sentirse libre de gritar, ya no le importaba si alguien los veía.
    Él abandonó su vagina para ocupar su boca, a lo cual ella accedió de inmediato, colocándose de rodillas ante el, que ya se había puesto de pie, comenzó a lamer su larga verga, desde la base hasta el glande y sin demorar apenas nada la introdujo de golpe a su boca, en una felación que parecía desesperada, sintiendo como la marea subía y las olas eran cada vez más fuertes, impactando su cuerpo, sus pezones erguidos, salpicados por el mar y la arena, mientras su garganta se hinchaba recibiendo el pene de Lisandro, de forma casi violenta, provocándole arcadas que le parecían deliciosas.
    —Patty…Patty ¡No se cómo voy a poder vivir sin esto!
    Pero ella aumentó el ritmo de la mamada, succionando sus testículos, sintiendo como su verga invadía por completo su garganta. Lisandro se estremecía, y el verla ahí, arrodillada devorando su pene, mientras las olas del mar mojaban su cuerpo, le parecía estar viviendo un sueño, ese sueño que lo acompañó desde que la vio, al fin lo estaba realizando.
    Sin decir nada ella se dio la vuelta ofreciéndole su trasero, que él no dudó en aceptar, la penetró frenéticamente, sosteniendo sus enormes nalgas, atrapándolas entre sus manos, sintiendo como su miembro se resbalaba con mucha facilidad, los gemidos, casi gritos de ambos se conjugaban con los sonidos del mar, en una entrega implacable que sería imposible de olvidar para ambos, el orgasmo era inminente y sólo así Lisandro pudo sacar su verga para explotar sobre la suave y morena piel de las nalgas de Patty, que al sentir el calor de su venida pudo terminar ella también. Cayeron exhaustos sobre la arena mientras las olas los cubrían como una manta.
    Estuvieron por un rato abrazados, seguían desnudos mientras observaban la puesta de sol, en completo silencio. Él pensaba que sería muy difícil renunciar a esto y regresar a su vida vacía de siempre, Patricia disfrutando el momento y deseosa de repetir experiencias como está pero a lado de nuevas personas, de preferencia libres igual que ella.
    —Supongo que esto es un adiós.
    —Es lo mejor Lisandro.
    Él solo hizo una mueca mientras contemplaba el ocaso.
    —Estoy seguro de que no es lo mejor.
    Patty se puso de pie y comenzó a vestirse.
    —Estas empapada, tengo toallas en el auto.
    —Yo también.
    Ambos caminaron hasta donde habían dejado los vehículos, el se tomó la libertad de abrazarla, tratando de alargar aun mas esos momentos junto a ella. Ya estando secos y cambiados se dieron la oportunidad de seguir conversando.
    —Si estas empeñado en seguir en tu matrimonio entonces por lo menos deberías tratar de arreglarlo.
    Lisandro se cruzó de brazos.
    —Preguntaste que tenía Emmanuel que tú no…bueno Daniela busca apoyo, respeto, comprensión y es algo que tu no has podido darle del todo.
    —Ha tenido todo lo que ha querido Patty.
    —El dinero no es suficiente, menos cuando pasas por encima de sus deseos. ¿No has pensado en hablar con ella? Preguntarle lo que realmente desea, si puedes aspirar a su amor. Comenzar a respetarla de verdad, serle fiel. Si te vas a quedar a su lado al menos que valga la pena
    —¿No será muy tarde?
    —Nunca es tarde y si después de todo esfuerzo de ambas partes siguen siendo infelices tienes que aceptar que lo mejor es separarse.
    —Creo que tengo mucho que pensar.
    —Así es.
    Patricia se acercó a él y tomo sus manos.
    —De verdad que ha sido un placer conocerte y pasar estos momentos contigo. Ten por seguro que nunca los voy a olvidar.
    —Gracias, para mí el haberte conocido ha sido de lo mejor que me ha pasado.
    Ella lo abrazó, tan fuerte como si con eso quisiera transmitirle un poco de su esperanza, de sus ganas de vivir. Para ninguno había sido una aventura y aun cuando Braulio ocupaba un lugar especial en su corazón, no podía negar que Lisandro también había logrado llegar hasta ahí, aunque de forma diferente. Se dieron un beso de despedida, muy tenue pues corría el riesgo que saltaran chispas y quedarían atrapados en aquel lugar tan lejano en el paraíso.
    Patty subió a su auto y antes de partir lo escuchó decir:
    —Si algún día termino con Daniela ¿Puedo buscarte?
    Ella amablemente respondió:
    —Ya tienes mi teléfono.
    Lisandro miró el auto de Patty alejarse mientras pensaba en voz alta.
    —Si me pidieras que dejara a Daniela por estar contigo, lo haría sin pensarlo. Lo haría porque sé que no sería un error.
    7 min
  • Sexo en la boda.
    Me desplacé a Zamora a la boda de mi sobrino. En principio no pensaba ir, pero la insistencia de mi hermana en que se casaba su único hijo y quería tener a su única familia cerca, me fue imposible negarme.
    Por entonces yo no estaba en mi mejor momento anímico. Hacía tres meses que Carlos, mi ex, me había dejado para irse a vivir con una chica casi veinte años más joven que él. Me destrozó el corazón y el que siempre pensé que sería mi futuro, envejecer juntos soportándonos las manías de cada uno.
    Llegué a Zamora sobre las doce de la mañana después de dos horas conduciendo. Me dirigí al hotel donde había reservado mi hermana habitaciones para todos los desplazados por parte de mi sobrino. Nada más llegar al hotel la llamé por teléfono y bajó enseguida.
    Me registré en recepción y subí a la habitación. Habíamos quedado a los dos de la tarde para comer junto a otros invitados y así conocernos antes de la ceremonia. Me gustó la idea porque no me apetecía nada aparecer en la boda sin conocer prácticamente a nadie. Nosotras somos solo dos hermanas y no frecuentamos las mismas amistades.
    A la hora acordada bajé al restaurante y me encontré a mi sobrino en la barra rodeado de gente e invitando a todo el mundo. Me pidió un vino blanco frío y un tal Fede me lo acercó de la barra y me lo entregó con una reverencia exagerada. Yo que no me cortó un pelo cuando la ocasión lo merece y le pregunté que si siempre era tan servicial.
    Me miró con una sonrisa de medio lado y me guiño un ojo. Ambos nos reímos con los demás, que no se habían perdido la escena. En ese momento apareció mi hermana y se encargó de presentarme a todos los presentes. Al llegar el turno de Fede, alguien le dijo con segundas que ya nos conocíamos y todos volvimos a reírnos.
    Nos habían preparado una mesa para comer en el jardín que daba acceso a la piscina. Al parecer el tal Fede y yo éramos los únicos que habíamos acudido solos a la boda y mi hermana tuvo la feliz idea de sentarnos juntos y proponernos acudir juntos a la ceremonia, con el fin de no sentirnos desplazados.
    La comida fue amena y ligera. Al acabar casi todos se fueron a sus habitaciones a ultimar sus preparativos, trajes, maquillajes, pelos. Lo de siempre. Yo no tenía que hacer hasta la hora de salir del hotel camino de la iglesia, salvo ducharme antes de vestirme. Había pensado maquillarme lo mínimo y el pelo corto no necesitaba ningún tratamiento especial.
    Le pedí un whisky al camarero aduciendo que era un digestivo, cuando ya empezaban todos a abandonar la mesa. Fede pidió otro aduciendo que no iba a permitir que su pareja de boda se quedara sola bebiendo. Sobre todo, con la cantidad de buitres que hay al acecho esperando a que me quedase sola para atacar, dijo en plan de guasa.
    Le respondí con una sonrisa. Era un chaval majo y nada cortado. Era intimó amigo de mi sobrino y había aceptado su papel de compañía de una carcamal que podía ser su madre, como yo. La verdad es que bien mirado era un chico atractivo y pensé liberarle de su compromiso en cuanto acabáramos de cenar. Seguro que entre las invitadas encontraba a alguna dispuesta a distraerse con algo más que una conversación agradable.
    Ya eran las cinco cuando decidimos marcharnos a las habitaciones a darnos una ducha y vestirnos para la ocasión. La ceremonia era a las siete y a la iglesia había que ir en coche. Al despedirnos en el pasillo del hotel, descubrimos que las habitaciones estaban enfrente una de otra. Me besó la mano con guasa y me dijo que a las seis y media me esperaba en el hall del hotel. Total, no había necesidad de llevar dos coches. Lo que agradecí.
    Cuando llegué al hall me estaba esperando. El cambió de ropa de pantalones cortos y camiseta al traje azul marino que llevaba, le hizo ganar muchos puntos físicamente. Ceremonioso, se llevó la mano a la cabeza, se frotó el pelo y silbó bajito al verme, como con admiración. A continuación, me tendió el brazo y me cogí de él. Ya de camino al aparcamiento le dije que se estaba tomando muy en serio lo de ser mi pareja de boda. Con el mismo tono de guasa, me dijo qué hasta las últimas consecuencias, porque estaba encantado con la pareja que le había tocado en suerte. Esta vez sí que nos reímos con ganas.
    Llevaba una falda ajustada hasta justo por encima de la rodilla. Una vez sentada en el coche, era inevitable que se me subiera un poco, lo justo para llamar la atención de Fede, al que pillé más de una vez con la mirada clavada en mis piernas. Le dije que prestara atención al tráfico, no fuéramos a tener un accidente. Sin ningún tipo de rubor, me dijo que era inevitable mirarme las piernas.
    - No todos los días tiene la suerte que yo ahora mismo de vislumbrar un par de piernas como las tuyas. Remató para que no quedaran dudas de donde estaba mirando.
    Llegamos a la iglesia y al salir del coche vino a abrirme la puerta para que saliera. Una vez en la calle, me volvió a ofrecer el brazo para que me agarrara y accedí divertida. No era normal tanta atención por parte un chaval joven con un vejestorio como yo, salvo que lo hiciera en plan de guasa. Sobre todo, cuando me cogí de su brazo y con otra mano me cubrió la mía y me la acarició. Fue un gesto cariñoso que me gustó, lejos de incomodarme. Me empezaba a caer, de verdad, bien el chico.
    Salimos de los primeros de la iglesia y nos fuimos con otros invitados a tomar una cerveza a un bar de enfrente. En todo momento estuvo pendiente de mí, como si de su pareja real se tratara. Media hora más tarde nos montábamos de nuevo en el coche para volver al hotel, donde se celebraba el banquete. Esta vez tuve buen cuidado de que la falda quedará unos diez centímetros más arriba que a la ida.
    Fede fue consciente de me la había subido deliberadamente. Me miró descaradamente los muslos y luego a la cara. Yo le sonreí. Las cartas estaban boca arriba y yo expectante de su reacción. Me miró intensamente a los ojos y se fue acercando a mi cara. Me dijo que se me iba a correr el pintalabios si me basaba. Fui yo la que le besó.
    Fue un beso suave en los labios, apenas rozándoselos. La verdad es que ninguno hicimos intención de separarnos y aquello estaba durando demasiado. Cuando noté la punta de su lengua pasándome por los labios, no pude evitar la tentación de abrir la boca invitándole a que me la invadiera, a la vez que mi lengua ya avanzaba hacia la suya. El beso acabó con mi lengua entre sus labios mientras me la retenía chupándomela.
    Al separarnos hundí la cara en su cuello y me quedé unos instantes sin moverme. El tiempo suficiente para notar su mano desabrochándome el botón superior de la camisa y entrando dentro del sujetador. Fue una simple caricia en el pecho y al comprobar que no le rechazaba, busco el pezón y lo presionó, primero suavemente, luego con más fuerza. Por mi parte, me hubiera encantado que me lo retorciera allí mismo. Estaba excitada y hacía demasiado tiempo que no me sentía así.
    Le dije que arrancara o nos quedaríamos allí mismo toda la tarde. No es que me importe, le dije. Pero estamos en una vía pública y nos pueden detener por escándalo, añadí. Su reacción fue besarme de nuevo, con ansia, esta vez con la boca totalmente abierta como si intentara devorarme entera allí mismo.
    Arrancó y miró la hora en la pantalla del coche. Eran las ocho y cuarto y la cena era a las nueve y media. Antes había un coctel para ir recibiendo a los invitados que duraría al menos media hora. Me miró y me dijo que teníamos al menos una hora antes de la cena y quería aprovecharla al máximo. Sabía a lo que se refería y asentí levemente con un movimiento afirmativo de cabeza. El coche era automático, lo que le permitió ponerme la mano derecha en el muslo mientras conducía.
    No tardamos en llegar al hotel. Para entonces su mano había ascendido por mi muslo hasta el vértice superior y había salvado la cinturilla de las bragas. Sus caricias en el clítoris me estaban volviendo loca y me preguntó si quería que me hiciera acabar allí mismo o prefería esperar a llegar a la habitación. Mi respuesta fue bien franca. Le dije que nos diéramos prisa en subir a la habitación y que aquello solo podía ser un preliminar.
    Me iba directamente a recepción a pedir mi llave cuando me sujetó del brazo y me llevó directamente al ascensor, enseñándome la llave que llevaba en el bolsillo. Nada más cerrarse las puertas, nos atacamos mutuamente devorándonos las bocas. Su mano tocándome de nuevo con la falda subida y yo apretando su miembro por encima del pantalón.
    Entramos a su habitación y la ropa voló inmediatamente. Me tumbó en la cama boca arriba y se puso encima de mí. Su polla buscó entre mis piernas y cuando localizó la abertura se metió dentro. Dos embestidas fueron suficientes para que yo me corriera, mientras que él seguía con el rabo erguido y bien duro.
    Le dije que quería chupársela y se le iluminó la cara. Me la sacó y se colocó de rodillas junto a mi cara. Se la cogí con la mano y mirándole a los ojos me la fui metiendo poco a poco hasta la garganta. Hacía mucho tiempo que no sentía el sabor de mi sexo en mi propia boca, junto el del líquido preseminal de Fede, lo que indicaba que no le faltaba demasiado para correrse.
    Le dije que se pusiera de pies en el suelo para poder comérsela comodamente. Yo me puse en cuclillas delante de él y me la volvía meter en la boca. Estaba deseando volver a sentir una polla dentro de la garganta. La última que tuve fue la del gilipollas de mi ex marido y eso había que remediarlo.
    Su sorpresa fue mayúscula cuando notó que tenía la punta presionándome la garganta y yo le empujé aún más hacia dentro. Ya dentro agité brevemente la cabeza hacia delante y hacia atrás, follándome literalmente la boca. Tarde poco en quedarme sin aire y tuve que retirarme para respirar. Le saboreé el capullo y volví a metérmela entera, volviendo a perder la posibilidad de respirar.
    Esta vez al sacármela esperó a que cogiera aire y me sujeto la cabeza. Volvió a metérmela justo hasta el límite de la garganta y supe que se iba a correr. Le presioné el pene con la lengua sobre el paladar y empecé a follarle. Enseguida noté el sabor acido de su corrida y seguí follándomelo y tragando hasta que ya no le salía nada.
    Me ayudó a incorporarme y volvió a tumbarme en la cama. Esta vez se colocó al revés sobre mí, me abrió las piernas y hundió la lengua en mi sexo. Busqué su pene y me lo metí en la boca, aún le salían gotas y las disfruté con la polla flácida. Era una delicia poder chupársela a placer estando blandita. En esas estaba cuando me tensé y me corrí con su lengua maltratándome el clítoris. Fue tan intenso y tan insistente que le tuve que retirar bruscamente, antes de que me matara de tanto placer.
    El pene se le había puesto un poco morcillón y le pregunté si quería que se la chupara de nuevo. Me dijo que prefería esperar a la noche porque estaba dispuesto a follarme tantas veces como fueran necesarias hasta que me meara de gusto. Le miré abriendo los ojos descaradamente y le dije que echó y que esperaba que cumpliera su palabra. Nos dimos una ducha rápida y bajamos al salón donde se celebraba la cena.
    Después de la cena abrieron unos paneles corredizos de un lateral y quedó al descubierto la zona de baile con una orquesta local, donde tocaba el hermano de la novia. Nos sirvieron unas copas de champagne y brindamos por los novios. Estos salieron a la pista y bailaron un vals bastante torpe. Cuando dieron entrada a los invitados, Fede me cogió de la cintura y cuando me quise dar cuenta estábamos en medio de la pista.
    Yo lo había bailado mediamente bien cuando practicaba bailes de salón en mi juventud. Para nada quería significarme delante de todos los invitados, cuando mi intención era desaparecer de allí lo antes posible para encamarme con él. Sin embargo, ocurrió todo lo contrario. Él era un gran bailarín y me desplazaba por la pista como si yo no tocara el suelo. Fuimos el centro de atención de todos los invitados. Más tarde me enteré que había sido un ruego de mi hermana a Fede, sabiendo que él era un gran bailarín y yo lo hacía muy bien cuando lo bailaba con mi padre en las celebraciones familiares.
    Tantas fueron las felicitaciones que decidí salir al jardín para evitarlas y me apoyé en una barandilla, distraída con el paisaje. Fede vino detrás de mí y se colocó a mi espalda. Antes de que me tocara ya sabía que estaba allí por su olor, era inconfundible. Se apoyó con su sexo sobre mi trasero y me presionó. Sus manos rodearon mi cintura y fueron directas a mis pechos, por encima de la camisa. Cuando me besó el cuello pasándome la lengua, una corriente eléctrica se desató en mis entrañas y froté los muslos para incrementarla.
    Ambos decidimos que ya habíamos hecho demasiado acto de presencia y ya era prudente desaparecer de la celebración. Por precaución, envíe un mensaje a mi hermana diciéndole que estaba bien acompañada por un invitado y me iba a pasar la noche entera follando. Incluí que no me hiciera preguntas y que ya le contaría al día siguiente. Cinco minutos más tarde recibí su contestación diciendo que disfrutara.
    Esta vez si pasé por recepción para recoger mi llave. Al llegar al piso, Fede sacó la llave de su bolsillo. Le dije que prefería la mía porque me iba a sentir más cómoda y no tendría que salir a media noche de la habitación a hurtadillas para irme a la mía. Me dijo que estaba bien, pero que no pensaba salir de mi cama hasta por la mañana para recoger sus cosas antes de abandonar el hotel.
    Esta vez nos fuimos directamente a la ducha. Fede se empeñó en comerme entre las piernas antes de lavarme. Me quería con todos mis olores y sabores. Le advertí que a veces se me escapa un poco de orina al excitarme y era mejor que orinara antes. Sin hacerme caso se arrodilló en el suelo de la bañera y me dijo que pusiera un pie en el borde. Me giró un poco para sepárame los muslos y hundió la cara en laraja.
    Con una lengua en el clítoris y dos dedos en la vagina consiguió que me corriera enseguida. No me dio tregua y siguió estimulándome, solo que esta vez me metió dos dedos en el culo y empezó a follármelo. Le presión hizo que se me dispararan las ganas de orinar y le pedí que por favor parara. El muy cerdo incremento las penetraciones y me obligó a orinarme encima. Bueno encima suyo, porque nada más empezar a salir el líquido, desplazó la lengua hacia abajo y me presionó el meato.
    Miré hacia abajo y la escena era para grabarla. Yo meándome en su cara y el con la lengua intentando taponarme la salida, lo que hacía que se desparramara en todas direcciones. No se lo que fue, si me corrí realmente, si fue el placer de vaciarme o el morbo que me produjo. Lo que si puedo asegurar es que fue de los mejores orgasmos de mi vida.
    De detuvo antes de abrir el grifo y me dijo que me agachara y no me moviera para no mojarme la cara. Apuntó la polla a mis pechos y empezó a mearse encima de mí. No era la primera vez que jugaba a esto. Con mi ex lo practicábamos de vez en cuando y me encantaba sentirme sucia con él, antes de que me follara por delante o por detrás. Justo en el momento que se la sacudía para sacar las últimas gotas, me la metí en la boca y acabé de vaciarle. Al incorporarme me besó en la boca.
    Nos duchamos uno a otro y salimos del baño envueltos en toallas. Llamé a recepción y pedí que me cantaran la carta de champanes que tenían. Elegí un Clicot francés y le dije a la recepcionista que me subieran una botella bien fría y dos copas.
    Diez minutos más tarde tocaron a la puerta. Fede se metió en el baño para que no le vieran y yo me tapé con un albornoz. Al abrir una chica joven con un carrito estaba en la puerta. La di diez euros de propina, metí el carrito y cerré la puerta. Fede cogió la botella y según la estaba descorchando, me dijo que pidiera otras dos botellas más. Pensé que era demasiado, pero no me preocupó porque iba a pagar mi hermana. Levanté le teléfono y pedí otras dos botellas, cada una en un cubo con hielo.
    Sirvió dos copas y brindamos. Al segundo sorbo me dijo que me sentara en la cama, me inclinó hacia atrás y me beso el pubis. Dejó salir el líquido de su boca encima de mí y luego me lamió entera. Aún estaba bastante frío y la sensación del calor después, al lamerme, fue tremendamente sensual.
    Me incorporé, le metí la polla en mi copa y luego se la chupé. Repetí varias veces la misma operación hasta que cogió la suya y me dijo que brindara. Nos las acabamos de un solo tragó y luego me giró. Me inclinó la espalda hacia delante para que apoyara las manos y separé los pies para dejarle el mejor acceso posible. Inmediatamente después sentí como me penetraba desde atrás hasta que las pelotas rebotaron en mis muslos.
    Me trató como un animal. Embestía con todas sus ganas y en cada empujón me sentía desgarrada por dentro. Al poco noté algo húmedo en la entrada anal. Me estaba poniendo saliva. Me la sacó y sin ningún tipo de cuidado me la metió por detrás. Me dolió, me dolió mucho, pero no por eso le dije que la sacara. Sabía por experiencia que enseguida se pasaría el dolor y daría lugar a un exquisito placer. Así fue. Enseguida empecé a disfrutar de su polla deslizándose en el recto, invadiéndome los intestinos y tensándome la piel de la entrada. Tan solo tuve que tocarme un poco con la mano para correrme de nuevo.
    No me importaba que se corriera dentro del culo, pero la verdad es que prefería que lo hiciera en la boca. Tampoco era cosa de chupársela directamente del culo, ni ponerme a limpiársela antes de chuparsela. Así que me metí sus pelotas en la boca y un dedo en su ano. Con la otra mano le masturbé hasta que estuvo a punto de correrse. Entonces abrí todo lo que pude la boca para que se corriera dentro, sin chupársela. Era puro elixir de juventud, nunca mejor dicho.
    Se fue al baño y se lavó la polla, consciente de que así no se la iba a volver a chupar. Al volver me vació lo que quedaba en la botella por encima y me limpió con la lengua, poniéndome otra vez cachonda. La verdad es que él estaba haciendo tiempo para recuperarse y poder empalmarse de nuevo. Consiguió hacer que me corriera una vez más chupándome el clítoris y nos relajamos bebiendo un par de copas.
    Cuando su pene dio muestras de empezar a revivir con mis caricias, me dijo que quería follarme como lo hacen los amantes. Ante mi extrañeza, no sabía a qué se refería, me dijo que me tumbara boca arriba y él lo hizo sobre mí. Me pidió que levantara las piernas y me metió dentro. Me lo hizo al estilo misionero, el más antiguo del mundo. Fue un polvo lento, buscando todos los sentidos que nos proporcionaba la lenta fricción de los sexos. No fue un polvo explosivo, pero si suave y tierno. La verdad es que después del polvo anterior lo agradecí y fue una sensación agradable notar cuando se corrió dentro de mí.
    Se tumbó de medio lado junto a mí y empezó a jugar con mis pechos. Habían sido los grandes olvidados hasta ese memento y yo estaba deseando que me los estimulara. Los tenía duros y los pezones de punta, como si estuvieran llamando la atención.
    Con dos dedos empezó a girarme el pezón, como si buscara una emisora concreta en el dial de una radio antigua. De vez en cuando lo estrujaba y después cambiaba de pezón para estimularlo de la misma manera. Poco a poco las caricias iban tomando otro cariz distinto. Me estrujaba los pezones y tiraba hasta que le pedía que parara, lo que ocurría cada vez más tarde, porque soportaba más el dolor.
    Me dijo que me sentara en la cama sobre mis pies. Me hizo poner las manos en la espalda y me dio una bofetada en un pecho. A continuación, me pasó la lengua por el pezón y lo acarició con los dientes. Repitió la misma operación sobre el otro y empezó de nuevo. Con cada golpe sentía como un pinchazo e inmediatamente una exquisita sensación placentera. Ya con los pechos rojos me los regó con champan helado y casi se me corta la respiración de la impresión.
    Estaba muy cerca de volver a correrme y quise retardarlo lo más posible. Seguramente sería el último orgasmo de la noche porque no seriamos capaces de aguantar mucho más, ninguno de los dos. Empecé a chuparle las tetillas. Primero despacito y poco a poco empecé a morderle. Cada vez que apretaba los dientes en torno a su pezón se estiraba y me pedía más.
    Nos pusimos en la cama de forma que podíamos chuparnos los pechos uno a otro. Al principio el juego era muy sensual, pero la excitación iba en franco aumento y cada vez ambos éramos más agresivos. Trepó encima de mi hasta ponerme la polla en la boca y la suya en mi clítoris. Empezamos a chuparnos los sexos pellizcándonos los pezones simultáneamente.
    Ambos doloridos y sin ceder, nos resistíamos a corrernos para que no acabara nunca lo que estábamos haciendo. Supe cuando se iba a correr porque me estrujó de tal manera los pezones que se me saltaron las lágrimas. En el momento que descargó en mi boca le clavé las uñas y me corrí con él.
    Estábamos agotados y con el cuerpo dolorido. Tenía la sensación de que ya no era capaz dar más de mí. Como siempre, después de la tempestad viene la calma. Para mi la calme fue unas ganas tremendas de orinar y no me sentía con fuerzas en ese momento ni para levantarme.
    Me abandoné y empecé notar el liquido caliente sobre mi cuerpo. Era consciente de que le estaba mojando. Enseguida noté liquido caliente sobre los pechos y era evidente que no podía ser mío. También él se estaba de vaciando sobre mí. Cuando ambos acabamos, me besó el pubis y le besé el capullo.
    Cogió la botella abierta y me la escanció a la altura de las caderas. Era increíble la sensación de frío sobre el sexo tan caliente. Aún me arrancó un leve orgasmo ahogado con su lengua chupando el champan.
    Nos incorporamos como pudimos y me dijo que en esa cama era imposible dormir, estaba chorreando. Me tendió el albornoz y él se puso la toalla de ducha alrededor del cuerpo. Tan solo cogió la llave de su habitación, se asomó al pasillo y me dijo que esperara a que la abriera. Me deslicé a su cuarto como si fuéramos delincuentes y cerramos la puerta. Nos despojamos de la ropa que habíamos utilizado, abrimos la cama y nos tumbamos agotados. Aún le escuche roncar antes de caer dormida. Estaba agotada.
    Unos besos en los pechos me despertaron. Donde persistía el dolor por los excesos de la noche anterior. Aun así, era excitante despertarse con caricias en ellos. Me dijo que había pedido el desayuno de las dos habitaciones en la suya y estaba a la espera de que llamaran a la puerta. Me incorporé como pude y me fui a la ducha, con un azote cariñoso que me dio en el culo y que me hizo revivir la noche pasada.
    Después del desayuno le dije que me encantaría que me follara de nuevo, pero sinceramente ninguno teníamos cuerpo para un asalto sexual. Se ofreció a chuparme lentamente y cuando decliné el ofrecimiento, vi en su cara el alivió. Los dos sabíamos que era hora de dejarlo.
    Me puse al albornoz, me besó los labios y me dijo que salía para Madrid en cuanto recogiera. Tenía una comida ineludible en casa de sus padres. Me hubiera gustado poder marcharme también, pero tenía comida familiar en casa de los padres de la novia y alguna cosa que contarle a mi hermana, sobre todo pedir disculpas por la que le iban a montar en el hotel cuando descubrieran el estado de la cama.
    6 min
  • Engaño a mi prometido.
    Son las seis de la mañana, lo sé porque al mirar hacia la ventana veo como los rayos del sol se asoman a través de las nubes: está nublado y eso significa que el amanecer está perfecto para mis intenciones, si bien me choca despertar antes de que suene mi alarma. Pero bueno, alguien necesita hacer un poco de ejercicio y no tengo escapatoria.
    Lo olvidaba, mi nombre es Ana, mido 1.65, soy de complexión delgada, no en los huesos, aclaro, pero el par de redondas y paradas nalgas y unas tetas 32B que se ajustan perfecto a mi figura hacen que me defienda, la naturaleza me brindó un buen cuerpo y no lo puedo negar. Tengo 18 años, y a pesar de lo anterior es sorprendente que no sea como las demás chicas de mi edad que andan en busca del amor y un príncipe azul. Yo soy más honesta y reconozco que le doy preferencia al sexo: simplemente me fascina, tanto que creo sentir una especie de adicción por las vergas, tan es así que ya llevo probadas como 10 jajaja ¿me pasó, no? Sin embargo, no piensen mal: lo hago por ese cierto placer que se vuelve indescriptible, no por fácil.
    Y retomando el tema, me gustaría contarles lo que me pasó ese día nublado. Era un sábado concretamente, y me levanté con pocas ganas de correr, la verdad. Ante ello, y a manera de motivación, me di una breve ducha y posteriormente me dispuse a vestirme de manera cómoda, porque no tenía la intención de ver a nadie en ese rato: Ya estaba por salir de mi casa, cuando me llegó un mensaje de Tony, un chico de la Uni al cual me había estado acercando desde hacía unas semanas, porque honestamente está que se cae de bueno, con su 1.85 de estatura, músculos definidos, cabello negro corto, y unos ojos que te derriten. Era una de las presas que me faltaba por comer jajaja y solo esperaba el momento adecuado para convertirlo en el número once. En fin.
    La razón de su mensaje era saber qué haría ese día, a lo que contesté que iría a correr, explicándole mi ruta: bajaría por el camino empedrado del cerro cercano a mi casa, hasta llegar a la playa; y él, como vive cerca de aquí y obviamente es aficionado al ejercicio, se apresuró a ofrecerse como acompañante, diciendo que era un lugar solitario y que era mejor que no anduviera sola. Gustosa le dije que sí. Sentía que era la oportunidad que esperaba.
    En consecuencia, decidí modificar mi atuendo para llamar su atención: opté por un mini short de color negro que enmarcaba mis piernas torneadas y mis labios vaginales, además de resaltar mis bien formados glúteos, y por debajo de este una tanga de hilo, para que se volviera más notoria la separación entre mis pompas; acompañado de un sostén deportivo que, al correr y sentir el roce del viento, suele producir que mis pezones se pongan duritos, situación que robaba las miradas de algunos chicos que pasaban cerca de mí. Estaba confiada en que este outfit no pasaría desapercibido para Tony.
    Quince minutos después, él llegó a mi casa, vestido con un pantalón deportivo y una playera de resaque, gracias a la cual pude admirarlo: por una parte, me recreé con sus grandes músculos; y por otra, discretamente dirigí mi vista hacía el paquete que se le notaba quizá más de lo debido en ese pants; situación que me hizo sonreír e imaginar cositas ricas. Para no verme más obvia, le hice la plática y luego le dije que nos fuéramos, porque se nos haría tarde.
    Una vez estuvimos en el principio del tramo que recorreríamos, me coloqué mis audífonos y luego estiré un poco mis piernas y espalda tocando las puntas de mis pies con mis dedos, y ahí pude notar a Tony viendo mis nalgas, tensas por el calentamiento que hacía. Y a su vez, verlo desde abajo hizo que cruzara por mi mente que podríamos hacer un 69 perfecto: su cara hundida entre mis nalgas, degustando con su lengua los fluidos de mi húmeda panocha, a la par que me metería un dedo por mi agujerito de atrás; y a su vez yo me comería la cabeza de esa reata mientras que con una de mis manitas le haría una puñeta, y con la otra sobaría esos huevos cargados de tibia leche. Qué rico sería eso. Cuando me percaté que otra vez soñaba despierta, le sugerí que se estirara igual, y él rápidamente se volteó y comenzó a estirar sus largas piernas.
    Tras el calentamiento, empezamos a trotar por algunos metros, cada quien en lo suyo, y de repente me detuve al escuchar el estruendoso ladrido de un perro que estaba en una de las casas que acabábamos de cruzar, y eso nos desconcentró, y antes de comenzar a trotar nuevamente pudimos notar que del otro lado de la acera, y como si nos hubiese dicho a ambos «hey, aquí estoy», venía una chica, la cual podría ser descrita como gordibuena: medía alrededor de 1.60, piernas torneadas, aunque no tanto como las mías, grandes tetas, quizás una copa 34C, pero lo más extraordinario era por mucho su formidable culo.
    Era imposible no voltear a ver ese leggings azul tan ajustado que portaba, ya que parecía que de un momento a otro se iba a romper por tanta carne: sus nalgas eran enormes, considerablemente más grandes que las mías, incluso más paraditas y redondas, tanto que debo admitir que provocaban darles una buena nalgada jajaja y para acabarla, la prenda era semitransparente, tanto que era posible ver la minúscula tanga del mismo color, supongo para no desentonar. Vaya que fue impresionante, deberían haberla visto. Se notaba con total claridad cómo semejante culote devoraba la tanga como si tuviera hambre. Digo, no me gustan las chicas, pero negar que era atractiva hubiera sido una mentira, debo reconocerlo.
    En ese momento me dije «si tú estás pensando esto, ¿qué podría estar pensando Tony?» e inmediatamente volteé a verlo y sí, su mirada estaba fija en ese par de carnosos glúteos, y al mirar debajo observé su verga, estaba totalmente erecta abultando su pants como si una carpa de circo se tratara. Ante tal visión, mi mente me hizo una mala jugada, ya que por un motivo que ignoro, imaginé a Tony desnudo cogiéndose a la Chica Tanga: en mi fantasía él la tenía de perrito, bien sujeta de esas caderas tan anchas que tiene, abriendo lo posible ese par de nalgotas de infarto para ver cómo le dejaba ir sus 20 centímetros de gruesa, cabezona y erecta reata, por la estrecha y cremosa panocha de la muchacha. Juraría que escuchaba el golpeteo de sus huevos contra el enorme trasero de la joven, aunado a los gemidos de placer ahogados de ella y el sonido, más parecido a un gruñido, de él. ¿Por qué mi mente recreó esa escena entre ellos en lugar de nosotros? es un misterio.
    De pronto, Tony volvió en sí y me preguntó si todo estaba bien, a lo que contesté con un escueto «sí», y lejos de evitar el tema, en automático le comenté: «¿viste que nalgona está la muchacha? Hasta le rebotan de lo grandotas que las tiene, y creo haberle visto la tanguita también. Apuesto a que se te antojó, ¿no? Jajaja», a lo que él respondió con risas nada más. Supongo que quiso aparentar que no vio, pero su bultote lo contradecía. Pasado ese momento, decidimos proseguir con la rutina, ya que aún nos faltaba un gran tramo para llegar a la playa.
    Como nos detuvimos por ese instante, ella nos rebasó, así que por unos minutos fuimos tras de ella, y el casi hipnótico movimiento de esos glúteos siguieron siendo un distractor para ambos: él mantuvo, descaradamente, un paso más lento del que suele hacer, ni siquiera disimuló; y a su vez, yo me preguntaba «¿qué tengo que hacer para aprovechar su calentura y que me coja de una vez por todas?». Y así continuamos hasta que ella se quedó en un mirador, descansando y estirándose un poco, y nosotros nos enfilamos, ya a velocidad normal, hacía nuestro destino, la playa.
    Llegando ahí, ambos estábamos sudados. Podía notar el brillo en sus músculos, y mientras hablábamos de cosas irrelevantes, me fui acercando cada vez más a él y ya no pude resistir más y me le abalancé para besarlo. Él no titubeó y me tomó de la cintura con gran fuerza, y bajó poco a poco sus manos hasta apretar con gran deseo mi culo. Yo sentí cómo mi panocha se mojaba aún más, porque lo admito, desde aquella visión había empezado a lubricar, de manera que ya estaba lista para ser penetrada. Por tal motivo, lo tomé de la mano y lo llevé a los baños, pues esa playa es un balneario, y por ser un sábado temprano supuse estaría vacío, y una vez dentro del baño, por la adrenalina de la ocasión omití cerrar la puerta con seguro.
    Y sin dilación, y muchas ansias, me giró para darle la espalda, y me inclinó un poco hacia el frente, en el lavabo, donde recargué mis manos, para posteriormente bajar mi minúsculo short, hacer de lado mi tanga y acomodar el hilo en mi nalga derecha, y enseguida abrió mis nalgas y metió su lengua en mi chiquito, cosa que me hizo soltar un sonoro gemido, me valió que fuera un lugar público: era mi objeto de deseo y como niña caprichosa que soy, lo que quiero lo obtengo. Él sólo se despegó de mi orificio trasero para decirme lo rico que le supo y que tenía ganas de hacerme eso desde que me vio en la Uni el día que me conoció, dado que ese día traía yo unos jeans untados y él se quedó prendado de mis bien formadas pompas.
    Su beso negro y la posterior confesión me excitó tanto, que me giré para regresarle el favor, así que él ya sabía lo que seguía, y se dejó bajar el pants, tras lo cual su verga fue liberada de su encierro, tal como si de un resorte se hubiese tratado. Esa reatota era una maravilla: estaba tan gruesa, erecta y cabezona cómo me la imaginé, o probablemente más, y ya no pude contenerme y procedí a consentirle ese palo: lo lamí con suavidad desde los testículos, y los apreté un poco, sintiéndolos bien llenos de mecos, así que con mi lengua y labios recorrí desde las bolas hasta la gruesa cabeza, misma que me metí entera a la boca, para succionar sus deliciosos jugos, a lo que él reaccionó con un gemido intenso, sin duda le estaba gustando aquello.
    Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que él me levantara y pusiera sobre el lavamanos, para abrirme las piernas, y meter su lengua en mi panocha y beber de mis calientes jugos. Yo estaba que reventaba de placer, podía sentir como mi piel se erizaba con una descarga de energía que nunca antes había experimentado, sentí como mi clítoris sobresalía esperando que lo tocara con su lengua, cosa que sucedió, mientras metía su dedo medio en mi vagina, situación que me puso a punto y no resistí más, le solté los jugos de mi venida y él los bebió todos.
    Ni siquiera pasó un minuto cuando le pedí que ya la metiera, «quiero sentirte dentro de mí, papi» le dije con voz mimada, así que él se quitó su playera, la puso el suelo, y yo entendí qué quería: a mí de perrito, cosa que no le iba a negar, y me acomodé como debía, a gatas y con la espalda arqueada resaltando mi culo, y él se puso detrás de mí, y con su verga dio unos golpecitos a mis nalgas, para luego meter ese palo en medio y apretar mis cachetes alrededor de él, sentí delicioso el frote aquel, pero ya quería sentirlo dentro, así que le pedí que lo hiciera. Y obvio me hizo caso.
    Solo sentí como la cabezota de esa verga se abría paso entre mis labios vaginales, y no paró hasta que esos 20 centímetros de verga se perdieron en mi interior. Yo solo gozaba al sentir cómo entraba y salía ese pistón de carne de mi panocha, y él me decía que lo ponía muy mal el ver cómo mi panocha le dejaba toda cremosa su reata, y luego de unos minutos de intenso mete y saca, donde no parábamos de gemir, porque literalmente se la estaba exprimiendo con mis paredes vaginales, me dijo «ya me voy a venir, ¿dónde quieres la leche, mami?» y yo le dije como pude «adentro, echa todo dentro, mmm» y así con un gemido fuerte de su parte dejó salir varios chorros potentes de mecos en mi útero, y yo también me uní al concierto de gemidos por eso.
    Una vez que entramos en razón de que al ser un lugar público cualquiera podía entrar, nos preocupamos por vestirnos rápido, y en el momento en que íbamos a recoger la ropa del suelo, se abrió la puerta, y mis ojos no daban crédito: era la Chica Tanga. Era obvio, llevábamos la misma ruta, solo que no nos detuvimos a pensarlo, y se quedó en shock parada en la puerta, y juraría que le vi una breve sonrisa perversa al momento de verle la verga a Tony, que aún estaba parada y llena de mis jugos.
    Después de ese vistazo ella se sonrojó y dijo «disculpen, no sabía que estaba ocupado», con un tono que sonó algo cómplice, y Tony le guiñó el ojo y puso su dedo índice sobre su boca, a la vez que sacudía un poco su palo, creo que se lo presumía, porque definitivamente se tuvo que dar cuenta que la chica se impactó al ver semejante ejemplar jajaja y yo me limité a tomar mis cosas, y pasé al lado de ella diciendo «gracias por no armar un escándalo», a lo que ella no contestó más que con otra sonrisa, en parte creo que entendía lo que estaba pasando mejor de lo que esperaba. Todavía me pregunto si habrá escuchado o visto más.
    En fin, esa fue mi experiencia. La Chica Tanga no supo que la usé para saciar mis más bajos instintos, dado que fue así como cumplí mi fantasía de coger con Tony, y superando mis expectativas: me cogió de perrito en el baño de un balneario jajaja. Para ser honesta nunca había tenido una experiencia tan excitante, y todo gracias a una desconocida, la Chica Tanga.
    7 min
  • Como calentar a una mujer.
    Esto de excitar a una mujer se ha convertido en un concurso de tristes fanfarronadas: que si hay que cautivarla diciéndole “¡Ey, chica linda!”, “Hola monada”, etc. para conseguir que se sienta atractiva; o transmitir confianza con el lenguaje corporal y demás consejos cuyo único resultado es enmarañar con falsas apariencias una actitud que, para empezar, tiene que resultar de lo más natural… Hasta he encontrado quienes aconsejan asearse antes de la cita, para lo cual consideran un plus ¡ir peinado y con algo de colonia! Por mi parte, entiendo que nuestra audiencia es suficientemente madura como para saber que la higiene es esencial… ¡en la vida!
    Veamos otras simplezas, estrategias razonables y 5 formas menos comentadas de excitar a una mujer. Sigue leyendo…
    Sexo
    Cómo excitar a una mujer #1: lógica desubicada
    En la práctica no es tan complicado, pero teóricamente deben existir 385.749 formas de excitar a una mujer en 10³²² escenarios diferentes, bajo unos 50 estados de humor distintos (por lo menos) y siempre contando con que las condiciones climáticas sean favorables. Esto abre un arco de probabilidades demasiado amplio como para abarcarlo en este artículo, así que comenzaré por centrarme en un par de consejos aparentemente lógicos que, en realidad, pueden llevarte al más estrepitoso fracaso, si los aplicas como axiomas.
    “Pregúntale qué le gusta”
    Este es uno de los consejos más absurdos que he encontrado. Parece lógico, ¿verdad? Pues aplicado tal cual, puede resultar un verdadero desastre, porque una cosa es querer saber cómo se excita (y desarrollar técnicas para hacerlo) y otra muy distinta es que la pregunta en sí nos vaya a poner a 100, de buenas a primeras.
    Para empezar, hay que cerciorarse de que ella haya manifestado claramente que le interesas, y que quiere tener algún tipo de sexo contigo. De modo contrario, la cuestión de cómo excitarla no debería cruzar tu cabeza (antes de intentar excitar, hay que hacerse gustar y, para ello, hay que hablar).
    A partir de aquí, no hay que perder de vista las zonas erógenas más comunes: boca, orejas, cuello, pechos, areolas y pezones, muslos, clítoris, Punto G, nalgas y ano, sin subestimar el cuero cabelludo, la espalda o los pies. Si, en este punto, le preguntas algo así como “¿te excitaría que te tocase los pezones?”, me atrevería a decir que reducirás las probabilidades de conseguirlo en un 1% (por ser generosa). ¿Significa esto que hay que lanzarse sin preguntar lo que le gusta? Pues depende del contexto… Lo explico más adelante.
    “Conoce sus fantasías”
    No digo que una conversación sobre fantasías eróticas femeninas no sea excitante en sí, de hecho, no solo pienso que lo es, sino que también es uno de los pilares en los que se sostiene una relación de pareja.
    Lo que ocurre, como en el apartado anterior, es la aproximación del tema en una relación efímera. Lo diré de otro modo: quien busca cómo excitar es normalmente alguien que desea procurar el máximo placer a una persona que no conoce. Y si le preguntas a una mujer con la que no tienes confianza cuál es la fantasía sexual que más le pone, en el mejor de los escenarios, obtendrás una verdad a medias (por decirlo con un eufemismo).
    Las fantasías eróticas femeninas (y masculinas) pertenecen a un mundo más que íntimo, excesivamente sensible y personal, difícil de compartir incluso con parejas de toda la vida. De hecho, si te encuentras en una relación duradera y no has compartido fantasías sexuales, te recomiendo leer estos artículos de Lis Hernández:
    ¿Cómo sé si tengo complicidad íntima con mi pareja?
    El placer sexual en pareja: 3 ejercicios para cultivar la complicidad íntima
    En definitiva, “conocer sus fantasías” es algo lógicamente sano y deseable en cualquier relación, pero, desde luego, dista de ser un consejo mínimamente eficaz para excitar a una mujer con la que apenas has compartido tiempo, espacio, alegrías, tristezas… e intensas cantidades de sexo.
    Cómo excitar a una mujer #2: estrategias
    Para empezar, vuelvo a repetir, partimos de la base de que tú le gustas a ella, y lo sabes porque te lo ha manifestado. Así que, si quieres averiguar cuál es una de las cosas que más excita a la mayoría de las mujeres, tienes que empezar por entender que la libido se dispara cuando ven a su pareja disfrutando con ellas. Este es uno de los mejores afrodisiacos para el sexo femenino: sentir cómo su amante está deleitándose con las caricias, besos o aquello que estéis practicando. Por ello, la primera y –diría necesaria– estrategia para excitar a una mujer es disfrutar con ella. Y no solo sexualmente; participar con gracia y resolución de sus temas de conversación, por ejemplo, mostrará tu ingenio en circunstancias específicas que, en sí, pueden ser un motivo de excitación sexual.
    Pero ¿cómo saber exactamente lo que le gusta en el sexo sin preguntar? Observa la reacción de su piel, de sus brazos y piernas, de su cara… ¿Gime o suspira profundamente? ¿Sujeta tu mano y la atrae hacia ella? ¿Te lame o te muerde mientras la besas? ¿Se le erizan los pezones? ¿El clítoris está abultado? ¿Lubrica con más intensidad y la vagina se dilata con tensión? ¿Te clava las uñas en las nalgas mientras la penetras con suavidad? Casi con toda probabilidad, lo estás haciendo bien.
    Preguntar qué le gusta como estrategia
    Como sugería, “preguntar” tiene más sentido como parte del juego erótico, si te encuentras en una relación duradera o si existe confianza suficiente. Aunque también hay algunos escenarios en los que puede funcionar, si lo haces de forma elegante y sexi. Por ejemplo, mientras besas con suavidad su cuello, llevas tu mano a la cara interior de un muslo y, deslizando la yema de un dedo cerca del pubis, y con una voz tranquila, simplemente, le preguntas “¿Cuánto te gustan estas caricias?”; arrastras esa yema del dedo hacia los labios, subes al clítoris, la introduces un poco en la vagina… Mientras haces todo esto, puede que preguntarle no estropee el momento, e incluso, es posible que aumente un poco más la temperatura.
    Comentar fantasías como estrategia
    Una estrategia divertida, que puede ser muy eficaz, es comentarle algo sobre tus ensoñaciones sexuales. Algo que no sea excéntrico en exceso ni aburridamente normal se puede convertir en un punto de juego sensual y picante en el que le sirvas la oportunidad de ser empática en bandeja de plata. Y, de este modo, sí que conocerás alguna verdad de sus fantasías.
    Aunque tiene su riesgo, por lo que previamente tienes que evaluar la idoneidad de sacar un tema de conversación así. Ten en cuenta que hay muchas mujeres que no se sienten cómodas hablando de sexo con personas que no conocen.
    En cualquier caso, siempre lo puedes plantear como un juego divertido: por ejemplo, jugar a adivinar las fantasías sexuales de famosos o de amigos.
    Cada uno va eligiendo famosos o amigos, les etiqueta con una práctica sexual convencional o kinkster y se inventa una situación en la que las describa. ¿Un poco infantil? Quizá, pero el mero hecho de tener que narrarlas implica visualizarlas, y la imaginación es el primer motor para encender la libido. Además, cuando una persona imagina pone fragmentos de realidad, su realidad, ya sea vivida o deseada. En resumen, no solo la excitas (y te excitas) sino que juegas y aprendes de ella (y ella de ti).
    Cómo excitar a una mujer #3: 5 formas peculiares
    Hay una infinitud de maneras de excitarnos que, además, no tienen por qué funcionar con todos ni todas.
    Cada mujer es distinta, y cada momento y persona son diferentes razones libidinales. Y, a veces, se suman otras razones más extrañas o menos comentadas, como las 5 que te voy a contar.
    Instinto básico
    Uno de los consejos que te darán es que no acaricies sus senos estrujándolos a modo de ordeño. Ciertamente, es poco erótico y suele ser un verdadero anticlímax. Ahora bien, no son pocas las mujeres (normalmente, las que ya han dado a luz) que se excitan «amamantando» a sus hombres. Y, adivina… ¡Hay muchísimos hombres que están encantados con esto!
    Sexo en la cabeza
    Es posible que ya hayas leído más de un estudio o artículo acerca del aumento de la libido, tras una leve lesión cerebral (en la mayoría de las ocasiones problemático, por desmesurado). De hecho, hay bastantes papers en los que se establece dicha consecuencia.
    Esto no significa que hay que darse mamporros en la testa, simplemente es un buen dato para explicar que el sexo está en la cabeza, y no solo de un modo abstracto o puramente psicológico. Por eso, por ejemplo, hacer que se ría es uno de los mejores preliminares: la risa activa zonas del cerebro. De hecho, cuando consigues que alguien se ría es porque has desencadenado una reacción en su sistema límbico…. ¡El sexo empieza por la cabeza!
    Gemidos de película
    ¿Habías pensado en que una película de terror puede ser un revulsivo libidinal? ¿Te parece absurdo? Vale, piénsalo así: cuando algo produce miedo, todos nuestros sentidos se ponen en alerta, por lo que la voz y las caricias se perciben con más intensidad.
    Preliminares con uvas
    Casi con toda seguridad, has leído aquel estudio italiano en el que se decía que las mujeres que beben dos vasos de vino tinto al día tienen más deseo o predisposición para tener sexo. Bueno, sea verdad o no, una conversación interesante acompañada con un buen vino es prácticamente irrenunciable.
    Cultivar tu pasión
    Habrá mujeres que se exciten con personas que lean relatos eróticos mientras hacen pesas; otras solo con los que toquen la guitarra o con quien exhiba una chocolatina perfecta por abdomen; quien pinte, juegue al ajedrez, cuide de ancianos o escriba postales con poemas para San Valentín. Sea cual sea, cultiva la pasión que tengas, habrá más de una mujer que, con el mero hecho de ver, escuchar o leerte se encandilará.
    23 min
  • Ahora que nadie nos mira...
    ¡ Qué cosas me pasan !
    Todavía estoy flipando un poco, pero bueno, lo dejaremos correr. Lo dejaré correr una vez que os lo cuente, porque todavía no encuentro explicación.
    Os voy a relatar cómo fue mi día de ayer, que fue muy bueno. Aunque, pinché una rueda del coche y me comí un par de atascos interesantes pero, eso, lo borro, no merece la pena recordarlo. Siempre me quedo con lo bueno.
    En lo sexual repasaba todo lo acontecido mientras mi satisfyer reposaba en mi clítoris cuando me he despertado hoy, para alcanzar un orgasmo justo cuando Rodrigo me mandaba un audio con su sugerente voz. ¡ Que casualidad !
    Es sorprendente cómo no somos conscientes de la magnitud de nuestros actos. No sabemos hasta qué punto pueden ser trascendentes para la vida de otra persona y cómo pueden afectar a los sentimientos de los demás, sin, además querer interferir en nada ni nadie que no seamos nosotros mismos y, pensando un poco más allá, a nuestro entorno más cercano.
    A ciertas edades las parejas ya nos vienen con “cadáveres” anteriores y, casi lo digo literal por que en mi caso todos los que han estado y estarán tendrán que “convivir” con que el padre de mi hijo falleció. Pero, en lo no tan literal, todos y todas tenemos pasado y , mejores o peores, los recuerdos de las personas que han formado parte de nuestras vidas, están ahí.
    Por supuesto, cuando follas una, dos o tres veces con alguien, no le cuentas toda tu vida, pero, cuando ya te das cuenta de que ese alguien está empezando a formar parte de tí, de tu mundo, se le deben explicaciones porque hay cosas que se hacen que tienen un por qué y un por quién se hacen o se han hecho. Forma parte de nuestra historia y de nuestra forma de enfrentarnos a la vida, además de aprendizajes para saber cómo se vive en este mundo.
    Ángel y yo hemos compartido toda esa información. Sabemos quién ha sido quién y quién aparece, además de vez en cuando o puede aparecer. No nos ocultamos nada. Sabéis lo que opino sobre la sinceridad y la verdad. Ahí no hay opción para mi.
    Y estaréis pensando: “Estefanía está muy pesada hoy… vaya chapa que nos está soltando!!… empieza ya a follar!!!” jajajajaj… voy, voy … no os impacienteis que todo tiene su porqué.
    Estaba a una media hora de la casa de Ángel, le avisé por whatsapp de que ya salía para que fuera preparando la comida, era tarde y mi apetito se había despertado y, no sólo en el estómago. Taconeando por las calles de Madrid, paseando mis piernas bajo la minifalda me siento deseada y hace que me excite apeteciéndome sexo. Aunque nunca sé si tendré antes puesto el plato en la mesa o la polla en el coño… hoy no sé qué tocará.
    De camino fue cuando en el coche se encendió la luz del aviso de falta de presión en las ruedas, pensé que debía de revisarlas y por un momento se me pasó que, quizás habría pinchado pero, eliminé el pensamiento de mi mente y seguí mi marcha.
    Llegué a casa, él estaba mirando por la ventana y me vió llegar, no me hizo falta llamar pero estaba hablando por teléfono y no le pude achuchar como me hubiera gustado, tendré que dejarlo para cuando termine. Tenía pinta de hablar para un ratito, así que abrí la nevera y cogí una cocacola, me senté en la mesa de la cocina tras acercarme a besarlo y a abrazarlo para ponerle un poco nervioso. Noto que no le salen las palabras cuando lo hago y me gusta, pero, estaba con algo serio, así que, me porté bien.
    Por fin colgó, se acercó hacia mí, me levanté y nos fundimos en un beso profundo con abrazo incluido.
    Hola
    Hola
    No pudimos decir nada más, seguíamos besándonos mientras sus manos se convirtieron en pulpos y empezaban a toquetearme por todos lados
    ¿Qué buscas?, le dije riéndome
    Calla, calla, que me tienes como un perro en celo – acertó a decir entre dientes con voz de cachondo
    ¿Yo?, pero si no he hecho nada
    Si que haces, si, y lo sabes bien…. ¡madre mía como estoy! – me lo dijo mientras llevaba mi mano a su bragueta y hacía que notara su gran polla dura, dura, dura
    Mmmmm, ¡¡qué buena!!
    ¿Qué hay de comer? – pregunté entre beso y beso
    No he hecho la comida todavía pero es que primero quiero comerte a tí.
    ¡Uy que salvaje estás hoy, cariño!
    Durante la conversación no parábamos de besarnos, tocarnos. Él ya había logrado introducir su mano bajo mi falda, subirla y bajarme las medias para chequear el coño.
    ¡ Madre mía cómo está esto !
    Si, chorreando está por tu culpa
    Uffffffff – exclamó mientras introducía un par de dedos en el coño empapado.
    Otra vez que voy a subir a la habitación con el culo al aire.
    No, no, no voy a dejar que te desnudes, no te va a dar tiempo. Quiero follarte en la mesa de la cocina otra vez, el otro día me encantó y es la medida perfecta, así que, date la vuelta.
    Me giró para bajarme las medias hasta mitad del muslo, siguió con las bragas que las dejó a la misma altura y me pidió mi cuello. Sujetó mi cabeza hacia él, yo estaba de espaldas y besaba tras mi oreja con avidez, diciendo lo bien que olía y lo que le gustaba besarme ahí.
    Me estaba poniendo a mil. Quería sentir ya esa polla dentro de mi. Necesitaba que me penetrara, que se volviera loco dentro de mí pero también me encantaba que me estuviera besando de esa manera. Sus manos recorrían mi cuerpo y logró levantar mi jersey para acariciar mis pechos. Estaban erectos, sensibles y agradecidos de ser tocados bajo el sujetador de motivos de safari que me había puesto hoy y que ahora estaba subido hasta mi cuello. Inclinó mi cuerpo hacia adelante mientras oía cómo bajaba la cremallera de su pantalón.
    Mira lo que tengo para ti, mira que te voy a meter. Te voy a reventar el coño – decía sin saber muy bien que decía.
    Mi culo en pompa le apeteció para azotarme con su mano derecha en el cachete. Mmmmmm, ¡cómo me gusta!. Se lo digo, exclamo mi placer. Entre el sentir de su mano en mi culo y la punta de su polla en el coño dejé salir de mi garganta un gemido brutal, creo que me voy a correr en cuanto entre. Su mano azota cada vez más fuerte y lo hace mientras entra hasta el fondo con su capullo. Estoy super lubricada y la postura es ideal para que entre hasta el final. Mi trasero está en la posición perfecta, elevado sobre mis tacones de aguja de unos cuantos centímetros y recostada sobre la mesa de la cocina que habíamos despejado de mi vaso y alguna cosa más que había encima. Ahora, estaba yo, servida para su deleite, para el mío, para nuestro placer.
    Los pechos se quedaban pegados en el hule y mis manos asían los bordes del tablero mientras los embites eran cada vez más fuertes, así como sus azotes. Me estaba volviendo loca. Mi coño ya comenzaba a palpitar, cuanto más azotaba, el sonido, la polla dentro, mi posición en la que me visualizaba como si estuviera viendo una peli porno hicieron que mi climax fuera brutal
    Me voy a correr, cariño, sigue, sigue, no pares!!!!! no pares de follarme así!! Hasta el fondo, reviéntame el coño!! así, así, más, más, no pares!!!! Me encanta!!! – en un determinado momento se me caía hasta la baba, mis ojos no veían y todo mi cuerpo estaba concentrado en el éxtasis de mi coño que se trasladó a cada poro de mi piel cuando, además, Ángel me dijo que me lo daba todo
    Te lo voy a dar todo, cariño. Te lo has ganado, te voy a llenar de mi lechecita. Tómala, toma… Que rico!!! Me corro, me corro!!!! Aggghhhhhhh
    ¡¡¡Joder!!! ¡¡¡que polvazo!!!
    La mesa fue arrastrada un tanto. La polla se salió y toda su leche cayó en mis bragas, medias y algo en el suelo. Limpié un poco con un papel y volví a colocarlo todo en su sitio. Cuando estuvimos recompuestos nos dimos un gran abrazo y un gran beso. Ángel apartó su cara de la mía para mirarme y me dijo que tenía una luz especial en mi cara. Que reflejaba mucha luminosidad y que estaba super guapa.
    Me alegro que lo veas, no todo el mundo es capaz de visualizar ese tipo de cosas y me gusta que tu te des cuenta pero, el mérito no es solo mío. Después de este polvazo no me extraña que rezume esa luz y alegría, no crees?
    Me preparó la comida, con calma, sin parar de hablar, ninguno de los dos. Se nos acumulan los temas de conversación. Somos dos personas muy activas con mucho que contar todos los días y hay cosas que se nos pasan por decirnos y nos pisamos el uno al otro con todo lo que queremos compartir el uno con el otro. Una vez terminada la comida, sobremesa tranquila. Aunque los dos pensábamos en la siesta, se nos estaba yendo el día sin querer pero muy a gusto. Estamos muy felices cuando estamos juntos y no nos preocupa como podamos pasar el tiempo si estamos los dos, el caso es estarlo.
    Ahh, no te he contado, cariño!! – Me dijo con tranquilidad
    ¿El qué?
    Pues que recibí un mensaje de mi ex ayer y, fue un mensaje muy raro en principio y te digo porque. Lo que me mandó fue esto: Y, me enseñó el texto integro copiado y pegado en su chat del whatsapp del último relato que he escrito sobre la conversación con Rodrigo
    ¿Cómo?, le dije abriendo los ojos como platos
    Si, si, como lo estas viendo. Yo no entendía nada de lo que era, creía que era algo que me contaba ella, hasta que me puse a leer con atención y ya me di cuenta que era un relato tuyo. Y, que sepas que, a ella no le he dicho nada nunca del blog ni nada de nada.
    Se me quedó una cara de poker que no os podéis imaginar. Además, recordad como terminaba ese relato “Por lo pronto, hasta que no sepa cómo hacerlo, no compartiré con él este relato jejeje” (refiriéndome a Ángel) en el que cuento como me he pajeado con mi amigo Rodrigo por teléfono.
    Estaba esperando a verle ese día para contarle la conversación con Rodrigo y enviarle el relato para que lo leyera pero, mira por donde, ¡¡alguien se me adelantó!!. Pero…. no logro comprender … ¿¿cómo?? ¿Soy tan famosa que mi blog se lee tan ampliamente que puedo llegar a cualquier rincón? ¿casualidad? ¿cómo hila esta persona que ese “Ángel”, era “su” Ángel? uff… se me escapa. Se escapa a mi entendimiento aunque tengo mis propias teorías de cómo ha podido encajar las piezas, saber quien soy y, alguna de ellas no es legal, pero bueno. Lo dejamos como anécdota, curiosa, muy curiosa.
    9 min
  • Mi princesa xxx
    Volvía a la cama luego de atender el llamado de la naturaleza. La lucecilla del aparato llamó mi atención y antes de volver a acostarme, lo revisé. Encontré un mensaje del trabajo. A pesar de que tenía unos días de permiso para visitar a mi abuelo. Esos inútiles no podían hacer nada sin mi presencia. Contesté parcamente, intentando desentenderme del asunto, aunque sabía que al final tendría que intervenir para sacar el trabajo a flote.
    Me metí a la cama maldiciendo la hora en la que se me había ocurrido revisar el dichoso celular. Sabía que eso me llenaría la cabeza de telarañas y me espantaría el sueño. Observé la hora, un poco más de las cinco de la mañana; proferí otra maldición, no sabía exactamente a quién, pero sabía que era por haberme ahuyentado el sueño.
    Intenté sacarme los pensamientos del trabajo y sustituirlos por otros más agradables. Hacía tiempo que no cogía como dios manda y eso había sucedido justo ayer. ¡Uf, ese palo en el velatorio había sido memorable! Me llevé una mano a la entrepierna y pude comprobar que la rajita se me había puesto babeante con el simple recuerdo. Me hubiera gustado repetirlo por la noche, pero el horno no estaba para bollos.
    El abuelo había tenido un día demasiado duro y doloroso. Me había tocado acompañarlo a misa y después al panteón a darle el último adiós a su/nuestro gran amigo. Me tocó servirle de sostén en aquel momento. Cuando el ataúd descendía por el agujero, sentí cómo flaqueaban sus piernas y tuve que sostenerlo para que no se derrumbara, literalmente. Sabía que de no haber estado yo a su lado, él no habría tenido las fuerzas suficientes para acudir a darle el último adiós. Para el mundo exterior ellos eran simples amigos, quizás un poco más cercanos que el resto del grupo con el que solía reunirse a conversar y jugar a las cartas o al dominó. Solamente yo sabía de bien a bien lo que sucedía a puerta cerrada. Lo sabía, porque yo era parte activa del pecaminoso secreto que los/nos unía.
    Aunque no había mucha gente en el funeral, la concurrencia estaba claramente definida; los familiares procuraban figurar en primer plano, como protagonizando el “evento” y su misma actitud hacía que los demás permanecieran un tanto al margen. Entre ellos estaban “los amigotes” del finado, que al parecer no eran muy bien vistos por los familiares. Por ello, tanto mi abuelo, como sus otros amigos permanecían un tanto apartados, como procurando no estorbar, ni dar mal aspecto.
    “Vieja hipócrita”, escuché comentar al abuelo al ver a la viuda llorar a moco tendido... “Bien que le hizo la vida imposible y ahora la muy payasa se deshace gritando que quiere que la entierren con él”...
    Habíamos compartido el lecho, pero no había ánimos para nada más. Contadas eran las ocasionas en las que nos habíamos metido juntos a la cama solamente para dormir. Me giré sobre mi costado izquierdo para poder verlo a la cara, él fingía dormir. Posé mi mano sobre su rostro agrietado, mi pulgar se deslizó varias veces, acariciando su pómulo hundido por el tiempo. Una suave sonrisa me dijo que se sabía descubierto.
    —Disculpa si te desperté —le susurré, un instante previo a que abriera sus ojos.
    Un lento parpadeo de su parte me dijo que no había problema. Colocó su mano sobre la mía, giró su rostro para besar mi palma; suave, tiernamente, varias veces. Remató su caricia con un salivoso lametón, recorriéndola desde el nacimiento de la muñeca hasta la punta de mis dedos. Eso me acalambró entera.
    —No solamente me despertaste a mí...
    Condujo mi mano bajo las sábanas hasta depositarla entre sus piernas, donde aguardaba su miembro, en plena erección, pletórico de excitación. Lo sujeté con premura, presa de un calor inusitado y quemante. Juntos comenzamos a acariciarlo al tiempo que nuestras bocas se atraían entre sí, como si su estado natural fuera estar unidas, saboreándose, degustándose a placer.
    Nuestros besos se hacían cada vez más intensos, más calientes y salivosos. También la actividad que nuestras manos realizaban en conjunto se iba acrecentando en cuanto a intensidad, calor y, por supuesto, secreciones húmedas.
    Echaba tanto de menos estos despertares tan candentes. Ya había transcurrido casi un lustro desde la última vez que habíamos compartido uno. Por ese entonces eran cosa corriente entre nosotros. Eran los años de la Universidad. Yo me había mudado de ciudad, ya que donde residía, la carrera que quería estudiar sólo existía como carrera técnica y no como licenciatura. La solución era irme a vivir con el abuelo, al menos mientras cursara la Universidad. Él vivía solo, pues hacía muchos años que la abuela lo había abandonado. Su desaparición había sido todo un misterio; e incluso, hubo una investigación al respecto, pues había sospechas de un crimen. La sombra de la duda lo estuvo atosigando durante años, incluso por parte de los más allegados. Al final, resultó que su esposa había huido con otro hombre y que estaban residiendo en el extranjero. Tras eso, el abuelo se había vuelto huraño y solitario. Por supuesto, no se había vuelto a casar, ni se le conoció ninguna otra mujer. Al menos, no alguna que se pudiera mostrar fuera de estas cuatro paredes que encerraban nuestra pasión prohibida y enfermiza.
    Como tantas otras veces, lo sentí estremecerse, los gemidos dentro de mi boca anunciaban la tormenta que se avecinaba. Lo inevitable estaba cada vez más cerca. Los movimientos de nuestras manos se hicieron más lentos, pero más marcados. Usé mis dedos como tentáculos, colocándolos en la punta de su pene, convirtiendo la palma de mi mano en una suerte de cuchara en la que instantes después fueron cayendo los chorros de semen que su maravilloso miembro expulsaba. Al tiempo, la punta de mis dedos apretaban y aflojaban continuamente la base del glande, como incitándolo a eyacular todo el esperma que tuviera pendiente por arrojar.
    Tras los últimos estertores de su orgasmo, su mano convidó a la mía para que saliera de entre las sábanas. Mi boca se separó de la suya solamente para que mi palma vertiera dentro de ella el charco de semen que contenía. Luego de colectar el contenido chorreante, mi lengua se ocupó de recoger otro tanto, con un par de lametones. Pero su boca también reclamó su ración y tomó por asalto mi mano, lamiendo los restos que permanecían embarrados en ella. Usó su lengua para hacer una limpieza más meticulosa, dejando lustrosa no sólo mi palma, sino también mis dedos, el dorso, la muñeca y parte del antebrazo. Cuando la dio por culminada, me miró sonriente; enseguida, hizo lo propio con su mano, que aunque tenía menos restos, también los contenía. Mientras lo veía dedicado a tal actividad, yo jugueteaba con su semen que rebosaba en mi boca. La salivación lo fue haciendo más liquido, casi me costaba trabajo seguir conteniéndolo, por eso, cuando abrió su boca para mostrarme los restos que él mismo acumulaba en la suya, aproveché para besarlo. Aquello era un delicioso beso blanco y salivoso, morboso como pocos. En el que el uno vertía el contenido de su boca en la de la otra y viceversa, en un interminable juego de ida y vuelta, tan sucio como excitante. Al final, nuestras bocas permanecieron unidas y cada uno sorbió y tragó cuanto pudo de aquella suculenta carga.
    —¡Mmmmhhh...! Siempre lo he dicho, la lechita de mi abuelito es la más sabrosa y nutritiva que hay en el mundo... No sé cómo he podido sobrevivir todo este tiempo sin saborearla.
    —Sufrías porque querías, sabes dónde vivo y que siempre estoy disponible para ti.
    En ese punto, no supe qué argumentar, cualquier cosa que hubiera dicho habría sonado a pretexto. Como siempre que eso sucedía, opté por distraer al enemigo.
    —¿Qué haces?
    —¿Tú qué crees? Estoy verificando si quedó algún residuo de tan delicioso manjar —Le contestaba yo con la cabeza metida bajo las sábanas, rumbo a su entrepierna.
    —Eres una traviesa cachonda, que me vuelve loco... ¡Ahhh...!
    Ya había alcanzado el área del crimen, lo primero que hice, fue acordonar la zona, delimitándola con mi lengua. Tras trazar los límites con una marca salivosa, mi boca y mi lengua se ocupaban en lamer y besar la abundante vellosidad canosa que poblaba su pubis. Por supuesto que encontré restos de su descarga y comencé a lamer y chupar toda aquella zona, degustando con parsimonia y glotonería cada residuo encontrado. Y aquello acabó por transformarse en una deliciosa mamada que le estuve prodigando durante un rato, hasta que volví a sentir cómo su vetusto instrumento volvía a cobrar vida dentro de mi boca. Entonces no perdí oportunidad y permuté una cavidad por otra.
    Me ensarté, con una lentitud pasmosa, en su miembro enhiesto. Gemía a cada milímetro que iba incrustándose en mi intimidad. Cuando estuve ya alojando completamente su pene en mis profundidades, candentes y húmedas; lo escuché proferir un suspiro interminable, tan parecido a un quejido, que me erizó la piel.
    Cada poro de mi cuerpo comenzaba a exudar los vapores de la lujuria. Su piel hacía algo parecido, la notaba cuando mis manos acariciaban su velludo pecho. Al tiempo que mis caderas comenzaban a contonearse, en ese balanceo lento y rítmico que lo sacaba de quicio. Me suplicaba que lo acelerara y luego me rogaba que me detuviera. Me divertía y me calentaba a partes iguales ese juego. Luego me quedé quieta y dejé que todo el trabajo lo hicieran mis músculos vaginales, apretando y aflojando.
    Y después me volví egoísta y procuré solamente mi placer, moviéndome al son de mis propios deseos, sin prestar atención a sus ruegos, sus suplicas o sus insultos, que esos momentos tenían sabor a halago. Él sabía que no tenía caso protestar y se resignó a jugar el papel que le impuse, lo transformé en un simple instrumento de placer, lo utilizaba para mi beneficio, y él se dejaba usar a sabiendas de que en mi placer también procuraba el suyo. Y así, finalmente estallé, intensa, fuerte, interminable y temblorosamente. Al sentir mi interior estrangulando su virilidad, se abandonó, acompañándome en mi propio orgasmo, ofrendándome el suyo.
    Estamos locos, estamos enfermos, estamos desbocados y entregados como bestias en celo, intentando prolongar el orgasmo más allá de lo posible. La cruda realidad acabó por imponerse, dejé caer mi cuerpo desmadejado y sudoroso sobre el suyo. Entre intensos resuellos, me pregunté si habría vuelta atrás. Si podré retornar a dónde me esperan mi rutina y mi trabajo. Y es que disfruto a rabiar esta pasión prohibida, siento que después de esto, mi vida cotidiana, sin la dosis del viejo veneno que he vuelto a probar, me será sosa y desabrida. Creo que mi fallida vida amorosa y sexual no es otra cosa que la persecución inconsciente de una loca fantasía, pero que sé de seguro que es cierta, porque la acabo de palpar.
    Y mientras vuelvo a devorar su boca, me pregunto si es tiempo de romper con mi pasado reciente y retomar este pasado más distante que me proporciona tanto placer.
    ¿Ustedes qué me aconsejan?
    30 min
  • Mi marido me obliga con su mejor amigo.
    Me llamo Eva. Tengo 28 años y soy una mujer realmente ardiente. Me encantan los hombres, disfruto excitándolos y despertando en ellos el deseo. No soy una calientapollas, ya que si pongo a un hombre cachondo me gusta complacerle posteriormente. Creo que soy la mujer más afortunada del mundo en lo que al sexo y a la relación de pareja se refiere.
    Me explico: como cualquier mujer de verdad tengo la cabeza llena de fantasías de lo más morbosas y viciosas. Las mismas que casi todas las mujeres tenemos y que casi ninguna se atreve a confesar a su pareja. Pero ahí radica precisamente mi suerte. Mi pareja y yo tenemos exactamente las mismas fantasías.
    Lo descubrimos meses después de estar juntos, durante una noche de juerga en la que nos pusimos hasta arriba de coca, ya sabéis, la droga de la verdad. Te desinhibes y parece que puedes contar cualquier cosa como lo más normal del mundo. Bueno, al grano. A mí pareja le encantaba fantasear con la idea de que yo me lo hiciera con sus amigos -siempre con su complicidad- pero a menudo la fantasía pasaba porque esos amigos no se enteraran de que él estaba al tanto de todo. A partir de aquel momento empezamos a follar como locos, mientras él me relataba su última fantasía mientras echábamos un polvo.
    Me pedía que me imaginara poniendo cachondo a mengano o a fulano, follando con ellos a escondidas en un baño, enseñándoles el coño en un bar. Yo me ponía como loca. En una ocasión, tras una noche de juerga con amigos hicimos el reparto de cada uno en nuestro coche. Yo había estado de lo más cachonda durante toda la noche y me tocó sentarme sobre las piernas de uno de los chicos en el asiento de atrás de nuestro coche, mientras el que hoy es mi marido conducía.
    Al chico se le puso dura y a mí me excitó, pero la prudencia impidió que ocurriera nada de lo que me pudiera arrepentir. Sin embargo, al llegar a casa le conté lo sucedido a mi marido y aquello lo puso como una moto. Fantaseamos sobre aquello durante largo tiempo, hasta que agotamos la fantasía y pasamos a otra. Sin embargo, un año más tarde ocurrió lo inevitable: que una de nuestras fantasías fuera más allá. Ocurrió durante las vacaciones de verano. Coincidimos tres parejas amigas en un hotel de playa durante un fin de semana. Salimos de juerga, copas, baile, coca y final en la playa para bañarnos desnudos a la luz de la luna. Un juego excitante pero sin mayores consecuencias. De vuelta de la playa nos metimos todos en el Twingo alquilado. Mi marido conducía y yo tenía que sentarme en el asiento trasero sobre el regazo de su mejor amigo. Antes de entrar crucé una mirada vidriosa por el alcohol pero de clara complicidad con mi marido. Su amigo me había estado observando con deseo, aunque con cautela, toda la noche. Y yo por fin di un paso más.
    Contando con la supuesta aprobación en la mirada de mi marido me subí al coche con mi pequeño vestido de verano, ajustado y cortísimo, y sin bragas. Esto último sólo lo sabía yo. El resto de los chicos vestían exclusivamente sus calzoncillos. Nos pusimos en marcha por un camino de tierra que conducía desde la playa hasta la carretera, con la música a tope y la oscuridad más absoluta. Yo iba sentada sobre las piernas de Sergio con el cuerpo hacia delante, haciéndole mimos a mi marido y besándole la oreja. El camino estaba lleno de baches y en uno de estos mi cuerpo quedó completamente encajado sobre el de Sergio. Todos cantaban al ritmo de la canción del verano que sonaba en la radio pero hubo algo que a mí me obligó a guardar silencio. Teníamos cerca de media hora hasta el hotel y la polla de Sergio se había endurecido de una forma escandalosa. Noté que se sentía violento, pero no se atrevía a hacer un sólo movimiento. Se había puesto cachondo involuntariamente. Para mí, la sensación de excitación fue incontrolable, y además yo sabía que no llevaba nada bajo el vestido.
    Comencé a mojarme inmediatamente pero tampoco me atreví a hacer un solo movimiento. Yo seguía inclinada hacia delante y empezaba a sobar los hombros de mi marido con fruición y a besarle el cuello. El notó enseguida que algo estaba ocurriendo y se limitó a decir: "ponlo a cien, diviértete, pero no te pases". ¿Qué significaba aquello? Yo tenía que sacar mis propias conclusiones. Sin dejar de acariciar el cuello de mi marido terminé de acomodarme lo más disimuladamente posible. Miraba al resto de los amigos y todos parecían estar absortos cantando excepto la novia de Sergio, que se había dormido a su lado. Es decir, tenía vía libre. Saqué valor de mi propia excitación y haciendo ligeros y discretos movimientos logré que la polla de Sergio quedara perfectamente encajada entre mis piernas, abrazada por mis nalgas y mi coño con el único impedimento de la tela de sus calzoncillos, que se habían empapado con mis flujos. Sergio empezó a percatarse de que yo era consciente de la situación y la estaba aprovechando, y tuvo el valor de hacer el también sus discretos movimientos para colocarse de la manera más cómoda posible. Entretanto, yo continuaba sobando a mi marido cada vez más intensamente y él se volvió ligeramente para pedirme por favor que le contara qué estaba ocurriendo. Se lo resumí como pude, ocultándole el detalle de que no llevaba bragas. Es decir, él era consciente de todo excepto del hecho de que mi coño estaba en contacto directo con el calzoncillo de su amigo.
    Miré hacia el calzoncillo de mi marido y la polla estaba a punto de salírsele. Le pregunté que si quería que continuara, y me dijo que si me gustaba que siguiera adelante, pero que por supuesto ya sabía dónde estaba el límite. Habíamos hablado de llevar a cabo fantasías en más de una ocasión y yo sabía que el supuesto límite estaba justo antes de la penetración, eso era tabú y exclusivo de nuestra relación. Yo le dije que por supuesto, que no estaba loca... pero en aquel momento sí que lo estaba. A todas estas Sergio se movía ya con más descaro y había posado sus manos en mi trasero. Luego se aventuró a levantar mi vestidito y fue ése el momento en que se dió cuenta de que no llevaba nada debajo y de que lo que había empapado sus calzoncillos no era mi bañador mojado... Ya no había nada que ocultar. Si ya la tenía grande y durísima, esto hizo que creciera aún más y que empezara a sentir espasmos dado que no podía mover sus caderas. Empezó a sobarme el culo y yo, ya incontralada, metí mis manos por debajo de mi vestido y empecé a sobarle la polla.
    Al principio por encima de la tela, pero inmediatamente busqué la abertura del calzoncillo y se la saqué. Creo que no he estado más excitada en mi vida. Me di cuenta de que mi marido reclamaba mi atención y llevé mi mano izquierda otra vez a su cuello. Empecé a practicar en su cuello con una mano los mismos movimientos que estaba efectuando sobre la polla de Sergio con la otra. Mi marido sabía lo que estaba ocurriendo, de hecho él se estaba tocando la polla con su mano izquierda y sólo me dijo: "No te pases, ya sabes hata dónde puedes llegar". Mi respuesta fue la misma de antes: tranquilo, no estoy loca. La polla de Sergio era enorme. Había soñado con ella en más de una ocasión ayudada por las fantasías de mi marido, pero creo que no me la había imaginado tan grande. No soy de esas mujeres que prestan importancia al tamaño de las pollas pero en aquella ocasión no me quedaba más remedio que hacerlo. Fundamentalmente por lo que ya pueden imaginar. Yo ya había decidido metérmela, pero sobresalía tanto por delante de mi coño y estaba tan hinchada que no sabía cómo arreglármelas para poder llevarla al interior de mi coño sin tener que levantarme descaradamente arriesgándome a que alguien se diera cuenta de lo que ocurría en aquel rincón del coche.
    Sergio se percató de mis intenciones y se hizo para atrás cuanto pudo. Yo me incliné más incluso sobre mi marido hasta el extremo de que pude tocarle su polla con mi mano izquierda. En el momento en que metí mi mano bajo su calzoncillo para tocarla directamente y de oir un suave gemido de mi marido Sergio hizo un movimiento brusco y logró colocar su polla en la entrada de mi coño. Justo en ese momento me incorporé hacia atrás y sentí como aquella enorme polla se deslizaba suavemente por mi interior.
    La penetración no es mi ejercicio sexual favorito, pero aquella situación estaba marcando un antes y un después en mi vida sexual. No pude reprimir un gritito por lo que mi me preguntó si me estaba corriendo, pensando que sólo estaba jugando a los roces. Sin embargo, me conoce lo suficiente para saber cómo respondo a los estímulos y me preguntó: "¿No te lo estarás follando?". Yo tardé un poco en poder hablar y lo negué como siempre: ¿Te crees que estoy loca?. Pero él no era tonto, de manera que me dijo que lo disfrutara pero que disimulara para que no se diera cuenta nadie. Y añadió un lacónico "ya hablaremos", al mismo tiempo que continuó tocándose la polla, ahora ya con descaro y fuera del calzoncillo. En aquel momento ya se habían dormido todos los pasajeros excepto nosotros tres. Sergio, sin embargo, creo que continuaba ignorando que mi marido estaba al tanto de todo pues estaba en las nubes con los ojos cerrados. Una vez que comprobó que todos dormían llevó las manos a mis tetas y palpó los pezones durísimos y que tantas veces había mirado con deseo y, estoy segura, tantos celos habían provocado en multitud de ocasiones en su novia. Ya sabéis que las mujeres odian a las chicas que tenemos pezones muy pronunciados, pues sabido es que es una de las imágenes que más cachondo pone a cualquier hombre.
    Apretándome los pezones Sergio empezó a mover ligeramente las caderas, al tiempo que yo hacía lo mismo encima de él mientras con una mano me acariciaba el clítoris y con la otra jugueteaba con la boca de mi marido, que no hacía más que chuparme los dedos del mismo modo que yo le chupaba a él la polla. Sergio no pudo aguantar más y empezó a tener espasmos dentro de mí. Yo me recliné hacia delante y le cogí la polla a mi marido. Ambos se corrieron simultáneamente. A continuación lo hice yo, y ya no me corté nada. Cabalgué sobre Sergio y sobé con fuerza la polla de mi marido y su cuello. En aquel momento ya llevaba todo mi vestido abierto por delante con las tetas fuera. Estábamos a punto de llegar al hotel y me abroché el vestido pero en ese momento se despertó la novia de Sergio y no pude hacer el movimiento para sacarme la polla que llevaba en mi coño.
    Mi marido paró el coche en el parking, abrió la puerta y se bajó para permitir que bajáramos los pasajeros del asiento trasero. En ese momento, y ya con todos esperando salir del coche me incorporé lentamente, sabiendo que mi marido se daba cuenta de la situación y que según me iba levantando me iba sacando de mi coñito aquella enorme polla, aún dura, sin que la ingénua de la novia de Sergio se diera cuenta de que el semen de su novio estaba resbalando por mis muslos. Sergio hizo lo que pudo para guardársela tapándose con una toalla, seguramente pensando lo mismo de mi marido que yo de su novia. Según puse un pie fuera del coche, sujetándome la falda para que la novia de mi reciente amante no se diera cuenta de mi desnudez, no pude evitar lanzar un pequeño gemido de placer al notar mi coño y mis piernas empapadas y el vacío de mi coñíto. La novia de Sergio preguntó: "¿te has hecho daño?".
    5 min
  • Fantasías sexuales femeninas.
    Lo que les voy a platicar me sucedió en Bogota, Colombia,
    Conocí a este muchacho de manera muy fortuita cuando menos lo esperaba, eso hace un año en un viaje con todos mis amigos y sus novias, de la universidad en ese momento yo no tenia relación con ningún hombre y estaba loca por uno.
    Les comento que fue el flechazo a primera vista, intercambiamos teléfonos sin que nadie se diera cuenta y solo con la mirada supimos que terminaríamos en la cama algún día, pero en ese viaje no paso nada, fue hasta junio de 1994 que le propuse me ayudara como modelo para unas fotos eróticas de mi tarea de fotografía y me lo folle bien rico (ver relato 2).
    Pasaron varios días y estuvimos hablando por teléfono de manera erótica y echando a volar la imaginación y decidíamos vernos en mi casa y hacerlo cuando se ofrecía la ocasión, hasta que un momento no tenía punto de referencia, pero ahora lo sé. Empezamos a hacerlo varias veces a la semana, el es insaciable y me fue haciendo a su modo. Me hizo como quería el una mujer. Hacía todo lo que el me pedía. Con él aprendí a profesionalizarme en mamar vergas, me hizo suya de todas las maneras posibles. Lo hacíamos en la calle, en el coche, en casa de mis padres, de los suyos, en su apartamento. En todos lados y sitios posibles. Pasaron varios meses, Fue lo más hermoso, Me hizo sentir la mujer más querida del mundo. Cuando me quedaba en su apartamento Lo despertaba a media noche mamándole la verga. Un día me invito a ver una película porno, le gustaba observarme viéndola, y me preguntaba qué clase de fantasías me gustaría realizar. Yo le decía que estar con él, y hacerle lo que le gustaba, pero que siempre me había quedado con la curiosidad de sentir las vergas de dos hombres. Me comentó entonces que le encantaría verme mamándole la verga a otro hombre. Me sorprendió su comentario, pero al creer que no accedería a la hora de la verdad, le dije que realizaría su fantasía, pero el no le gusto mi idea de seguirle el juego y me dijo en forma burlona, claro pero con un pepino.
    Julio 04 de 1995
    Esa tarde yo no podía pensar en nada mas que realizar la fantasía de mí novio para esta ocasión le pedí las llaves de su apartamento y lo espere, me vestí muy sensual, llevaba un vestido negro, de una sola pieza.
    La parte superior era tan ajustada que más se asemejaba a una segunda piel, marcándome la cinturita de avispa y realzando mis senos.
    La parte inferior era corta, se me apreciaban bien mis piernas y debajo del vestido tenia un conjunto negro de liguero que me había comprado para la ocasión.
    Por fin llego la hora, y para mi sorpresa supero todas mis expectativas......Al entrar yo estaba tan caliente que no dijimos palabras, lo tome y lo bese, entre besos le dije que era una niño malo y que tenia que castigarlo y premiarlo a la vez, el sonrió y se separo, agarre unas esposas y se las coloque en los pies las colgué de un paral de la cama de manera que solo podía mover sus manos.
    El quedo sentado e inmovilizado, me acerque a la grabadora y coloque música trance, y empecé hacerle un strip tease, me acorde de mi cámara y se la entregue para que me tomara fotos bailando contra la pared
    33 min
  • Hermosa chica tiene un Orgasmo.
    Esta historia sucedió hace aproximadamente unos 16 años y solamente hasta ahora me atrevo a revelarla. En esta historia me expresare en tiempo presente pues lo recuerdo tan detalladamente que pareciera que fue ayer.
    Mi Sobrina hija de mi hermana se encontraba viviendo con nosotros ayudando con los quehaceres de la casa pues mi mama esta un poco mayor y tiene dificultades. Mi sobrina apenas tiene catorce años y yo 22.
    Ella es morena y a sus catorce años ya es poseedora de un cuerpo voluptuoso y lleno de erotismo. Mi casa (La casa de mis padres) no es grande, esta hecha en forma de un gran cuadro, la mitad del cuadro que "no" esta dividido forman la cocina la sala y separado por unas cortinas el dormitorio de mis padres. La otra mitad del cuadro la divide un pasillo por mitad y las dos mitades son dos dormitorios, estos dormitorios no tienen puerta, una cortina es lo que esta en lugar de las puertas, en un dormitorio duermo yo y en el otro mi sobrina. O sea que solamente la cortina de mi dormitorio, un pasillo de aprox. Metro y medio de ancho, y la cortina del dormitorio de mi sobrina es lo que me separa de ella todas las noches.
    Esta noche como muchas otras noches, me encontraba yo tirado a lo largo de mi cama con mis piernas abiertas a lo ancho de la cama y tan solo vestía unas "trusa bikini" y fantaseando con el voluptuoso cuerpo de mi sobrina, con mi mano izquierda jalaba hacia abajo mi trusa bikini y con la mano derecha apretaba y estrujaba a mi súper dura verga. Por mi mente corrían imágenes de mi sobrina desnuda en la regadera y al mismo tiempo pensando
    ¿
    qué pasaría si yo fuera a su dormitorio?
    ¿Cómo ella reaccionaria?
    En esto estaba cuando algo inaudito sucedió. Al principio pensé que mi mente me jugaba una broma pero contuve mi respiración y agudicé el sentido del oído y lo volví a escuchar. Era mi sobrina que levemente se quejaba.
    ¿Estará enferma? Pensé yo.
    Y lentamente y como un zombi empecé a caminar hacia el dormitorio de mi sobrina. Primero crucé la cortina de mi dormitorio y allí me detuve por unos instantes y lo volví a escuchar, pero esta ves con mas claridad. Si.....eran gemidos y provenían del dormitorio de mi sobrina. Seguí avanzando a través del pasillo pero todavía mas lento, daba un paso y me detenía a escuchar. Pum, pum, pum los latidos de mi corazón ahogaban mi garganta y no me dejaban pensar.
    ¿Será verdad?
    ¿Será mi imaginación?
    Di un paso mas y me detuve a unos centímetros de la ultima cortina que era todo lo que me separaba de la verdad. Me quede parado ahí como un idiota tratando de tomar una decisión, los latidos de mi corazón parecían tambores en mi pecho y mi respiración era rápida y agitada, no podía contener mi gran estado de excitación. Después de unos breves instantes que me parecieron eternos me decidí, jale la cortina a un lado y asome la cabeza.
    ¡Dios mío! Sentí que mi verga se convulsiono y por poco y me vengo. No era para menos, el espectáculo era grandioso. Al fondo del dormitorio, al pie de una ventana iluminada por la luz de la luna estaba mi sobrina tirada en la cama. Tenia el sostén jalado para debajo de su hermoso, moreno y cremoso seno izquierdo y con su misma mano izquierda se lo sobaba y se lo pellizcaba. Con el calzón por un lado, los dedos de su mano derecha frotaban con frenesí la entrada de su pequeña y rica puchita al mismo tiempo que cerraba los ojos y de sus labios entreabiertos salían gemiditos que parecían venir del mismísimo cielo. Avancé hacia ella, me detuve al pie de su cama y como un idiota le pregunte.
    ¿Que estas haciendo?
    Ella no me contesto, entreabrió sus ojos y me miro con una mirada indescriptible, dejo salir un gemido largo y fuerte y aumento el ritmo de dos de sus dedos que para ese entonces entraban y salían libremente de su puchita toda hinchada y húmeda.
    Sin esperar ni un segundo mas me incline hacia su pezón y empecé ha lamerlo, ha besarlo, ha mordisquearlo y ha estrujarlo con mis manos. Agarraba sus hermosos y firmes senos y los apretaba con suavidad y luego los besaba, los lamía y los chupaba. Después de engolosinarme con los cremosos senos de mi sobrina recordé que aun no era todo, aun me faltaba mi máxima fantasía.
    ¿Seria posible que esto estuviera pasando?
    Mi mente me traicionaba en ocasiones y me hacia pensar que estaba soñando. Pero por Dios que esto no era un sueño, era el máximo de los placeres carnales y la fantasía mas grande del mundo estaba a punto de ocurrir.
    ¡Ho Dios! ¿Cuántas veces me la habría jalado pensando en la virginal puchita de mi sobrina? No recuerdo pero fueron muchas.
    Con muchas dificultades mi mano derecha abandono uno de sus senos y empezó a bajar hacia su firme y plano estomago, de ahí siguió hasta llegar al pie de su hinchada puchita y sin detenerme mucho empecé a sobar y a masajear sus labios vaginales. De su calenturienta rajadita salían sus líquidos sexuales sin control alguno, estaba toda húmeda y mojada. Uno de mis dedos entró a su apretadita y lubricada cavidad sexual y de inmediato ella respondió con un largo y fuerte gemido mmmmmggg. Sus gemidos y jadeos aumentaban de intensidad y se oían cada ves mas fuerte. Las caderas de mi sobrina embestían a mi dedo cada ves que penetraba, apretaba cuando estaba hasta dentro y aflojaba un poco cuando este salía.
    No podía esperar mas, mi verga a punto de explotar demandaba entrar en esa rajadita toda húmeda y caliente.
    Me encarame en ella y le abrí sus hermosas piernas, con una mano sostenía mi cuerpo encima de ella y con mi otra mano empuñaba mi hinchada verga. Con la hinchada cabeza de mi verga empecé a tallar toda su rajadita de arriba abajo y en pequeños círculos, sus labios vaginales estaban dilatados a mas no poder era una hermosa visión, su puchita cerradita y sus voluptuosos labios vaginales me invitaban a lamerlos pero mi verga no resistía mas y empezó a buscar la entrada a ese hoyito caliente y apretadito.
    No fue difícil encontrar la entrada a su cuevita de amor, los movimientos de cadera de mi sobrina lo facilito mucho, ella movía sus caderas con unos movimientos ondulantes y hacia delante y hacia atrás en busca de la punta de mi verga. De pronto se quedo ella quieta y conteniendo la respiración....la punta de mi verga había entrado un poco, puse un poco mas de presión y entro un poquito mas, Mmmmmmjjj un suspiro revuelto con gemido salió de la garganta de mi sobrina, empuje mas fuerte y mi verga en toda su extremidad entró hasta el fondo, Hhaaaaaaaa un jadeo que parecía lamento salió estrepitosamente desde el fondo del pecho de mi sobrina, wau, esto era demasiado fuerte.
    Mi mano derecha fue al rescate, le tapé la boca y empecé a moverme dentro de ella, primero despacito y con suavidad, luego mas rápido mas fuerte. Mmmhhhhgg mi mano aunque apretaba con fuerza no era suficiente para detener los gemidos que salían de la garganta de mi sobrina.
    "Hay guey" pensaba yo.
    "Se van a despertar mi mama y mi papa" le decía al oído.
    "Sssshht cálmate" le repetía mientras que seguía vareando dentro de su hoyito que estaba caliente, resbaloso y apretado.
    Mis palabras no hacían el efecto deseado, mi sobrina seguía jadeando y gimiendo cada ves mas fuerte y aunque mi mano apretaba su boca con fuerza sus gemidos se escapaban sin poder evitarlo.
    Las caderas de mi sobrina aumentaron el ritmo considerablemente, sus movimientos ya no eran nada mas ondulares y suaves, ahora eran rápidos y brutos sin control alguno.
    Era imposible para mi querer suprimir los gritos de mi sobrina siendo que yo tenia problemas para controlar los míos.
    Para estas alturas mi sobrina y yo estábamos como en "trance" No nos importaba nada mas de que el momento.
    Empezamos a tener sexo desenfrenado la pelvis de mi sobrina se refregaba a mi pelvis con ardor y con fuerza, sus músculos vaginales chupaban a mi verga con voracidad, soltaba y apretaba, embestía y retrocedía.
    No pude mas. Deje caer todo el peso de mi cuerpo sobre mi sobrina al mismo tiempo que me quede tieso, mi pené empezó a convulsionarse dentro de la puchita de mi sobrina y chorros de leche súper caliente salieron de ella, mi sobrina siguió con sus movimientos frenéticos, levantaba refregaba y apretaba su pelvis contra la mía. En uno de sus movimientos bruscos mi verga salió de su hoyito y ella pego un alarido, el mas fuerte de toda la sesión pero esto no la detuvo, con mi verga chorreando leche y resbalándose por toda su vagina mi sobrina siguió moviendo sus caderas teniendo orgasmo tras orgasmo, lo único que pude hacer fue apretar mi pelvis contra el de ella hasta que mi sobrina dejo de convulsionarse y finalmente se quedo quieta.
    No hubo palabras, no hubo besos ni abrazos.
    Me levante y me fui a mi dormitorio sin voltear hacia atrás como no queriendo despertar, aun me era difícil de creer.
    Después de esa noche mi sobrina y yo nos volvimos adictos el uno hacia el otro, nada mas andábamos buscando la manera de escondernos y cojer, cojiamos en el baño, cojiamos en el campo, cojiamos en la cocina cuando teníamos la oportunidad, cojiamos en las fiestas pues siempre a donde ella iba para ya iba yo. En fin cojiamos en donde sea que fuera nada mas que tuviéramos cinco minutos de soledad.
    P.D.T. Estoy seguro que mis padres nos escucharon pues a la noche siguiente la puerta del dormitorio de mi sobrina tenia unas sillas tapando la entrada mas mis padres nunca dijeron nada.
    2 min
  • Fantasías sexuales femeninas.
    Las fantasías sexuales no sólo son cosa de hombres. Las mujeres también tienen las suyas, aunque no siempre lo expresen verbalmente. En una pareja, conocer cuáles son las fantasías del otro puede ayudar a mejorar mucho la relación sexual entre ambos y potenciar el deseo sexual. “Hasta ahora, la sociedad imponía que la mujer viviera por y para los demás y nadie lo cuestionaba, sino que era algo que se daba por hecho, la entrega era constante y perenne, sin importar nada”, explica Cecilia Joyce, portavoz de Joyclub y socióloga y sexóloga.
    Hace años nadie se cuestionaba qué era lo que le podría gustar a una mujer en una relación sexual, simplemente se asumía que las relaciones sexuales se centraban en la penetración, en el coito y en la eyaculación masculina, sin pensar en nada más, ni tan siquiera en los gustos de la mujer durante el acto sexual. Afortunadamente esto ha cambiado y no sólo por el bien sexual de la mujer sino también del hombre. Si la mujer se siente plena y el hombre sabe cómo darle placer, la relación mejorará en todos los sentidos.
    “El empoderamiento de la mujer (que sigue siendo un asunto pendiente en muchos aspectos de la sociedad) ha servido para dar visibilidad a los gustos, deseos y motivos por los que la mujer quiere vivir y disfrutar de su sexualidad de una manera plena y en igualdad de condiciones a como lo han hecho siempre los hombres”, afirma.
    La mujer pide igualdad en todos los campos, y la carrera hacia esta igualdad también incluye al plano sexual. “Las mujeres quieren disfrutar, cumplir fantasías y deseos que antes ni se atrevían a verbalizar. El empoderamiento femenino también a contribuido a que ahora la mujer hable sin tapujos de su sexualidad y diga lo que desea en cada momento: desde que la practiquen sexo oral hasta abrir su relación hasta registrarse con sus parejas en plataformas digitales”. En general, “la principal demanda de la mujer se basa en disfrutar del sexo pensando en ellas mismas y en sus propios deseos, y no solo en las fantasías de su pareja o en el qué dirán”.
    Tríos y lugares extraños
    Algunas de las fantasías más frecuentes en las mujeres giran en torno a practicar sexo en lugares eróticos o prohibidos (ascensores, portales, playas, coches…). Este tipo de fantasías sexuales hacen que aumente la adrenalina durante el acto sexual y que la excitación sea aún mayor entre la pareja.
    Otra fantasía habitual entre las mujeres es cierta sumisión o dominación. Es una fantasía que también tienen muchos hombres. A muchos de ellos también les atrae y les excita que la mujer sea la encargada de llevar las riendas y que sean ellas quiénes manden durante el acto sexual. De igual forma, hay mujeres que fantasean con que un hombre (conocido o no) les diga qué tienen que hacer y les hagan sentir placer sin que ellas les pidan qué tienen que hacer.
    Además de estas fantasías, la más habitual (aunque parezca sorprendente) entre las mujeres es la de practicar tríos. “La evolución de la sexualidad femenina es más tangible que nunca, está a la orden del día porque la mujer está cada vez más despojada de “mochila”, habla cada vez más sin tapujos y dice lo que le apetece hacer y con quién”, indica Joyce. Según un estudio llevado a cabo en España por JOYclub, “el 35% de las encuestadas quiere hacer un trío y el 30% de ellas no tiene problema en acostarse con un desconocido”, o una desconocida. De hecho, una de las fantasías más habituales pasa por mantener relaciones sexuales con otra u otras mujeres.
    Eso sí, todas las fantasías sexuales de la mujer giran en torno a practicar sexo por diversión. “El sexo por diversión se ve cada vez más como una opción, no como algo prohibido o que solo se puede tener con una pareja para toda la vida”.
    Ahora, conociendo estas fantasías, la pregunta es lógica ¿estarían dispuestas a ponerlas en práctica? Aunque para un 20% de las encuestadas las fantasías son solo eso, lo cierto es que ocho de cada diez españoles sí se han propuesto llevarlas a cabo. De todos ellos, el 29% comparte la idea con su pareja, con quien acuerda cumplirlas, mientras que el 11% las ha llevado a la práctica estando soltero.
    Cómo cumplir las fantasías
    Para hacer realidad las fantasías sexuales de la mujer es indispensable conocerlas y para eso la comunicación entre la pareja es la clave. “Independientemente del género, es importante hacer saber a la otra persona con qué disfrutamos -y con qué no-. También hay que interesarse sobre lo que la persona que tenemos delante desea, qué es lo que le excita y qué le apetece probar o experimenta”, señala Joyce. Otro consejo de la socióloga es que “además de bucear por el cuerpo y la mente de una mujer, el hombre también puede proponer vivir determinadas experiencias con esa mujer, para lograr obtener un placer mutuo lo más satisfactorio posible. Todo es hablarlo, escuchar la opinión del otro y establecer acuerdos”.
    Esta misma recomendación se aplica a la excitación de la mujer. Muchos hombres se preguntan qué tienen que hacer para excitar a sus parejas. “Cada mujer es única y, por ello, diferente de las demás. No a todas las mujeres les gusta lo mismo, por lo que no hay un abecedario general con información sobre cómo excitar a una mujer”, señala Joyce.
    Teniendo esto en cuenta, es posible que cumplir con las fantasías sexuales de la mujer sea una buena forma de llegar a la excitación, aunque también se pueden seguir los consejos que aporta a CuídatePlus el sexólogo Antonio Murillo.
    Por lo general, los estímulos auditivos y táctiles suelen excitar más fácilmente a las mujeres. “Recibir un masaje sensual, sentir caricias suaves y sensuales y ser el centro de atención son tácticas que también suelen funcionar”. Si a esto le sumamos otros estímulos, como “olores, sabores y una buena puesta en escena visual, el éxito casi está garantizado”.
    Nada de centrarse sólo en el coito
    Durante demasiado tiempo los encuentros heterosexuales han estado enfocados en el coito. “Muchas mujeres no llegan al orgasmo solo mediante la penetración, (a diferencia de la mayoría de los hombres) sino gracias a la estimulación del clítoris”, recuerda Joyce. “Si eso no se tiene en cuenta durante las relaciones sexuales, hay mucha más probabilidad de que llegue al orgasmo el hombre y la mujer se quede a medias, algo que no debería ocurrir”, afirma. “Todos tenemos que disfrutar al mismo nivel y para ello tenemos que tener en cuenta nuestras necesidades para lograrlo. Comunicarlas y que sean satisfechas”, aconseja.
    33 min

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